Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesucristo instala la verdad en el corazón del ser humano.

Homilía ao18003a, predicada en 20020804, con 17 min. y 16 seg.

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Transcripción:

Amigos míos, el Evangelio es tan, vivo. Vamos a meternos en la escena de hoy; no vamos a mirarla desde lejos, sino que vamos a meternos en la escena que nos presenta el Evangelio de hoy.

Jesús manifiesta su compasión, nos ha dicho el Evangelio: -Vio el gentío, le dio lástima, curó a los enfermos-. Vio, sintió, curó, esta secuencia, -Ver, sentir, curar- Esta secuencia era, el cada día de Cristo, y los discípulos sabían eso. La iniciativa sale de Jesús: Vio, sintió, curó. Pero ahora sucede una cosa rara, en este Evangelio, hay una iniciativa que surge de los discípulos: -Estamos en despoblado, es muy tarde, despide a la multitud-.

Uno puede pasar por encima de esa frase, pero como a la Biblia no le sobran frases, ahí debe haber una enseñanza para nosotros. Si uno es un poco suspicaz, dice y ¿aquí qué pasó? El de la iniciativa compasiva es Jesucristo, y ahora resulta que son los discípulos los que empiezan a hablar y dicen: -estamos en despoblado, es muy tarde, que vayan, que compren-. Uno siente como una sospecha por dentro. ¿Por qué , los discípulos dijeron eso será que se les está pegando la compasión de Cristo? ¿Será que ya la tienen adentro? No parece, no parece, todavía no han recibido el poder del Espíritu Santo, todavía, no son semejantes a Jesucristo.

La preocupación de ellos es otra: -estamos en despoblado, es muy tarde, que vayan, que compren-. Y Jesús, que no carecía de compasión, Jesús, que había dado tantas muestras de compasión, ¿No se le ocurrió que estaban en despoblado? ¿Sería que no se había dado cuenta? ¿Sería que Jesús no había visto que ya se estaba haciendo tarde?

Lo que los discípulos le dicen a Jesús, Jesús ya lo sabía, desde luego, Jesús se da cuenta de que no le están diciendo eso, por amor a la gente, no es por compasión. El problema es que se vayan y que compren ellos, que se vayan y que ellos compren. Y Jesús les dice: - "No, no, que no se vayan, que no se vayan, dadles vosotros de comer" -. Entonces aparece una cosa nueva en la escena. -Si no tenemos más que cinco panes y dos peces-. Ah, ya entendemos qué era lo que pasaba; esta gente tenía su pequeño, su pequeña bodega, tenían su pequeña despensa, pero apenas alcanzaba para ellos.

Hagámonos una idea de lo que era un pan en esa época: Un pan de esa época no era como un pan de cien pesos de hoy en Colombia; un pan era un soberano pan, un pan valía un denario a veces, y un denario era el sueldo de un día, o sea, un pan se supone que cubría la necesidad de comida de una persona; por lo menos servía para llenar; además no era un pan lleno de aire, era un pan con toda la sustancia.

El grupo de los discípulos, vamos a hacer cuentas de que era de unas doce, trece personas, de pronto alguien más; cinco panes bien repartidos dan para una comidita decente. Con cinco panes se podía organizar una comida decente, partiendo de a mitad o a terceras partes, hombre, queda bien la noche y ya se arregla la noche; y dos peces le ponen un poquito de sal y un poquito de sabor a ese pan y estuvo solucionada la cena.

Pero ¿qué hacemos con tanta gente que no deja de mirarnos y que no deja de traer enfermos y que no deja de poner problemas? ¿Qué hacemos? ¡Que se vayan, Que se vayan! Que nos dejen, por favor, que se vayan, que ellos consigan lo de ellos y nos dejen a nosotros comer lo de nosotros. Eso es lo que había en el corazón de los discípulos. Que ellos se vayan y consigan lo de ellos y a nosotros nos dejen comer lo de nosotros. Es decir, los discípulos están funcionando con una lógica de, ellos y nosotros. Ellos que arreglen su problema, nosotros arreglaremos nuestro problema. Ese es el pensamiento de los discípulos.

Pero resulta que Jesús les hace trampa, Jesús les rompe ese esquema; es como si Jesús les dijera: -Muy bonito, ustedes quieren resolver lo de ustedes y que ellos resuelvan lo de ellos. Pero ¿por qué no hacemos un puente? ¿Por qué no ayudan ustedes a resolver el problema de ellos?- Cuando Jesús dice: "Dadles vosotros de comer" , eso tuvo que haber sido como, como un trueno, como como un terremoto. ¿Pero qué hacemos? ¿Cómo se le ocurre? Jesús revienta la lógica de estos hombres, Jesús rompe el esquema de ellos: -Dadles vosotros de comer-. Significa: -Deja de pensar en términos de ellos y nosotros, todos somos los mismos, todos estamos metidos en el mismo problema y todos salimos de aquí juntos-. ¡Qué hermoso es Jesucristo! ¡Qué grande es su pensamiento!

Y los discípulos dicen: -Aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces- ¿Qué fue lo que consiguió Cristo con esta manera de obrar? Dos cosas: La primera les rompió esa lógica que traían, de ellos allá, nosotros acá. Jesús les rompió esa lógica, pero hizo otra cosa que no es menos importante. Los condujo a su verdad.

Esto hace Cristo con nosotros, Cristo, si se me permite la expresión, nos obliga a ver nuestra verdad. Hasta que llega un punto en el que si uno camina con Jesucristo tiene que decir: -Sí, sí, está bien, está bien, no tengo más, sino esto y esto y esto, no tengo más-. Y esa es una maravilla. Jesucristo instala la verdad en el corazón del ser humano, Jesucristo es como un faro poderoso, como una linterna intensa que obliga a la persona a mirar lo que en realidad es, a no decirse mentiras.

Y eso lo podemos demostrar con el texto de hoy. Imaginémonos que Jesús no hubiera sido tan inteligente, tan, tan astuto como fue. Imaginémonos que Jesús, dejándose llevar por la congestión de gente, el cansancio, hubiera aceptado la sugerencia de los discípulos. ¿Cómo hubiera terminado ese día? Imaginemos. . . -Estamos en despoblado, despide a la multitud-. Y Jesús hubiera dicho: -Hey, sí, tienes razón, claro, hay que hacer eso; bueno, hermanos, vayan, vayan por ahí, vayan y compren, vayan, consigan por allá; Dios los bendiga, Dios los bendiga, ya se fue todo el mundo, ahora sentémonos nosotros y démonos una panzada de pan y pescado-. Así hubiera terminado el día.

Pero lo importante no hubiera sido el pan y el pescado, sino que los discípulos hubieran quedado bien. -Tan compasivos ellos, ¿no? tan lindos ellos que pensaron en que ya era despoblado y que estaba tan tarde-, ellos hubieran quedado muy bien, no hubiera aparecido la verdad de su corazón. Pero Jesús les obliga a que aparezca la verdad, la verdad de lo que tienen. Cinco panes y dos peces no tienen más, pero sobre todo la verdad de lo que tienen en el corazón. Sin necesidad de decirles: partida de egoístas, sin necesidad de regañarlos. Qué mensaje tan profundo. -Dadles vosotros de comer, hagamos un puente entre el hambre de ellos y el hambre de ustedes; ¿O es que el hambre porque es de ellos, es distinta del hambre que tienen ustedes?-

Hermanos, Jesucristo nos conduce a nuestra verdad. Y cuando nosotros finalmente dejamos de decirnos mentiras, dejamos de parecer los buenos o de querer parecer buenos, cuando finalmente llegamos donde Cristo, como estos discípulos que debían estar rojos de vergüenza y le decimos: -Oye, sí, sí, tienes razón, mira hay estos panes y estos peces, lo que pasa es que me daba pena que tú supieras eso, pero sí, realmente lo que hay es esto; y junto a esos panes y esos peces tengo toneladas de egoísmo, Señor, y tengo aburrimiento con tanta gente, y tengo miedo de que esta gente me quite mi pan y mi pez. Eso es lo que hay en mí, eso es lo que tengo, Señor-.

Cuando ya uno ofrece, cuando ya uno presenta la verdad de lo que uno es delante de Cristo, entonces, ¿Qué dice Cristo? Lo que sigue en el Evangelio: -Tráeme, tráeme tu verdad-. -Pero es que es poquito y además es lo único que tengo, y además esos pescados ya deben estar como dañándose y esos panes, ya eso, qué panes-. Tráeme lo tuyo, tráeme tu verdad. Y ¿qué hace Jesús? Toma esa verdad y la bendice. Alza la mirada al cielo y es una cosa muy bella, porque cuando Jesús desde la tierra mira el cielo, el Padre desde el cielo, Dios Padre, desde el cielo mira la tierra. Jesús alza la mirada al cielo y el texto no lo dice, pero nosotros podemos añadir -Y Dios Padre mira desde el cielo a la tierra-, pronuncia la bendición, parte los panes y se los da a los discípulos.

Jesús hace generosos a los discípulos, esos mismos discípulos que sentían que tenían que esconder su poquito para que les alcanzara. Ellos ahora ya no están escondidos, comiendo con egoísmo; ahora son los banqueteros del Reino de Dios, ahora están repartiendo con abundancia el pan bendecido por Jesús. Este es Jesucristo, y eso es lo que Jesucristo quiere hacer con nosotros. Nosotros somos expertos en quedar bien, somos expertos en decir mentiras, la culpa siempre la tienen otras personas: Si el país anda mal, es culpa del gobierno, es culpa de la guerrilla, culpa de Castaño, culpa de Tirofijo; siempre la culpa está afuera, siempre creemos que somos buenos.

¡Cómo necesitamos este encuentro con Jesucristo! Este bendito encuentro con el Señor en que Él ilumine con su faro poderoso nuestra alma y nos ayude a encontrar lo que en realidad somos, para que aparezca nuestro poquito de pan, para que aparezcan nuestros poquitos pescados, pero sobre todo para que aparezca el egoísmo, el aburrimiento, la cobardía, la pereza, el miedo y todas las demás plagas y llagas que llevamos por dentro. Cuando Jesús nos ilumina así, y aparece todo eso, nos sentimos avergonzados como los apóstoles. Pero entonces Jesús nos va a decir -ahora dame eso-, y ese es Cristo crucificado hermanos. Cristo en la cruz es el mismo Cristo que preparó este banquete.

¿Por qué tiene sudor, sangre y llagas? ¿Por qué? esas no eran de Él? Esas son las tuyas y son las mías. Este Jesús de la Cruz es el que nos está diciendo: -Dame eso-. Y nosotros le decimos: -Pero es que estoy sucio, pero es que soy pecador, pero es que estoy mal, Señor-. Y Jesús en la cruz nos sigue diciendo: ¡-que me des eso-!. Y Cristo nos recibe en el arrepentimiento del corazón y en la confesión sacramental, nos recibe eso.

El sacerdote que nos escucha en la confesión es Cristo que nos está diciendo: -Dame eso-. Y nosotros como los protestantes -No, no, yo me confieso solo, yo me confieso solo, déjeme yo me escondo y yo me confieso solo, yo no quiero que nadie me vea- Y Cristo nos dice en el sacerdote: -Dame eso, dame esa llaga, dámela que quiero hacer de esa llaga bendición, que quiero transformar tu pobreza en riqueza, que quiero que en tu vida aparezca la mirada de mi Padre del cielo-. El final es feliz.

Comieron todos hasta quedarse satisfechos, recogieron doce cestos llenos de sobras. El número de Israel, -Doce cestos-, como quien dice, uno para cada discípulo. ¿No? Jesús sigue enseñando: -¿Con que no alcanzaba el pan?- Ahí tiene, coja su canastado de pan, a ver si con eso se le puede llenar la barriga o qué va a hacer con ese pan, o de pronto ese pan no es para que siga llenando la barriga, ese pan es para que siga repartiendo, para que siga dando-.

Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños, digamos una última palabra sobre esta frase: ¿Por qué no contaban a las mujeres y a los niños? Casi siempre, en todos los eventos cristianos hay más mujeres que hombres y niños hay por cantidades, por toneladas. ¿Por qué no cuentan las mujeres y a los niños? Porque en la mentalidad de aquel tiempo, los que podían servir de testigos en un juicio eran los hombres, no las mujeres, no los niños. Lo que nos está diciendo el evangelista aquí es, -Dios juzgó a su pueblo y hay cinco mil testigos que proclaman que la gloria es para Él-.

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