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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una parábola es un puente que abre al conocimiento de Dios sin limitarlo a nuestra capacidad de comprender.
Homilía ao17012a, predicada en 20140727, con 25 min. y 19 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos. El Evangelio de hoy nos presenta algunas parábolas sobre el Reino de Dios. Lo cual nos recuerda que en la predicación de Jesús, el anuncio del Reino de Dios, es absolutamente central. Según el evangelista Marcos, que no fue el que leímos hoy, la primera frase que dice Jesús cuando empieza su tarea misionera es precisamente -El Reino de los cielos está cerca,- "El Reino de Dios está cerca, convertíos y creed la Buena Noticia". Y a lo largo de los distintos discursos de Cristo. El Reino de Dios aparece muchas veces. Así que es bueno que nos preguntemos ¿Qué quiere decir esto del Reino de Dios? Y también nos preguntemos ¿Por qué Cristo habla en parábolas acerca del Reino de Dios? ¿Es que no se puede hablar más claramente? Cuando escuchamos a un científico o a un político o a un técnico, qué es lo que hay que hacer para arreglar un problema; esperamos que la persona sea muy precisa en lo que va a decir. Si se está presentando una plaga, si se está presentando una inundación, si hay una sequía o si hay cualquier otra necesidad grande y pública. Lo que la gente espera es que los gobernantes, los administradores, los técnicos, los científicos hablen claro. ¿Por qué parece que Jesús no habla tan claro? Esa pregunta también tenemos que hacerla. Hermanos queridos, el Reino de Dios. Creo que lo podemos entender mejor si ponemos el acento en el acto, en la acción misma de reinar. Cuando Cristo predica el Reino de Dios, lo que está predicando se puede resumir en esta frase: Ahora Dios reina. No es una cosa, no es un sistema económico, no es un modo de organizar la sociedad. No es una ley paralela a la ley de Moisés o parecida a otros códigos legales que ha habido en otras partes del mundo y en otras épocas. El Reino de Dios es el anuncio de que Dios reina. Cristo anuncia que Dios reina, pero ese anuncio va acompañado con la fuerza del Espíritu, según nos dice el evangelista Lucas, que por ejemplo, en un pasaje anota esto: "El Espíritu lo movía, lo empujaba a hacer milagros. . . Y también dice San Lucas. . . de Él salía una fuerza que sanaba a todos". Entonces el Reino de Dios es la proclamación y al mismo tiempo es la implantación de un orden nuevo. Es la llegada de un orden nuevo. Y ese orden nuevo es el que Cristo anuncia y el que Cristo también trae. Por eso nos dice el Papa Benedicto que Jesucristo es el anunciador y al mismo tiempo es el realizador del Reino de Dios. Hasta el punto de que en la persona de Cristo, el mensajero y el mensaje se confunden. Cristo es mensajero del Reino porque anuncia que el Reino llega, pero Cristo es también el mensaje, porque allí donde Él está, ahí precisamente reina Dios. Ese es el sentido central de la predicación y es una predicación fuerte la de Cristo, porque el que anuncia el reino de Dios está diciendo que las solas, fuerzas humanas, que la sola inteligencia humana, que las solas pretensiones humanas, incluso la buena voluntad que tengamos los seres humanos, no basta. En un lenguaje un poco más teológico, podríamos decir, el anuncio del Reino de Dios es la proclamación de la necesidad del orden de la gracia. No bastan las fuerzas humanas. No basta la voluntad humana. Para que tu vida cambie realmente No basta con que tú te lo propongas, no basta con que te parezca razonable, no basta con que te des cuenta que eso sería lo mejor. Necesitas una ayuda, una fuerza interior. Necesitas que Dios empiece a reinar en ti. Y eso precisamente es lo que trae Cristo con su Palabra. Eso es lo que dice en esas señales maravillosas que están en sus manos y que son sus milagros. Y eso es sobre todo la fuerza que sale de Él. Esa es la efusión de Espíritu que le acompaña a todas partes y que después Él logró para nosotros el día de Pentecostés. Ahí tenemos una idea, una idea inicial. Mucho más se podría decir, pero ahí tenemos una idea inicial de lo que es el Reino de Dios. Es la proclamación de que Dios reina. Eso es lo esencial y que esa proclamación solo la puede hacer en propiedad aquel en quien Dios se manifiesta plena y perfectamente, aquel que tiene su voluntad en total acuerdo con la voluntad del Padre. Y ese es Cristo. Por eso Cristo dice en el Evangelio de Juan: "Yo hago siempre lo que a Él le agrada", refiriéndose al Padre Celestial. Esa expresión que está indicando el cumplimiento de la voluntad del Padre en Cristo, está diciendo que el primer lugar donde reina Dios es precisamente Cristo, y por eso Él es el mensajero y Él es el mensaje. Segunda parte: ¿Y por qué Cristo no habla claramente del Reino de Dios? Así como cuando hay un problema público y los científicos o los técnicos nos dicen aquí hay que hacer esto, luego se hace esto. Y luego hay una tercera fase en la que vamos a hacer esto. Ese lenguaje, el lenguaje técnico preciso, con plazos y con presupuestos, es un lenguaje que nos gusta mucho. -En tanto tiempo. Está arreglado esto. Después vamos a pasar a una segunda fase en que vamos a arreglar esto y después haremos una inversión para conseguir esto otro. Eso nos gusta muchísimo. ¿Por qué Cristo no plantea el Reino de Dios así? Por qué Cristo no dice, por ejemplo . . . -Bueno, en primer lugar, vamos a asegurar una sede central que va a quedar en Cafarnaún. A partir de ahí vamos a abrir sucursales en las ciudades siguientes, vamos a abrir en Betania, vamos a abrir en Belén y en Jerusalén, luego abriremos en Cesarea y luego pasaremos a Chipre.- ¿Por qué Cristo no utiliza ese lenguaje? Porque el Reino de Dios es de Dios. Porque el Reino de Dios no es nuestro. Porque el Reino de Dios no es algo que nosotros podamos controlar de esa manera. No depende de nuestras voluntades, no está en nuestras manos, no puede ser controlado por nosotros ni siquiera desde un punto de vista teórico. Ni siquiera nuestra mente puede captar plenamente lo que eso significa. Y esto es muy hermoso. Yo diría que es algo místico. Es algo supremamente bello, porque si lo piensas bien, la sola frase Reino de Dios lo que significa es la restauración, reconciliación, el redireccionamiento del universo entero para que sea concorde con la voluntad del Creador, el Santo de los santos. Eso es lo que significa finalmente el Reino de Dios. El apóstol Pablo le da una expresión bellísima. A esto lo llama la recapitulación. Todo tiene que obtener su cabeza, encontrar su cabeza en Cristo. Eso es lo que significa recapitular. Caput. Capitis en latín quiere decir cabeza. O sea que el reino de Dios en el fondo es la recapitulación de todo. Todo tiene que ser reconducido hacia Dios. Y si lo piensas bien, llegar entonces a entender completamente el Reino de Dios. Es algo así como entender algo que es todavía más bello que el universo que ven nuestros ojos y el universo que ven nuestros ojos no lo terminamos de entender porque está repleto de maravillas y maravillas y maravillas, y los científicos se rompen la cabeza tratando de entender cosas fantásticas. Por no hablar de la intervención de la voluntad humana. O sea que el Reino de Dios llega a nosotros, pero claramente está más allá de nosotros, porque el Reino de Dios es la idea que Dios tiene y la fuerza que Dios tiene para reconducir todo hacia su gloria. Es algo que nos trasciende, que nos supera completamente. Los presupuestos, las fechas límite o deadlines, como dicen en inglés, los presupuestos, las fechas límite, los recursos, los organigramas y cronogramas, esas cosas están en nuestras manos. Pero cómo va a arreglárselas Dios para reconducir el universo entero, para recapitularlo todo y para que todo finalmente proclame y cante su gloria. Porque ese es el final de la historia. Jesús está más allá de nuestra mente. Cuando una cosa está más allá de nuestra mente, es necesario utilizar comparaciones. Si tienes que explicarle a una persona algo que sabes que está mucho más allá de lo que la persona podría entender, tienes que utilizar una comparación, algo que se acerque a lo que puede captar la persona, pero que al mismo tiempo le declare la grandeza de lo que tú le tratas de decir. Y eso es lo que logra una parábola. Una parábola es como una especie de puente entre nuestra pequeña comprensión, nuestra cabecita tan limitada y la grandeza del proyecto de Dios. Las parábolas son eso, son ese puente. De modo que no quedamos completamente a oscuras, algo alcanzamos a entender, pero al mismo tiempo nos damos cuenta que no terminamos de entender todo porque es muy grande, muy, muy grande. Yo creo que un ejemplo puede servir aquí. Hace cerca de un siglo, uno de los más grandes científicos que ha conocido el mundo llamado Albert Einstein, tuvo una idea fantástica. Es el centro de lo que se llama la relatividad general. Él tuvo la idea de que la masa altera la geometría del espacio y que, por consiguiente, la gravedad finalmente es un tema de geometría. Esa idea es bien difícil de entender, muy difícil de hecho, para llegar a entender esa idea en nuestro mundo tridimensional vas a encontrar graves dificultades. No son muchas las personas que entienden las ecuaciones de la teoría general de la relatividad. No son muchos los que saben aplicar esa teoría, pero se puede encontrar una comparación, una comparación que todos podemos entender. Imagínate que tienes aquí una especie de tela pero flexible como de caucho. Imagínate que ponemos un objeto pesado, por ejemplo una bola de hierro. Obviamente se hunde el caucho donde está la bola de hierro. Entonces la masa cambia la forma, la masa cambia la geometría. Es una comparación. Esa no es la teoría general de la relatividad, pero es una comparación que te sirve para entender algo y al mismo tiempo darte cuenta que es una cosa demasiado grande, por lo menos para la mayoría de nosotros. Es posible que entre ustedes haya un buen matemático, un buen físico, que podría venir aquí y explicarnos a todos las ecuaciones. Pero en general es un tema que es difícil de entender, pero con una comparación como esa tela de caucho, esa banda de caucho y una esfera de hierro que hunde con eso, algo entendiste. Eso es lo que hace Cristo con las parábolas. Cristo con las parábolas lo que hace es tender un puente entre la grandeza del proyecto de Dios. Porque, porque tú no puedes imaginarte todo lo que Dios quiere. La belleza, la hermosura del plan de Dios, la sabiduría que Él destila, la manera tan providente, delicada y a la vez fuerte como Él logra sus cosas sin torcer la voluntad humana y al contrario. Siguiendo el hilo incluso de nuestros caprichos. Es una cosa que. Que supera por completo nuestra inteligencia. Pero Cristo nos da parábolas y con una parábola nos está diciendo, como fue el caso de hoy, con una parábola nos está diciendo, mira, el reino de Dios es como un descubrimiento inesperado que te llena de alegría y que se vuelve más valioso que todo lo que tú tenías. Esa es la parábola del tesoro en el campo. O la parábola de la perla preciosa. Con esas parábolas Cristo no nos está describiendo ni nos está explicando el Reino, simplemente está destapando nuestra mente para que nosotros miremos un poquito hacia arriba para que dejemos de ser topos. Topos que viven mirando la tierra y comiendo tierra, para que por un momento abramos la ventanita de arriba y digamos: -El proyecto de Dios es fantástico. Lo que Dios quiere es grandísimo, debe ser muy bello eso.- Uno no lo entiende. Uno no puede entender los caminos de Dios. Si hay algo que me gusta de los retiros espirituales es escuchar los testimonios, porque tú te pones a escuchar un testimonio y tú ves cómo la persona durante muchos años estuvo riéndose de Dios, dándole la espalda a Dios, haciendo su capricho, haciéndose daño, haciéndole daño a otras personas y sin embargo, a través de esos caprichos y a través de malas decisiones, Dios estaba escribiendo una historia de amor. ¿Cómo lo logra? Yo no sé, pero lo logra. Dios va llevando a la persona de un modo que uno no se da cuenta. Y no es que nosotros seamos marionetas de Dios. Él te deja obrar con libertad, pero en la libertad con la que tú obras, Él va tres, cinco o cien pasos adelante. Y sabe de qué manera está conduciéndote. Es increíble, es bellísimo. Y solamente cuando uno lo escucha, uno puede decir -Esto es verdad y esto está sucediendo.- Entonces las parábolas, ¿Qué son? las parábolas, son ventanas en la parte superior de tu inteligencia, ventanas en la parte superior de tu voluntad, para que más allá de las cosas inmediatas, los placeres inmediatos de los chismes de cada día, las modas que llegan y se van para que por encima, oye, por encima de todo eso, abras una ventana y digas De repente Dios tiene algo maravilloso para mí. De repente Dios tiene algo fantástico, algo que nunca he imaginado, algo que no conoce ninguno de mis amigos. Eso es lo que significan las parábolas. Y eso es lo que está diciendo Cristo. Y en las parábolas de hoy en concreto, nos está diciendo que eso fantástico puede estar increíblemente cerca. Es posible que hayas pasado por encima, por encima del tesoro, sin reconocerlo. Cuántas veces uno puede pasar por encima de un campo sin saber que dos o tres metros bajo tierra, ahí estaba el tesoro. Si a ti te muestran Conchas de ostras cerradas. Tú no puedes saber cuál es la que tiene perla y cuál es la que no tiene perla. Si a ti te muestran los días de tu vida, son como conchas de ostra, están cerrados. Y si yo te pregunto, ¿Tú estás esperando una sorpresa del amor de Dios para la próxima semana? Yo te voy a decir cómo miras tú la próxima semana. Tú la miras como siete conchas de ostra, todas cerradas. Tú no puedes saber lo que está ahí. Pero qué tal que alguna de esas conchas de ostra, ¿Qué tal que alguno de esos días ya tenga una cita de amor con Jesús? Y tú no lo sabes, pero está ahí y te está esperando. Y tú no lo sabes. Eso es lo que significa esta parábola, que tú no sabes en qué momento, debajo de tus pies, debajo del camino que has recorrido tantas veces, de repente dices. . . Ahí está el tesoro. Tú no sabes. Cuando uno mira el calendario todos los días parecen iguales. A veces le ponen un colorcito distinto a los fines de semana para que uno sepa que puede pasear, que puede ir a la playa o que puede descansar ese día. Pero todos los días son iguales. Todos son como conchas cerradas. Pero lo que tú no sabes es que hay perlas, hay perlas en tu calendario y Dios ya las tiene listas para ti. Lo que no se sabe si tú estás dispuesto a encontrarlas. Mira las rutas que recorres, los lugares que conoces. Cuando Dios empezó a regresar a mi vida, yo tenía diecinueve años de edad. Empezó a regresar a mi vida a través sobre todo de la hermosura de María Santísima. Yo estudiaba en una universidad pública. La Universidad Nacional de Colombia. Y fue tanta la insistencia del amor de María en mi vida. Yo estudiaba física en esa época. Por eso el ejemplo de la relatividad, Por ejemplo. Era tanta la fuerza de la belleza de María en mi vida que después de tener un tiempo de tanta frialdad con Dios. Yo empecé a sentir la necesidad de ir a una iglesia. Yo llevaba muchos meses estudiando en esa universidad. Yo ni siquiera sabía que mi universidad tenía una capilla. Es decir, yo pasaba, caminaba, daba vueltas y el tesoro estaba ahí, y yo no sabía Cuánta gente que pasa por esta First Avenue. Cuánta gente que pasa por aquí no tiene ni idea del tesoro que está ahí en una cosa que se llama Capilla de adoración al Santísimo. Ahí está. Y tú vas paseando con un amigo y vas conversando con el amigo y te importa tu amigo y no te importa la capilla. No te critico porque yo era mucho peor. Tú vas hablando de moda con tu amiga y te parece más importante si la colección de otoño va a ser de esta manera o de esta otra. Y ahí está el tesoro. Y tú pasas casi literalmente, caminas por encima del tesoro y no lo reconoces. Entonces el gran mensaje de hoy. ¿Cuál es? Que cuando miras el calendario todos los días son iguales. Cuando Dios mira tu calendario, Él ve días que destellan. son las perlas que tiene preparadas para ti. Cuando tú miras los caminos, los caminos de Hialeah. Cuando tú miras los caminos de Miami o los caminos de Nueva York, o los caminos de París, Bogotá, Panamá, Buenos Aires. Cuando tú miras las calles, todas las calles te parecen iguales. O si acaso, lo que te interesa está marcado por tus codicias, egoísmos, ambiciones o superficialidad del momento. Pero cuando Dios mira las calles, sabe que hay sorpresas y tú mismo no la reconoces. Pero ahí está el campo y ahí está el tesoro y está escondido. Cuando tú llegaste a esta misa, tal vez esta misa para ti era otra concha más. Tal vez tu única esperanza era. Ojalá el cura no se demore en la homilía. Tu esperanza quedó frustrada cuando viste que pasaba el minuto siete. Para ti esta misa era como cualquier otra misa. Pero. ¿Y qué tal que esta sea la misa de tu perla? ¿Qué tal que esta sea la misa de tu campo? Qué tal que este sea el momento que en el calendario de Dios brilla para ti? Qué tal que este sea el día en el que tú puedes descubrir la alegría de un Dios que te abre la ventanita de arriba y te dice. . . -Hello, yo también existo y te amo y te espero. . . - A alguien le puede pasar eso. Y si eso sucede y todos los días sucede, es porque el Evangelio es verdad.

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