Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Construir un bien verdadero, o erradicar de raíz un verdadero mal, requiere sabiduría y persistencia.

Homilía ao16014a, predicada en 20260719, con 12 min. y 35 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos, vamos a tratar de comentar estos textos preciosos y profundos de la Escritura, apoyándonos en una palabra que puede ser nueva para algunos o muchos de ustedes. Vamos a utilizar el verbo "Dispensar" y el sustantivo "Dispensación". Dispensar es dar algo a su debido tiempo. Eso es dispensar; la dispensación que en griego se dice "Oikonomía". Es el saber manejar la casa dando lo que hay que dar cuando hay que darlo. Si usted tiene un presupuesto y usted es juicioso con sus gastos, usted está dispensando el dinero de una manera adecuada. Usted sabe que no puede gastarse todo el sueldo en la primera semana. Si el sueldo es para todo el mes, usted tiene que ir distribuyendo el bien de su dinero, distribuyéndolo, dándolo a su tiempo.

Ese es un ejemplo de la dispensación. Otro ejemplo: Supongamos un profesor. El profesor tiene mucho conocimiento, va a enseñar una materia que es nueva para sus estudiantes de la universidad. El profesor sabe que tiene que hacer un camino con los estudiantes. Empieza seguramente por cosas más sencillas, más concretas y más cercanas al mundo de ellos. A medida que el curso va avanzando, también la enseñanza se hace un poco más profunda, un poco más abstracta, quizás, en el sentido de que cobija situaciones más generales. Él está dispensando el conocimiento, está dando una cosa buena el conocimiento, pero lo está dando a tiempo.

Si él llega el primer día de clase y empieza a decirle a los estudiantes las ecuaciones más avanzadas o las leyes más sutiles de acuerdo con lo que está enseñando, los estudiantes quedan perplejos, desanimados y seguramente muchos van a cancelar esa materia. Hay que saber dispensar. Los educadores, los papás y todos los que acompañan a los seres humanos en sus procesos saben que es necesario este verbo, así no lo utilicen. Hay un ejemplo que es muy interesante y que tiene que ver con la forma física. Pensemos en una persona que está en mal estado físico. Muy mal estado físico en todo sentido. Mala flexibilidad, sobrepeso; bueno, todo lo que conocemos y que algunos padecemos. Este personaje va a un gimnasio y tiene un entrenador. Ya ustedes se imaginan para dónde va esta historia.

El entrenador tiene que hacer una doble dispensación porque por una parte tiene que ir corrigiendo cosas que esta persona está haciendo mal, pero por otro lado tiene que ir construyendo los buenos hábitos que van a hacer que esta persona pues pueda realmente mejorar su vida. O sea que la dispensación se refiere no solamente a cuando nosotros construimos el bien, sino también se refiere a la manera de erradicar el mal. Muchos de nosotros hemos tenido o usted conoce a alguien que ha tenido la experiencia de estar muy preocupado con su sobrepeso para seguir con ese tema. Y entonces la persona dice: -Voy a entrar en una dieta radical, voy a hacer la dieta del espárrago, únicamente té verde y espárragos durante tres meses, y eso me va a llevar a un peso ideal.- Por favor, esto no lo intenten en casa.

La persona entra en su dieta maravillosa que no tiene nada de maravillosa y efectivamente empieza a perder peso, a perder peso. Se ve mucho mejor. Está tomando una solución drástica. Pero aquí viene lo interesante. No todo lo drástico dura, no todo lo drástico soluciona el problema. Hay cosas que hay que solucionarlas drásticamente y luego hacer un proceso de duelo o de sanación. Pero la mayor parte de las cosas, sobre todo cuando se trata de construir un bien que dure o de erradicar un mal para que no vuelva. Normalmente se necesita sabiduría. Esa es la palabra clave. La sabiduría es clave en la dispensación. Entonces esta persona hace su dieta brutalmente drástica. Todo el mundo queda admirado. Has perdido no sé cuántos kilos. Eso en el mes número tres.

En el mes número cuatro, la persona empieza a recuperar sus kilos en el mes número seis. Ha recuperado el ochenta por ciento de su antigua condición. En el mes número nueve. Pues ya está prácticamente para dar a luz. Entonces, hermanos, muchas veces sucede que la solución drástica no es la solución inteligente. Por ejemplo, si usted tiene una mala comunicación con su hijo porque lo siente muy rebelde, porque está tomando malas costumbres, porque se junta con malas amistades y usted busca una solución drástica, su solución drástica es gritar a ese hijo para que sepa que está obrando pésimamente. Después de 16 minutos de gritos, usted siente que por fin ha descansado. Usted se ha desahogado.

Aparentemente usted ganó la batalla, pero todos sabemos que esa no es la manera. Bueno, eso es lo que tiene que ver con el Evangelio de hoy. El Evangelio de hoy nos invita a tener sabiduría frente al problema del mal representado aquí con la imagen de la cizaña. Hay que tener sabiduría y aquí conviene dar también dos o tres ejemplos. Resulta que en ninguna época de la humanidad los Papas han tenido tantos consejeros como en esta época. Un Papa puede hoy morir de cualquier cosa menos de falta de consejeros. Hay millones de consejeros. Todo el mundo aconseja al Papa. . . -El Papa debería hacer esto. Debería borrar este documento, escribir esto otro, poner esta disciplina, hacer esto otro.- Todo el mundo quiere aconsejar al Papa. Creo que son más los consejeros que los que lo obedecen.

Y eso no funciona. Y no funciona porque muchas de esas soluciones tienen precisamente el color del grito airado de ese papá que no va a lograr nada, sino únicamente un desahogo muy breve, muy efímero. Ese es un ejemplo de cómo muchas personas se dan cuenta que hay cosas que no funcionan en la Iglesia, entonces se necesita una solución drástica. Lo drástico hay que saber entender que tiene un espacio, pero ese espacio es muy limitado, sobre todo en las acciones. ¡¡Sí, es muy importante que uno interiormente, uno interiormente, tome decisiones drásticas!! Por ejemplo, la decisión drástica de dejar el pecado, esa decisión hay que tomarla en el corazón, hay que tomarla de una manera clara.

Por eso el mismo Cristo que nos enseñó esto del trigo y la cizaña, también nos enseñó que si tu ojo te hace caer, sácatelo. Si tu mano te hace caer, córtatela. Mostrándonos que lo drástico también tiene un lugar, pero tiene un lugar fundamentalmente en tu corazón y en separarte de lo que tú sabes que te está alejando de Dios. Ese es el lugar de lo drástico. Pero fíjate que en la parábola del trigo y la cizaña, esos supuestos colaboradores del dueño del cultivo lo que querían era solucionar el problema afuera. Queremos ser drásticos afuera y no nos gusta tanto ser drásticos con los cambios que cada uno debería tomar. Que cada uno debería realizar. Entonces, esa es la enseñanza que nos trae este Evangelio, que se necesita sabiduría.

Para mejorar el rumbo de un país, se necesita sabiduría. Yo creo que por ejemplo, en este país seguimos un poco todavía con una lógica muy mesiánica, como esperando que apenas se posesione el presidente una semana después todo va a ser maravilloso. Yo creo que hay que pedir sabiduría para nuestros gobernantes, los actuales y los que vienen, y hay que entender que la construcción del bien toma tiempo, toma esfuerzo y toma la colaboración y la responsabilidad de todos. No es únicamente decirle al presidente como si él fuera un rey, decirle arréglenos todo y arréglelo rápido para que todos estemos contentos. No funciona de esa manera.

Lo mismo hay que decir que es mi último ejemplo. Lo mismo hay que decir con respecto a las situaciones. Por ejemplo, de pareja está pasando que muchas parejas tienen un problema y con la primera pelea ya están firmando el divorcio. Corregirse, corregirse uno, mejorar la relación, cuidar la relación toma tiempo. Entre otras cosas, para entender el punto de vista de la otra persona. Una de las labores que uno muchas veces realiza como sacerdote es algo de consejería familiar o de pareja. Me aterra la cantidad de veces que la gente toma decisiones sin siquiera entender qué es lo que le duele, le molesta, le preocupa a la otra persona. Es que no lo saben. No se han tomado el tiempo ni siquiera de entenderlo. Construir el bien toma tiempo y vencer las dificultades también toma tiempo.

Por eso Jesús nos dice que el Reino de Dios se parece a esa palabra que le encantaba al Papa Francisco. El Reino de Dios es proceso y lo más importante en el proceso es no detenerse y mantener la dirección correcta. Pero el Reino de Dios es proceso. La mejora de un país es proceso. La reconciliación en la pareja es proceso. El cuidado de una vocación sacerdotal es proceso. Y si nosotros aprendemos esa ley del proceso y aprendemos a tener paciencia y sabiduría con nosotros, que nunca será complicidad con el mal, vamos a ser mejores cristianos y mejores ciudadanos.

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