Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El conocido texto de Romanos 8 nos obliga a preguntarnos en qué sentido somos predestinados y qué tipos de predestinación hay.

Homilía ao17008a, predicada en 20110724, con 30 min. y 40 seg.

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Transcripción:

Con mucha frecuencia la primera lectura y el evangelio tienen una relación estrecha. Eso sucede también hoy. La primera lectura nos presenta a Salomón escogiendo ¡un! don, el don de la sabiduría, el don de escuchar y discernir según la mente de Dios. Y ese don le parece más importante a Salomón que cualquier otra cosa, incluidas las riquezas, los placeres o la victoria sobre sus enemigos. Salomón escoge un don y lo prefiere a todo lo demás. El Evangelio nos presenta un cuadro parecido: Un hombre descubre un tesoro en un campo. Vende todo lo que tiene por tener ése tesoro. Un comerciante se encuentra con una perla de gran valor. Y frente a esa perla todo lo demás palidece. Entonces vende todo lo que tiene y adquiere esa única perla.

Se ve que hay un claro paralelo entre la primera lectura y el Evangelio. En ambos casos, de lo que se trata es del encuentro con Dios. Ese darle el primer lugar a Dios. Dios que llega a nuestra vida. Eso es lo que anuncia Cristo, el reinado de Dios. Dios llegando. Por eso las parábolas del Reino. Dios, ¿Cómo llega a la vida? Cristo intenta explicarlo por medio de parábolas. Las parábolas del Reino. Pero, y qué pasa con la segunda lectura? La segunda lectura, "Sitica" ella, queda un poco aislada. como huérfana. Entonces volteemos a mirarla. Está tomada de la carta de San Pablo a los romanos. Lo cual no es extraño porque desde hace varios domingos la segunda lectura está tomada de Romanos. Hoy tenemos un pasaje difícil, pero no porque sea difícil, vamos a despreciarlo, porque acuérdate que muchas frutas tienen una cáscara dura, pero luego adentro está aquello que nutre y que tiene gran sabor.

Si uno se detuviera frente a la cáscara del coco porque está dura, jamás comería coco. Entonces aquí tenemos un pasaje que es como ese coco. Es un pasaje difícil, sobre todo difícil en la historia del Cristianismo porque contiene la palabra "Predestinación" y ese sí que es una palabra problemática. La predestinación. Predestinar es como destinar por anticipado. Resulta que entre los cristianos ha habido grandes divisiones a través de los siglos. En un extremo tenemos a los calvinistas. Calvinistas por Juan Calvino, un suizo de la época de la Reforma protestante, siglo XVI. Calvino tiene esta idea: Que Dios todo lo tiene fríamente calculado. Todos estamos predestinados. Según Calvino, hay gente que está predestinada para salvarse. Hay gente que está predestinada para condenarse.

Y el que está predestinado para condenarse, haga lo que haga, se va a condenar. Y el que está predestinado para salvarse, haga lo que haga, se va a salvar siempre. El que se va a salvar termina salvándose y el que se va a condenar termina condenándose. Hay una versión de calvinismo que se da en el lenguaje popular costeño, el que nació para barrigón, ni que lo fajen chiquito. Ese es el calvinismo en versión criolla. Pero ese calvinismo no es aceptado por la mayor parte de los cristianos. Y ese calvinismo no es lo que piensa la Iglesia Católica. Porque para los calvinistas el lema es, una vez salvo, siempre salvo. Resulta que la Iglesia no cree en eso. La Iglesia cree que una persona puede haber experimentado la salvación de Dios, pero por ingratitud, por descuido, por arrogancia, por egoísmo o por otras causas, puede perder lo que había ganado.

Y por eso, en las renuncias y la profesión de fe que hacemos los católicos, una de las cosas que se dice es que es gravísimo pecado y es atentar contra la gracia de Dios, creerse uno ya definitivamente salvado. Eso es contrario a la fe católica. El calvinismo no nos sirve a nosotros los católicos. Calvinismo. No señor, eso no es conmigo. Predestinación para la condenación ¡jamás! Pero queda el problema de la predestinación. De todas maneras, porque fíjate que aquí dice esta fue la traducción que escuchamos. Dice aquí: "A los que predestinó, los llamó. A los que llamó, los justificó. A los que justificó, los glorificó". Está la palabra predestinar. Entonces, ¿Al fin hay predestinación o no hay predestinación? De acuerdo con esto. Yo les voy a contar este punto. En primer lugar, porque es bueno saber que esa clase de discusiones ha habido en la historia del cristianismo. Y en segundo lugar, porque este punto nos enseña mucho sobre lo que significa vivir en el agradecimiento. Vivir en la gratitud y, por lo tanto, vivir en la gracia.

Lo voy a explicar de esta manera. Cuando se miran las cosas, -A ver cómo me explico.- En retrospectiva, uno descubre la lógica de Dios, en retrospectiva. En retrospectiva, uno puede hacer un ejercicio que es conectar los puntos, es decir, uno se da cuenta. Ahora entiendo claro esto pasó para que sucediera esto, para que luego pasara esto, para que luego pasara esto otro. Eso es conectar los puntos. Es un ejercicio que suelen hacer las personas mayores. Una de las señales de que una persona está muy mayor en su mente. Fíjese el lenguaje políticamente correcto que usó. Una de las características de que una persona está muy mayor. Es que habla demasiado del pasado y habla muy poquito del futuro.

Entonces, en retrospectiva, uno se pone a analizar la vida y uno dice Claro, es que tiene mucho sentido. Mire, Dios quería que yo me encontrara con esta persona, porque esa persona fue la que me dijo esto que me ayudó a cambiar. Y luego yo me encontré con este grupo y de ahí me encontré con este padre y de ahí hice este retiro y de ahí leí este libro y de ahí fui a esta ceremonia y así fue como Dios me conquistó. Cuando uno mira hacia atrás, cuando uno mira en retrospectiva, uno conecta los puntos. Y eso es lo que está haciendo San Pablo aquí, mirando hacia atrás. Y se da cuenta, claro, es que Dios glorifica a sus santos, pero es que antes de glorificarlos les ha concedido estar a paz y salvo con él, que esa es la justificación. Y antes de justificarlos, los ha llamado y antes de llamarlos. . .

Oiga, entonces todo está como conectado. Lo que nosotros decimos en nuestro lenguaje, todo está como conectado. Eso es lo que significa la predestinación. Lo que San Pablo llama predestinación ahí. ¿Qué es la conciencia que uno toma de que todo está conectado? Pero eso se nota cuando el plan resulta. Ahora entiendo por qué sucedió esto. Ah, claro que sí. Pero cuando las cosas no han sucedido, sino que apenas están sucediendo. Uno muchas veces no entiende. Seguramente muchos de ustedes han escuchado la historia de la conversión de un hombre llamado Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, más conocida como los jesuitas. Ignacio de Loyola, era un soldado y en medio del combate fue herido gravemente en una pierna y entonces tuvo una larguísima convalecencia.

Recuerde que en esa época no había prácticamente antisépticos, ni analgésicos, ni antibióticos, ni nada de eso. Estamos hablando del siglo XV, siglo XVI. No había esos recursos modernos de la medicina. Cuando San Ignacio recibió ese impacto severo en su pierna y ese dolor tan salvaje. Y lo sacan medio inconsciente y lo llevan por allá no sé dónde, y después resulta en una especie de vamos a llamarlo hospital. Él entendía algo, él no entendía nada, pero estando en su larguísima convalecencia empezó a leer. A él le gustaba mucho los libros de caballería, libros de fantasía con historias de grandes héroes. Entonces él empezó a leer las historias de esos héroes, historias fantasiosas que llenaban su imaginación de muchas cosas. Pero finalmente en ese castillo, porque fue un castillo donde lo hospedaron, en ese castillo donde estaba, se acabaron todos los libros de caballería y el hombre no se mejoraba.

Entonces empezaron ¿A qué? Empezaron a llevarle dos libros, sobre todo, qué fue lo que se encontró en el castillo. Un libro se llamaba La Leyenda Áurea, de un padre de vorágine de ese apellido. Era una serie de historias de vidas de santos Y había otra obra que se llamaba La Flor de los Santos; Flos Sanctorum y entonces Ignacio de Loyola, por tener algo en qué ocupar la cabeza y como no podía casi moverse, se puso a leer Vidas de santos y sintió ganas de ser santo. Y entonces un día dijo, -Y yo ¿Por qué no hago lo que hizo Santo Domingo, lo que hizo San Francisco? Y así fue naciendo el ideal de la Compañía de Jesús. Cuando muchos años después San Ignacio es ese gran santo que todos conocemos, gran predicador, un hombre con un discernimiento sobrenatural impresionante, con una sabiduría muy grande, con una fidelidad total a la Iglesia.

Cuando ya vemos a este gran Santo y vemos todo lo que ha hecho bueno, la compañía de Jesús en la Iglesia, aunque por supuesto también ha tenido dificultades, como todas las congregaciones religiosas. Cuando luego vemos lo que es la compañía de Jesús. Uno dice: -Tiene mucho sentido- gracias a esa batalla, a esa herida, a esa convalecencia, a que se acabaron los libros, a que le consiguieron los libros de Santos. Uno une los puntos y uno dice, mire lo que Dios quería hacer. ¡Olé! ¡Qué cosa tan buena! Lo que Dios quería hacer y cómo lo fue preparando paso a paso. Cuando uno descubre que había un destino y que Dios estaba preparando ese destino, entonces uno dice Dios lo tenía predestinado.

Porque claro, el pensamiento de Dios no está sujeto al tiempo. Dios es eterno. Entonces, lo que nosotros descubrimos en el tiempo, que es la conexión entre esos puntos, eso que nosotros descubrimos en el tiempo, eso está en el pensamiento eterno de Dios y por eso se habla de predestinación. Entonces nosotros ¿Podemos hablar de predestinación también en nuestra vida? Hasta cierto punto sí, porque en la medida en que cada uno de nosotros descubre su historia personal de salvación, en la medida en que tú empiezas a conectar los puntos en tu vida, tú empiezas a descubrir que Dios te tiene destinado para salvación.

Cuando tú te pones a meditar, oiga, ¿Y yo por qué fui a ese encuentro? ¿Y yo por qué me encontré con esa amiga? ¿Y yo por qué oí esa predicación? ¿Y yo por qué fui donde ese padre? Y uno empieza a unir los puntos y uno dice Dios me tiene destinado para algo. Pero como el pensamiento de Dios no está sujeto al tiempo, uno dice: -Realmente Dios me tenía predestinado; es decir, Dios arregló las cosas para que fueran así.- Yo les cuento un ejemplo de mi familia. Mi bisabuela, es decir, la mamá de mi abuelo materno, para ser más precisos, era una mujer que era muy devota de Santo Domingo de Guzmán. Ella lo llamaba Santo Domingo español. Ella se llamaba Gala, era la señora Gala y ella era muy devota de Santo Domingo. Y esa devoción a Santo Domingo quedó ahí, como en el aire, en la familia de mi mamá.

Mientras tanto, mi papá se interesó a través de otra aparente coincidencia se interesó por los dominicos. Mi papá estudiaba Derecho y uno de sus profesores fue el padre José de Jesús Farías. El padre Farías era un dominico y el padre Farías estaba interesado en promover el apostolado entre los laicos. Entonces del lado de mi mamá había un cierto interés por los dominicos, por esa gran devoción de la que fue abuela de mi mamá y por el lado de mi papá, pues había un interés por los dominicos, porque el padre José de Jesús Farías fue profesor de mi papá cuando él estudiaba Derecho. No significa que luego mi papá se haya torcido. Entonces mi papá se volvió terciario dominico y mi papá fue a un lugar que se llamaba El Convento de Santo Domingo, allá en Bogotá y fue a hacer retiros espirituales allá y mi papá se familiarizó con la obra de Santo Domingo y de esa época adquirió algunos libros, entre otros, uno que se llamaba Santo Domingo de Guzmán y su obra, y ese libro quedó por ahí en la biblioteca de la casa de mi papá.

Y mientras tanto mi mamá le tenía cariño a los dominicos por su propia abuela. Entonces no tiene nada de extraño que cuando nosotros fuimos naciendo, fuimos bautizados en la iglesia de los dominicos. La Iglesia Nuestra Señora de Chiquinquirá en Bogotá. Yo, por ejemplo, fui bautizado el día 13 de junio de 1965, ahí donde los dominicos. Y entonces a mi mamá le gustó, le gustó ese estilo, le gustó esa manera de ser de esos padres y ella quería que nosotros fuéramos como quieren las mamás, que fuéramos a un buen colegio. ¿Y en quién pensó? En los Dominicos ¿Y la idea a quien le sonó? A mi papá. ¿Por qué? Porque él también sabía de dominicos, porque él había sido terciario, dominico antes de conocer a mi mamá. ¿Sí ve lo que estoy haciendo yo ahora? Estoy uniendo los puntos.

Y entonces mi mamá Resulta que tenía además de ese ancestro, esa abuela. Resulta que a ver esta relación ¿Cómo es? Un primo de una cuñada de ella era un sacerdote dominico. Un hombre muy buena persona, que vive todavía el padre Ernesto Mora. Entonces mi mamá buscó conversación, contacto con el padre Mora. Y nosotros entramos al Colegio de los Padres Dominicos. Entonces yo hice mi primera comunión el 7 de octubre de 1972 en la Iglesia de los Dominicos. Cuando años más tarde mis papás empezaron a asistir a un grupo de oración ¿A dónde fueron? a la iglesia de los dominicos, ¿Quién estaba ahí? El padre Mora, quien se prestó para ir con ellos. Un jovencito en esa época muy, muy delgado. Yo era casi raquítico en ese tiempo.

No parece que me crean mucho. Bueno. Yo tenía que ir. Tenía no, sino que me llamaba la atención acompañarlos al grupo de oración donde ellos y quien estaba y el padre Mora, el mismo que años atrás me había ayudado a entrar al colegio. Y en ese grupo de oración el padre Mora y otro amigo, el padre Francisco Pardo, eran los que dirigían. Y el día quince de agosto de mil novecientos ochenta yo sentí el llamado al sacerdocio en el grupo de oración de la Iglesia de los Dominicos. O sea, usted que deduce de ahí que el hombre estaba predestinado a. . . a ser dominico, a ser dominico. Entonces, el día treinta de noviembre de mil novecientos ochenta y cuatro, yo fui a hablar con el padre Francisco Pardo, le conté mis inquietudes sacerdotales.

En ese momento a mí me llamaba más la atención otra comunidad religiosa, pero el padre Francisco Pardo me dijo: Mira para lo que Dios te ha dado a ti. Es más interesante que tú seas un teólogo. Y él hizo una profecía que se cumplió hace dos años. Tú deberías ser doctor en teología. Fui doctor en teología. Recibí el grado el año pasado, terminé mis estudios en el 2009 pero el padre Pardo me lo dijo en 1984 y él me dijo eso. Y yo sentí en mi corazón. Oiga sí, yo dejo la idea de la otra comunidad y me entro con los dominicos. Claro, cuando ya uno cuenta toda esta historia así, uno dice Ah, es que ese tipo estaba predestinado para eso, es que eso, es que no había de otra.

Por eso mire el hábito que llevo, Dominico. Ahí no había nada más que hacer aquí en Medellín, donde estoy hospedado en la parroquia de Santo Tomás de Aquino, de los Padres Dominicos. Yo termino este encuentro en alabanza y gratitud a Dios y con ustedes. Y qué voy a hacer? Irme para la parroquia Santo Tomás de Aquino con los dominicos. Eso estaba cantado, eso estaba predestinado. Entonces uno puede descubrir este tipo de predestinaciones, llamémoslas menores. Claro, Uno descubre las predestinaciones menores cuando uno se pone a revisar lo que ha sido la vida de uno y uno une los puntos y uno ve oiga, mire la figura que va saliendo aquí. Eso se llama descubrir el paso de Dios en la propia historia. Y en ese descubrimiento uno se da cuenta que hay destinos. Dios me tenía destinado, destinado para esto, destinado para esto otro destinado para lo de más allá.

Pero como en Dios todo es anterior al tiempo, por eso se habla. Dios me tenía predestinado, no en el sentido de que cuando nació un niño rollizo, ciertamente El 13 de mayo de 1965, cuando nació el niño, ya el niño decía en la frente seré dominico. No, esa no es la predestinación, sino que uniendo los puntos uno ve. Vamos a explicar brevemente por qué no puede haber una predestinación para el mal. Ese es el problema con el calvinismo. No hay predestinación para el mal. ¿Por qué? Porque resulta que, ¿Qué acontece cuando nosotros cometemos un pecado? Cuando nosotros pecamos, nos apartamos del plan de Dios. Pero Dios no nos abandona. Dios no nos desecha. Dios, hasta cierto punto de la infinita generosidad de su misericordia, hace un nuevo plan.

Eso fue lo que sucedió en la Biblia. Dios tenía un plan para Adán y Eva, pero éstos no dieron la talla. ¿Qué hizo Dios? ¿Condenarlos al último infierno? No, hizo un nuevo plan. Ese nuevo plan se puede conectar con el antiguo plan. El primer plan era el plan de la creación. El paraíso, La alianza con Dios, como se daba en esas condiciones. El nuevo plan es la nueva Alianza en Jesucristo. Yo puedo conectar el nuevo plan con el antiguo plan, pero yo no puedo conectar. Yo no puedo encontrar una razón última para el pecado. Y la condenación es el resultado de una secuencia de rebeldías. La condenación es la resultante de una suma de resistencias. Pero cada resistencia, cada pecado, es una ruptura no solamente en el bien, sino también en la verdad. Esto es tan profundo, pero es tan bello.

Cada pecado es una ruptura en la verdad y en el bien. Cada pecado es una ruptura en la lógica. Entonces yo no puedo unir los pecados. No hay una lógica del pecado. Sí hay una lógica del bien. Hay una lógica del amor, porque el amor quiere producir un fruto último en el cual se unifican los bienes. En cambio, el pecado no puede sumar, porque el pecado es división. El pecado es una desconexión en la lógica. Entonces yo puedo sumar los actos que son visitas del amor divino. Yo no puedo sumar las rebeldías a ese amor porque no hay una lógica que conecte a esas rebeldías. Cada una es ilógica a su propia manera. Esto ya lo decían los medievales, decían: "bonum ex integra, causa malum quocumque defecto". El bien requiere que se den todas las condiciones. Lo malo proviene de cualquier defecto. Y por eso hay una manera de ser bueno e infinitas maneras de ser malo. Cada uno de nosotros tiene una perfección en el bien, que es el encontrar su lugar, cada uno de los dones y cada una de las circunstancias de la propia vida. Ese es nuestro bien. En cambio, los defectos son muchos. Si puedo dar otro ejemplo, toma una obra de arte como este Cristo.

Hay mil maneras de dañar esa imagen. Si yo, por ejemplo, hiciera muy grande la mano derecha muy pequeña, la mano izquierda demasiado torcido, el cuello, un ojo más grande que otro, un pie más grande que otro, un pie torcido, más dedos. Hay un millón de formas de dañar una imagen. Solo hay una forma de que esa imagen sea perfectamente ella misma. Eso es lo que quiere decir ese aforismo medieval. Entonces el bien puede sumar. Se pueden conectar los puntos cuando hablamos del bien. En cambio, cada acto de pecado, cada acto de rebeldía, cada acto de maldad, es una ruptura en la racionalidad, es una ruptura en la lógica y por eso no se pueden conectar unas ilógicas con otras ilógicas, no se pueden conectar las rupturas unas con otras.

Yo sé que es un poco, es un poco especial este tema, pero es que es tan bello porque está mostrando cómo el bien hace camino. El mal no hace camino, el bien forma un camino, el mal rompe caminos. Te lo describo de esta manera: Una persona que es sana en su mente. Tú conversas con ella hoy, conversas con ella, mañana conversas con ella pasado mañana y ella puede llevar y tú puedes llevar una secuencia de las conversaciones. Suponte que tú hablas con un loco. El loco te sale hoy con cualquier cosa y mañana con cualquier cosa y pasado mañana con cualquier cosa. No se puede llevar una secuencia de las locuras, porque precisamente en cuanto son ilógicas no tienen continuidad. Lo ilógico no hace camino, lo ilógico no tiene continuidad. Por eso no hay una predestinación para el mal.

Y eso ¿Qué quiere decir? Eso quiere decir que por muchos que hayan sido los desastres de tu vida, por muchas que hayan sido las heridas de tu vida, el camino de tu vida solo lo determina el bien. Tú no estás predestinado por tus desastres, por tus caídas, por tus heridas o por tus pecados. Nada de eso eres tú. Nada de eso te define a ti. Nosotros somos únicamente definidos por la historia del bien en nuestros corazones. Esa es la única verdad que existe sobre nosotros. Y por eso la persona que se condena y Dios nos libre lo que hace es renunciar a toda verdad, a su propia verdad. No tiene un rostro. La persona que se condena renuncia a hacer, renuncia a tener rostro, renuncia a significar Tú no tienes una definición a partir de lo que no has hecho o a partir de lo que se ha dañado en tu vida.

Él aparta de nosotros nuestros pecados, dice el Salmo 103. Él aleja de nosotros nuestros delitos. Tú no eres la suma de tus delitos. Tú no eres la suma de tus pecados, porque tus pecados no forman una línea. Son accidentes, explosiones, rupturas, pero no forman una secuencia. Lo que tú eres lo define únicamente tu bien. Cuando esto se descubre, uno puede entender por qué Cristo puede redimir a las personas que han caído en las peores cosas del mundo. Es que por graves que sean nuestros pecados, por horrendos que sean nuestros delitos, no son nuestra definición. Te voy a dar un ejemplo chistoso. Imagínate que yo te dijera te quiero hablar de un amigo mío. Bueno, un amigo.

¿Y cómo es tu amigo? Mira, mi amigo no es un perro, ni es un gato, ni es un pájaro, ni es una persona. Tampoco es un ladrillo. No es un edificio. No es una viga, ni es un bombillo. Tampoco es un computador. ¿Tienes algo en la cabeza con lo que te estoy diciendo? ¡No! Si yo te digo lo que no es, mi amigo. Tú no sabes nada sobre qué es. Empiezas a excluir cosas y terminas por concluir las muchas letras. Le sorbieron el seso al padre. No hay más que entender ahí. Tú no te puedes definir por lo que no ha sucedido, por el bien que no ha sucedido. Tú no eres la suma de tus errores. Tú no eres la suma de tus rupturas. Tú no eres la suma de tus pecados y tus errores, tus rupturas o tus pecados. Jamás te destinan a nada porque no forman secuencia. Tú no estás destinado a nada. A partir de tu mal, tú estás destinado a salvación. Tú estás destinado a conversión. Tú estás destinado a ser curado, a ser bendecido, a ser amado. A eso es a lo que tú estás destinado. Claro, cuando una persona ha vivido bien, encuentra puntos y puntos y puntos y más puntos, y la figura que aparece es clarísima de lo que Dios quiere hacer en ella. Cuando una persona ha vivido muy mal, apenas se encuentra un puntico por aquí y otro por acá y otro por allá, pero los puede unir y siempre, siempre, nuestros puntos apuntan hacia el bien de Dios. Tu vida no la definen tus errores. El perfil de tu vida no es el perfil de tus equivocaciones, el perfil de tu vida son los aciertos de Dios. Une esos puntos y encontrarás el rostro de Cristo.

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