Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Reino de Dios comienza con alegría, crece mediante un proceso de formación y culmina en la manifestación de la gloria de Dios. Cada etapa nos educa en la paciencia, la sabiduría y la esperanza.

Homilía ao17018a, predicada en 20260726, con 5 min. y 20 seg.

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Transcripción:

Creo que a estas alturas del año litúrgico ya sabemos que la predicación sobre el Reino de Dios es un punto fundamental en la enseñanza de Cristo. También nos hemos dado cuenta que el recurso literario, llamémoslo así, que Cristo más utilizó para hablar del Reino de Dios fue la parábola. Una forma de comparación que tiene muchas ventajas, sobre todo porque la parábola te enseña algo sobre el reino de Dios, pero también te enseña algo sobre ti mismo. La parábola es un lenguaje suficientemente claro para el que quiere entender, para el que necesita entender. Pero no es un lenguaje tan obvio para el que no quiere entender, para el que está bien como está.

Y por eso la parábola, así como nos revela sobre el Reino, también nos revela sobre nosotros. La parábola te muestra la grandeza de un alimento espiritual, pero también te habla del apetito que tú tienes porque probablemente no te interesa. Probablemente no quieres, en realidad no quieres, no tienes interés en que Dios reine. Por eso la parábola es un modo único de enseñanza en ese sentido te habla de Dios, pero también te habla de ti. La otra gran ventaja que tiene la parábola es que, como se apoya en realidades tan cotidianas, pues educados por las parábolas, somos capaces de mirar las cosas cotidianas y empezar a buscar y empezar a encontrar las huellas de Dios por todas partes. ¡Qué hermoso eso! Las huellas de Dios por todas partes.

En una mujer que amasa con levadura. En un hombre que cultiva un campo. En un pastor que recoge sus ovejas. Escenas cotidianas que quedan llenas de luz del cielo gracias a la Palabra de Cristo. Así que esas dos ventajas tienen. Las parábolas nos enseñan a conocer nuestro propio corazón, no solamente a aprender algo sobre Dios. Y por otra parte, las parábolas nos enseñan a mirar nuestra realidad cotidiana, encontrando trazos, pasos de Dios en todas partes. Las parábolas de este domingo nos hablan sobre el Reino, ya lo dije, pero nos hablan sobre el comienzo, el desarrollo y la conclusión de ese reino. El comienzo del Reino de Dios está marcado por la alegría.

El desarrollo está marcado por un proceso que puede tentar nuestra impaciencia. Acuérdate el Evangelio del domingo pasado, donde teníamos el trigo y la cizaña, y donde uno muy fácilmente puede sentir eh, pero ¿Por qué Dios no arranca esa cizaña? Y muchas veces nosotros terminaríamos arrancando el trigo junto con la cizaña. Entonces, el proceso es todo un camino de depuración y de aprendizaje que nos va llevando a descubrir realmente qué es lo que Dios quiere y nos va llevando a descubrir realmente cómo Él va reinando en cada una de las áreas de nuestra vida. El Reino de Dios es proceso, es camino, pero ese camino no es eterno. Eterno es Dios. Entonces ese camino tiene una conclusión. Y la conclusión la describe Cristo con distintas imágenes.

Hay un momento en el que se llega a un banquete y la puerta se cierra y ya no puedes entrar. Si ya no entraste, ya no vas a entrar. Ó, llega el momento en el que las plantas que estaban creciendo ya están maduras para la cosecha. Llegó la hora de la cosecha, punto. Entonces es el momento de cosechar. Ya se acabó el tema del desarrollo, el proceso, el crecimiento ya todo eso terminó. Llegó el momento. O si no, un juicio. Un juicio como aquel en el que se separan las ovejas de las cabras. Entonces Cristo quiere que nosotros tengamos una perspectiva completa sobre el reino de Dios.

Alegría por recibir ese llamado, por recibir esa misericordia, por recibir ese amor. Y el que no entra por el camino de la alegría, créeme que no entra, hará otra cosa, pero no conocerá de lo que Dios quiere. Segundo, luego este desarrollo que nos va formando y forjando en la paciencia y en la sabiduría. Y tercero, la certeza de que llega un momento final y en ese momento final, pues se manifestará claramente la gloria de Dios. Dejémonos educar por Cristo, dejémonos educar por su Palabra y que la gloria y la alabanza sean para Él.

Amén.

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