Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Tres lecturas del trigo y la cizaña: como enseñanza sobre la paciencia y la impaciencia; como lenguaje sobre el poder que ha de ir acompañado de sabiduría y compasión; como camino hacia el señorío de la Providencia divina.

Homilía ao16009a, predicada en 20170723, con 22 min. y 29 seg.

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Transcripción:

Muy queridos hermanos, la Palabra de Dios es abundante en su significado y con frecuencia sucede que a medida que uno trata de comprender un poco mejor los textos, va descubriendo nuevos niveles de profundidad y nueva riqueza. Es el caso del día de hoy. Les voy a proponer que volvamos sobre las lecturas que se acaban de proclamar y que nos demos cuenta que hay por lo menos tres niveles, tres momentos de enseñanza muy bellos. El primero es el nivel de la paciencia y la impaciencia. El segundo es el nivel del poder y la misericordia, y el tercer nivel es el nivel de la providencia y el señorío de Dios. Esa es la reflexión que quiero compartir con ustedes. Pero como muy bien decía San Agustín, el Espíritu Santo seguramente le sigue enseñando a usted si usted vuelve sobre este texto.

Por ejemplo, el Evangelio de hoy fue tomado del capítulo número 13 de San Mateo. Siempre es buena costumbre volver sobre ese texto en algún momento de la semana y reencontrarnos con la belleza y el poder de la Palabra de Dios. Así pues, tres niveles. El primer nivel es el de la paciencia y la impaciencia. Seguramente podemos reconocernos en las palabras de aquellos trabajadores, de aquellos empleados que miran con frustración, cómo en el mismo campo donde está creciendo el trigo, también crece la cizaña. Sienten entonces frustración, disgusto y quieren una solución rápida. Como muchas veces nos pasa a nosotros, queremos una solución rápida.

La solución que ellos buscan es, arranquemos la cizaña de una vez. Este problema se acaba y se acaba ya. Vamos a acabar con este problema, por lo menos yo mismo me reconozco en ese tipo de lenguaje. A veces cuando encontramos errores, traición, delito, corrupción, lo que a uno le sale es impaciencia. Así, por ejemplo, en mi país, Colombia, con bastante frecuencia. La gente fastidiada por los problemas sociales, por decir algo el tema de la guerrilla, quiere una solución como la que propusieron estos trabajadores. Ametralladora contra esos guerrilleros y se acaba el problema. Vamos a fumigar, vamos a acabar con esos seres humanos y listo el problema.

Esa impaciencia, sin embargo, suele cometer errores y ser cruel y ser injusta, porque, como dice el texto del Evangelio, en el intento de quitar la cizaña también quitamos trigo. Y por eso esas soluciones drásticas, rápidas, totales con mucha frecuencia arruinan el campo y terminan produciendo grandes pérdidas. Vamos a dar otro ejemplo, unos papás, un ejemplo totalmente distinto. Unos papás tienen sus hijos y cuando los niños son pequeños son niños obedientes, como decimos, bien portados. Tan bonito mi hijo, bien peinado, bien vestido, bien obediente, bien dócil. Suele suceder que cuando llegan a una edad que se llama la adolescencia, la cosa cambia y a veces los papás pueden sentir impaciencia.

¿Por qué? Esta hija mía; que siempre era dócil, sonriente, hermosa, bien portada, ahora resulta que se ha vuelto aislada o solamente quiere estar con sus amigos o ha perdido unas cuantas materias en el colegio o se la pasa oyendo esa música. Yo no estoy diciendo que esa muchacha esté obrando bien. El tema es cuál es la reacción que tú como papá vas a tener. Entonces, muchas veces nuestra reacción es de impaciencia. Decía San Juan Bosco, un gran educador de la juventud, decía: -Es muy fácil desahogarse con un joven, es muy difícil hablarle para construir en él una vida nueva.- Con mucha frecuencia nuestra manera de hablar, nuestra manera de regañar, nuestra manera de corregir, no está mirando en primer lugar el proceso que vive la persona, sino solamente la rabia, el disgusto, la indignación que yo tengo. Y repito, es natural sentir esa indignación.

Si esa hija, siguiendo con mi ejemplo, si esa hija que siempre se portaba bien, ahora resulta que oye una música escandalosa, créeme que yo sería el primero en llenarme de impaciencia, porque personalmente detesto el ruido y el volumen alto. Pero eso no me autoriza para llegar con voz de León a gritar o a humillar, porque mi impaciencia no va a producir un fruto bueno. Lo más probable es que mi actitud impaciente, indignada, lo que va a producir es mayor conflicto, mayor rebeldía, mayor dificultad en la casa. Entonces, el primer llamado muy práctico que nos hacen las lecturas de hoy es un llamado a una cierta paciencia.

Tenemos que estar seguros antes de abrir la boca para corregir a una persona, tenemos que estar seguros de que estamos dueños de nosotros mismos y de que estamos buscando realmente lo mejor para esa persona. Mira, cuando alguien siente que le estamos hablando para buscar fundamentalmente su bien. Cuando una persona se siente comprendida hasta donde eso es posible y siente que nuestras palabras tienen ese tono que está buscando lo mejor para todos, seguramente se logra un mejor fruto. Así que ahí tenemos un primer nivel de lectura de los textos de hoy. Cuidado con la impaciencia.

En mi país, por ejemplo, para volver al caso de la guerrilla, la impaciencia en ver resultados ha producido una cosa espantosa que se llaman falsos positivos, es decir, personas inocentes que fueron asesinadas y que fueron disfrazadas de guerrilleros simplemente para mostrar resultados ante la prensa y mostrar resultados ante el mundo. A esos extremos se puede llegar si uno está obsesionado con lograr resultados como sea. No es sabio obrar así. Es necesario tener una dosis de resistencia, de sabiduría, de paciencia para saber cuál es el mejor momento y cuál es la mejor manera de obrar. Yo no estoy diciendo que no se haga nada. Yo no estoy diciendo que hay que aguantar todo. Estoy diciendo: Cuando vayas a obrar, asegúrate de que es el mejor tiempo y es la mejor manera y de seguro vas a obtener mejores frutos.

Eso ya nos introduce en el segundo nivel del que quiero hablar un poquito más profundo. Si recordamos lo que apareció en la primera lectura tomada del Libro de la Sabiduría, nos damos cuenta de algo muy hermoso y es que Dios, el que tiene todo el poder junto con ese infinito poder, tiene infinita misericordia e infinita sabiduría. Es decir, que la invitación que recibimos en este segundo nivel de lectura, quizás un poco más profundo, es esta: -El que tiene el poder, que busque la sabiduría incluso entre los paganos.- Esta idea pudo avanzar bastante. Así, por ejemplo, el conocido filósofo Platón en su obra La República, en su diálogo de la República sobre las leyes, sobre el gobierno, dice que todos aquellos que estén en el gobierno deberían cultivar la filosofía, dice él. Es decir, deberían buscar la sabiduría.

La Biblia nos da una idea todavía más completa, no solamente que el que tiene el poder busque ser sabio, sino que busque también ser compasivo, lleno de genuino amor por todos, empezando por los más débiles, por los más descuidados, por los peor atendidos. Y ese nivel es interesante. Cuando uno empieza a examinar que la mayor parte de nosotros ciertamente tenemos alguna forma de poder, en la medida en que tenemos algún grado de influencia en los demás. Es una idea que me gusta destacar, amigos, porque creo que tal vez no caemos en cuenta de eso. Piensa, por ejemplo, si eres papá en la inmensa autoridad que tú tienes frente a esos hijos tuyos, la marca que tú puedes dejar en ellos, para bien o para mal. Si eres profesor, si eres médico, si eres abogado.

Es decir, en cada cosa que haces tú tienes un grado de influencia sobre otras personas. Si tienes influencia sobre otras personas, tienes poder y si tienes poder, la recomendación que te hacen las lecturas de hoy es. . . Mira cómo utilizas tu poder. Que el poder nunca esté solo. Que el poder nunca esté desnudo y viviendo para sí mismo. Que el poder vaya siempre acompañado de la sabiduría y de la compasión, la misericordia tienen que ir bien acompañados estos tres. De hecho, aquella gran santa y doctora de la Iglesia Catalina de Siena, describe la Trinidad con estas tres palabras En Dios Padre brilla el poder. En Dios Hijo, que es la Palabra, brilla la sabiduría; en Dios Espíritu, Dios Espíritu Santo, que se infunde en nuestros corazones. Brilla la misericordia. A imagen de la Trinidad, cada uno de nosotros debe tener en cuenta en qué tiene poder.

Y permíteme aquí que haga una pequeña lista de esos poderes que tú no sabes que tienes pero que sí tienes. Si tienes un buen amigo, una buena amiga, esa persona seguramente está dispuesta a escucharte en un momento de necesidad. Y cuando las personas tienen una tribulación, una necesidad, un momento difícil, es ahí donde podemos hacerles el mayor bien. Si somos verdaderamente discípulos de la sabiduría y de la compasión de Dios. En el sacramento de la Confesión, me encuentro con tristeza que muchas personas han cometido los peores errores de su vida, llevados por malos consejos de amigos o de amigas. En el caso repugnante y tan doloroso del aborto, es prácticamente una norma. Aquella mujer que estaba presionada por su familia abandonada del novio que la embarazó confundida sobre su propio futuro, necesitaba una luz. Era el momento para que una buena amiga le ayudara.

Para que no cometiera un crimen que le va a doler toda la vida. Pero en vez de encontrar una buena amiga, encontró una amiga falsa que más bien buscó el camino para que abortara. Resulta que esa amiga falsa quizás un día desaparece de la vida de su otra amiga, la que abortó, pero la que abortó quedará por siempre con una herida. Y se los puedo decir porque después de tantos años de sacerdocio uno se encuentra personas que vuelven a hablar de lo mismo y a confesar lo mismo. Y uno les pregunta, ¿Pero usted no ha confesado esto? Y dicen varias veces Padre, pero no logro salir de la herida. ¿Qué demuestra ese ejemplo? Que si usted tiene una buena amiga, usted le puede hacer un gran bien. Usted tiene mucho poder. Porque un consejo a tiempo puede lograr algo maravilloso en esa persona. Éso es lo que significa.

Casi todas las personas, hombres o mujeres, en su empresa, en su trabajo, en su vida afectiva, incluso en la decisión sobre su propio destino. Hablan de lo que quieren hacer, hablan de lo que van a hacer. Hace poco estuvo en las noticias una información espeluznante. Un muchacho que tenía tendencias depresivas y él hablaba mucho de que quería matarse y quería matarse. Él tuvo su novia y resulta que se conserva a través del teléfono, el chat, la conversación con la novia el día que él se mató y la novia en ese momento decisivo. En vez de tenderle una cuerda, de tirarle un salvavidas, de asegurarle una oración, de abrirle una puerta, más bien le decía cosas como. "Tú sabes que vas a terminar haciéndolo". De esa manera terminó de empujarlo al abismo y este hombre se suicidó.

Esa mujer ha sido condenada como cómplice o no sé cuál es la figura legal en la muerte de ese hombre. Entonces es importante que sepamos que sí tenemos poder. Mire, un médico, por ejemplo, puede hacer un bien inmenso. El médico, dadas las leyes de nuestros países, seguramente tiene que informar de muchas posibilidades, pero un médico también puede aconsejar y es increíble la autoridad que tiene un médico en una persona. Cada uno de nosotros que ha ido al médico de alguna manera ha encomendado su vida física a esa persona. Un médico puede aconsejar cosas muy buenas. Entonces yo he visto médicos, sobre todo en lo que tiene que ver con el tema de la reproducción. He visto médicos dando consejos absolutamente absurdos, simplemente porque la persona está pasando por un momento de confusión, está pasando por un momento malo y van dando cualquier consejo.

Entonces, en el segundo nivel de lectura, por favor tengamos en cuenta que todos tenemos poder, pero que ese poder se puede utilizar bien, si te dejas enseñarte la Divina Sabiduría. Ese poder se puede utilizar bien si te dejas llevar del divino Amor. Y te voy a decir una cosa, la mayor parte, la inmensa mayoría de las personas que tienen problemas no van en primer lugar donde un sacerdote, porque muchas de esas personas hace tiempo están lejos de la Iglesia. Muchas de esas personas dicen, -Yo ya no creo en curas ni creo en nada,- pero esa persona si tiene una amiga, que eres tú. Esa persona si tiene un amigo que eres tú y esa persona si puede recibir una luz tuya. Entonces es muy importante caer en cuenta de la responsabilidad que tenemos.

Hay historias muy hermosas, muy, muy bellas, de personas que a través de una sana influencia, como amigos, como novios, como novias, han hecho verdaderas obras de misericordia con otras personas. Y esto es absolutamente grandioso. El tercer nivel, todavía un poquito más profundo, es darnos cuenta, como lo sugiere el Evangelio, y como lo sugiere la primera lectura del libro de la Sabiduría que Dios está a cargo. A veces, cuando encontramos la prevalencia del mal, es decir, que por todas partes se habla de delitos y de crímenes y de corrupción, cuando incluso nos decepcionamos de la misma Iglesia Católica, por una o por otra razón, podemos entrar en una espiral de desesperanza, desesperanza.

Y es muy importante llegar entonces a este tercer nivel del que estamos hablando. Es muy importante descubrir que frente a la confusión, el desconcierto, la frustración de los trabajadores que aparecen en el Evangelio de hoy, el dueño del sembrado permanece sereno. Observa la serenidad en su respuesta. Ellos le preguntan con rabia, con extrañeza, con desconcierto: -¿De dónde viene la semilla? Y este hombre responde. El dueño del sembrado responde. . . "De seguro algún enemigo lo hizo". Pero no entra en maldiciones. No entran en impaciencia. Esa serenidad del dueño del sembrado es un reflejo pequeño pero certero de la manera como Dios mira la historia humana. Tenemos que volver a la completa confianza en que Dios sigue al control, en que Dios no ha perdido el señorío, en que Dios sigue siendo Dios y lo será para siempre.

A veces esto nos cuesta trabajo, pero yo he visto una cosa casi siempre el antecedente de nuestra desesperanza es el hecho de que nosotros mismos no estamos haciendo nada. Las personas que están comprometidas en ayudar de una o de otra forma a que la sociedad crezca y sea más humana y más próxima al plan de Dios. La gente que está comprometida en sus grupos, en sus comunidades, en la Iglesia. Esas personas que tienen un compromiso real no suelen sufrir de desesperanza. En cambio, el que es un espectador pasivo, el que es más bien un egoísta cómodo cuando siente que las cosas no salen como quisiera, en ese momento sí que pierde no solo la paciencia, sino también la esperanza.

O sea que el gran remedio para la desesperanza y para el pesimismo está en dos cosas: Primero, que todos adquiramos, cada uno desde su vocación y estado de vida, adquiramos algún grado de compromiso real. Si estás haciendo algo bueno y real por el mundo, si estás haciendo algo bueno y real por la Iglesia, te aseguro que el virus de la desesperanza va a tener mucha dificultad en entrar a tu corazón. Y segundo, lo más importante, elevar nuestra oración. A medida que contemplamos a este Dios providente, este Dios bendito, a este Dios santo, a medida que descubrimos cómo es compasivo, sabio, paciente, todo lo que hemos dicho el día de hoy, ese día podemos afirmar -Dios sigue a cargo, Dios está al control- y esa es la fuente de nuestra esperanza.

Amigos, estas eran las reflexiones que quería compartirles. No olvidemos los tres niveles de las lecturas de hoy. Primero, una enseñanza sobre la paciencia y la impaciencia. Segundo, una enseñanza sobre el poder y la misericordia. Y no se te olvide que tú también tienes poder. Y tercero, una breve enseñanza sobre la providencia y la esperanza. Porque Dios, Dios sigue a cargo.

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