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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuando parece que se contradicen las parábolas del Reino de Dios.
Homilía ao17014a, predicada en 20170730, con 27 min. y 47 seg. 
Transcripción:
Hermanos, los santos Evangelios nos cuentan que Jesucristo cuando se refería al Reino de Dios, que en el Evangelio de Mateo es mencionado como Reino de los Cielos, utilizaba comparaciones. Ese es el primer punto de nuestra meditación. No utilizaba definiciones, utilizaba comparaciones. Cuando uno utiliza definiciones, uno está en posesión de un concepto. Por ejemplo, en matemáticas, si nos van a definir qué es un triángulo, entonces se dice figura geométrica que se forma por tres líneas que no son paralelas, por decir algo. Si esa fuera una definición. Y así en otros campos de la ciencia, si se va a decir qué es una metáfora, entonces en español nos enseñan qué es una metáfora. Si nos dicen qué es un mapa orográfico entonces nos explican mapa orográfico es aquel que contiene datos sobre el relieve de una determinada región, pero Cristo nunca da una definición de lo que es el Reino de Dios. Esto puede causar un poco de impaciencia no solo a los que hoy leemos, sino también a los que en el tiempo de Él lo escucharon. Por eso, en el Evangelio de Juan hay una expresión que de algún modo alude a esa especie de impaciencia cuando uno de los apóstoles le dice: -Ahora sí que hablas en comparaciones, ahora sí que hablas claro.- Se ve que muchas veces ellos no le entendían completamente lo que quería decir, porque Cristo utilizaba muchísimas parábolas para muchas cosas y sobre todo cuando se trataba de hablar del Reino de Dios. He dicho que cuando uno utiliza definiciones, uno se siente dueño de lo que está entendiendo. Precisamente esa es la raíz, la posible raíz de la soberbia que a veces acompaña al conocimiento. El apóstol San Pablo dice que la ciencia produce vanidad. Literalmente, la ciencia hincha. La ciencia infla. Y la razón por la que la ciencia infla es porque cuando uno se va llenando de conocimiento, uno va sintiendo que uno está en posesión de lo que conoce, mucho más en siglos recientes. Cuando ese conocimiento no solamente se traduce en algo que está en mi inteligencia, sino en algo que cambia el mundo. Ese es el origen de la soberbia científico-técnica de nuestra época. Nosotros sabemos hacer eso, Nosotros podemos hacer eso. Hay una empresa muy grande que tiene ese lema "We can do that". Nosotros podemos. Podemos hacer eso. Es el poder del conocimiento. Entonces, cuando uno utiliza definiciones, esas definiciones se convierten como en una fuente de poder, y uno cree que tiene dominada aquella noción y aquella cosa que entiende, sería tal vez por eso por lo que Cristo no dio definiciones, porque el Reino de Dios es siempre de Dios. Y cuando nosotros hablamos del Reino de Dios, no cabe en ninguna definición. Porque si hubiera una definición perfecta de lo que es el Reino de Dios, entonces nosotros sentiríamos que tenemos un control perfecto de lo que hay que hacer. De hecho, algunas tendencias teológicas han caído en ese error. Han caído en el error de pensar que se puede definir completamente el reino de Dios. Por ejemplo, a través de ciertas condiciones sociales. Esto fue lo que sucedió en la teología de la liberación en la mayor parte de sus expresiones. Es decir, se hizo una equivalencia más o menos de esta forma: -Reino de Dios significa que hay justicia para todos, significa que hay bienes para todos, significa que hay bienestar para todos.- Entonces se hizo una -Definición Sociológica- del Reino de Dios y de esa manera sucedió lo que tenía que suceder. Una vez que los teólogos de la liberación sintieron que ya tenían una definición perfectamente encuadrada de qué es el Reino de Dios, entonces empezaron a decir We can do that, -Nosotros podemos hacer eso.- Si el reino de Dios equivale a que haya justicia y a que haya salud, y a que haya agua potable y a que haya educación. Nosotros podemos hacer eso. Entonces, la consecuencia inmediata en la mayor parte de las expresiones de la teología de la liberación fue que al traducir Reino de Dios por una serie de condiciones sociales, una serie de condiciones de promoción humana, inmediatamente el Reino de Dios se convirtió en un programa político y social, el cual está sujeto a las estrategias, a los métodos de toda construcción social. Entonces, ¿Qué hay que hacer para que eso suceda? Pues lo que hay que hacer es entrar en una lucha, en una concientización, organizar unas ciertas células, y eso se convirtió en un verdadero ideal. Algunos de los que piensan de esa manera llevaron a Hugo Chávez al poder y llevaron a Evo Morales al poder. Es decir, ellos pensaban que estos líderes que al principio se presentaron como tremendamente solidarios y como grandes representantes del pueblo, cautivaron el corazón y la mente de algunos teólogos. Entonces hubo teólogos y hubo gente de Iglesia que apoyó a Evo Morales en su ascenso al poder, porque veían en el programa político de Evo Morales una especie de aproximación a lo que ellos entendían por Reino de Dios. Ahora te das cuenta lo peligroso que es utilizar una definición del Reino de Dios. Apenas tú defines el Reino de Dios, se te convierte en un programa en el que tú dices nosotros podemos hacer eso, vamos a trabajar por eso. Este es el peligro también de una expresión que a veces se oye por ahí y que cada vez me resulta más antipática, no por motivos personales o de gusto, sino porque es contraria a la lógica del Evangelio. Esa expresión es. . . -Construir el Reino de Dios.- Si lo analizas, la expresión vamos a construir, vamos a trabajar en la construcción del Reino de Dios, supone que nosotros tenemos clara la meta y tenemos establecidos unos plazos y unos procesos y vamos a entrar en esos procesos y en esos plazos. Es una expresión que hay que evitar a toda costa. No es buena idea hablar de la construcción del Reino de Dios. Inmediatamente eso significa pasar del estilo de Jesús, que fue el de las comparaciones al estilo nuestro, el que a nosotros nos encanta, que es el estilo de las definiciones. Ese es un primer punto que es muy importante, bueno pero ¿No hay nada que se pueda decir del Reino de Dios aparte de las parábolas? Sí hay una especie de definición, una cuasi definición del Reino de Dios que tuve la dicha de aprender en mis años de formación. Esa cuasi definición es que el Reino de Dios es Dios reinando. Y por eso el Papa Benedicto hace una reflexión muy hermosa sobre el Reino de Dios y dice: ¿Cómo fue que se llegó en el Nuevo Testamento a identificar al Reino de Dios con Cristo? Porque si ustedes miran la predicación de Jesucristo, tenía como centro dos cosas, el Reino de Dios y la relación con Dios como Padre. Esos fueron los dos temas principales de la predicación de Cristo. Pero resulta que después de la resurrección de Cristo y después de Pentecostés, el tema del Reino de Dios prácticamente no vuelve a aparecer. Hay una alusión tardía por allá en los Hechos de los Apóstoles, pero realmente el Reino de Dios desaparece. Entonces el Papa Benedicto, que es tan sagaz en estas cosas. Dice: ¿Qué pasó con el tema del Reino de Dios? Y dice: El tema del Reino de Dios se convirtió en anunciar el Evangelio y en anunciar a la persona de Cristo. Y obviamente, la siguiente pregunta es: Pero ¿Por qué se puede pasar del anuncio del Reino de Dios a la presentación de la persona de Jesucristo? Respuesta: Porque Cristo, y concretamente el Corazón de Cristo, es la primera, la más pura, la más perfecta expresión del Reino de Dios. ¿Cómo se llega a eso? Con la frase que dije hace un par de minutos: Si el Reino de Dios es Dios reinando, ¿Dónde vemos a Dios reinando? ¿Dónde está reinando Dios? Allí donde hay alguien que es el perfecto siervo de Yahvé, ahí donde hay alguien que le dice sí al Papá Dios, ahí donde hay alguien que se abre completamente a la voluntad de Él, ahí donde hay alguien que no anhela otra cosa sino que Dios reine. Y por eso, ¿Dónde está el Reino de Dios? Si tuviéramos que ubicar el reino de Dios. ¿Dónde está; dónde está? No, no hay que buscarlo en tal longitud y en tal latitud, en tal país, no hay que ubicarlo en ningún experimento pastoral. El Reino de Dios ya tiene un lugar, el corazón de Jesucristo, es decir, ahí en Cristo, en el Sí de Cristo, ahí está el Reino de Dios. Este argumento, este razonamiento no es mío, este lo tomo del Papa Benedicto. El Papa Benedicto nos enseña que el primer lugar del Reino de Dios es el corazón de Jesucristo. Y del corazón de Jesucristo brota el hecho de que Dios reina en todo el Santísimo Cuerpo de Jesús. De manera que todos, todo en Cristo, los ojos de Cristo, la voz de Cristo, el afecto de Cristo, su manera de querer, su manera de abrazar, su manera de amar, están completamente colmados por el Reinado de Dios. O sea que el primer lugar del Reinado de Dios es el Corazón de Jesús. El segundo lugar del Reinado de Dios es todo el cuerpo de Cristo, y luego los que se van uniendo a Cristo. Entonces cada persona que queda fascinada por Cristo, y cada persona que conecta su corazón con el corazón de Cristo porque se abre en obediencia a Cristo, es una persona donde Cristo reina, donde Dios reina. Por eso hay una expresión que está en el Evangelio. Dice Jesús: "El reino de Dios no está ni aquí ni allí". El Reino de Dios no está en los grandes planes pastorales de los dominicos, de los jesuitas, de los diocesanos, de la Arquidiócesis, de X, Y, Z o de la Arquidiócesis de W. Z 48. Mira, el Reino de Dios no está geográficamente y dice Jesús -El Reino de Dios no está ni aquí ni allí.- El Reino de Dios está en ustedes. Dice una traducción y otra posible es entre ustedes, es decir, allí donde un corazón se va abriendo al Reinado de Dios, allí donde un corazón va diciendo como María, "Aquí está la esclava del Señor". Ahí, ahí sucede el Reino de Dios. O sea que lo único que tenemos parecido a una definición no es una definición completa, es una cuasi definición. Es que el Reino de Dios es Dios reinando y Dios reinando es en primer lugar el corazón de Cristo, el cuerpo de Cristo, y los que aceptan la Palabra y el mensaje de Jesucristo. Esa es la catequesis que nos hace el Papa Benedicto sobre cómo se pasa de un modo muy natural del anuncio del Reino al anuncio de Cristo. En el fondo no es un cambio de contenido, sino que es un cambio de expresión, porque en Cristo tenemos a quien señalar para decir ahí está Dios reinando. Ahí se está cumpliendo el Reinado de Dios. Bueno, llevamos hasta ahora dos puntos. El primer punto es no caigamos en la tentación de pretender que tenemos una definición, sobre todo las equivalencias sociológicas políticas eviten a toda costa eso. Ha sido terriblemente costoso. Y si quieren saber en dónde, ha sido terriblemente costoso, miren detenidamente las noticias en lugares como Bolivia y sobre todo como Venezuela. Ese es el precio que se paga por darle apoyo a un proyecto político. De hecho, siempre que la Iglesia ha tratado de asociarse a un proyecto político para hacer visible el Reino, ha terminado la cosa en que el que está interesado en el poder usa a la Iglesia. Perdón, lo que voy a decir que es violento, ¡¡¡Manosea a la Iglesia, ensucia a la Iglesia, profana a la Iglesia, sea de derecha o sea de izquierda, manosea a la Iglesia, usa la Iglesia!!! Y después se sale con la suya. Y la Iglesia es la que termina perdiendo. Esa no es la Iglesia, ese no es el camino nuestro. Puede suceder con la derecha o puede suceder con la izquierda. Las últimas experiencias han sido sobre todo de tendencias de izquierda, pero eso también ha pasado con la derecha. Eso también ha pasado con monarquías. Eso también ha pasado con partidos ultraconservadores. Eso también ha pasado ahí. Y nosotros tenemos que conservar a toda costa la independencia del Reinado de Dios. Esto es muy importante. Pero estaba haciendo un resumen. Entonces el resumen es primero, no nos vamos a quedar con las definiciones, desconfiaremos de las definiciones. Segundo punto la cuasi definición es el Reino de Dios es Dios reinando. Y donde reina Dios en el corazón de Jesús, en el cuerpo de Jesús y en quienes aceptan a Jesús con todas las implicaciones que incluyen la Eucaristía, que incluyen la Iglesia, que incluyen la Palabra de Dios, que incluyen el recorrido que el Evangelio hace en la historia, que es lo que en la Iglesia Católica llamamos la tradición. Pasemos a un tercer y último punto. En el pasaje de hoy, que ha sido tomado del capítulo 13 de San Mateo, encontramos tres comparaciones sobre el Reino de Dios. El hombre que encontró un tesoro y feliz lo vendió todo. El hombre, el comerciante que encontró una perla y feliz, lo vendió todo. Y luego tenemos una comparación extraña, la red. Sobre todo por esto. Y quiero llamar la atención de ustedes sobre este punto. Fíjate que el que encuentra el tesoro se da cuenta. Este es el tesoro. El que encuentra la perla es un comerciante experto. El que encuentra la perla dice: Esta es la perla. La tercera comparación que aparece en el texto de hoy es muy extraña, porque resulta que dice de la siguiente manera. Permiso, vuelvo a leerlo: "El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces". Hay un contraste muy grande entre esta comparación y las dos anteriores, porque el que encuentra el tesoro, el súper tesoro, sabe que ese es el tesoro y el que encuentra la perla sabe. Esta es la perla. Pero lo que aparece en la tercera comparación es muy raro, porque dice que -recoge toda clase de peces- y hay peces que sí sirven y hay peces que no sirven. Entonces ustedes se dan cuenta de lo que estoy diciendo. En las anteriores, en las primeras dos comparaciones, el Reino de Dios era algo que se podía identificar fácilmente. Tan es así que el comerciante, cuando se encuentra con la super perla, dice: -Mire, hasta aquí fui comerciante, ¡¡¡Vendo todo, vendo todo!!! Esa perla tiene que ser mía- La perla, o sea que el Reino de Dios es identificable en las primeras Las comparaciones. En cambio, en la última, el Reino de Dios no es identificable porque el Reino de Dios contiene. Nos dice Cristo aquí, contiene peces buenos y malos. Y esa es una sorpresa. Y precisamente eso es lo característico del pasaje de hoy que nos presenta a la Iglesia el contraste que hay entre el reino identificable y el reino no identificable. El reino identificable es -Me encontré con el super tesoro, este es. Me encontré con la super perla, esta es- Ése es el reino identificable. Mientras que el reino no identificable es esa red que recoge todo tipo de peces. Ahora tenemos un problema. ¿Qué vamos a decir sobre este contraste? Es decir, con qué nos quedamos, o sea, al fin el Reino; ¿Es identificable o no es identificable? Al fin el Reino, ¿Yo lo puedo reconocer, es reconocible algo así como un amor a primera vista? Qué es lo que parece en el tesoro y en la perla; o el Reino de Dios, es algo que tengo que esperar para saber realmente y hasta cuándo tengo que esperar. Dice el texto: "Lo mismo sucederá al final del tiempo". O sea, el Reino de Dios es algo que yo identifico, repito, como el amor a primera vista, como ese chico que ve a esa niña y dice esa es, esa es, esa es, no tengo que buscar más, es ella. ¿El Reino de Dios es así como amor a primera vista o el reino de Dios es una especie de discernimiento prolongado, casi diríamos discernimiento infinito? Hermanos míos, el Reino de Dios es las dos cosas. Es decir, el Reino de Dios tiene señales que son inmediatamente Identificables y el Reino de Dios tiene enigmas que nos tendrán en vilo hasta el final de los tiempos. Si lo piensas bien, esto tiene mucha relación con lo que hemos dicho al principio. ¿Recuerdas lo que dijimos? En una definición uno siente que tiene el control ah esto ya lo entendí. Listo. Ya sé que es esto, ya lo entiendo perfectamente. Aceleración de Coriolis. Lo entiendo perfectamente. Está perfectamente claro. Ya sé qué es esto. Un momento. Hay cosas que tú puedes identificar. Hay cosas que no podrás identificar. Eso ¿A qué se parece?, ¿Sabes a lo que se parece? Se parece a Génesis, capítulo 12. Se parece a Moisés. Se parece a la nube luminosa que guiaba a los hebreos en el desierto. Génesis capítulo 2 es el llamado de Abraham. Y ¿Qué sucede en el llamado de Abraham? Que Abraham tiene cosas claras, existe un Dios. Me he encontrado con ese Dios, o mejor dicho, ese Dios me ha encontrado a mí, Ese Dios me llama, ese Dios me guía. Eso lo tiene claro. Hay cosas identificables. ¿A dónde me guía? No sé. Hay cosas no identificables. Nunca tenemos el control completo, Nunca tenemos el mapa completo, nunca tenemos la identificación completa. No la tenemos. Es decir que por una parte, Dios se deja mostrar lo suficiente como para que yo sepa que es Él. Pero no se deja mostrar lo suficiente como para que yo pueda reemplazarlo a Él. ¡¡Escriba esa frase que le sirve!! O por lo menos trate de recordarla. Se la repito: -Dios se deja mostrar lo suficiente para que yo sepa que es Él, pero no se muestra lo suficiente como para que yo crea que puedo reemplazarlo.- Y ¿Si hay gente que pretende reemplazar a Dios? Clarísimo. A ver un ejemplo del Antiguo Testamento. ¿Qué dijeron en el desierto de los hebreos? -Pues nombremos a un líder y salgamos de Moisés. Es decir, Moisés es reemplazable. ¿Cuál es el problema? Nombremos un líder y nos devolvemos para Egipto, o veremos qué hacemos. Montamos aquí un hotel, El Hotel Sinaí. Hecho, resuelto el problema. Es decir, ellos estaban reemplazando el plan de Dios. Así de sencillo. Ejemplo del Nuevo Testamento. Empieza Cristo a dar una catequesis profundísima sobre el sentido de la cruz. El Mesías tendrá que padecer. Pedro le dice: Un momentico, Señor, permiso, permiso, momentico, permíteme momentico, una cosita, una preguntita no más, un detallito no más. Se lo lleva por allá aparte Pedro y le dice, eso no le va a suceder a usted. ¿Qué estaba haciendo Pedro ahí? reemplazándolo. Y ¿Cuál es la expresión? Ustedes ya conocen esta explicación. ¿Cuál es la expresión que le dice Jesucristo a Pedro? Le dice: "Apártate de mí". Hice una traducción. Pero ustedes recuerdan que hay que ir a la lengua griega En griego lo que le dice es: "Opiso mu," detrás de mí. Usted no me reemplace, Pedro, no me reemplace. Y por eso también cuando le encarga el rebaño, le dice: "Apacienta ¡¡¡Mis!!! ovejas". Cuidado, cuidado con adueñarse de las ovejas, que no le vuelva a pasar. Pedro ¿Le quedó claro? ¿Okay? Y Pedro dice Sí, señor, como usted diga. Entonces dese cuenta, ese es Dios y ese es el Reino de Dios. El Señor te da señales plenamente identificables, plenamente identificables para el que quiera ver. Ahí están las señales claras. Pero también te da señales que no terminarás de descifrar. ¿Por qué? Porque te necesitan camino como Abraham. Porque te necesitan camino como el pueblo hebreo. Te necesita en camino siempre. Yo no sé si ustedes sienten algunas angustias que a veces me llegan a mí. Por ejemplo, cuando uno lee el Pentateuco y entonces se encuentra con la nube ¿No? La nube esa, de día se identificaba porque era una nube, y de noche se identificaba porque era como una columna de fuego. ¿De qué estaba hecha esa nube? ¿Cómo era esa nube? ¿A qué se refiere esa nube? ¿Qué pasó con esa nube? ¿A dónde se fue esa nube? Fue un fenómeno, ¿Qué, eso es inventado, es un recurso literario? Claro. Todos los exégetas ateos, que tristemente son bastantes, dirán: -Es un recurso literario para indicar que el pueblo estaba . . . - Yo no creo que sean las cosas tan sencillas. Yo creo que hay muchos más misterios. Y se termina. Uno va leyendo páginas y páginas y llegaron a la tierra prometida y se acabó la nube, porque la nube era para llevarlos hasta allá y nunca supimos qué era la nube, nunca supimos de qué manera percibía Abraham la voz de Dios, cómo era que descubría. No sabemos, pero el hecho es que hay señales identificables y hay señales no identificables. Entonces, ¿Qué es lo que nos corresponde hacer a nosotros, amados hermanos? ¿Qué es lo que nos corresponde hacer? Oír. Oír las señales que Dios nos da. Atender las señales que Dios nos da y no exigir las señales que Dios nos da. No exigirle señales a Dios, recibir y no exigir señales. Ahí tiene otro resumen para la predicación de hoy. -Recibir y no exigir.- Entonces el Señor me va mostrando cosas y esto vale para muchos. Esto tiene muchas aplicaciones prácticas, las cuales no desarrollaré por no prolongar excesivamente esta meditación. Pero fíjense qué es lo que pasa, por ejemplo, en un matrimonio, es lo que pasa en la vida religiosa también. Imagínese si una persona va a entrar a la vida religiosa. Estas son historias de la vida real, cosas que yo he visto, no con estas gafas porque tenía otras, pero sí con estos ojos. Entonces va a entrar una persona. Una chica quiere entrar a un convento, a una comunidad religiosa y entonces dice: -Yo sí quiero entrar, pero, pero no sé, es que yo sí quiero entrar. . . Pero ¿Qué tal que yo, por ejemplo, me enferme? No, Pues si tú eres parte de la comunidad. La comunidad. Mira por tu salud. Ah, y si me enfermo de algo que toca ir a otro país, la comunidad va a hacer lo posible para que tú te trates. Y si en ese país no dan con el chiste y toca ir a otro lugar?- Entonces, en el juego de querer uno, controlar su futuro. En el juego de tratar uno, de ser dueño en el juego, de tratar de tener uno, el GPS completo y el mapa completo. Uno cae finalmente en la incredulidad, frase que también te sirve. -El que pretende controlar todo termina en la incredulidad- Porque no es posible. Y lo mismo vale para el matrimonio. -Bueno, y si yo; y si yo me caso, por ejemplo, con este hombre, y luego resulta que como ha pasado otras veces, cae un meteorito y lo mata. ¿Qué hago yo, viuda a los 28 años? ¿Qué hago yo? ¿Qué voy a hacer yo? ¿El Estado me permite demandar por caídas de meteorito? Entonces date cuenta que la vida humana y la fidelidad al Señor siempre están en el borde de lo que hemos oído hoy. El Señor te dará señales que puedes entender, pero también te dará enigmas que te morirás sin entender. Te morirás sin entender, ¿Por qué pasó esto finalmente; por qué? ¿Por qué sucedió eso en mi vida? Hay cosas que te morirás sin entender, pero es que lo más importante no es entender. No, lo más importante es ser fieles. Hay muchas cosas que no terminaremos de entender, pero si somos fieles, Cristo nos da un anuncio de misericordia: -Al final de los tiempos,- Al final de los tiempos, entenderemos muchas cosas. Bueno, ese era el mensaje de hoy. Último resumen: Primero desconfiemos, de toda definición del Reino de Dios. Esa es la primera. Segundo, es necesario que comprendamos que el Reino de Dios tiene una cuasi definición, que es el corazón de Cristo, la vida de Cristo y el Evangelio de Cristo y el cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Y en tercer lugar, descubrir que hay señales comprensibles y hay señales incomprensibles, hay señales identificables y señales no identificables, pero que entre las dos está la alegría de saber que Él es el Señor y nuestra obediencia para llegar a su plenitud. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

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