Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Al llevar la Palabra de Dios a los demás debemos ser audaces aunque el resultado sea incierto, generosos para arriesgarlo todo por la salvación de las almas y ágiles para no rendirnos fácilmente.

Homilía ao15016a, predicada en 20230716, con 6 min. y 13 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

La lectura de este domingo es bien conocida. Yo diría que es una de las parábolas más conocidas del Evangelio, la parábola del sembrador. Y tal vez la razón por la que tenemos que oírla con tanta frecuencia es porque Dios quiere seguir sembrando en nosotros. No se nos olvide que nosotros estamos necesitados de la Palabra y que esa Palabra tiene que dar pleno fruto, pleno fruto en cada uno de nosotros.

Bueno, ¿qué podemos aprender de esta parábola? Yo creo que es interesante cuando comparamos con la primera lectura que nos habla de la eficacia que tiene por sí misma la Palabra de Dios. Es aquel texto de Isaías cincuenta y cinco, es el que tenemos en la primera lectura, y es un texto que nos habla de cómo la Palabra no puede fracasar. La palabra no puede fracasar. -No volverá a mí sin dar fruto-, dice el Señor. O sea que la Palabra es eficaz, la Palabra no va a fracasar. Y sin embargo, parece que la Palabra fracasa, cuando se predica y no sucede nada, cuando no hay una verdadera convicción en el corazón, cuando los procesos de conversión son a veces tan lentos, tan irregulares, y eso realmente nos decepciona.

Pero ¿a dónde quiere ir la Palabra? ¿A dónde quiere ir esta parábola? Pues uno podría decir que esta parábola es para que hablemos de los terrenos, pero a la luz de la primera lectura, yo quisiera que hoy nos centráramos en la semilla y en el sembrador. Concretamente quisiera que nos centráramos en la audacia, o mejor, en tres virtudes que están muy relacionadas: la audacia, la generosidad y la agilidad.

El modo de siembra que nos describe el Señor en su Parábola, es el modo antiguo de siembra, un poco de semilla que se echa así como en el manto. Y el sembrador va caminando y va arrojando. Yo quiero que relacionemos esa escena con las tres virtudes que he mencionado: la audacia, la generosidad y la agilidad.

La audacia para ofrecer un mensaje que muchas veces no es popular, cuyo resultado será incierto, por lo menos en el corto plazo, porque al final la voluntad de Dios se realizará, eso no lo dudes. Pero en el corto plazo uno ve muchos fracasos, entonces la audacia es entrar en terreno del enemigo, la audacia es entrar allí donde parece que estamos perdiendo el tiempo, la audacia es arriesgarse a plantearle un mensaje inesperado a la persona que tampoco está deseando ese mensaje, esa es la audacia.

La audacia es la capacidad que tienen, por ejemplo, un grupo de hombres de varones para situarse en una plaza pública, arrodillarse y rezar un rosario en público, -están haciendo el ridículo-, dirán muchos, -están perdiendo su tiempo, eso ya no existe, eso ya no significa nada, la religión ya se acabó-. Pero ahí están ellos, ahí están ellos. En eso que se llama Rosario de hombres, ahí están ellos, eso es audacia.

Audacia es lo que están haciendo aquellos que hacen cine católico, esa es audacia. Porque, por supuesto, hay que desembolsar una cantidad de dinero, y ese dinero parece que se puede perder; parece que a nadie le va a interesar esa película. Supuestamente la gente solo va a querer o la ideología de género de Disney o va a querer las películas de acción, o va a querer sensualidad y pornografía. Pero resulta que aquí tenemos algo diferente y lo que tenemos aquí es una propuesta católica y hay que tener audacia para eso, hay que tomar ese riesgo.

Audacia es cuando tú te atreves a hablarle a ese compañero o compañera de la universidad, a quien ves así, un poco deprimido y en vez de esperar a ver si se va a suicidar o no, tú tomas una decisión y le empiezas a contar lo que ha significado la fe para ti. Cuando das ese paso, cuando saltas esa barrera arriesgándote a que tal vez te digan: ¿a usted qué le importa? ¿Por qué se mete en mi vida? Quédese usted en sus asuntos; eso se llama audacia y es algo absolutamente maravilloso, absolutamente maravilloso.

Pero la audacia tiene que ir acompañada de generosidad, porque el que siembra solo una vez, el que se arriesga solo una vez, en realidad le falta, le falta esa perseverancia.

El sembrador no salió con una sola semillita a tirarla por ahí. El sembrador sale con muchas semillas y sabe que muchas de ellas, por lo menos a corto plazo, insisto en ese punto, muchas de ellas se van a perder, lo sabe, lo entiende perfectamente, pero tiene muchas semillas en ese manto, tiene muchas semillas y esas muchas semillas son expresiones de generosidad.

También San Pablo nos enseña en la segunda carta a los Corintios: "El que siembre tacañamente, tacañamente cosechará, el que siembra muy poco, cosechará muy, muy poco. Pero el que siembra con abundancia cosechará con abundancia" .

Y hay que tener agilidad: Si el sembrador se queda mirando -Ay, mira, esto se perdió ay, esto no dio fruto, ay parece que aquí fracasé-. ¡Nada!, hermano, agilidad, seguir el camino. Ya le llegará el tiempo a esa persona. Esa misma persona que hoy se ríe de ti puede convertirse también. Esa misma persona puede cambiar, esa misma persona puede dar un paso diferente. No, no te rindas tan fácil, No te rindas tan fácil. Agilidad, tú siembras generosamente y haces lo mejor posible. Y si funcionó, gloria a Dios, y si no funcionó, tú sigues adelante y sigues adelante, porque tú sabes de quién te has fiado.

Y de nuevo, feliz domingo para ti. Amén.

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