Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Reino de Dios es como un tesoro escondido porque lo que se propone es absurdo a los ojos del mundo, es como una perla fina porque su valor no termina con la muerte y es como una red porque supera nuestra capacidad de ver.

Homilía ao17015a, predicada en 20200726, con 7 min. y 10 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

El Señor Jesús nos cuenta en el Evangelio de hoy algunas comparaciones sobre cómo es el Reino de Dios; observa la palabra que utilizo: Comparaciones, analogías. No son definiciones, no son proyectos, no son programas. Nuestros políticos, nuestros líderes, para ganar la credibilidad, la atención y el apoyo de la gente presentan definiciones muy precisas, programas muy detallados, proyectos muy ambiciosos. Cristo, en cambio, presenta comparaciones, algunas de ellas un poco oscuras, si somos sinceros.

En el pasaje de hoy, que no es muy extenso; aparecen tres: El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido, se parece a una perla que vale más que cualquier otra, se parece a una red ambigua que recoge de todo.

No es tan fácil, reconozcamos, no es tan fácil relacionar estas imágenes con lo que significa que Dios reina, y por eso hemos de pedir el don del Espíritu Santo. Fiados de ese Espíritu, intentamos una explicación: El reino de los cielos es un tesoro escondido; la parte de tesoro la vamos a explicar un poquito mejor después con La Perla. Pero aquí quiero destacar que es un tesoro escondido.

¿Por qué escondido? Porque no es obvio, esa es la primera razón. Si una persona se gana la lotería, es obvio que tiene un tesoro, si una persona, en cambio, descubre la importancia del silencio y de la penitencia, muchos se quedan perplejos: -Y a este, que le dio, ahora anda por ahí callado y haciendo penitencia. Está como mal de la cabeza-. En ese sentido, el reino de los cielos es tesoro escondido, es tesoro escondido, porque muchas de las cosas que propone suenan simplemente absurdas a ojos del mundo. Esto de la humildad, de la pureza, del servicio, resulta incomprensible. En ese sentido es un tesoro escondido, pero es escondido también, porque cuando nosotros creyentes nos volvemos ostentosos, triunfalistas, muy fácilmente perdemos, lo que Dios había ganado en nosotros.

De los últimos papas, creo que es sobre todo Francisco, el que más ha insistido en eso, que una Iglesia triunfalista es en el fondo una Iglesia perdedora, porque está perdiendo la sencillez, la belleza, la pureza del Reino, tesoro escondido. El reino de los cielos, es también una perla finísima y vale más que cualquier otra cosa. ¿Por qué vale más que cualquier otra cosa? Porque cualquier otro valor termina con la muerte; esa es la primera razón, como decía, o es frase que se le atribuye a veces a Francisco de Asís: -Lo que acumulas se queda aquí. Lo que entregas se va contigo-. Es decir, el amor con el que diste, es un amor que te acompaña más allá de la muerte; en cambio, aquello que acumulaste, aquello que amontonaste, no puede salir contigo de esta tierra. Entonces el reino de los cielos, eso de que Dios reina en tu vida y a través de ti vale más que cualquier cosa, pero mucho más, porque si, supera la muerte.

Podrían darse otras explicaciones, pero quedémonos con esa. La más misteriosa de las comparaciones que Cristo nos ofrece, creo yo, es aquella, de una red que recoge distintos peces y algunos sirven y otros no sirven. ¿Qué nos está indicando esto? La interpretación más sensata que conozco es que el Reino de los cielos de tal manera supera nuestra capacidad de ver y de valorar que podemos equivocarnos y seguramente nos equivocaremos muchas veces, muchas veces.

Y a veces nos puede parecer que la mejor manera de propagar el Reino de Dios es llegar, por ejemplo, a la clase dirigente: Conozco un buen número de católicos que tienen esa idea y es una idea que suena como sensata. Es decir, -logremos leyes que respalden y que defiendan la posición católica-. Tal vez, tal vez es una buena idea, o tal vez es un pez muerto. Bueno, los peces para consumirlos siempre serán muertos; un pez dañado, es una trampa. Tal vez el camino no va en primer lugar por ahí. A mí siempre me llamó la atención que Cristo, Rey de Cielos y Tierra, no fue en primer lugar a Roma a decirle al emperador: -A ver, bájese, bájese de ese trono señor, que yo soy el Rey y desde aquí voy a dar las leyes que gobiernan al mundo-, eso no hizo. Tampoco empezó su ministerio peleando con los sumos sacerdotes y los que tenían el poder en Jerusalén.

Entonces por eso te digo, en el Reino de los cielos hay muchas ideas que parecen buenas y no lo son, y hay otras que parecen tontas. Irse por los bosques, servir a los leprosos, cantarle alabanzas al Creador. ¿Eso para qué sirve? Pues ahora mira lo que ha hecho Francisco de Asís en la historia de la humanidad, y me dirás quién tenía razón y quién no. Tres comparaciones, tres lecciones sobre el Reino de Dios.

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