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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Palabra, al mismo tiempo tan antigua y tan nueva.
Homilía ao17001a, predicada en 19960728, con 6 min. y 24 seg. 
Transcripción:
Qué buena pregunta la que hace Jesús en esta predicación. Me parece que esta pregunta habría que escribirla en las puertas de los templos, de los salones de catequesis, de las aulas, de religión, en los colegios y seguramente en muchos otros sitios. Usted tenga la gentileza de imaginarse que a la puerta de esta iglesia ahora que salgan, está escrita la palabra de Jesús que hemos escuchado esta pregunta: " ¿Entendisteis todo esto? " ¿Entendisteis todo esto? Sería muy bueno preguntarle a los cristianos al salir de la iglesia. . . -¿Entendiste lo que pasó allí en el altar? ¿Entendisteis lo que pasó aquí en el ambón donde se predica la palabra? ¿Entendisteis lo que estaba haciendo ese señor con su ruana de color que casulla llaman; entendisteis, entendisteis lo que sucedió, entendisteis todo?Ellos respondieron que sí. Dice el Evangelio. Y Jesús añadió: "Todo Escriba que se ha hecho discípulo. Se parece a un dueño de casa que va sacando de sus cofres cosas nuevas y cosas viejas". Porque efectivamente, cuando venimos a la iglesia, aquí se nos ofrecen cosas nuevas y viejas. El Evangelio es al mismo tiempo vetusto y novísimo. El Evangelio es como pan sacado del horno, Hoy, ya, para ti. Pero es también el pan de toda la eternidad, es el mismo alimento que recibieron los apóstoles. Es el mismo alimento que recibieron los santos. Es la misma palabra que transformó el corazón de muchos. ¿Cuántas personas han escuchado este Evangelio? Con el Reino de los cielos sucede como con un tesoro bajo tierra. ¿Usted no sabe que esta frase ha hecho llorar de alegría a santos? Usted no sabe que hay gente que al escuchar estas palabras ha sentido en su corazón ¡¡Hey, yo soy, yo soy ese que ha encontrado ese tesoro!! Y cuando Jesús nos habla de la perla fina y de aquel comerciante que deja, que deja el comercio por comprar su perla, usted no sabe que algunas veces, cuando se ha leído este texto a lo largo de los siglos, en todas las lenguas, en multitud de culturas, despreciando las fronteras, atravesando los corazones con señorío y majestad. Muchas personas han sentido ¡¡hey!! Ese soy yo. Está hablando de mí. Usted está hablando de mí. Efectivamente, ésa es la palabra de Dios. Es la Palabra de Dios y es la Palabra del Hijo de Dios que se llamó a sí mismo Hijo del Hombre. Es una palabra de Dios, dicho en lenguaje humano. Es una palabra tan profundamente humana, tan capaz de retratar la realidad humana que solo Dios puede pronunciarla, porque solo Dios sabe qué significa eso de ser humano. Pues esta palabra que es tan antigua y que es tan nueva, se nos presenta así con toda la humildad de una lectura. Pues mire, nos vamos a ir en esta noche de este templo. Acabada la celebración, ustedes y yo nos iremos. Apagaremos las luces y volverá el silencio a arroparlo todo. Y así volveremos, quizá otro día también a esta iglesia o a otra, y quizá en otra oportunidad volvamos a escuchar estas lecturas. ¿Pero usted sabe una cosa? Primero se va usted de la tierra, que esta palabra. Usted con todas sus alegrías y tristezas, con todas sus soberbias y humildades, con todos sus defectos y virtudes, un día tendrá que irse de esta tierra. Cuando usted se haya ido de esta tierra y yo me haya ido de este convento. Aquí se estará predicando todavía, " . . .dijo Jesús a la multitud; con el reino de los cielos sucede. . . " Es impresionante la vitalidad de esta palabra. Es impresionante comprobar que esta palabra educó a los doctores, fortaleció a los mártires. Es impresionante saber que esta palabra tiene poder para perdonar pecados. Es impresionante saber que tiene poder para iluminar la mente de quien se deja iluminar. Es maravilloso reconocer que de esta palabra ha nacido la esperanza para muchas personas, y por eso, aunque sea dicha con toda la humildad y como una palabra más que aparece y desaparece, ésta palabra es más fuerte que todas las noticias de hoy. Se imprime en papel como cualquier otra noticia. Usted la puede despreciar, Se puede distraer como si yo estuviera leyendo el periódico o como si estuviera leyendo un libro de biología o la última noticia sobre el último programa de software. Usted puede despreciar esta palabra Está escrita en papel como cualquier otra. Pero dígame ¿A usted qué le van a importar de aquí a un mes las noticias del periódico de hoy? Es posible que le interesen. Es posible que usted sea un historiador, un politólogo, un economista dentro de cien años, a quién le importarán las noticias de hoy.

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