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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La mala hierba no esta sólo en los demás; tambien está en mi corazón.
Homilía ao16001a, predicada en 19960721, con 14 min. y 44 seg. 
Transcripción:
Como un verdadero Maestro, Nuestro Señor Jesucristo, con imágenes y comparaciones muy sencillas, da enseñanzas para todas las inteligencias y para todos los corazones, adaptándose a la capacidad de sus oyentes, no solo los de aquella época, sino también nosotros y todos los que un día escuchan estas palabras. Jesús se vale de las cosas de cada día, de los elementos de la agricultura, de la ganadería, de la panadería. Cualquier cosa, por sencilla que sea, una mata, una higuera, un poco de harina, una señora que se le perdió una moneda, un hombre que sembró un poco de trigo. Cualquier cosa parece servirle a Cristo para revelarnos los misterios del Reino de Dios, o mejor, para revelarnos cómo es ese misterio de que Dios reina, de que Dios ha venido a reinar precisamente en la persona, en la Palabra y en la obra del mismo Cristo. Porque hay que saber que todo el evangelio de Cristo se puede resumir en esa noticia: Dios viene a reinar y está dando las señales del Reino. Y esas señales son las que nos cuentan los Evangelios, que hay perdón de los pecados, que hay sanación de las heridas que hay curación de las enfermedades, que hay alegría y paz, que el demonio es expulsado, que Dios amanece en todos los corazones, de manera que el Evangelio puede ser resumido en esa expresión. Dios viene a reinar. Pero como esa expresión por ser tan breve, es tan difícil de entender. Cristo, nuestro Divino Maestro, se vale de todas estas comparaciones, para que no nos atortolemos, para que no nos despistemos, para que no nos desesperemos y para que tampoco desanimándonos nos perdamos de los bienes que Él, precisamente Él, viene a traernos. Por ejemplo, esta parábola de hoy nos ayuda a resolver una inquietud que seguramente hemos tenido de una o de otra forma. Muchos de los aquí presentes, por ejemplo, se enuncia en estos términos Si Cristo vino a Anunciar ese reinado de amor, de paz, de vida. Si Cristo hizo todo lo que hizo, ¿Por qué no mejora el mundo? A los gobiernos se les piden resultados, por ejemplo, a un presidente después de 100 días tradicionalmente o alguna otra fecha así parecida. Bueno, a ver usted ¿Qué es lo que ha hecho en 100 días; para qué sirve su gobierno? Suponiendo que haya podido gobernar. Su gobierno, ¿Para qué ha servido? Usted ¿Qué está haciendo? Y tiene que dar pruebas de que funciona. Algo parecido, como que a veces quisiéramos decirle a Cristo, bueno, usted predicando amor, misericordia, paz, perdón, pero abrimos los ojos y miramos y parece que eso como que no ha servido mucho, hermanito. De pronto toca cambiar. Hay que hacerle ajustes a su plan de gobierno porque ya vamos completando dos mil años y nos hace falta realmente ver cuáles son los resultados de su gobierno, los resultados de su reinado. Yo creo que esto se puede sintetizar en la pregunta que aparece en la parábola de hoy, "Los trabajadores le dijeron al patrón Señor, ¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿Por qué hay mala hierba?" Esa es la pregunta ¿Por qué hay mala hierba? Y esa mala hierba nos puede servir para recoger una cantidad de preguntas nuestras. Por ejemplo, ¿Por qué hay personas que pertenecen a la iglesia, incluso que la representan y que tantas veces nos decepcionan o incluso nos escandalizan? ¿Por qué si son tan grandes los misterios de la vida del sacerdote? Porque hay sacerdotes que decepcionan tanto. Decía por ahí alguno. Una de las pruebas de que la Iglesia realmente tiene origen divino es que si no la han podido acabar los sacerdotes, eso tiene que estar muy bien fundamentado. De modo que ¿Por qué hay mala hierba? ¿Por qué hay malos sacerdotes? ¿Por qué hay malos cristianos? Se dice que Gandhi preguntaba, a mí no me consta. O sea, no lo tengo de primera mano. Pero se dice que Gandhi le preguntaba a los cristianos: -Cristianos ¿Qué habéis hecho con vuestra alegría? En Francia editan desde hace algunas décadas una revista que, traducida al español se llama Imágenes de la fe. "Images de la Foi" se llama en francés. Y bien, estos señores, los que publican esta revista católica, dicen que es muy difícil tomarle una foto a una asamblea de católicos, a una reunión de católicos donde aparezca la gente como a gusto. La mayor parte de las veces la gente parece cómo regañada. Si yo en este momento saco una cámara y les tomo una foto y luego se las muestro o la publicamos ahí ustedes verán que la mayor parte de las veces ustedes asisten a misa como regañados. Claro que alguien me dirá lo que pasa es que casi siempre nos regañan y por eso hemos tomado cara de regañado. Bueno, ¿Dónde está el gozo? ¿Dónde está la paz? La alegría del Espíritu Santo y del Evangelio. También esa pregunta se puede hacer ¿Por qué hay mala hierba? ¿Por qué a veces el pecado entra tanto en la vida de una nación o en la vida de un bautizado? Y seguramente nosotros tenemos la misma tentación de estos trabajadores de la parábola. ¿Quieres que vayamos a arrancar la mala hierba? En Brasil, por ejemplo, hay grupos de extrema derecha que están resueltos a acabar con lo que ellos llaman la basura, el lumpen de la sociedad. Quieren hacerle una limpieza a la sociedad y para eso hay que acabar con lo que ya no se puede salvar. Entonces en Brasil y ha habido brotes de eso también en Colombia hay bandas que a estos personajes llenos de miseria, llenos de vicio, llenos de drogas o de cualquier otro género de esclavitud que vemos en la calle. Estos indigentes dicen No, eso ya es. . . Ya, eso es basura. Ya eso es material de desecho. Ya eso es desechable. Acabemos con eso. Y ha habido matanzas de esos señores, de estos indigentes, porque ya eso no se puede salvar. Las personas que asesinan indigentes dicen esto. ¿Quieres que vayamos a arrancar la mala hierba? ¿Por qué no arrancamos lo que sobra? ¿Por qué no quitamos lo que estorba? Es una tentación nuestra. Es la continua tentación de clasificar a las personas en buenos y malos. Claro que el que hace esa clasificación tiene muy buen cuidado de quedar del lado de los buenos. Nadie va a ser tan tonto de decir. . . -La sociedad está muy mal y yo soy de los culpables-. Por ahí los santos, los grandes santos reconocen su responsabilidad social, pero la mayoría de nosotros cuando hacemos esas clasificaciones es para decir: -Ésa pobre gente que no entiende nada-. Como decían los fariseos de los que no habían estudiado la ley, ¿No? -Esta pobre gente es que son unos ignorantes y por eso el mundo está picho y está podrido. Pero lo que soy yo, mi esposa y mis hijos somos todavía un remanso de luz y de paz, y entre nosotros no hay nada de eso.- Uno tiene como esa tendencia de clasificar y es de que casi siempre el sacerdote cuando predica y habla de pecados, toma los ejemplos de la vida familiar de vez en cuando. Debería también hablar de los pecados y dificultades que tiene su propia vida, porque también al sacerdote le puede tentar el echar las culpas de este mundo. Y todos ustedes aquí llenos y plagados de pecado. Y no dice que también él necesita convertirse. Es que es difícil para el corazón humano reconocer. Es difícil reconocer que la mala hierba está también en mi corazón. Eso es lo que es difícil. Y por eso es cómodo acusar a las otras personas. Qué fácil que la culpa la tenga el Presidente o el Congreso, o los pobres, o los guerrilleros, o los ricos. Alguien que esté, ojalá bien lejos y decir que ese tiene todas las culpas y decir que allá está la mala hierba y decir que bastaría solo con arrancarla, fácil decir eso y con eso quedo yo inocente y quedo tranquilo y no tengo que cambiar yo. Pero Jesús nos advierte, hay que dejarlos crecer. Esta no es una actitud de pasividad, sino al contrario, es un llamado a estar alerta, porque casi siempre que queremos arrancar la mala hierba queremos arrancarle la vida a alguien. La honra a alguien, la paz a alguien. Y ese alguien siempre es distinto de nosotros. Este es un llamado a que cada uno reconozca que no tiene la mala hierba tan lejos. Es un llamado a que cada uno sepa que dentro de su propio corazón tendría que expulgar y expurgar su propio campo. Por otra parte, es un llamado a reconocer la majestad divina, como nos lo ha sugerido la lectura del Libro de la Sabiduría. Yo quiero acabar haciendo una anotación sobre eso que dice el Libro de la Sabiduría tan hermosamente. Mira lo que dice: "Hace ostentación de su fuerza, el que sabe que no está en posesión del poder absoluto y por eso censura las libertades de sus propios seguidores. Tú, en cambio, Señor, por ser verdaderamente soberano, nos juzgas con clemencia". Fíjate cuando una persona tiene poquito poder, cuando todo su poder es una chancleta, tiene que andar dando chancletazos para que se sepa que ahí está él y que sirve y que funciona. El que tiene poquito poder da chancletazos y grita y se hace sentir. Y aquí el que manda soy yo. Oiga, ¿Qué será que en todos los hogares tristes hay gritos, y en todos los hogares emproblemados hay violencia verbal? " . . . ¡¡Y sepan que el que mando soy yo!! " Tiene que gritar y hacerse sentir. Tiene que gritar porque en el fondo no cree que tenga verdaderamente ese poder que tanto cacarea; porque no lo tiene. Por eso tiene que gritarlo, porque es un mando medio. Y así pasa también en las empresas. El que tiene por ahí cualquier puestico de pacotilla intenta hacerte sentir; -Su solicitud ya la estamos estudiando, eh, yo le estaré informando. No vuelva más. . . - Cómo se sienten muchas personas felices en su pequeño imperio. Un imperio de dos metros cuadrados que es lo que tiene su escritorio. Pero dentro de esos dos metros cuadrados sienten que son el emperador. -Ay, qué dicha poder frenar a las personas que llegan hasta mi oficina y salen con el rabo entre las patas. Y yo, mientras tanto, los he logrado detener porque yo tengo poder. El presidente de la compañía no tiene que alardear de poder. El que verdaderamente sabe por dónde son las cosas no tiene que obrar así. Pero el mando medio, eso sí, tiene que hacerse sentir. ¿No le ha pasado a usted? Por ejemplo, que va a hacer una solicitud y por ahí cualquier qué sé yo, incluso portero, serán algunos, no todos. . . Algún portero lo para. No, eso no se puede. Ese procedimiento no, eso ya se acabó el horario, ya no hay nada que hacer. Y en eso se asoma el gerente y dice Fulanito: Déjalo pasar. Ah, bueno, siga. . . ¿Entonces? ¿Qué es qué era esa alegadera? Así es también uno como nosotros somos mandos medios y no tenemos todo el poder. Entonces vociferamos y gritamos. Ay, es que acabar de aquí para allá y de allá para acá y arrasar con esto. Y todos los colombianos tenemos vocación de Presidente de la República. Pues hermanos míos, el que verdaderamente es soberano y majestuoso, el Señor Dios nunca ha perdido el control de la situación. Él es el verdadero Señor y Él sabe que nuestras impaciencias y soberbias lo único que muestran es que nuestro poder y nuestros conocimientos son muy limitados. Recojamos las enseñanzas de humildad, de autorreconocimiento que nos ofrecen estas lecturas y aprovechemos las para nuestra vida. Así lo conceda Dios.

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