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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una de las características del Reino de Dios mientras vamos de camino en esta tierra es que a menudo buenos y malos deben convivir en circunstancias de cercanía; ello está dentro del plan de Dios para que cada uno conozca lo que lleva dentro y para que el bien sea confirmado como bueno y el mal como malo.
Homilía ao17016a, predicada en 20200726, con 28 min. y 21 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos, sabemos que la predicación de Cristo sobre el Reino de Dios no es un tema más. Sabemos que Él nos habla del Reino de Dios como un asunto absolutamente central, completamente fundamental. Podríamos decir que el propósito entero de la misión de Cristo en esta tierra fue, como lo dice en sus palabras el Papa Benedicto XVI, anunciar e instaurar el Reino de Dios, anunciar e instaurar el Reino. Por eso las palabras de Cristo sobre el Reino de Dios, aunque a veces nos resulten un poco difíciles de comprender, son absolutamente importantes. Hoy, por ejemplo, tenemos tres comparaciones sobre cómo es el Reino de Dios. Es como un tesoro escondido. Es como una perla preciosísima. Es como una red que recoge peces buenos y malos. Lo del tesoro escondido y lo de la perla preciosísima es más o menos fácil de entender. Aquel que se encuentra con Cristo, aquel que se encuentra con la propuesta de Cristo, encuentra algo absolutamente valioso, algo que hace que pueda repetir las palabras de Pablo. Dijo el apóstol San Pablo: -Por Él, por Cristo lo perdí todo y todo lo considero basura con tal de tener a Cristo Jesús.- De modo que esas dos primeras parábolas bellas y breves son relativamente fáciles de entender. Siempre hay elementos en los que uno podría enfatizar más, pero en esta ocasión yo quiero que dirijamos la atención, mis hermanos, a la tercera de las parábolas de hoy, porque esa sí nos puede parecer un poco extraña. Nos dice Cristo que el Reino de los cielos es como una red que recoge peces, y las palabras específicas son éstas: "Se parece a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces". Esto nos puede extrañar. Quizás para nuestra lógica sería más fácil de entender una red que recoge a la gente buena como quien dice vamos a recoger a los buenos, ya que hay tanta gente perversa. Pero en esto hay un parecido con otra parábola que salió hace poco en la liturgia. ¿Recuerdas el trigo que crece con la cizaña? Y en aquella ocasión recuerdo haber predicado que el trigo no se vuelve cizaña, ni la cizaña se vuelve trigo. Una expresión que, según he leído en algunos comentarios que me han puesto en redes sociales, no gustó mucho. Como que algunas personas sienten que al enfatizar que el trigo sigue siendo trigo y la cizaña sigue siendo cizaña, entonces creen que estamos negando la posibilidad de la conversión. Cristo habla de la conversión? Claro que sí, en muchos otros sitios. Pero estas parábolas, la del trigo y la cizaña, y la parábola de la red que recoge toda clase de peces, nos quieren enseñar otras cosas. Como buen maestro, Cristo toma distintos ejemplos para enseñar distintas cosas y por eso, en la enseñanza que Cristo nos da cada vez, hay que ver qué es lo que Él quiere que aprendamos y cuál es el énfasis que Él está poniendo sobre esto. Hay un chiste. Yo pocos chistes he echado en estas homilías, pero es que me parece buenísimo. Resulta que una profesora quería enseñar a los niños algunos temas de aritmética elemental y entonces les dice. Les dice la profesora a los alumnos: A ver, niños, si yo tengo en mi pantalón cuatro naranjas en el bolsillo derecho y tres naranjas en el bolsillo izquierdo, ¿Qué tengo? Y responde Uno de los niños tiene un pantalón grandísimo. Eso es lo que dice el niño. Él se fijó en algo que es cierto para que quepan cuatro naranjas en un bolsillo tiene que ser un pantalón gigante. Pero claro que eso no era lo que quería enseñar la maestra. Entonces a nosotros nos puede parecer, nos puede pasar un poco lo del niño. Cuando oímos una parábola y oímos lo que queremos oír y tenemos nosotros, en cambio, que fijarnos en qué es lo que Cristo nos quiere enseñar con ese texto, con esa esa parábola. Ya vendrán otras, ya vendrán otros sermones, ya vendrán otros mensajes. Todo tiene su lugar, pero hay que ver qué quiere decir Cristo en cada parábola, en cada mensaje. Entonces, volvamos al texto de hoy. Por cierto, para los interesados, me permito contarles que es del capítulo número 13 de San Mateo. Entonces volvemos a este texto. El Reino de los Cielos se parece a una red que arrojan al mar y que recoge toda clase de peces. Y para que no nos quede duda de qué es lo que quiere decir con toda clase de peces, porque alguien podría pensar Bueno, son peces de distintas especies. Podrían ser, qué sé yo, mojarras, bacalaos, distintas clases de peces. Otro podría decir distintas clases de peces. Quiere decir peces grandes, peces pequeños, no. Cristo específica. Dice que cuando los llevan a la orilla, se sientan. Reúnen a los peces buenos en cestos y a los peces malos los tiran. O sea que el reino de los cielos se parece a una red que recoge peces buenos y malos. No hay otra interpretación posible. Y esto, de nuevo, nos causa quizás un poco de perplejidad. ¿Cómo es aquello de peces buenos y malos? Si es el Reino de Dios, ¿Cómo es que el Reino de Dios recoge peces buenos y malos? ¿Por qué ese es el reino de Dios? Primera aclaración: Cristo no dijo: -Ese es el Reino de Dios. Dijo que el reino de Dios se parecía a eso.- Segunda aclaración: Una cosa es el reino de Dios, como sucede en el caminar en esta tierra, y otra cosa es la plenitud del Reino de Dios, que será en la gloria del cielo. Por supuesto que donde reina Dios perfecta y plenamente, es en la gloria del cielo, con sus santos ángeles y con todos los hombres y mujeres bienaventurados de todos los tiempos a donde queremos llegar por su misericordia. En el Reino de los Cielos, es decir, para ser precisos, en el cielo, el Reino de Dios es perfecto, en el cielo, pero mientras vamos en esta tierra, el reino de Dios va de camino, como va de camino el pueblo de Dios. O sea que lo que Cristo nos está contando aquí es cómo reina Dios en el camino. Es relativamente sencillo entender cómo reina Dios en la gloria celestial. Todos llenos de amor hacia Él. Decía Santa Teresa de Jesús: "Un alegrarse. Que todos se alegren. Una unidad de amor. Una dicha perfecta". Eso más o menos lo entendemos. Pero lo que Cristo nos está explicando aquí no es lo que va a suceder después de la muerte. Nos está explicando cómo entra, cómo empieza, cómo avanza el Reino de Dios. Ésa es la enseñanza. Estas son enseñanzas para el camino. Y cuando uno va de camino necesita instrucciones diferentes a las que necesita para cuando llegue a la meta. Por ejemplo, si yo voy de camino a otro país, pues tienen que darme unas indicaciones. Mira, te van a pedir un certificado de vacunación, te van a pedir el pasaporte para ese país necesitas una visa. Acuérdate que eres colombiano, necesitas visa. Entonces, ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que si nosotros vamos a otro país necesitamos unas instrucciones para el camino. Pero una vez que yo llegue a mi destino, por ejemplo, a la casa de un hermano o de un amigo, o tal vez voy de paseo ya cuando estoy en mi lugar de destino, ya no necesito más las instrucciones que necesitaba cuando estaba caminando. Entonces, cuando Cristo nos habla, esta aclaración es muy importante y siento yo que es una aclaración que se hace muy pocas veces. Cristo cuando nos habla del Reino de Dios, en ocasiones nos habla de cómo empieza a reinar Dios, cómo comienza el Reino de Dios, cómo avanza eso de que Dios reine en esta tierra y mientras vamos de camino. En otras ocasiones nos cuenta el desenlace, nos cuenta cómo es la plenitud. Una cosa es el camino, otra cosa es la plenitud. Así, por ejemplo, imágenes que Cristo nos da de la plenitud, nos habla de unas bodas. Así como cuando ese hombre abraza a su amada y siente, es mi esposa y es para siempre. Esa alegría es la propia del cielo. O cuando hablamos de un banquete, un banquete donde todo es delicioso, nutritivo, estamos en la mejor compañía. Quizás hay una música literalmente celestial. Eso es muy bello. Esas son imágenes del Reino de Dios en la plenitud. Reino de Dios en la plenitud. Pero Cristo tiene que enseñarnos no solo cómo es el Reino de Dios en la plenitud, porque nosotros no estamos en la plenitud. Nosotros apenas somos unos, unos que unos caminantes. Eso es lo que nosotros somos y como somos unos caminantes, como vamos avanzando de camino, entonces Cristo a través de estas parábolas nos está enseñando cómo reina Dios en el camino, y eso significa cómo empieza a reinar, cómo se afianza su reinado, cómo avanza el Reino de Dios en esta tierra. Mientras vamos de camino. Y eso nos lo enseña por medio de parábolas, confiando en la gracia del Espíritu Santo. Creo que ahí nos queda un poco más claro cómo es que Cristo nos enseña. A veces nos enseña del Reino de Dios en la plenitud. A veces nos enseña del Reino de Dios en el camino. Y eso no me lo invento yo. Fíjate como en esta parábola Él dice: -Cuando está llena la red-. ¿Ves? Esa es la plenitud. Cuando está llena la red, la arrastran a la orilla, se sientan. Ese sentarse tiene un sentido muy especial, ese cederé. Porque resulta que en el tribunal de los Reyes el único que se sienta es el rey. Son detallitos pequeños. Se sientan, reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran lejos. Claramente Cristo está haciendo una diferencia entre el proceso, el camino que es mientras están llegando los peces y luego ya la red se llenó, llegó la plenitud. Juicio final y ya viene otra situación, ya viene otra realidad. Bueno, con todas esas aclaraciones. Ahora hagámonos esta pregunta. Bien, ya entendemos que esta parábola se refiere a cómo va aconteciendo. Fíjate el lenguaje procesual y progresivo que tengo que utilizar, cómo va sucediendo el Reino de Dios. Perfecto, ya lo explicó Cristo Bien, bien, muy bien eso. Ahora viene esta pregunta ¿Por qué en ese proceso Él habla de buenos y malos? La pregunta sigue viva ¿Por qué es parte del plan de Dios, de la providencia de Dios que estén así juntos, buenos y malos? Para encontrar esta respuesta hay varios textos bíblicos que nos ayudan, pero también nos ayudan las enseñanzas claramente inspiradas por el Espíritu Santo, enseñanzas que tienen algunos santos doctores de la Iglesia. Por ejemplo, yo tengo que mencionar a mi buena amiga que tanto bien me ha hecho Santa Catalina de Siena. Catalina en su obra principal que se llama El diálogo. Ella tiene también oraciones, soliloquios y cartas, pero la obra principal se llama el diálogo. En esa obra Catalina da una enseñanza que es exacta para la parábola que estamos meditando hoy. Exacta. Mire lo que dice ella. Traducido a mi lenguaje, ella lo dice de un modo más cortico, pero yo lo quiero aquí desarrollar un poco; la idea ¿Cuál es? La idea es que cuando una persona buena se encuentra con una persona mala, o vamos a decirlo de esta manera, cuando una persona virtuosa, porque ser bueno por todas partes está como un poco difícil, vamos a decir una persona virtuosa, tiene algunas virtudes. Cuando una persona virtuosa se encuentra con una persona viciosa, pueden suceder muchas cosas. Muchas. Vamos a suponer que esta es una persona que está empeñada en seguir el camino del bien y vamos a suponer que la otra es una persona que está convencida de su camino perverso. ¿Qué va a suceder en ese caso para no analizar todos los casos? ¿Qué va a suceder en ese caso? Pues obviamente la persona mala intenta arrastrar a la persona buena hacia sus caminos perversos, pero la persona buena también quiere llevar a la persona mala o la persona viciosa la quiere llevar al camino del bien. Vamos a suponer que ninguno de los dos logró convencer al otro, lo cual no es una hipótesis descabellada a la luz de lo que vemos que sucede con mucha frecuencia en la sociedad, es decir, durante un tiempo tuvieron que estudiar juntos o tuvieron que vivir juntos o tuvieron que trabajar juntos. Una persona muy virtuosa y una persona muy viciosa. Y cada uno trataba de convencer al otro, pero nadie logró convencer a nadie. Vamos a situarnos en esa hipótesis que se parece mucho a lo que presenta aquí el Evangelio, peces buenos al lado de peces malos. ¿Qué aprendemos de ese ejemplo? Una persona virtuosa que tuvo que trabajar o vivir, o hacer un negocio o lo que sea con una persona viciosa, no había otra cosa que hacer. Tocaba necesariamente. Así que es más o menos lo que nos pasa hoy en la sociedad. Uno quisiera ayudar a muchas personas a que dejaran las cosas que están haciendo, pero muchas veces la gente no tiene sino burla para uno. Y si uno predica de ciertos temas, siempre hay gente que apaga la conexión, siempre hay gente que cambia el canal, siempre hay gente que dice a ese padre no me lo aguanto. Entonces, si uno va a hablar por ejemplo de honradez, pues no va a faltar el que diga pero este es ingenuo. Si uno va a hablar de pureza, entonces van a decir con tanta corrupción que hay en la Iglesia. Si uno va a hablar del tema de la práctica homosexual, entonces van a decir el padre salió homófobo, no me lo aguanto. Si uno va a hablar y así sucesivamente, siempre hay gente que rechaza. Por eso digo que la hipótesis no es irracional. Pero el punto central y donde entra la enseñanza de Santa Catalina es este. Supongamos que tuvieron porque tuvieron, porque no hubo más que hacer, tuvieron que trabajar juntos o tuvieron que convivir, o tuvieron que estudiar juntos o lo que sea, pero tuvieron que estar en la misma red. El virtuoso y el vicioso. Ninguno convenció al otro. ¿Qué pasa en ese caso? ¿Qué pasa? Hablemos de la virtud del virtuoso. Al soportar la presión o las amenazas o las seducciones o los sobornos del vicioso, al soportar todo eso. ¿Qué diremos de su virtud? Pues diremos que su virtud ha quedado probada y diremos que su virtud ha crecido. No es lo mismo ser honrado cuando nunca me han ofrecido un soborno, que tener ahí, ahí ante los ojos, la posibilidad y no hacerlo. Es decir, el vicioso se convierte en causa de mérito para el virtuoso. Así como lo acabas de oír, El vicioso es causa de crecimiento, de confirmación y crecimiento en la virtud. Para el virtuoso, esa frase es esencial en esta enseñanza. -El vicioso se convierte en causa de confirmación, en la virtud y crecimiento, en la virtud para el que ya era virtuoso.- Por eso, si una persona pudo robar mucho tiempo, pudo robar y no robó. Nos parece mucho más admirable que la persona que realmente nunca tuvo ocasión. Pues sí, nunca robó, pero es que tampoco le tocó tan difícil como al otro. Y lo mismo hay que decir de las demás virtudes. Pensemos, por ejemplo, una persona que tiene cierto grado de paciencia pero le toca convivir, o trabajar, o estudiar o hacer negocios, pero es que le toca, es que no hay otra le toca hacer un negocio con otro que es terriblemente impaciente. Entonces, ¿Qué pasa? Que al encontrarse el impaciente con el paciente, si el paciente se confirma en su virtud, crece muchísimo. Porque la paciencia como virtud probada, que es lo que Catalina de Siena llama verdadera virtud. La paciencia como virtud probada, es infinitamente más valiosa. ¿De qué vale que yo diga que soy paciente si nadie me contradice nunca? ¿De qué vale que yo diga que soy paciente si todos hacen lo que yo sugiero? ¿De qué vale que yo diga que soy paciente si nunca está a prueba mi paciencia? Una frase parecida tiene San Agustín en su famosa meditación sobre las tentaciones de Cristo. Dice San Agustín: "No puede haber corona si no hay victoria, no puede haber victoria si no hay batalla y no puede haber batalla si no hay tentación" Entonces que el virtuoso se meta a buscar la tentación. Eso no tiene ninguna virtud. Pero si es que le toca, es que no tiene otra opción y tiene que convivir como esos peces uno encima de otros en la red. Es que le toca convivir con esa situación y hace lo que puede pero no logra cambiar al otro. Entonces eso se convierte en ocasión de confirmación y de crecimiento en la virtud para el virtuoso. Pero, mis hermanos. Aquí viene una parte dura. Preparen los oídos, hermanitos queridos. Viene una parte dura. La parte dura es. Y el vicioso Cómo queda el vicioso cuando tuvo a su lado un espejo de virtud, cuando tuvo tantas invitaciones para cambiar, cuando tuvo tantas oportunidades de mejorar su vida y las rechazó una tras otra para mantenerse en su vicio. Entonces ¿Te das cuenta para dónde va esto? La convivencia obligada, por favor. Otra vez lo digo. Ya lo he dicho varias veces. Es cuando a uno le toca. No es que uno lo busque. La convivencia obligada, de virtuoso y vicioso conlleva o a que se vea la virtud purificada y confirmada del virtuoso, o que se vea. Y en realidad se ve en ambas el vicio confirmado y reconfirmado del vicioso. Entonces date cuenta que es lo que Cristo saca. Qué es lo que Dios saca con esa imagen de la red que recoge toda clase de peces. ¿Quiere decir que a Dios le da lo mismo pecado que no pecado? Claro que no, por Dios, no diga eso. A Dios claro que no le da lo mismo, pero para nosotros es muy, pero muy provechoso que Dios según su providencia, porque cada pez no escoge con qué peces le va a tocar estar al lado; según su providencia Dios sabe cuál es el grado de dificultad que tiene que llegar a mi vida. Y repito, espero que sea por última vez. No es que uno busque la tentación, no es que uno busque el peligro, no es que uno busque ponerse al borde del pecado porque no eres inocente. Si te pones al borde del pecado y caes, no eres inocente. No te llames inocente. Pero si fue que te tocó en ese, en esa obligación rige reina la providencia de Dios. ¿Cierto que es extraño? Pero es lindísimo. En aquello que a mí me toca, reina la providencia de Dios. Y eso significa que yo tengo que ver ese momento y esas personas y esas circunstancias tengo que verlas como regalo de su providencia que a mí me permite crecer, que así me permite confirmarme en la virtud. Yo creía que era bueno, pero cuando me encuentro con la dificultad resulta que yo no era tan bueno. Y en ese descubrimiento providente reina Dios. O tal vez yo creía que era bueno. Pero si no es por la ayuda del Señor, yo no hubiera podido vencer estas tentaciones. Ahí reina Dios. Entonces, fíjate, sea cual sea el escenario, la red de peces buenos y malos, finalmente te lleva al conocimiento de ti mismo, porque te lleva a conocer el límite de tus fuerzas, el límite de lo que tú creías que era tu fuerza y tu bondad. Ese límite te lo muestra el Señor. Entonces Dios nos va llevando en ese camino, en ese camino, en ese en esa red de buenos y malos, nos va llevando el Señor y en esa red vamos conociéndonos y seguramente vamos descubriendo que no somos tan buenos, pero también vamos descubriendo que con su gracia, con su bendito Amor, podemos vencer. ¿Cuál es el efecto final? Que el pez bueno ha quedado confirmado como bueno; y el pez malo ha quedado confirmado como malo. Uno no quisiera tener que decir estas palabras, pero realmente la enseñanza que está ahí es exactamente la enseñanza del Juicio Final. Exactamente esa. Mira todas las oportunidades que Dios te está dando. Mira todas las oportunidades que Dios te está dando para convertirte, para ser mejor, para volver a Él. Ten en cuenta que si tú rechazas y rechazas y rechazas, estás confirmando a dónde quieres ir al final de los tiempos. Por otra parte, mira que la providencia de Dios no te falta. Y si te llegan estas dificultades y te llegan estos problemas y te llega esta gente difícil. San Pablo nos dice: -No nos someterá el Señor a una prueba que sea superior a nuestras fuerzas con su gracia.- De manera que en esas dificultades, en esas tribulaciones, Dios está confirmando su propia obra en nosotros. Entonces, ¿Cómo es que reina Dios mientras vamos de camino? Mientras vamos de camino Dios utiliza tanto la virtud como el pecado de mi prójimo, para que yo reconozca quién soy, para que me confirmen el bien y aprenda a evitar el mal. O sea que Dios es tan evidente que incluso con los instrumentos corruptos que pueden ser otras personas, o tal vez hemos sido nosotros para otros con esos instrumentos corruptos, Él va sacando adelante, adelante, adelante, su plan. Y el plan ¿Cuál es? Que el bien, que el bueno cuando sea coronado es porque es realmente bueno. Y el malo si es réprobo, que sea por su propia opción y por el rechazo que ha tenido. Mira cómo ese tema de la red es mucho más profundo de lo que nos imaginábamos. Pidamos al Señor que sepamos aprender de todo lo que nos rodea, bueno y malo, y seamos dóciles a su gracia. Amén.

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