Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Homilía ao18005a, predicada en 20080803, con 21 min. y 33 seg.

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Transcripción:

Hay una palabra muy hermosa que reúne el mensaje de las tres lecturas de hoy. Es la palabra abundancia. Es una palabra que le gusta mucho al corazón humano. A quién no le gusta tener una cuenta bancaria abultada que presagia buen refugio? Si acaso hay dificultades. Nos gusta tener una reserva. Nos gusta tener abundancia. Nos gusta la sensación de estar llenos de salud para enfrentar los problemas que lleguen. Nos gusta invertir bien el dinero y estar seguros de que el futuro está a buen recaudo. La abundancia es algo que le gusta al corazón humano.

En las fiestas siempre hay abundancia de comida. Se vería muy mal que en una fiesta llegara alguien, de pronto un poco tarde y le dijeran mira, ya no quedó nada, ya se acabó todo, devuélvete o pasa hambre si quieres. Hay mucha comida, hay mucha bebida, a veces demasiada. La abundancia es propia de la alegría, es propia del compartir. Cuando la gente se ama, no le basta con decirse una sola vez que se ama. Se lo dicen muchas veces. Se lo dicen abundantemente. Te quiero. Te quiero mucho, ¿Verdad me quieres? Sí, te quiero mucho. Yo también te quiero. Hay una abundancia en la expresión del sentimiento. Esa abundancia aparece en estas lecturas también.

El profeta Isaías nos invita a un banquete y no es solo que haya abundancia de comida y de bebida, sino que esa abundancia se hace más notoria porque no hay que pagar nada. El profeta nos dice ¿Qué hacen ustedes gastando dinero? ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias en algo que no sacia? Háganme caso y comerán buena comida. Y nos invita a un banquete que es generoso y en el que no hay que pagar. En inglés dicen, la traducción sería: En realidad no existe un almuerzo gratis o una comida gratis. "There is no such a thing as a free lunch". Pero parece que para Dios sí hay esa comida gratis abundante. Las cosas de Dios son abundantes. Cuando uno se pone a pensar, por ejemplo, en la belleza de la naturaleza. ¡Cuántas flores hermosísimas han nacido! Se han abierto y han muerto y nadie las vio nunca.

Cuando uno pasa por los campos y ve esa cantidad de flores, cuántos ojos se necesitarían para ver el detalle y la hermosura de cada una. Dios, cada día pinta un cuadro bellísimo que se llama El atardecer y la mayor parte de la gente no le presta la menor atención al atardecer. Algunos de pronto sí, pero mucha gente está ocupada en otras cosas. Decía un predicador de mi comunidad, o sea, un dominico, decía en el siglo XVI, el sol, con ser tan bonito, no tiene a veces quien lo mire. Para ver al sol tiene que pasar algo como lo de ayer. Tiene que haber un eclipse, alguna cosa así. Y ahí prestamos atención, a que existe el sol. Y así también en tantas otras cosas de la naturaleza.

Nuestros cuerpos son maravillas, son maravillas. Es impresionante, cada aspecto de la vida humana es una maravilla. A veces uno piensa que la ciencia y la religión tienen que andar de pelea, pero durante muchos siglos no fue así. Durante muchos siglos, la ciencia fue el preámbulo para la alabanza. Mira lo que es el cuerpo humano nada más, pensemos en lo que es la digestión, la circulación, la reproducción, la maravilla de maravillas que es el pensamiento, cómo se forman las palabras, dónde están los recuerdos, cuál es la causa de los sueños Y todo eso parece estar en alguna parte del cerebro. Hace poco escuché una conferencia muy buena de un doctor que hablaba para una cadena de televisión en Canadá. Eso se llama TV Ontario. Y la conferencia de él era sobre el cerebro. La plasticidad del cerebro. El cerebro humano es algo fantástico.

Es un manantial de maravillas. Resulta que el papá de un cierto científico tuvo un derrame cerebral. Sabemos que eso ocasiona la muerte de una gran cantidad de células. Este pobre señor tuvo un derrame cerebral y una gran parte de su cerebro murió. Pudieron controlar el derrame, pudieron extraer la sangre, pero no pudieron resucitar las células que habían muerto. Como resultado, El hombre quedó paralítico. Los médicos le dijeron usted jamás podrá volver a caminar. Tiene que asumir esa realidad. Y efectivamente, por más esfuerzo que hacía, las piernas no le respondían. Pero este hombre, catalán, tenía una virtud que suelen tener los catalanes: Obstinado. Y el hijo más obstinado todavía. Y entonces empezaron a hacer terapia a lo que llaman en inglés "Rewiring the brain". Es como cablear otra vez, cambiarle el cableado al cerebro.

Y eso es exactamente lo que sucede cuando una persona está haciendo una terapia de estas. Tiene que crear nuevas uniones entre sus neuronas. Esas uniones se llaman sinapsis. Y hacer terapia como la que hizo este hombre es crear millones y millones de nuevas sinapsis que logren pasar por el lado de donde se dañó el cerebro. Oiga, y este señor aprendió a caminar de nuevo. Pero lo emocionante del caso es que él tenía más de cincuenta años cuando tuvo ese derrame. Y para aprender a caminar, el hijo, que repito, era tan obstinado como el papá, el hijo le dijo: Mira, tú vas a volver a caminar y vas a aprender a caminar como aprendieron los niños. Y entonces tiró al Papa al piso como un bebé y vas a aprender a gatear. Y el hombre este, a sus sesenta años, gateando un poquito más cada día, mandandole obstinadamente órdenes a los músculos. Y volvió a caminar.

Volvió a caminar el hombre y volvió a bailar. Y volvió a escalar. Es impresionante, cuando murió, porque desde luego, la vida de todas maneras termina sobre esta tierra. Cuando murió, ante esa maravilla médica, muchos científicos dijeron: -Queremos examinar ese cerebro porque este caso no lo conocíamos.- Miraron el cerebro y descubrieron. Ustedes saben que en el cerebro hay áreas para distintas funciones. El área correspondiente a la función de caminar había muerto en un 97%. Es decir, este cerebro fue capaz desde un 3%. Fue capaz de recuperar la capacidad de caminar con toda la complejidad que eso implica y sin perder el equilibrio. El mundo está lleno de maravillas y el mundo que Dios nos ha dado es un mundo que a dondequiera que dirijamos nuestra atención, nos invita al asombro, a la alegría, a la gratitud.

Si a alguien le gustan los océanos, podría dedicarse una vida, diez vidas, cien vidas enteras a estudiar todo lo que acontece ahí. Hay muchas especies que no conocemos. Si levantamos la mirada a las estrellas, al cosmos, es una cosa sorprendente. Esta semana la noticia es que se ha confirmado la presencia de agua, H2O en Marte. Parece que hay señales de vida incluso en ese planeta. Luego ¿Cómo se interprete eso? No sabemos, pero que parece que hay, parece que las hay. No han visto marcianos, pero sí han encontrado por lo menos señales decisivas de la presencia de agua. Agua que está completamente congelada porque Marte perdió su atmósfera. Y bueno, otras historias. Entonces, si uno se va a la astronomía, estamos llenos de sorpresas. Si nos vamos a los microscopios más potentes y penetramos en los secretos de la materia misma. Ahí puedes dedicar otra vida.

Eso hacen algunos físicos. Entonces, el primer mensaje, el mensaje fundamental del día de hoy, es bueno, un poco lo que decía ese cantante, que no es que me gusten todas sus canciones. Facundo Cabral, que decía mira, tú no estás deprimido, tú estás distraído. Creo que tiene razón, por lo menos con las lecturas de hoy. Tiene razón. Es muy difícil dejar entrar la tristeza al alma humana si está abierta a tanta belleza, a tanta hermosura, a tantas cosas que podemos aprender de la naturaleza de nuestro propio cuerpo y de tantos ejemplos notables. Les voy a contar un caso de un ejemplo notable. Ustedes saben que en las Torres Gemelas, las que fueron derribadas el 11 de septiembre de 2001. Murieron 2.973 personas. Es una tragedia que ha traído una cantidad de cosas después.

Cada una de esas víctimas recibió un código de cinco cifras a medida que se iban recuperando los cadáveres. O sea que uno de los cadáveres quedó con el número cero, cero, cero, cero uno y otro es cero, cero, cero, cero dos. Y así hasta llegar a 2.973 o 76. Algo así. Bueno, ustedes se han preguntado ¿Cuál es el cadáver número uno? ¿No se lo han preguntado? Yo tampoco. Es un sacerdote. La primera víctima que se recuperó, que se pudo sacar de las ruinas incendiadas del World Trade Center. Las Torres Gemelas. Un sacerdote, sacerdote franciscano. Cuando sucedieron los ataques, un número inmenso de bomberos fueron allá, a tratar de hacer algo. Cerca de 400 bomberos murieron de hecho, en esa tragedia.

Algunos, por supuesto, en el colapso mismo de las torres. Pero otros murieron antes de que colapsaran las torres. Esto de entrar en edificaciones incendiadas es supremamente riesgoso y mucha gente muere por ejemplo, por asfixia. Bueno, el sacerdote este era capellán, un sacerdote de origen irlandés precisamente. Él era capellán de esa estación de bomberos en Manhattan que tuvo que afrontar en primer momento el ataque de las Torres Gemelas. Se llama el Padre Mychal. No es Michael. Es como Mychal Judge. El padre Mychal Judge fue allá. Él es de origen irlandés. Repito, sus papás salieron de esta isla para Nueva York. Para Estados Unidos, en todo caso, él se hizo sacerdote, quedó huérfano a temprana edad, se hizo sacerdote y cuando sucedió esto del incendio de las torres, él fue con algunos de los primeros bomberos allá.

Bueno, él estaba administrandole la extrema unción, la unción de los enfermos decimos mejor, a uno de estos bomberos de los primeros, que estaba a punto de morir. Y mientras estaba haciendo ese acto tan hermoso, heroico, un pedazo de concreto y acero cayó sobre el mismo sacerdote que murió instantáneamente. Luego pudieron recuperar el cuerpo de él. Y esa es la víctima número cero, cero, cero, cero, uno del World Trade Center. Bueno, es una historia tan bella por donde se mire, porque este hombre fue un hombre que estaba programado para hacer otra cosa, si ustedes quieren. Huérfano en una condición de pobreza, hubiera podido ser un amargado social. Pero él escogió, por supuesto que amado por Dios y bendecido por Dios, él escogió no ser un amargado, era la persona más encantadora, de acuerdo con lo que todos dicen.

Un tipo generoso, caritativo, alegre, que entregó su vida en ese hierro incendiado tratando de ayudar y dar consuelo a un bombero. Si uno se dedicara, si uno realmente le prestara atención a tantas historias admirables que hay en esta vida, uno seguiría encontrando el mensaje de hoy. Dios es abundante y el bien es abundante. Sucede, lamentablemente, que las noticias que vemos en los periódicos, las noticias que salen por la televisión, tienden a enfatizar lo terrible, lo negativo, lo trágico, la parte más perversa del corazón humano, una parte que también existe y por eso salen todos los días en los periódicos salen que, no sé, nuevas maneras de muerte, que con cuchillo, que con el automóvil, que estaban borrachos, que se apuñalearon, que decapitaron a no sé quién, una cantidad de tragedias. Y eso puede ensombrecer nuestras almas.

Pero Dios quiere que nosotros jamás perdamos de vista el poder que tiene el bien. Porque si apartamos nuestra vista de la hermosura de la naturaleza, si apartamos nuestra vista de la maravillosa complejidad que es nuestro cuerpo, si apartamos nuestra vista de toda esa maravilla que es nuestra psiquis, si apartamos nuestra vista de los grandes y notables ejemplos de bondad que hay en esta tierra, entonces nos volvemos ciegos y cada uno se encierra en sí mismo. Y si cada uno se encierra en sí mismo, todos nos morimos en la soledad y en la amargura. ¡¡Y empezamos a suicidarnos uno por uno!! Abre tus ojos, despierta. Descubre la maravilla que tú eres. Descubre la maravilla que es estar vivo. Estar vivo es algo maravilloso.

En esta semana también tuve ocasión de asistir a una conferencia en la que nos invitó la Legión de María, con motivo de los cien años del nacimiento de Edel Quinn. Hay una foto de ella en alguna de estas columnas de la iglesia, Edel Quinn, Irlandesa. Una mujer admirable era víctima de tuberculosis en un tiempo en el que no había cómo tratar esta enfermedad. No se detuvo en su enfermedad. No se dedicó a maldecir el cielo -¿Por qué me dio tuberculosis? ¿Por qué me dio tuberculosis? ¡No! Controló su enfermedad lo mejor posible y se fue a gastar su vida predicando el Evangelio de Cristo y propagando esa hermosa obra que es la Legión de María. Esas vidas vale la pena conocerlas. Y cuando uno conoce gente así, uno siente que también uno tiene una vocación, que también uno tiene una vida, una vida para entregar.

Si uno no hace ese ejercicio, la vida se le va volviendo sombría y cada uno se encierra en sí mismo y empezamos a mirarnos como enemigos. Mire lo que le pasó a los apóstoles en el Evangelio de hoy. Ellos si tenían comida, ellos si tenían su comidita guardada ahí, sus cinco panes y dos peces, y entonces como ya estaban muertos de hambre, porque no debía ser tan fácil andar con Jesús, esas caminadas que se metía Jesús, era una cosa terrible y era atienda y atienda gente. Y después el uno y el otro, y el otro y el leproso. Y se va el leproso y llega el ciego y se va el ciego y llega al sordo. Y eso no tenía cuándo acabarse. Y los apóstoles con hambre.

Entonces ¿Qué hicieron ellos? Ellos, con su bolsita bien guardada le dicen a Jesús -Bueno, ya, ya, despedir, despedir a esta gente.- Y Jesús les dice: -Despedir la gente no, abrir las bolsas, y repartir. ¿Cuál despedir la gente? Abran ustedes lo que tienen y repartan.- Y entonces ellos dijeron, pero es que no alcanza. Y Jesús dijo: -No alcanza si lo guardas para ti, si alcanza si lo bendecimos y lo repartimos y lo distribuimos, así si alcanza. Y eso fue lo que hizo Jesús, y eso fue maravilloso. Y lo mismo pasa sí cada uno de nosotros se encierra y dice -Yo no le voy a sonreír a nadie, porque si yo le doy alegría a los demás, no me alcanza para mí.- Y Jesús nos dice: -Abre la bolsa de las sonrisas, abre la bolsa de las sonrisas y empieza a repartirlas y verás que yo las bendigo y verás que alcanza para todos.- Hay gente que nunca abraza porque se me van a acabar los brazos, se me van a gastar, se me caen. Jesús dice: Descubre que puedes abrazar y puedes querer y puedes dar cariño. Y yo bendeciré ese abrazo y verás que alcanza para todos, el mensaje es ese.

Desde hace cien años especialmente. Un británico llamado Malthus. Ese es el apellido. Ahora, el nombre se me olvidó. Empezó con la historia de que la Tierra no alcanzaba. No alcanza. No alcanza. Hay que acabar con los nacimientos. Hay que controlar los nacimientos porque la tierra no alcanza. No alcanza la tierra. Si somos egoístas y si somos egoístas, la tierra solo alcanza para una persona. Si somos egoístas, solo alcanza para una persona. Pero si descubrimos el mensaje de Jesús, si cada uno abre su bolsa. Si cada uno da de lo que tiene. Si cada uno aprende a darle a Jesús lo que tiene y a decirle a Jesús lo que yo puedo hacer es esto ahora bendícelo tú y repártelo. Jesús toma todo eso y lo bendice.

Mira lo que dice aquí. El Evangelio tomó los cinco panes y los dos pescados. Levantó los ojos al cielo, cosa que esta gente no hacía, porque esta gente solo miraba su bolsa. Que no se me abra la bolsa, que no huela a pescado, porque donde sepan que hay pescado aquí se acaba. Cada uno miraba solo su bolsa y así no alcanza. Jesús levantó los ojos al cielo, al Dios de la abundancia, al Dios que hace galaxias y galaxias, y galaxias y galaxias y más galaxias. Pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos. Esta es la parte que a mí me parece más chistosa de todo. A ellos mismos los puso a repartir. A ver ustedes, manada de egoístas, amargados, a ver, a repartir aquí.

Y empezaron a repartir porque Jesús les estaba enseñando. Si ve que si alcanza, si ve que si usted aprende a compartir y aprende a amar y aprende a dar, si ve que si alcanza para todos y si ve que no solo alcanza sino que sobra. El mundo que Dios hizo es un mundo maravilloso y los bienes alcanzan para todos, para todos. Tenemos que aprender a dar, tenemos que aprender a poner en las manos de Jesús lo que hemos recibido. Él lo bendice y suceden cosas fantásticas. Sigamos esta celebración con la alegría de creer en un Dios que es abundante en sus dones. Un Dios que quiere también que aprendamos a dar con generosidad.

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