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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios es generoso y abundante en dar sus dones, en dar su misericordia; pero, no quiere que nosotros los desperdiciemos.
Homilía ao18002a, predicada en 19990801, con 26 min. y 14 seg. 
Transcripción:
Amadísimos hermanos, ¡Qué distinto piensa Dios de lo que nosotros pensamos a veces! Las preocupaciones del mundo y los ataques de Satanás hacen que pensemos que el bien es escaso y pequeño y que el mal es abundante y poderoso. Sentimos que los bienes son escasos y sentimos que los males son abundantes. Pero las lecturas de hoy nos están hablando de bienes abundantes y de la victoria de la abundancia del bien sobre la presencia del mal. Con respecto a la población en este planeta Tierra. Desde hace tiempo nos están repitiendo una mentira: Que la cosecha no va a alcanzar, la agricultura nos va a dar abasto. Hay que limitar los nacimientos. Hay que frenar el nacimiento de los niños. Hay que contener la población porque no va a alcanzar la comida. Lo gracioso es que estudios muy serios muestran que no es así. El planeta Tierra está facultado por la naturaleza, es decir, por Dios mismo, mucho más con la fuerza de la tecnología para sostener una población muchísimo mayor de la que hay actualmente. El problema no es el número de personas. El problema es la presencia del egoísmo y de la guerra. Si la mitad de lo que se invierte en armas se invirtiera en producir y repartir alimentos, cesaría la pobreza absoluta en el planeta. Nosotros queremos disculpar nuestro egoísmo diciendo que la Tierra no puede soportar a tanta gente. La Tierra no puede soportar es a tanto egoísta. Eso es lo que no puede soportar la Tierra. Pero la Tierra sí puede soportar a mucha gente. Y por eso cortamos tantas vidas y nos criamos en el paroxismo. La angustia de la escasez. Eso con respecto a los bienes materiales. Pero esa misma idea, lamentablemente la tenemos con respecto a los bienes espirituales. Nosotros, los que somos pecadores, muchas veces sentimos que Dios tiene como un depósito de perdón, pero que ese depósito ya casi se está acabando. Como que ya a Dios le queda muy poquito perdón para darnos como que la misericordia de Dios ya no fuera a dar abasto. A veces pensamos que Dios lleva tan estricta cuenta de lo que nosotros hemos hecho y de lo que nosotros hemos sido, que Dios nos va a retirar su amor, que Dios se va a ir de nosotros. Pero ¿Qué nos dice la lectura de la Carta a los Romanos? Yo leo aquí esto: "¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿Quién; La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez? Y dice, tengo la certeza de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los demonios, ni lo presente, ni lo futuro; nadie puede separarnos del amor de Dios manifestado en Jesucristo". Lo que nos están diciendo las lecturas de hoy es, -Dios es generoso. Dios tiene en abundancia.- ¿Esa es una autorización para desperdiciar? Hijos malvados y perversos pueden entenderlo así. Pero si Dios nos está diciendo a nosotros que somos enfermos y pecadores, que Él tiene en abundancia, no es para que nosotros desperdiciemos, sino para que nosotros, aprendiendo a confiar y gozando de la abundancia que Dios nos otorga, podamos también ser generosos con nuestro tiempo, con nuestra alegría, con nuestros bienes, con nuestro amor. Porque estamos viviendo un tiempo en el que creemos que tenemos que ser escasos. No solo somos escasos. No solo somos mezquinos con los bienes materiales, somos escasos con la sonrisa, por ejemplo. Que trabajo para sonreír. Se nos acerca un extraño. Usted no es digno de una sonrisa. Una persona que no sabemos quién es; usted no es digno de que yo le regale un saludo. Somos mezquinos, somos egoístas, con la sonrisa, con el amor, con el abrazo, con el saludo, hasta con esos bienes somos mezquinos. Dios quiere que experimentemos la abundancia de su amor, de su gracia, de su alegría. Dios es bueno. Es generoso hasta límites inconcebibles. Hasta donde conocemos el universo, podemos afirmar que el único lugar en el que hay certeza de que hay vida inteligente es este planeta Tierra. No sé si las cosas cambien después. Vamos a meterle un poco de matemática a este asunto. El sol se encuentra a unos ciento cincuenta millones de kilómetros de aquí. Vamos a imaginar que este puño derecho es el sol y que este dedo índice izquierdo es la Tierra. Se supone que hay ciento cincuenta millones de kilómetros entre este sol y esta Tierra. Toda la vida que hay en la Tierra depende de la luz que nace, que brota del sol. Punto dos. Yo te pregunto una cosa Esta tierra recibe la luz de este sol, pero el sol no manda su luz como un rayo láser hacia esta tierra. El sol manda tu luz desde todas partes. Una parte minúscula, menos de una milmillonésima parte de lo que produce el sol se aprovecha. Es decir que de mil millones de partes, novecientos noventa y nueve millones novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve partes se van al espacio infinito y se desperdician aparentemente. O aparente y realmente. De todo ese sol solo una minúscula parte llega a esta tierra, una minúscula parte, pues Dios no tiene problema en que se desperdicien novecientos noventa y nueve millones novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve partes con tal de que le llegue a la Tierra lo que le tiene que llegar. Así es Dios para todo. Dios en Jesucristo, Jesucristo es el verdadero Sol. Jesucristo es más que el sol, es el sol que nace de lo alto. Jesucristo dijo muchas predicaciones, muchísimas. El Evangelio de Juan nos dice que si se fueran a poner por escrito todas las cosas que hizo y dijo Cristo, no cabrían los libros en el mundo. De todo lo que dijo Cristo, de todo lo que dijo y de todo lo que hizo, apenas una partecita nos ha quedado en la Sagrada Escritura. Jesucristo dijo unos sermones maravillosos, unas predicaciones espectaculares, unas parábolas insólitas, preciosas, unas joyas increíbles. ¿Y dónde están? ¿Dónde están? Cristo rogó con generosidad, Cristo esparció la semilla con amor, con bondad, con generosidad. ¿Dónde están esas parábolas? Muchas veces el Evangelio nos dice que Cristo predicaba horas enteras. Si nosotros juntamos una con otra, las palabras de Cristo en el Evangelio no nos dan para esas horas enteras, días y días y días de predicación. Todo esto qué indica a mis amigos, que Cristo hizo como el sol. Cristo regó amor, Cristo sembró palabras. Cristo repartió misericordia en cantidades y cantidades y cantidades, y dio muchísimo, muchísimo de todo eso, una partecita, un destello, es lo que nos ha quedado en la Biblia. El Dios en el que creemos nosotros es un Dios abundante, fuerte, grande, santo, un Dios que a ciento cincuenta millones de kilómetros sabe dónde están sus niños para darles luz, amor, aire, caricia. Cuando un niño pequeño sale al jardín y corre lleno de vida y lleno de alegría, y se revuelca en ese pasto y juega con esa arena. Cuando un niño se siente así gozoso a ciento cincuenta millones de kilómetros. Dios le ha enviado los rayos de luz que van a acariciar las mejillas de ese niño. Dios puede mirarte a ciento cincuenta millones de kilómetros y saber que tú necesitas la caricia de ese rayo de luz. Y por darte la caricia de ese rayo de luz es capaz de desperdiciar, entre comillas. Es capaz de botar al espacio infinito. Lo que sea. Dios es abundante. Dios es generoso. Y donde más es generoso es en la cruz. Una vez me fui a confesar. Yo no me confieso por deporte, me confieso, porque yo soy un pecador. Tú no te imaginas lo que es uno de sacerdote confesarse. Todo el mundo reza por nosotros, los sacerdotes. Uno sabe el daño que hacemos los sacerdotes con nuestros pecados. Uno sabe el problema y el escándalo que suele causar uno con su pecado. Y mira, se siente una cosa terrible, terrible. Yo si quisiera, realmente quiero ser santo y estoy caminando con la bondad y la fuerza de Dios. Quiero caminar hacia Él. De manera que, como dice un himno de la liturgia de las horas: "Con la frente humilde y el interés del que se sabe indigno. . . " Hay que buscar confesión. Tú no te imaginas lo que uno siente. Mira cuántos ojos de ustedes, amados amigos, están puestos en este caballero. ¿Quién soy yo? Por favor. ¿Quién soy? ¿Quién soy? Un pecador, no soy más. De manera que yo iba todo contrito y todo avergonzado. Y yo iba como asustado y como pensando. Dios debe estar bravo conmigo. Y como el Señor ha sido grande y misericordioso conmigo y me ha dado tantas cosas, tantas, tantas, tantas, me ha amado con abundancia, increíble. Yo decía: -Seguramente Dios va a retirar algunos de sus dones de mí.- Esa es una blasfemia lo que yo estaba diciendo, Dios no es así, Dios no es así. Pero yo estoy avergonzado por mi pecado. Iba a confesarme. Y me confesé. Confesión. Una confesión sencilla y bonita. Hay tantos sacerdotes tan buenos. Yo no creo que yo sea un buen sacerdote. Pero hay tantos sacerdotes tan íntegros y tan buenos. Una confesión sencilla, bonita, pulcra, hermosa. El amor de Cristo ahí presente. Y yo me fui a orar a una capillita después de confesarme. ¿Sabe lo que me pasó? Yo sentí que Jesucristo me hablaba desde una cruz. Me hablaba no con voz que llega a mis oídos, sino como una voz en mi corazón. Por eso es por lo que Cristo sabe que a mí me gustan las matemáticas, por lo que me dijo esto: "Mil millones. . . Yo me quedé como frío, -mil millones- y siguió diciendo: . . .mil millones de veces tus pecados yo también los perdonaría". Como dicen los paisas. Me mató. Me mató. ¡Quedé matao! ¡Matao, Matao! "Mil millones de veces tus pecados yo también los perdonaría". Dios es abundante. Y para creer en Dios, hay que sumergirse en la abundancia de su amor. Por todos los caminos las voces del mundo nos van a decir el bien es imposible. El bien es escaso. Todo se está acabando. Esto va a explotar. El cristiano sabe, el verdadero cristiano sabe que Dios no es un enemigo que está esperando el peor momento del mundo para explotarlo. Para estallarlo. Dios no es un enemigo que esté a las puertas a ver cuándo se muere la persona en el peor momento, cuando peor la embarró. Dios es el gran amigo. Mira, Dios está de tu parte. Dios es capaz de defender tu causa incluso cuando tú ya no crees en ella. Dios es capaz de soportar tu vida incluso cuando tú ya no crees en ella. Dios trasnocha, una de las cosas que yo descubrí: Que Dios trasnocha, Dios trasnocha, se pasa las noches pensando cómo mejorar tu vida, cómo sanarla. Tú, preocupado, preocupado, preocupado, preocupado. Finalmente caes rendido por el sueño y te duermes. Cuando tú por fin te duermes, Jesucristo, a la cabecera de tu cama, piensa los mejores caminos para ti, las mejores tiendas para ti. Jesucristo te ama de una manera tal, con una profundidad tal, con una intensidad tal, que si tú lo sintieras, te sentirías sostenido por el dueño del universo. Jesucristo te ama. Jesucristo quiere que tú experimentes la potencia de su amor. Tú le dices a Cristo, tengo un problema porque soy un pecador. Y Cristo dice: ¿Y, es que no has visto mi sangre? ¿Por qué crees que es esta sangre? ¿Para qué crees que sirve mi sangre si no es para lavarte? Dice el libro del Apocalipsis; de los Santos, estos son los que blanquearon sus vestiduras en la sangre del Cordero. No dice, estos son los que nunca pecaron, sino dice, estos son los que blanquearon sus vestidos en la sangre del Cordero. Jesucristo. No hay problema que le quede grande a Jesucristo. No hay angustia difícil para Jesucristo. No hay escasez irreparable para Jesucristo. Jesucristo es el Hijo del dueño de todo esto. Jesucristo ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Jesucristo es el Rey, es el Señor de los Señores. Jesucristo tiene potestad para sacar pan aún en el desierto, como nos lo muestra el Evangelio. Permítele. Con esto termino. Permítele, permítele a Jesucristo lucirse en tu caso y en tu vida. ¿Qué quieres tú? ¿Ser una historia más de los que no creyeron? O quieres ser una historia más de los que sí creyeron y de los que sí experimentan la gracia, la bondad, la fuerza, la bendición de Jesucristo. Jesucristo puede hacer las obras más maravillosas. Ay, pero es que el mundo está lleno de pecado. El mundo está tan difícil, el mundo está tan violento, el mundo está tan retorcido, hay tanta ignorancia. ¿Y tú crees que Cristo ignora eso? Miremos cuál fue el tiempo en el que vivió la Santísima Virgen, la Madre de Jesucristo, que es la obra acabada, la joya perfecta de Dios. Miremos ese tiempo. ¿Tú sabes dónde quedaba Nazaret? En Galilea. Donde la fe estaba pervertida, donde la fe incluso había desaparecido en muchas personas y estaba adulterada y mezclada con todo tipo de cosas. Problemas políticos, lo que tú quieras, problemas económicos, los que tú quieras, posesiones diabólicas, las que tú quieras. Enfermedades a granel. Y en ese mundo, la gracia de Dios condujo a una niña desde su concepción inmaculada hasta su asunción gloriosa. Cero pecados. Y eso fue. No me vengas con la historia de que todo el mundo está en pecado. Y esto, como todo el mundo peca. Y es que los ambientes son tan pesados. Me va dando como una rabia que la gente diga eso. Como si Dios no tuviera poder para conducirnos sin pecado en medio de este mundo. No vayamos aquí a decir que pecamos, porque el mundo está. . . el mundo siempre ha estado así. El mundo será adversario de Dios hasta el final. ¿Quién se preocupa de eso? Pecamos es porque dejamos de creerle a Dios. Pecamos porque nos soltamos de la mano de Él. Nos hundimos porque como Pedro, le quitamos la mirada a Cristo y volvemos la mirada a la tempestad y a las aguas. Por eso nos hundimos. Cristo tiene poder, Cristo tiene poder y con el poder de Jesucristo, con la unción de su Espíritu, es posible hasta ese milagro maravilloso que se llama, María. Cristo condujo a su Santísima Madre con gracia y amor. La condujo por un mundo repleto de pecado, la condujo sin una sola falta. Dios tiene gracia abundante. Dios tiene gracia abundante, amor abundante, unción abundante. En esta celebración de nuevo tendremos la sangre de Cristo con nosotros. Imagínate, el cuerpo de Cristo con nosotros. ¿Quién se preocupa? ¿Quién se preocupa? La fuente de la sangre no ha cesado de manar. Ahí está. Está para ti siempre que quieras. Ven, visítalo, póstrate ante su Sagrario y dile gracias, gracias, gracias, gracias y alábale. Alábale con la voz de tu alma. Ahí está para ti. No se ha ido, no está enfermo, no está distraído, no está en otros negocios. El negocio de él eres tú. El oficio de Él eres tú. El arte suyo. Eres tú ¿Y usted por qué asegura todo eso Fray Nelson? Muy fácil. Porque el Credo lo dice: -Por nosotros y por nuestra salvación.- "Por nosotros y por nuestra salvación". Yo quiero que tú, en esta noche, creas profundamente en Jesucristo. Quiero que creas en Él, en su poder. Quiero que escuches la voz secreta que a mí también me habló, esa voz que dice: "Mil millones de veces lo que tú has hecho, yo también lo perdonaría". Quitemos ese obstáculo y hablemos como amigos. Así te ama Cristo. ¿Cuál es el obstáculo? ¡Ah que estoy apenado! ¡Que estoy avergonzado! Mira, si fuera mucho más, yo también quitaba eso. Quitemos eso y hablemos como amigos. Hablemos de corazón a corazón. La abundancia del corazón de Cristo te espera. La riqueza inagotable de su gracia te aguarda. Cristo está para ti. Cristo vino por ti. Cristo está aquí en medio de nosotros porque quiere hacerte bien. Ese es Él. Solo viene a hacer el bien. No viene a condenar. Viene a salvar lo que estaba perdido. Ese es Jesucristo. Nosotros lo aceptamos. Sí, señor. Nosotros en este momento, te acogemos, te recibimos. Te estamos recibiendo y aceptando como nuestro verdadero Señor y Salvador. Tú, que eres el Hijo único de Dios, Hijo único de la Santa Virgen María, Señor Jesús, ungido del Padre con la unción del Espíritu Santo. Jesús, yo creo en ti, creo en tu unción, creo en tu estilo, creo en tu palabra, creo en tu mirada, creo en tu Evangelio y quiero tener mi mirada puesta en ti. No quiero apartar mis ojos de ti, no quiero retirar mi corazón de ti. Quiero estar en ti y experimentar la abundancia que brota de ti. Satanás pretende engañarme y decirme que todo es escaso, que todo es peligroso, que todo es miedoso. Satanás pretende anularme con el miedo. Señor Jesús, yo quiero creer en ti, de una manera total, absoluta, como creen los amigos. No quiero creer en su abundancia para aprovecharme de ti. No quiero ser un traidor. Quiero ser un amigo tuyo. Quiero creer en ti, con todas las fuerzas de mi alma. Y quiero experimentar en todas las células de mi cuerpo en todos los días de mi vida, en todas las áreas de mi alma, en todos los rincones de mi casa. Quiero experimentar el poder de tu bendición. Por eso te abro en este momento todo mi ser. Abro, Señor las puertas cerradas de mi alma. Todas son tuyas. Te entrego todo, te abro todas las puertas. Sé Tú mi dueño. Sé Tú, mi Señor. Sé Tú el Rey de mi alma. Me entrego a ti. Jesucristo. Jesucristo, Jesucristo, Hijo del Dios vivo. Te amo y me entrego a ti con todas las fuerzas de mi corazón. Confío en ti. Sé que nada puede apartarme de tu amor, porque así me lo enseña el Apóstol San Pablo. Yo me entrego a ti. Yo creo en ti. yo creo que tu mano bendita puede sanar. Yo creo que tu corazón, tu corazón maravilloso, tu corazón sagrado, Señor, puede restaurar mi alma y mi corazón herido. Me postro, me abrazo a tus plantas y con lágrimas en los ojos te digo: -Qué bueno que hayas venido. Qué bueno que estés aquí. Qué bueno que me hayas llamado. Qué bueno que me hayas esperado. ¡Qué bueno! Qué bueno que tú seas mi señor. Y qué bueno que yo sea tu siervo y tu amigo- a tu honor y alabanza. Jesucristo, te amamos junto con todos mis hermanos. Como embajador de todos ellos, Yo, el más indigno, como embajador de todos ellos, te digo Jesús, te amamos. Estamos ante tus plantas para que Tú seas el amado y el Señor de nuestras almas, para que tú seas nuestro Rey y Pastor. Jesús Tú puedes en nosotros lo que nadie más puede. Tú vas a hacer en nosotros lo que nadie más puede hacer. Jesús, Jesús, Tú. En este momento están derritiendo el hielo. Hermoso Jesucristo. El sol de tu amor está empezando a brillar en este momento en corazones que eran como témpanos. Y tú estás empezando a derretir el hielo. Veo cómo corazones que estaban entumidos asustados se empiezan a abrir a ti. Tú vas quitando esa capa de nieve, granizo, hielo que cubría tantas almas. Y tú estás en este momento derritiendo su hielo. ¡Bendito seas Jesucristo! Permite que nos derritamos ante ti, que digamos: -Señor, nos rendimos! ¡Nos rendimos! ¡Nos rendimos ante Ti. Creemos en ti. Nos entregamos a ti. Te alabamos, bendito Señor. Gracias, Jesucristo. Gracias, Gracias, Señor. Ante Ti nos derretimos, ante ti nos rendimos, Jesucristo, y te alabamos y te damos gracias. Qué bueno que estés aquí, Jesús. Haz toda tu obra en nosotros. Deja obrar a tu corazón, deja obrar a tu misericordia. Te damos permiso, Jesús. Te damos permiso para que tú hagas tu obra en nosotros. Lo que nadie puede hacer, tú lo puedes hacer. Lo que nadie sabe hacer, tú lo sabes hacer lo que nadie quiere hacer. Tú si lo quieres hacer. Gracias, Jesús. Gracias, Jesús, Gracias. Oh, gracias. Obra con poder, Señor, en este pueblo que te ama, obra con poder en él y que todos puedan experimentar tus maravillas, la maravillosa noticia de tu Palabra y este Evangelio.

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