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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Quien es sabio comprende que las cosas crecen y se aclaran por procesos, no por resultados instantáneos; por ello, cultiva la paciencia y extiende misericordia a quien aún está en camino.
Homilía ao16013a, predicada en 20260719, con 7 min. y 17 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Este domingo nos invita a mirar tres virtudes que están conectadas de una manera muy bella, pero en cierto sentido inesperada. Estamos hablando de la sabiduría, la paciencia y la misericordia. De inmediato nos damos cuenta que no son virtudes tan abundantes en nuestro tiempo. Personas que busquen la sabiduría. Si las hay claro, no son tantas. Personas que cultiven y valoren la paciencia, también las hay, pero tampoco son tantas. Y personas que vivan la misericordia tampoco son muchas. Pues resulta que el Evangelio de hoy tiene que ver con la intersección de estas tres virtudes sabiduría, paciencia y misericordia. ¿Cómo se conecta esto con la lectura, especialmente del Evangelio? Pues tiene que ver con el tema del Reino de Dios, que fue una parte importantísima de la predicación de Jesús. Si nos damos cuenta, una gran porción de su enseñanza tiene que ver precisamente con el reino de Dios. Y Cristo hablaba del reino de Dios, especialmente con comparaciones, usando comparaciones o parábolas. Hoy, por ejemplo, aparece la parábola del trigo y de la cizaña. Y ahí encontramos gente impaciente. Resulta que, como al principio, la planta del trigo y la planta de la cizaña son tan semejantes, entonces ya hay unos impacientes que dicen: -Mira, arranquemos, arranquemos la cizaña, acabemos con el problema.- Esa es la impaciencia típica del que quiere resolver las cosas, como se dice popularmente, de un plumazo. Es decir, esto lo solucionamos y lo solucionamos ya. Esa es la impaciencia típica. Y esto tiene mucho que ver con la manera como algunos en el tiempo de Cristo imaginaban la llegada del Reino de Dios. Se imaginaban como una especie de intervención espectacular del poder de Dios, algo que iba a cambiar todas las cosas, podríamos decir de repente. Y en ese cambio y en esa transformación, pues se iba a ver muy claro quiénes son los buenos, quiénes son los malos, quiénes son los que Dios elige, quiénes son los que Dios reprueba. Ese afán, esa prisa por el Reino de Dios, en realidad no es una prisa porque Dios reine. Fíjate esa frase que parece un trabalenguas. La prisa que muchos tenían por el Reino de Dios no era en realidad prisa porque Dios reine, sino más bien prisa para que se me acabe mi problema, para que se acabe mi incomodidad, para que se acabe lo que a mí me molesta. Ese es el punto. Porque a veces uno cree que está luchando con ardor, con fervor y con radicalidad por el Reino de Dios. Y posiblemente más que buscar el Reino de Dios, lo que uno está buscando es que las condiciones para uno sean más favorables, sean más amables. Es decir, quitarse el problema de encima. Los seres humanos tenemos la tendencia a utilizar lo que yo llamo la solución del insecticida. Así, por ejemplo, algunas personas en mi país, cuando ven que hay problemas de violencia, pues piensan como en una especie de insecticida. Te acuerdas de esos insecticidas que había que bombearlos y que entonces servían para matar mosquitos, cucarachas, lo que fuera. Entonces hay gente que quiere así fumigar a los violentos. Vamos a acabar con los guerrilleros, vamos a acabar con los paramilitares, vamos a destripar a nuestros enemigos. Es la impaciencia que en el fondo lo que quiere es mi comodidad, mi seguridad psicológica. Es decir, estoy buscando lo mío. Pero luego, si uno tiene algo de fe, pues probablemente uno reviste eso con una especie de lenguaje como -El Reino de Dios.- Entonces ahí es donde está la impaciencia. Detrás de la impaciencia está el hecho de que yo no estoy buscando que Dios reine, yo estoy buscando quitarme un problema que a mí me fastidia. Yo quiero quitarme lo que a mí me incomoda. Eso es lo que yo estoy buscando y como estoy buscando quitarme lo que a mí me incomoda, pues yo quiero quitármelo rápido. Así como cuando uno está durmiendo o trata de dormir y aparecen mosquitos y uno mueve así frenéticamente las manos tratando de quitarse la molestia. Pues así obramos y luego decimos que tenemos mucho ardor por el Reino de Dios. El Reino de Dios tiene un camino diferente. El Reino de Dios tiene el camino de la sabiduría, y el que es sabio sabe que las cosas crecen y se aclaran en procesos. No son cosas instantáneas. Esto va de procesos y se da cuenta que es necesaria entonces la paciencia y se da cuenta que lo mismo que el niño que está aprendiendo a caminar muchas, muchas veces, pues se necesita tener esa misericordia con aquel que se equivoca, porque quién no se ha equivocado, fíjate en un pasaje muy diferente, el pasaje de la mujer adúltera, como cuando Cristo dice, "El que esté libre de pecado que tire la primera piedra". ¿Quiénes fueron los primeros que dijeron yo no estoy libre de pecado? Pues dice el texto de ese Evangelio. . . "Empezaron a retirarse, empezando por los que eran mayores". Porque usualmente a medida que pasa la vida uno se va dando cuenta. Yo me he equivocado muchas veces. A medida que pasa la vida uno se va dando cuenta. La vida es de procesos. La vida requiere misericordia. Todos cometemos errores y necesitamos perdón y comprensión. Así que ya ves, el Reino de Dios tiene que ver con esas tres extrañas, más que extrañas, escasas virtudes sabiduría, paciencia, sabiduría, paciencia y misericordia. Que Dios te bendiga y que crezcamos en el deseo de que Dios, Dios reine. No llamemos Reino de Dios a nuestra impaciencia. Hasta pronto.

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