|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¡Cuántas veces pasamos al lado de los tesoros que Dios nos ha dejado, y no los reconocemos!
Homilía ao17009a, predicada en 20140727, con 5 min. y 42 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Las lecturas del Evangelio de este domingo nos presentan uno de los temas predilectos del Papa Francisco, la alegría. Alegría de aquel que encuentra a Cristo, alegría de aquél que se sabe amado por Dios, alegría de aquél que encuentra por fin el perdón y la paz, alegría de aquel que se siente sanado o liberado. La Buena noticia no puede ser otra cosa, sino una fuente inagotable de alegría. ¿Y de qué manera nos describe Cristo esta alegría? Utiliza comparaciones, es decir, utiliza hechos sencillos de la vida cotidiana que usualmente producen gran gozo. Por ejemplo, el encuentro con un maravilloso tesoro, el encuentro con una perla realmente preciosa. Esa es la clase de comparaciones que usa a Cristo, para que vaya entrando en nuestro corazón la certeza de esa alegría que Dios quiere, esa alegría que está en su plan original y que es la misma alegría que se ha arruinado hasta un cierto punto por el pecado personal, por el pecado social, por el pecado estructural. Yo quiero detenerme en la primera de las comparaciones que usa Cristo, -la del tesoro que está escondido en el campo-. Me gusta muchísimo esta comparación, por varias razones. En primer lugar, porque cuando un tesoro está escondido en un campo, cualquiera puede pasar por el lado sin darse cuenta, cualquiera puede desperdiciar la mejor oportunidad de su vida, cualquiera puede perder esa alegría. Está muy cerca y sin embargo, como está oculta, sigue permaneciendo lejana. Esto es lo que significa la parábola del tesoro. Y nosotros debemos preguntarnos: ¿en dónde están esos tesoros o cuáles son esos campos?. Quizás pasamos muchas veces al lado de esos grandes tesoros y no los sacamos y no los disfrutamos. Te puedo enumerar algunos de esos tesoros: Considera, por ejemplo, el tesoro de la Palabra de Dios. Cuánta sabiduría, cuánta luz, cuánta misericordia, cuánta bondad, está ahí. ¿Tú te acuerdas dónde está tu Biblia o la Biblia de tu familia? Seguramente en tu casa hay una Biblia. ¿Dónde está? ¿No es verdad que quizás está enterrada, enterrada debajo de un montón de otros libros, que sí son importantes? Porque son los libros de tus estudios o de tu contabilidad o de tus negocios. ¡Está enterrada tu Biblia!, no la estás leyendo; a veces literalmente enterrada aparece, porque está cubierta por una capa de polvo. Es un tesoro que se está perdiendo y tú pasas junto a ese tesoro todos los días y no lo aprovechas y no lo disfrutas. Te digo otro tesoro: La gran mayoría de nosotros vivimos en países de larga tradición católica; eso quiere decir que tenemos muy cerca muchas iglesias. ¿Sabes que en el corazón de cada templo está Jesús mismo, el tesoro de tesoros?. Él está ahí vivo, vivo en el Sagrario, y cuántas veces pasas al lado de una iglesia, quizás sin esa memoria agradecida, quizás sin ese acto que debería ser espontáneo, de alabanza y de adoración, por todo lo que Él es y por tantas misericordias que derrama desde su presencia Eucarística. Ahí está, está como un tesoro y la gente pasa por el lado y no lo reconoce y no lo agradece. Te digo otro tesoro: Jesús nos dice: -lo que hicisteis a uno de estos, mis humildes hermanos, a mí me lo hicisteis-. Y San Pablo nos enseña: -Hay muchísima más alegría en dar que en recibir-. Pero toda la gente se vuelca a los centros comerciales para comprar y comprar y comprar y recibir. Y resulta que hay un tesoro que es el tesoro de dar; especialmente dar a aquellos que tienen mayor necesidad.
Casi te digo: por negocio, deberías aprender a dar a los necesitados, porque lo que se siente, lo que se vive, lo que te transforma, mejor dicho, lo que tú recibes, es muchísimo más que lo que tú estás dando. Ese es un tesoro. Y ¿cuántas veces pasamos como aquel sacerdote o aquel levita de la parábola del buen samaritano? Pasamos al lado del necesitado y del pobre, y no le tenemos ni siquiera una mirada. Y es un tesoro. Es un tesoro valiosísimo. No volteamos a mirarlo. ¿No te parece que tenemos muchos campos y muchos tesoros por descubrir? Que el Espíritu Santo nos guíe y que podamos nosotros conocer esa alegría, la verdadera alegría, la del Evangelio.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|