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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Testimonio sobre aquellos que han preferido a Cristo.
Homilía ao17010a, predicada en 20140727, con 17 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, los días domingo, y esta es Eucaristía dominical, tiene las lecturas propias del domingo. Los días domingo, casi siempre hay una relación muy estrecha entre la primera lectura y el Evangelio; usualmente la segunda lectura trae otro tema, muchas veces un tema complementario, va un poquito por otra línea. Este domingo no es una excepción: La primera lectura, tomada del primer libro de los Reyes, tiene una relación bastante estrecha con el Evangelio tomado de San Mateo. Como ustedes son personas atentas, les conviene saber de qué capítulo fue tomado el texto. La primera es, primer libro de los Reyes, capítulo tres, y el Evangelio es Mateo, capítulo trece. En la primera lectura tenemos a alguien que tiene que hacer una opción, una elección. Dios le hace una pregunta que tal vez muchos quisieran escuchar: "Pide lo que quieras" , lo que quieras. Salomón, que acaba de recibir el encargo de reinar sobre el pueblo de Israel, pide sabiduría. Esa es su opción, pone en primer lugar la sabiduría. El Evangelio nos presenta también gente que ha tomado una opción, por ejemplo, un hombre que se encontró un tesoro fantástico y entonces dice Jesús: "Vende cuanto tiene y compra el campo donde está ese tesoro" , es decir, ese tesoro lo vale todo. Ese tesoro vale más que cualquier cosa; por eso vende todo lo demás y pone en primer lugar el tesoro. De la misma manera, el otro ejemplo que nos da Cristo: el comerciante, que ha visto muchas, muchas perlas, por consiguiente sabe reconocer lo que es una perla realmente única. Y un día se encuentra con esa perla, la perla hermosa, grande, brillante, fantástica. Y dice Jesús: "Vende cuanto tiene y la compra" . O sea que el que compró ese campo y el que compró esa perla, son ejemplos de personas que hicieron una elección, tuvieron una preferencia. Primero ese tesoro, primero esa perla. Han descubierto algo realmente grande y por consiguiente le dan el primer puesto a eso que han descubierto. Y de ahí en adelante todo lo demás parece pequeño, todo lo demás queda en segundo lugar. Eso es hacer una elección. Y este es el vínculo que une al Evangelio con la primera lectura. Porque lo que hizo el rey Salomón fue también una elección por encima de riquezas, por encima de victorias militares, por encima de honores, por encima de placeres de esta tierra; él hace una elección: -Lo primero que necesito es la luz de Dios, la sabiduría de Dios, lo primero es eso-. O sea que la palabra preferencia, la palabra elección, es la palabra importante de este domingo. Gente que hace una elección, gente que toma una preferencia. Salomon dice: -Yo prefiero la luz de Dios, sabiduría de Dios-. Y a partir de esa decisión, todo lo demás que venga. Lo mismo, en el Evangelio el que vende todo y compra ese campo ha hecho una elección, ha tenido una preferencia. El que vende todo y compra esa perla, ha hecho una preferencia, ha tenido preferencia, predilección por esa perla. Si la palabra preferencia es tan importante, ahora tenemos que preguntarnos cómo es nuestra manera de elegir, cuáles son nuestros criterios de elección y cuáles son nuestras preferencias. De eso es de lo que se trata. Como muchos de los que estamos aquí, estamos terminando un retiro espiritual muy bello, del cual venimos agradecidos, un retiro que se llama: Ven, Señor Jesús. Ahora Cristo nos está haciendo una pregunta: -Te pasaste todo el día diciéndome que viniera, ahora que llegué ¿me vas a preferir o no? Ahora vengo, ahora estoy en tu vida, ahora dime qué lugar voy a ocupar en tu vida, ahora dime si yo soy la perla preciosa de tu vida, ahora dime si yo soy el tesoro maravilloso que tú has encontrado en el campo de tu vida. Ahora dime si tú prefieres mi compañía, mi luz, mi amor a los cetros y a los tronos-. Tenemos que preguntarnos cuáles son nuestras preferencias y para eso nos orientan mucho los santos, especialmente los mártires. El Salmo sesenta y tres en la numeración de la Biblia contiene esta frase sorprendente. -Tu gracia vale más que la vida-. Esa es una preferencia. Tu gracia vale más que la vida, quiere decir: Prefiero estar en amistad contigo, más incluso que la vida misma. O sea, estoy dispuesto a que me maten, estoy dispuesto a que me quiten la vida, pero no quiero que me quiten la amistad contigo. Estos días hemos tenido un par de acólitos jóvenes, una joven y un muchacho. Ahora le voy a hacer una pregunta a este joven aquí, delante de toda esta asamblea. ¿Usted qué edad tiene, querido acólito? Tiene 14 años. Yo tenía ese presentimiento, en serio, tenía ese presentimiento, porque a los catorce años fue la edad en que un muchacho que se llamaba Domingo, de apellido Savio, con v corta. Domingo Savio no confundirlo con Domingo de Guzmán, el fundador de mi comunidad, Domingo Savio, tenía 14 años, tenía la edad de este acólito; tenía esa edad cuando tomó una decisión. Esa decisión se formula en esta frase -Primero morir que pecar-. Esa es una preferencia. -Primero morir que pecar-. Y de hecho, Dios lo llamó a muy temprana edad, no había cumplido quince años. Esa es una preferencia. El mundo entero ha sido testigo de un drama muy grande en Sudán. Sudán es un país que tiene dramas terribles, incluyendo el drama del hambre. Pero yo quiero hablar de otra hambre. Una mujer cristiana, pero de familia musulmana, una mujer llamada Meryam, que es una de las versiones del nombre de María, Meryam, cristiana, ella fue condenada por la ley musulmana a morir, probablemente ahorcada, probablemente apedreada por haber blasfemado. Y según esa ley musulmana, ella ha blasfemado porque ella proclama que Jesús es el Señor y decir que Jesús es el Señor, es decir, que Jesús es Dios, y decir que Jesús es Dios, según los musulmanes, es negar a Alá. De modo que ella fue condenada, condenada a muerte. Una impresionante campaña internacional en la que hemos participado muchas personas, millones de personas. Yo no me atribuyo ningún mérito, ciertamente, pero yo colaboré con eso. Una campaña internacional, le ha reclamado al gobierno de Sudán no solamente que impida esa muerte, sino que libere a esa mujer. Después de pasar meses de agonía, después de escuchar cómo su propia familia la rechazaba, finalmente Meryam fue perdonada por la Corte Suprema de Justicia de Sudán y se le dio salvoconducto para salir de su propio país. Esta semana pasada, Maryam llegó a Italia y entre otras cosas, fue recibida abrazada y bendecida por el Papa Francisco. Maryam, es el ejemplo de una persona que ha tenido una preferencia y esa preferencia es: si me tengo que morir, me muero, si tengo que pasar mis días en la cárcel, ahí me quedo, ahí me quedo. Si no puedo volver a ver mis hijos no los veré jamás. Pero yo de Cristo no me aparto. Esa es Meryam. Eso es lo que significa una preferencia. Y hoy tenemos que preguntarnos cuáles son nuestras preferencias. Hay un modo muy sencillo de saber cuáles son las preferencias. Ese modo lo conocen todas las muchachas cuando ya están en la edad de empezar a gustar y tal vez tienen un novio. El novio le dice: -tú eres muy importante para mí, muy importante, tú vales mucho, yo te quiero, tú eres, tú eres tan importante para mí-. Y ella le dice: -Pues figúrate que hoy, hoy, sobre todo, quisiera verte, me siento mal, tenemos un problema en la familia hoy, quisiera un abrazo tuyo-. -No, pero es que no puedo ir porque está lloviendo mucho-. Cuando esta muchacha oye que ese joven le dice: -Eres muy importante-, pero luego no es capaz de soportar las incomodidades de un aguacero, Ella dice: -En realidad no me prefiere tanto, en realidad no es tanto-. O sea que aquí aprendemos algo: Las preferencias no son cosa de boquita, no son cosas de palabra, las preferencias se ven en la vida, la preferencia se ve cuando tú ves a Meryam pasar semanas enteras, meses enteros en una cárcel, sin poder ver al esposo, sin poder ver a los hijos esperando que la ahorquen simplemente por ser cristiana. Eso en la realidad, en los hechos, en la vida, eso es preferir a Dios, eso es ponerlo en primer lugar, eso es preferir. Y hoy tenemos que preguntarnos: ¿cuáles son nuestros hechos?, no nuestras palabras, sino cuáles son los hechos en los que demostramos que estamos dispuestos a sufrir por Jesús. ¿Cuáles son los hechos en los que estamos demostrando que realmente lo hemos preferido a Él y que Él está en primer lugar? Ese es el mensaje que nos dan estas lecturas. Dos preguntas muy sencillas ¿Prefieres a Jesús? Muchos diremos: -sí-. Segunda pregunta: ¿Qué estás dispuesto a perder por Jesús? ¿Qué has perdido por Jesús? Y es ahí donde se comprueba la verdad de la primera respuesta, porque abrir la boca y decir: -Yo prefiero a Jesús- es fácil. Pero soportar una cárcel, no ver a tus hijos, oír que tu propia familia dice, porque eso le pasó a Meryam, oír que la propia familia dice: como dijo un hermano de ella, que Dios lo perdone, lo ilumine, le dé su misericordia. Pero este hermano dijo: -Si ella no vuelve al Islam, merece morir- Así habló de su propia hermana, -merece morir-. Hay que estar en una cárcel con la incertidumbre de la horca, hay que estar en una cárcel esperando una condena de muerte y oyendo que tu hermano dice, -merece morir-. Hay que estar ahí, para saber, si uno prefiere o no prefiere a Jesús. Hermanos míos, algunas personas, les tocan esos dramas tan difíciles, algunas personas, otras veces, las elecciones son más sencillas y sin embargo, siguen siendo importantes. Cuando una pareja de novios decide ser fiel a las enseñanzas de la iglesia y no ponerse a jugar con sexo irresponsable, diga lo que diga el mundo. Cuando ellos dicen: el amor sabe esperar, vamos a vivir un noviazgo en castidad, esos novios están diciendo, preferimos a Jesús, en ese momento lo están diciendo. Cuando una madre tiene una situación grave de salud, está embarazada, el médico le dice: -Si usted no aborta, la que corre peligro es su vida-. Y esta madre dice pues si tengo que morir, procuren salvar a ese niño, y ella se mantiene firme. Y de esas mamás yo he conocido más de una. Y luego nace el niño y nace saludable y la mamá lo abraza y lo besa y dice: ¿Yo cómo te iba a matar, hijo mío? Esa mamá que pone en riesgo su propia vida y prefiere no abortar. Y no pongamos el caso tan dramático. También aquella que sabe que su carrera profesional, que su cuerpo, que la opinión de su familia le va a caer encima, pero prefiere seguir adelante valientemente con un embarazo, esa mujer está prefiriendo el don de la vida y está prefiriendo la ley de Dios. Cuando tú sabes que en el medio que te rodea va a ser ridiculizada tu opinión, porque en el medio que te rodea todos tienen ya claro su mensaje y su agenda. Tal vez en el medio que te rodea todos hacen de la homosexualidad un chiste, una celebración, algo normal, algo que hay que acoger. Y tú, teniendo todo el respeto que merecen los seres humanos, respetando profundamente a la persona homosexual, tú sabes que ese no es el camino y tú sabes que no se puede llamar matrimonio a esas personas cuando se unen, tú sabes eso, pero sabes que decir esas palabras te va a hacer ridículo, impopular y que te van a insultar y que te van a descartar. Pero dices esas palabras con humildad, pero con claridad. Eso es preferir a Jesús, eso es preferir a Jesús. Cuando te proponen un negocio sucio, cuando te proponen un soborno y cuando te dicen solo hace falta tu firma, todo lo demás ya está arreglado, -firma aquí y no te preocupes que a ti te llega tu cheque- y tú sabes que es dinero sucio. Pero tú dices mi conciencia no la vendo. Eso es poner en primer lugar a Jesús. Y ese es el mensaje con el que Cristo nos despide de este retiro. Te pasaste el día diciéndome Ven, ven, ven. -Aquí estoy. Ahora me vas a preferir-.

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