Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Inicia hoy tu proceso con Dios devolviéndole su trono, recibe la alegría más grande al permitir que Él que reine en tu vida.

Homilía ao17017a, predicada en 20230730, con 7 min. y 24 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

En el Evangelio de este domingo encontramos tres comparaciones que Cristo hace sobre el Reino de Dios. Lo compara con un tesoro, lo compara con una perla y lo compara con una red. Pero antes de decir una palabra sobre qué significan o qué pueden significar estas comparaciones, hagámonos una pregunta de esas que yo llamo pregunta de niño. Un niño podría preguntar Oye, ¿Por qué Cristo habla tanto del Reino de Dios? Porque, fíjate, hace un par de domingos teníamos la parábola del sembrador. El domingo pasado teníamos otras parábolas, por ejemplo, la de la levadura que impregna y que transforma toda la masa. Y ahora tenemos otras tres comparaciones ¿Por qué Cristo habla tanto del Reino de Dios? Y créeme que no es una pregunta, no es una pregunta inútil.

Cristo habla tanto del Reino de Dios porque Cristo quiere que Dios reine. De eso es de lo que se trata. Es que la palabra misma lo dice Reino de Dios. Entonces de lo que se trata es de que Dios reine. Que Dios reine ¿Dónde? Que Dios reine ¿Cuándo? Pues que Dios reine ya y que reine en ti, en mi, en tu familia, en la mía, en mi país, en el tuyo. Que Dios reine. Y yo creo que una buena pregunta que uno tiene que hacerse, por ejemplo, con respecto a la familia, uno tiene que preguntarse eso. Uno tiene que decir, a ver, si hablamos de mi familia, ¿Quién reina en mi familia; o qué, reina en mi familia? Gran pregunta. ¿Quién reina en mi familia? Por ejemplo, si en una familia hay un lenguaje de odio, de resentimiento, de egoísmo, entonces lo que está reinando en tu casa es el egoísmo. Cada uno tira por su lado, como decimos popularmente. Es el egoísmo lo que reina.

Entonces Cristo lo que quiere es que en vez de que esté reinando el egoísmo, esté reinando Dios. Hoy muchos noviazgos. Están marcados profundamente por una vida sexual intensa. Eso no es lo que Dios quiere. Eso no es lo que a Dios le agrada, pero es lo que está sucediendo en muchas partes. Entonces, hay noviazgos donde sí se hacen esta pregunta tendrían que responder, en mi noviazgo lo que reina es el sexo. Y de hecho es así porque a veces yo le digo a algunas personas, particularmente a las mujeres, que siempre serán las más afectadas en estos temas de pareja y de y de afectividad. Yo les digo a algunas mujeres ¿Qué pasaría si tú le dijeras a tu novio; yo no quiero tener más relaciones contigo? Por muchas razones, Por muchas. La prueba está en que la mayor parte de las relaciones llamadas prematrimoniales no son prematrimoniales, porque nunca llega el matrimonio. Lo que llega es otra mujer a la vida de ese hombre. La siguiente en la lista.

Entonces, como sacerdote, muchas veces les digo eso a las parejas. Les digo Bueno, ¿Quién reina en tu noviazgo? Y la respuesta es -Aquí reina el sexo- bueno, ¿Qué pasa si se quita ese elemento? ¿Qué pasa si el sexo sale de ese noviazgo? Pues que se acaba el noviazgo. ¿Qué demuestra eso? Que lo que estaba reinando era el sexo. Punto. Eso era lo que estaba reinando. Y como estaba reinando el sexo, entonces pues, ¿Qué puedes esperar? Puedes esperar las consecuencias de eso que seguramente van a ser abortos o van a ser infidelidades, o van a ser tantas cosas. Entonces, ¿Qué quiere Cristo? Cristo quiere que en tu noviazgo reine Dios.

¿Qué reina en tu en tu trabajo; qué reina en tu negocio? Supongamos que tú tienes un negocio, tal vez tienes una empresa por decir algo. Y en tu empresa lo único que reina es el lucro, la ganancia, la plata. Maltratas a tus empleados, los maltratas, los explotas, buscas a toda costa cómo sacarles el máximo jugo, que den lo más y tú darles lo menos. Eso es lo que tú quieres. Esa es la manera como tú manejas tu relación con el dinero y con esa gente. Entonces ¿Quién reina ahí? Ahí reina la codicia. La codicia es lo que reina. Pues sí, reina la codicia. Es bueno que te preguntes ¿Qué pasaría si llegara a reinar Dios? Y eso es lo que Cristo nos responde en las parábolas de hoy. Lo que nos dice Cristo, por ejemplo, con la parábola de la perla, con la parábola del tesoro, es que hay una tremenda alegría, hay una gran alegría que te está esperando. Pero una fantástica alegría que te está esperando.

Si tú te arriesgas a creer, si tú te arriesgas a creer, si tú te arriesgas a darle a Dios el puesto que solo a Dios le corresponde. Si tú haces eso, entonces vas a encontrar una alegría. No es la alegría de ese sexo que tienes, no es la alegría de esa codicia que tienes, no es la alegría de esa venganza que estás buscando, pero es la alegría que tú más necesitas. Es la alegría más grande. Eso es lo que nos enseña. Esa es la manera de Cristo enseñar. Pero al mismo tiempo, con la comparación de la red, nos está diciendo que las cosas van poco a poco. Le decía a Dios, a Santa Catalina de Siena en alguna oportunidad Bien sé yo que el alma es imperfecta y sólo después perfecta. Dios lo sabe.

Entonces, ¿Qué quiere decir eso? Que al mismo tiempo es la alegría, pero también es la paciencia y es entender que esto es un proceso. Pero ese proceso hay que empezarlo hoy. Y yo te invito a que hoy empieces el proceso, el proceso maravilloso de darle su trono a Dios, el proceso maravilloso de permitirle a Dios que reine en tu vida. Hagamos la prueba, abramos el corazón, para eso predica Cristo, para eso nos enseña. Ánimo que Dios está contigo y te bendice.

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