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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La primera lectura y el Evangelio nos llevan a descubrir prioridades. Todas ellas, desde el punto de vista cristiano, pueden hallarse en el padrenuestro.
Homilía ao17007a, predicada en 20110724, con 11 min. y 40 seg. 
Transcripción:
Cuando nos hemos encontrado con el Señor y con su amor, descubrimos hermanos, que Dios le da color, le da sabor y le da valor a todo lo que tenemos, a todo lo que somos. Cristo le da valor a nuestra vida. De hecho, nos enseña lo valiosos que somos. Eso es verdad, pero también es verdad lo que aparece en el Evangelio de hoy. Parece que Cristo muestra el límite del valor de las cosas, porque el valor es siempre una cosa relativa. Algo puede ser muy valioso en un sentido, muy poco valioso en otro sentido. Se ve bien en las cosas que tienen un valor emocional. Si yo guardo, por ejemplo, una estilográfica que ya ni siquiera funciona, pero que fue de mi abuelo, al que yo quería mucho, entonces esa estilográfica tiene gran valor, pero para mí cualquier otra persona no daría tres pesos por eso. O sea que el valor es algo relativo. Incluso en términos de números, cuando se piensa en lo que es una gran suma de dinero para la persona que vive con un salario mínimo, su respuesta será una cifra. Pero si hablamos entre los grandes magnates del país o del mundo, esa cifra les parecerá ridícula. Para muchos de nosotros, una cifra como cien millones, o como mil millones. Uno dice Eso es bastante dinero, pero para otras personas eso todavía no es bastante dinero, porque el valor funciona siempre como una medida de proporción. Las cosas son valiosas en proporción a algo o en comparación con algo. O sea que Cristo nos enseña el valor de las cosas, y también en ese sentido hace lo que se llama una escalera de valores. Una escala o escalera de valores es una manera de poner en su justa medida, en su justa proporción, cada cosa. Por ejemplo, el dinero es valioso, pero no voy a decir que el dinero es más valioso que mi vida. Por eso Dios nos libre. Pero si uno se ve en una circunstancia en que lo amenazan para robarlo, muchas veces la mejor respuesta es entregar pronto todo, que quede tranquilo, entre comillas, satisfecho el atracador o el ladrón, porque ponerse uno de muy valiente puede terminar en que se pierde no solo el dinero, sino también la vida. Eso significa que uno valora más la vida que el dinero y así tiene que ser. Cristo llega a nuestra vida y le pone orden. Ponerle orden a la vida es poner una escala, una escalera de valores. Esto vale menos, esto vale más. ¿Y cómo hace Cristo para inaugurar esa escalera de valores en nuestra vida? ¿Cuál es el punto fundamental? Porque una escalera se apoya siempre en algo. Es ridículo para la mente imaginar una escalera que se extendiera simplemente hacia abajo y hacia arriba y quedara como flotando. Esa escalera no llevaría a ninguna parte. Y la noción misma de arriba o de abajo quedaría muerta por su base. O sea que la escalera necesita un fundamento. Necesita un principio, Necesita un cimiento. El cimiento de la escalera de valores del cristiano se llama el Reino de Dios, y el reino de Dios es que Dios reine. O sea que la pregunta para el cristiano, traducido a un lenguaje un poco más coloquial nuestro, la pregunta para el cristiano es sencillamente esta: ¿Cómo queda Dios? ¿Y cómo quedan los intereses de Dios en esto? Con esa pregunta está la escalera de valores del cristiano. Esa es la pregunta que hay que hacerse ¿Cómo queda Dios en esto? ¿Por qué? Porque nosotros queremos que Dios reine y que Dios reine, ¿Qué es? Que brille su sabiduría, que brille su Majestad, que brille su Santidad, que brille su Misericordia. Que Dios se luzca. Esto es exactamente lo que pedimos en el Padre Nuestro. Cuando decimos que el nombre de Dios sea santificado, es decir, que la gente declare santo a Dios. Que la gente reconozca santo a Dios. Que la gente le dé la gloria a Dios. La primera petición del Padre Nuestro en realidad equivale a lo que estamos diciendo. Decimos Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Eso ¿A qué equivale? Que la gente declare Santo el nombre de Dios. Que la gente reconozca el Santo nombre de Dios. Que la gente exalte el Santo nombre de Dios. De eso es de lo que se trata. Y por consiguiente, ahí es donde está el corazón de Jesucristo. El Padre Nuestro fue la oración que nació del Corazón de Cristo. El Padrenuestro es la oración que organiza nuestro corazón. El Padre Nuestro le pone orden al corazón porque pone en primer lugar que Dios reine. Y por si no estuviera claro en esa primera petición, luego decimos Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, que tal vez se debería traducir más entendible diciendo: Ven a reinar, que tu reino despunte y brille entre nosotros, que tú seas reconocido Rey, que lo que tú piensas, que lo que tú deseas, que lo que es tu voluntad se cumpla. Y así sigue el Padre Nuestro Hágase tu voluntad en la tierra, como se hace en el cielo. Es decir, que las peticiones del Padrenuestro en realidad son como darle la vuelta a un diamante. Todas dicen lo mismo Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Es también lo mismo, porque lo que estamos pidiendo ahí, en ese pan de cada día, la fuerza que estamos pidiendo, el alimento que estamos pidiendo, la gracia que estamos pidiendo, es precisamente la que viene de Dios. ¿De qué se alimentaba Jesucristo? ¿Cuál era el pan de Cristo? -Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre.- El pan de Cristo era la voluntad. Y nosotros pedimos en el Padrenuestro que Cristo nos dé su pan, que el Papá Dios nos dé su pan. ¿Si ves? Todas las peticiones del Padrenuestro son la misma. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Esa es una traducción un poco más difícil. En el texto griego está la palabra "Opheilémata." Ofeilémata, son las deudas, pero no son las deudas en el número simplemente. Por ejemplo, si yo compro a crédito, obviamente adquiera una deuda, pero esa deuda no es una opheilémata en el sentido del Padrenuestro. Las deudas, los opheilémata de los que habla el Padrenuestro son los rompimientos en una relación, por ejemplo, y es el ejemplo que siempre doy. Si tú me prestaste cinco millones de pesos y prometí pagártelos a fin de mes y llega fin de mes y no llegan los millones y llega el otro mes y yo tampoco pago y pasan cuatro meses y yo ni siquiera te contesto al teléfono. Un día nos encontramos por la calle y yo te saludo. . . -Hola, ¿Cómo te va? Ven, hombre, tomémonos un café. ¿Qué más de tu vida? ¿Cómo van las cosas, bien?- La otra persona se sentiría extrañada. ¿Por qué pretendes tratarme con esa familiaridad y confianza? Tú no has pagado lo que me debes. Tú has fallado. Es decir, que el opheilémata en el caso del Padrenuestro, es aquella deuda que rompe una relación, es aquella deuda que rompe una comunión de trato, es aquella deuda que daña la comunicación que había. No es cualquier deuda. Entonces, cuando decimos perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, lo que estamos diciendo es, cualquier obstáculo que esté impidiendo la comunión, el estar a gusto, a paz y salvo en tranquilidad de conciencia contigo. Quítala, Papá Dios, que haya comunión, que haya trato cercano, familiar, trato de hijos contigo. También nosotros hemos quitado todo obstáculo con nuestro prójimo. Ese es el Padre Nuestro. Y luego decimos que nos permita vencer en la tentación y también decimos que nos libre del mal. Es decir, que el Padre Nuestro, que es la oración de Jesús, es también el retrato del Evangelio que hemos oído. Primero, el reino de Dios. De lo que se trata en el Padrenuestro es sencilla y simplemente de eso. De lo que se trata es de descubrir que solamente cuando Dios reina, cuando su voluntad se cumple, cuando nosotros nos alimentamos de esa voluntad y cuando quitamos todo obstáculo que pueda alejarnos de ese plan de Dios, sólo en esas circunstancias tenemos nuestro bien. Entonces, el Padrenuestro es la oración que te organiza la escala. A mí me gusta esta pared con ladrillo a la vista, porque yo veo en todos estos bordes como escaleras. El Padre Nuestro es el que te organiza la escalera. El Padre nuestro es el que te devuelve al centro divino. El Padre Nuestro es el que te recuerda dónde está el primer y fundamental peldaño, el cimiento de esa escalera. Tu vida adquiere un orden cuando tú pones primero a Dios, "Shemá Israel" El Señor, nuestro Dios es solamente uno. Y amarás al Señor con todo tu corazón, es decir, Dios primero. Pon primero a Dios. Dale el peso que corresponde a la gloria de Dios. Ábrete a su reinado, ábrete a su voluntad, ábrete a su plan, ábrete a su pan, ábrete a la plena comunión con Él y todo lo demás va encontrando su sitio. Que esa sea nuestra vida a imagen de Jesucristo y que esa sea la vida de nuestras familias. Amén.

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