Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Homilía ao18004a, predicada en 20050731, con 21 min. y 15 seg.

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Transcripción:

Amigos. Las lecturas de hoy las podemos mirar desde distintos ángulos. Yo quiero compartirles una reflexión desde la palabra "gratuito," desde lo que es gratis. Es muy interesante dar un vistazo al mundo que nos rodea llevando una lupa y buscando lo que es gratis o como dicen en inglés "for free". ¿Qué clase de cosas son gratis? Y si son de veras gratis, y ¿Qué papel tienen las cosas gratuitas? ¿Qué papel tiene lo gratuito dentro de nuestra vida? Porque la primera lectura nos habla precisamente de un gran banquete que es gratis. Que vengan todos a comer gratuitamente su ración de trigo y que tomen sin pagar vino y leche. ¿Qué clase de cosas son gratis? Esto es interesante porque casi siempre cuando se habla de lo gratuito es una oferta, pero no es gratuita en realidad.

Si las cosas fueran en realidad gratuitas, no habría que pagar nada. Pero lo que le dicen a uno es que le regalan por ejemplo, cien gramos o que le regalan dos o tres onzas, pero hay que comprar algo primero. Y sin embargo, nosotros necesitamos de lo gratuito. Necesitamos cosas gratis, porque cuando alguien me cobra quiere mi dinero. Cuando alguien no me cobra, significa que me quiere a mí. Por eso necesitamos lo gratuito. Necesitamos sentirnos amados gratuitamente sin que nos cobren. Cuando una persona siente que la aman sin cobrarle, siente que la están amando verdaderamente. El que siempre me cobra no me ama a mí. Ama lo que yo tengo, ama mi dinero o ama mis conocimientos, o ama mi cuerpo. Pero para sentirme amado yo, necesito sentirme amado porque sí; esta es la importancia que tiene lo gratuito.

Cuando una persona se siente amada, porque sí, cuando se siente amada gratuitamente, se siente sostenida, se siente soportada. Dios nos ama así. Dios nos ama gratuitamente y ese amor nos hace sentir soportados, sostenidos. El amor gratuito, el amor porque sí, tiene una fuerza humanizadora increíble. Sin esa experiencia de amor, el corazón se va hundiendo en la tristeza. Primero se hunde en egoísmo y después se va metiendo en el camino de la tristeza, de la depresión. La depresión tiene muchísimas causas, pero yo me atrevo a pensar, por lo menos de lo que he conocido. Ninguna persona que se siente muy amada se siente deprimida. Y ninguna persona que se siente muy deprimida se siente amada.

Esto parece sugerir que al mundo le hace falta esta experiencia de amor gratuito, porque el amor gratuito es el que no deja caer. A ver, ¿Qué es una depresión? Una depresión es estar down ¿No? es estar bajo; y uno se va de para abajo cuando no lo sostienen, porque lo que a uno lo sostiene es sentirse amado, y uno se siente amado cuando lo aman a uno, no el dinero que uno tiene o el cuerpo que uno tiene o el placer que uno puede dar o los conocimientos que uno puede aportar. Entonces mira cómo todo está relacionado. Si el mundo está sufriendo de una epidemia de depresión, por lo menos en muchos países, por ejemplo, en Irlanda las tasas de suicidio, especialmente de jóvenes el año pasado fueron escandalosas; y se sabe que hay un vínculo entre la depresión y el suicidio.

Las personas se deprimen porque no se sienten sostenidas, no se sienten sostenidas porque falta esta experiencia del amor gratuito. Es decir, que amar gratuitamente salva vidas. No es un adorno en nuestra vida. Es una especie de deber, porque las personas que dejamos de amar las estamos poco a poco soltando, las estamos dejando caer en abismos de tristeza. Las personas que no sienten la experiencia, que no tienen la experiencia de ser amadas gratuitamente, son personas que estamos soltando, que entre todos las estamos soltando y el que se va quedando sin quien lo agarre se hunde en el abismo, se deprime, y de ahí vienen una cantidad de cosas. En algunos se vuelve odio, se vuelve resentimiento, se vuelve neurosis o se vuelve depresión y suicidio. Ese es el primer tema de hoy.

La experiencia del amor gratuito es una experiencia que humaniza, que soporta, que levanta. Todos los seres humanos la necesitamos. Niños, niñas, jóvenes, adultos, ancianos, religiosos, sacerdotes. Todos necesitamos esa experiencia. Pasemos al Evangelio a ver qué nos puede enseñar el Evangelio sobre este tema. Es muy simpático el Evangelio de hoy, porque nos muestra a Jesús, en una faceta que yo creo que tal vez no le hemos prestado toda la atención. Uno piensa sobre todo en el milagro que hizo Jesús. ¿No? Multiplicó los panes. Hacer milagros, tener la capacidad de hacer milagros es lo que se llama ser un taumaturgo. Taumaturgo significa el que hace milagros. Pero aquí, en este Evangelio, no solamente aparece Jesús como taumaturgo, sino aparece Jesús de otra manera que yo no sé qué palabra usar.

Volvamos al texto y les cuento. "Cuando Jesús desembarcó, vio una gran muchedumbre y sanó a los enfermos porque se compadeció. . . Parece que eran muchos enfermos y el día fue pasando, pasando. Ya era como de tarde, ya se iba haciendo de noche y Jesús sane, que sane enfermos. Ahora viene lo más interesante, porque los discípulos se acercan y le dicen a Jesús . . .el lugar es desierto, ya se hace tarde. Hay que despedir a la gente para que vayan y coman. . . La pregunta interesante es ¿Por qué los discípulos hicieron ese comentario? Sigamos el relato y descubrámoslo: . . .despide a la multitud. Le están dando instrucciones ¿No?, a Jesús. Le están diciendo qué es lo que tiene que hacer, despide a la multitud, para que vayan y se compren sus alimentos.

Despídelos para que ellos vayan y ellos compren. Que ellos resuelvan el problema de ellos, con el dinero de ellos. Eso es lo que están diciendo los discípulos. -Sí, sí, muy bueno, ya hizo bastantes milagros, ya sanó bastante gente. ¡Ya estuvo bien por hoy! Ahora que ellos vayan y ellos con el dinero de ellos, solucionen el hambre de ellos. Lo que hay en la mente de los discípulos es que cada uno resuelva su problema. Pero entonces Jesús rompe ese esquema. Jesús les dice: "No es necesario que se vayan. Denles de comer ustedes". Jesús dice eso porque los discípulos sí tenían con qué comer. Y la prueba está en lo que sigue, aquí no tenemos. ¡Ah! entonces sí tenían. "Aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces".

Entonces ya vamos entrando en la mente de los discípulos. Los discípulos veían que estaba tarde. Ellos ya tenían asegurado lo de ellos. -Y bueno, vamos a deshacernos de toda esa gente para comer nosotros.- Ellos, los discípulos, funcionan con el esquema de: Ellos allá, la gente allá, y nosotros aquí con nuestra comida. Una anotación: Cuando aquí dice un pan, estos panes eran. A ver, los señores panes eran unos panes grandes, macizos de trigo entero que casi hacían la porción de una persona para un día. Estos panes eran Don Pan. Esto no era cualquier pan, era Don Pan lo que había aquí. Cinco panes. A ver, doce apóstoles con cinco panes de esos, partiendo por la mitad, ya da diez trozos grandes. Si con esto se pasa, seguramente Jesús comerá poco. Y ahí nos alcanza.

Es decir, lo nuestro está cubierto, pero no vamos a comer mientras esté ese poco de gente ahí. Entonces que se vayan ellos para que podamos nosotros comer tranquilos, ellos que se vayan, nosotros comemos; pero Jesús junta el nosotros con el ellos, denles ustedes de comer. Esa frase de Jesús viene a mostrar el egoísmo de ellos. Ellos tenían resuelto su problema y ellos estaban pensando, como dicen en mi querida España, que cada uno se las apañe como pueda, que cada uno resuelva como pueda. Ya lo nuestro está. ¡No! Denles ustedes de comer. De manera que Jesús estaba sanando a los enfermos, pero también estaba haciendo aquí el papel. ¿Cómo se llama esto? De un profesor o de un médico o de un terapeuta. Yo no sé qué está haciendo aquí Jesús, pero está sacando la verdad del corazón y está sanando ese corazón.

Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados. Tráiganmelos aquí dice Jesús y ordena la multitud que se siente. En ese momento entran las matemáticas. Cinco mil personas. No quedó nada en mi pancito hombre, ¡Qué pesar! Es el momento en el que ellos sienten que están perdiendo. Están perdiendo lo que están dando. Y bueno, sigue el milagro y todo el mundo come. Ahora, ¿Qué podemos aprender nosotros de esto? Nosotros aprendemos de esto muchas cosas. Primero, que a Jesús no le gusta ese esquema de nosotros y ellos. El mundo de Jesús es el mundo de un gran nosotros. Y mientras el mundo, mientras esta tierra no sea un mundo donde todos podamos decir nosotros, mientras haya naciones que están asegurando lo suyo y que los demás se las arreglen como puedan.

Mientras haya ciudades, culturas, familias o personas que están asegurando lo suyo y que los demás hagan como puedan, mientras nosotros sigamos el ejemplo de los discípulos, estos y no sigamos el ejemplo de Jesús, el mundo, este mundo no será el mundo de Jesús. El mundo de Jesús es el mundo de un gigantesco nosotros. Y ahí tienen que caber todos. Ahí tiene que caber África y América Latina y Asia, y ahí tienen que caber las culturas y ahí tienen que caber hombres y mujeres y ahí tienen que caber liberales y conservadores y ahí tienen que caber todos. El mundo de Jesús es el mundo de aquel que piensa en todos y piensa en todos, aquí viene lo más hermoso, porque se compadece de todos. Si ustedes buscan cuál es la raíz de la diferencia entre la manera de obrar de Jesús y la manera de obrar de los discípulos de Jesús, está en esa palabrita.

Jesús vio una gran muchedumbre y compadeciéndose de ella, Jesús era capaz de mirar y compadecer. Esa es la diferencia. Los discípulos miraban, pero pensaban sólo en sí mismos. Para construir el mundo de Jesús tenemos que aprender a mirar y compadecer. Cuando miro y me compadezco, me acerco al mundo de Jesús. Cuando solamente miro, mi hermano ya no es mi hermano, es una amenaza. Estos discípulos sentían amenazados sus cinco panecillos que no eran panecillos porque ya les dije que eran unos Don Panes, unos señores panes. Pero ellos sentían amenazados sus panes, sentían amenazada su hambre, sentían amenazado su apetito. Si no tengo compasión. El otro es una amenaza. Si tengo compasión, el otro es mi hermano.

La compasión, la misericordia es la que hace que yo pueda reconocer en el otro no una amenaza para mí, sino un hermano para mí. Pero como el mundo aquí ya podemos enlazar las dos lecturas. Como el mundo está escaso de amor, entonces está escaso de esa forma de amor que se llama la misericordia. Porque ¿Qué es la misericordia? La misericordia es una forma particular de amor que no mira por el provecho que yo pueda sacar, sino mira por el bien que le hace falta al otro. O sea que la misericordia es amar como gratuitamente. Porque como lo que me interesa es el otro, entonces estoy amando gratis. El amor gratis, el amor de gratuidad es el mismo amor de misericordia. Y el que aprende a amar con misericordia, entonces aprende a reconocer en el otro no simplemente una amenaza, sino sobre todo un hermano. El mundo de Jesús es el mundo donde nos podemos sentar todos a la mesa. Si eso no está sucediendo, quiere decir que nos falta a todos volvernos hacia Jesucristo, mirar hacia Jesucristo.

Y aquí llegamos a la tercera parte de nuestra reflexión Hermanos, ¿En qué somos ricos nosotros? Yo me atrevo a decir que todos somos ricos y que todos somos pobres. Cuando yo era niño, hace ya unos cuantos años, cuando yo era niño, me acuerdo que la persona en la que yo pensaba cuando pensaba en una persona muy adinerada era este magnate griego, Aristóteles Onassis. Tal vez algunos de aquí, los mayores, lo pueden recordar. Hay otras generaciones que ya son demasiado recientes. Entonces hablarán de Bill Gates o alguna otra persona. El hecho es que siendo niño, yo me acuerdo que mi papá un día nos hacía esta reflexión que Aristóteles Onassis era un hombre muy adinerado, pero que él padecía una enfermedad, una enfermedad en los músculos.

Entiendo yo que se llama "Miastenia", enfermedad que hace que los nervios no se comuniquen bien con los músculos, de manera que la persona no puede dominar los músculos de su cuerpo, por ejemplo eso cuando a medida que se va agravando, hace que la persona no pueda tener los ojos abiertos. Porque claro, tener los ojos abiertos implica que los músculos de los párpados están funcionando bien. Entonces Aristóteles Onassis tenía miles de millones, pero no podía manejar sus párpados y necesitaba a veces cinta o alguna cosa en sus ojos para poder tener los ojos abiertos. Todos somos ricos en algo y todos somos pobres en algo. Y aunque no fuéramos pobres, al momento de irnos de esta tierra, seremos tan pobres como vinimos, nos dice San Pablo. Nada trajimos y nada nos llevaremos así a uno, lo metan en un ataúd de plata o lo metan en una pirámide, como a los faraones egipcios, uno muere pobre.

Y la reflexión es, hermanos, de aquello en lo que somos ricos. De aquellos panes y peces que tenemos. ¿Qué estamos dando? Si nosotros damos nuestros panes y peces a Jesús, Él los multiplica. Si nosotros damos de lo que tenemos a Jesús, Él lo hace crecer. La lógica del mundo es: -Esconde, oculta lo tuyo, guárdalo para ti, para que crezca.- La lógica de Jesús es: -Ofrece, entrega, da a los demás para que crezca. Algún día hay que elegir entre esos dos caminos. O tomo la decisión de vivir para mí mismo, creyéndole únicamente a lo que me dicen las voces de este mundo, o tomo la decisión de creerle a Jesús, y creo entonces que dando de mí, Jesús puede multiplicar.

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