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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Dios poderoso es el Dios compasivo. Nadie le obligó a crear, de modo que su creación es muestra de su propio designio y de su inmensa bondad. Por eso puede ser bueno, y nos invita a ser expresiones de su bondad.
Homilía ao16005a, predicada en 20110717, con 4 min. y 31 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Un domingo especial, además, porque la primera lectura del día de hoy está tomada del Libro de la Sabiduría. Si eres católico y estás escuchando estas palabras, tienes un motivo adicional de gozo, porque nuestra Biblia, la Biblia católica, contiene tesoros como el Libro de la Sabiduría, como los dos libros de los Macabeos, como también el libro Eclesiástico y algunos otros textos que no están en las Biblias protestantes. Esta es una historia larga que no la vamos a contar el día de hoy, pero podemos decir que el protestantismo funciona con una Biblia incompleta. Nosotros, gracias a Dios, hemos conservado los 73 libros de la Biblia y por eso tenemos el libro de la Sabiduría. En el capítulo 12 de este libro se hace un elogio a Dios. Esto no es raro en la Biblia. Las alabanzas a Dios están casi en cada página, pero la novedad aquí es que este elogio relaciona el poder con la misericordia. Es decir, precisamente en la medida en que Dios es todopoderoso. Precisamente en la medida en que Dios no tiene que rendir cuentas a nadie. Precisamente por eso puede ser compasivo y misericordioso. La compasión de Dios está relacionada con su poder. -Tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes.- Dice el Libro de la Sabiduría, enseñándonos así dos cosas: Primero, que hay esperanza para que el pecador se convierta. Y lo dice el mismo texto de hoy. Y segundo, nos está enseñando que cuanto mayor es el poder de una persona, más debe mostrar entrañas de misericordia. Porque Dios, que es poderoso, sin medida, es también compasivo, sin medida. Y es que, en efecto, la falta de compasión sería algo así como una especie de egoísmo o una especie de miedo, o una especie de rechazo. Y resulta que Dios, siendo creador de todos y siendo todopoderoso, ¿Por qué creó las cosas si no es únicamente por su sola voluntad y poder? ¿Cómo podría entonces rechazarlas? ¿Por qué creó las cosas si no es únicamente por el exceso de su bondad, de su amor? ¿Por qué entonces, tendría que abstenerse de comunicar luego esa bondad? Así se ve con un golpe de inteligencia, cómo el poder se relaciona con la misericordia. Una lección que todos podemos aprender. Pero además de eso, en el Evangelio encontramos esta imagen del tiempo de conversión a través del trigo y la cizaña. Trigo y cizaña, que cuando son muy pequeños, cuando apenas están brotando, pues se confunden fácilmente el uno con el otro. Pero cuando llega el día de la siembra, cuando llega el día de la cosecha, perdón, pues ya no se confunden, porque el trigo tiene su propio fruto, mientras que la cizaña no tiene nada. Así que mientras haya tiempo hay que dar fruto, mientras haya tiempo, hay que ser trigo de Dios. Nuestro principal oficio no es criticar o juzgar a lo que juzgamos, a lo que pensamos que es cizaña. Nuestro principal oficio es descubrir en lo que Dios nos ha dado en la tierra, donde nos ha puesto en la lluvia de gracias que nos regala, en el cielo que se abre sobre nuestras cabezas. Descubrir la bondad de Dios y llevar una vida fecunda. Ya Dios encargará a quien corresponda a que juzgue entre trigo y cizaña. Lo nuestro no es andar criticando, es andar creciendo y dando fruto.

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