Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Debemos formar bien la conciencia, cultivar un espíritu de sabiduría que vea más allá de lo inmediato y un espíritu de compasión que de la oportunidad de conversión a todos.

Homilía ao16008a, predicada en 20170723, con 4 min. y 13 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo número 13 de San Mateo. La primera lectura es del Libro de la Sabiduría, Capítulo 12. Es interesante la situación que plantea el pasaje del Evangelio. Caso típico de la indignación que uno siente cuando ve tan revuelto lo bueno con lo malo. Y muchas veces uno quisiera tener poder, mucho poder para arrancar el mal. Esa manera de obrar nuestra aparece en la parábola que Cristo nos describe. La gente que quiere arrancar la cizaña, pero la cizaña cuando apenas están empezando a crecer las plantas, se puede parecer mucho a la espiga de trigo. Y entonces, en vez de hacer un bien, terminamos haciendo un mal.

Lo que quiero destacar son tres cosas: la impaciencia, la indignación, que precisamente es la que luego produce impaciencia y el ansia de poder. Es aquí donde nos da una luz. Muy interesante el texto de la primera lectura. Porque la primera lectura nos cuenta cómo en Dios el poder no está desconectado de la compasión y tampoco está desconectado de la sabiduría. Precisamente porque Dios no solamente es poderoso, sino que también es sabio, no solamente es poderoso, sino que también es compasivo. La manera como este Dios nuestro ejerce el poder, es algo que muchas veces nos puede, podríamos decir, desconcertar. Claro, como nosotros estamos muchas veces cortos de misericordia y muy cortos de sabiduría, lo único que queremos tener es muchísimo poder.

Pero cuando el poder se desconecta de estas dos hermanas, que son la misericordia y la sabiduría, entonces se convierte en un factor de destrucción, en un factor de deshumanización. Y repito, es mayor el daño que hacemos. Cristo no nos está invitando a que seamos indiferentes. Cristo no nos está invitando a que cultivemos una falsa tolerancia, algo así como que da lo mismo lo bueno y lo malo. No? La escritura es muy clara a través de un pasaje del profeta Isaías donde se nos dice Ay de aquellos que llaman bien al mal o mal al bien. No se trata de que tengamos una conciencia confusa o una conciencia mal formada, ignorante, dudosa o cínica.

No se trata de dañar nuestra conciencia. Se trata de entender los límites de nuestra conciencia y entender que si nosotros pretendemos imponer lo que estimamos que hay que hacer, entonces desconectamos al poder de la sabiduría y la misericordia. Y es ahí donde destruimos qué es lo que hay que hacer. Formar bien la conciencia y al mismo tiempo cultivar un espíritu de sabiduría que sabe ver más allá de lo inmediato y un espíritu de compasión que sabe dar la oportunidad de conversión y de cambio a todos. Al fin y al cabo, quizás los primeros que necesitamos de esa misericordia somos nosotros mismos.

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