Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

De un modo negativo encontramos al sembrador calculador y al sembrador maximizador: ambos piensan solo en lo suyo, sus metas y ganancias. Del lado positivo está el sembrador perdonador y el sembrador dador, a la manera de Jesucristo.

Homilía ao15015a, predicada en 20200712, con 29 min. y 48 seg.

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Transcripción:

Hermanos, estamos ante uno de los textos más conocidos del Evangelio. Eso trae ventajas porque es una palabra que ya se ha asentado en nuestro corazón, pero también tiene desventajas. Y es que uno puede tener la tentación de pensar que ya todo se ha dicho sobre un texto tan repetido. Efectivamente, en este sentido hay un desafío para el predicador, el desafío de buscar qué nos puede decir esta palabra hoy. Y por alguna razón pensaba yo, que esta parábola tal vez la podemos leer desde distintos ángulos. Podemos pensar en la semilla que es la Palabra de Dios, semilla que en sí misma es infinitamente eficaz, como nos lo dijo la primera lectura del profeta Isaías en el capítulo 55.

O se puede pensar este texto desde el ángulo de los distintos terrenos. Es tal vez la reflexión que se hace con mayor frecuencia, para luego preguntarnos qué clase de terreno soy yo. También la parábola puede ser vista desde el punto de vista de la semilla. Uno puede saber que la semilla es la palabra, pero también nosotros, en cuanto somos mensaje de Dios, somos también semilla. Y también hay que preguntarse a dónde estamos llegando, si tal vez únicamente preferimos los terrenos, por decirlo así, cómodos y seguros. Son muchas las maneras. Uno puede preguntarse también cuáles eran los primeros oyentes de este texto de Cristo, y por qué les dirigió esta palabra. También uno puede detenerse en aquellas frases un poco misteriosas, donde Cristo explica por qué Él predica en parábolas.

Pero no alarguemos más esa lista. En esta ocasión yo quisiera que nos centráramos en la persona del sembrador. Por supuesto que el sembrador perfecto es Cristo. Pero aquí viene un tema muy interesante y es que a este sembrador perfecto no le salen perfectas las cosas, y eso en sí mismo es muy importante y muy interesante. Así que pensemos un poco en el sembrador, pero pensemos también en que nosotros somos sembradores. Efectivamente, en la medida en que podemos influir en otras personas, para bien o para mal, algo estamos dejando en ellas. Cuando yo era niño escuché de mis papás un mensaje que creo que muchos niños del mundo oyen. Es el mensaje sobre los amigos. Mira con quién te juntas.

Y luego pues hay una cantidad de refranes que a su vez tienen distintas versiones donde se habla de esta influencia de los amigos. El peligro de estar con malas compañías y así, por ejemplo. Pues también hay refranes que nos hablan de que el que anda con los lobos aprende a aullar. O el que anda entre la miel algo se le pega. Es decir, que uno tiene que vigilar las compañías. Uno tiene que tener cuidado de los amigos y de las amigas, porque son personas que tienen algún poder de influencia sobre uno. Pero démosle la vuelta a esa idea. También nosotros podemos influir en otras personas. Y repito, esa influencia puede ser para bien o puede ser para mal. Si yo miro mi propia vida, por supuesto que debo darle gracias ante todo a Dios nuestro Señor.

Pero luego yo creo que hay muchísima gente que ha sembrado en mi vida y si yo hiciera la lista más o menos completa de la gente que ha sembrado bondad, verdad, santidad, deseo de servicio, son muchísimas personas, gente que ha hecho una buena siembra en mí, han sido buenos sembradores. También podría contar algunas personas que no han sido buenos sembradores en mi vida. O puedo darle la vuelta a esta imagen y decir que seguramente yo he sido buen sembrador para algunos, pero cuando he dado mal testimonio, cuando he sido incoherente sobre todo con mi vocación religiosa y sacerdotal, yo he sido un pésimo sembrador, yo he sembrado muy mal. Entonces, el tema de los sembradores es interesante, sobre todo cuando pensamos en ese término que se utiliza hoy en Internet.

Hoy se utiliza el término "Influencer". Un influencer, es una persona que influye en otros. Alguien que tiene impacto en otros y ese es un influencer. Pues yo creo que de alguna manera todos somos influencers. Unos en círculos más pequeños, otros en círculos más grandes. De aquí la responsabilidad que tienen los que manejan medios de comunicación, la responsabilidad que tienen las figuras públicas, por ejemplo, de la política, del arte, del teatro, del cine, de la canción. Son personas que literalmente tienen millones de seguidores. Eso quiere decir que sus palabras, sus actitudes, sus declaraciones son como siembras. Muchas veces están sembrando cosas buenas, pero mucho me temo que con frecuencia también están sembrando cosas perversas.

Hace poco, por ejemplo, hablaba con una amiga sobre el tema del feminismo. Uno puede pensar que la influencia de ese feminismo violento que es del que voy a hablar aquí, que a veces se le llama "Feminazismo". Uno puede pensar que la influencia del feminismo se queda únicamente en la mujer que denigra de su propia feminidad. Seguramente se viste de una manera repugnante, descuida su presencia física porque teme ser bonita, porque teme ser agradable, porque ser agradable es ser débil. Entonces ella tiene que ¡¡ser dura!! Y pensamos que las feministas y que el alcance del feminismo es ese. Pero resulta que el feminismo también salpica ese feminismo violento que es del que estoy hablando. El feminismo violento también salpica a muchas otras mujeres que son mujeres provida y que son mujeres católicas.

Pero, ¿En qué sentido quedan salpicadas por ese feminismo? Por ejemplo, uno conoce unos cuantos casos de mujeres que a la hora de resolver problemas, entonces se vuelven terriblemente agresivas y sacan una especie de garrote con púas, como quien dice yo acabo con el que sea. No son feminazistas en el sentido de que tengan esa violencia que uno ve en algunas de las feministas típicas. No, no son eso. Pero a la hora de resolver sus problemas todas las consignas del feminismo les pasan por la cabeza y las consignas del feminismo son: Débil, ¡Jamás! Yo voy con toda. Yo tengo que ser fuerte, ¡Yo tengo que acabar con el que sea! Eso es puro feminismo.

Así la persona sea una persona provida, Entonces fíjate cómo se da el caso de una influencia de esas ideas. Es decir, son semillas de feminismo que se han extendido, extendido, extendido en muchos lugares y llegan a muchos más sitios de los que uno cree. Yo he conocido, por ejemplo, me ha dado mucha tristeza. Yo he conocido religiosas de ese estilo, religiosas que se ponen como en una actitud entre sarcástica y arrogante, diciendo: "Mientras llega el tiempo de nuestra ordenación sacerdotal. . . " Como quien dice, de momento no nos dejan. Pero espere, espere, que llegará el tiempo. Es una mujer que está claramente colonizada por las semillas de ese feminismo. Pero lo que yo digo del feminismo también vale de muchas otras ideologías. Precisamente por eso es bueno estudiar filosofía. Permítanme la propaganda.

Es bueno estudiar filosofía porque una de las cosas que te da la filosofía, sobre todo cuando la estudias con cierto detalle y actualizando a lo que está pasando. Hay una cosa que te da la filosofía. Es como un olfato más agudo para ver cuál es el recorrido de esas semillas. Entonces tú te encuentras que la idea del superhombre de Nietzsche, más allá de los edificios de la Facultad de Filosofía, se han regado en una cantidad de colegios y universidades, y aunque la gente no sepa ni cómo se escribe Friedrich Nietzsche, aunque no sepan cómo se escribe ese señor, sus ideas los han colonizado. Ahí están esas ideas presentes. Por eso es muy bueno estudiar filosofía y yo realmente le recomendaría a toda persona adulta, especialmente a todo católico responsable. Estudie más filosofía, filosofía de la buena, filosofía clásica, sólida, que le ayude a usted a ubicarse, a darse cuenta por dónde van, como dicen nuestros amigos españoles, por dónde van los tiros.

Entonces somos influencers. Nosotros influimos sobre otras personas. Hay gente que claramente va a influir mucho en uno. Típicamente el papá, la mamá, los hermanos. Pero a mí me impresiona lo que puede llegar a influir una persona adulta en otra persona adulta. ¿Sabes lo que se necesita para que alguien tenga mucha influencia en ti? Se necesita que haya una conexión emocional. Y cuanto más fuerte es la conexión emocional, incluso si la persona no es de tu familia, ni papá, ni mamá, ni hermanos. Donde hay conexión emocional, automáticamente uno baja y baja las aduanas, las barreras, los controles y eso significa que esa persona va a tener un gran impacto en mí, lo cual puede ser bueno. Yo por lo menos puedo pensar en una cantidad de sacerdotes a los que les he abierto mi corazón, por ejemplo, en la confesión, y me han hecho un bien increíble. O sea, son personas de toda mi confianza y creo que he tenido buenas razones para confiar en ellos.

Pero no solo sacerdotes. Laicos, hombres y mujeres. Yo recuerdo, por ejemplo, cuando estaba en la etapa final de mi discernimiento para ver si dejaba o no dejaba mis estudios de física y entraba a servir plenamente al Señor con una vocación religiosa. Hubo señoras de aquel grupo de oración de muy grata recordación para mí. El Grupo Espíritu Santo del barrio Los Andes, ciudad de Bogotá. Estas amables señoras, que Dios las bendiga en el tiempo y en la eternidad. Personas que he mencionado en otras ocasiones, la señora Nhorita, la señora Marinita, especialmente ellas, pero también otras, buenas mujeres, que inspiraron confianza y que obraron con tanta rectitud y bondad en mi vida y me animaron y me consolaron y me guiaron. Esas personas existen.

Lo que te quiero decir con esto es que a través de la conexión emocional hay una gran capacidad de influencia. Es una de las razones por las que los perfiles que tienen mayor impacto en las redes sociales. Suelen ser aquellos que apelan a las emociones más profundas, lo que algunos psicólogos llaman del cerebro reptil que nosotros tenemos. Esos estratos más profundos de la masa encefálica donde están algunos de los impulsos más profundos también de la vida humana. Entonces, por ejemplo, aquellas personas que hacen todo un despliegue de belleza y de felicidad, una mujer que es absolutamente espectacular y que parece que siempre está feliz, es una mujer que logra con facilidad una conexión emocional con millones de adolescentes y muchos de ellos mujeres que mirarán a esta mujer y en el fondo de su corazón y en el fondo de su cerebro reptil, sentirán. . . -Yo quiero ser como ella.- Tiene influencia.

Bueno, terminemos esta reflexión haciendo una pequeña y sencilla clasificación de los sembradores. Vamos a hablar de cuatro tipos de sembradores. Dos de ellos yo creo que son más bien negativos y dos de ellos creo que son más bien positivos. O si lo quieres ver de otro modo. Dos de estos sembradores tienen que ver con actitudes que realmente no son muy cristianas. Y otros dos tienen que ver con actitudes profundamente fundadas en la gracia de Cristo. El primer sembrador que quiero mencionar, del lado llamémoslo negativo, es el sembrador, que calcula, es decir, aquella persona que dentro de su mente racional, deductiva y lógica, siempre hace algo para lograr algo, empujar algo y que suceda algo. La persona calculadora, una persona, el sembrador que lo vamos a llamar aquí, es una palabra muy chistosa como se oye, pero lo vamos a llamar el sembrador calculador.

El sembrador calculador es aquel que dice Ninguna semilla se puede perder. Hay un refrán en Colombia y seguro en otros sitios -No da puntada sin dedal.- Todo tiene una razón de ser. Es la persona que sabe. Ahora tengo que sonreír, ahora tengo que estar serio. Ahora tengo que saludar, ahora tengo que llamar a tal persona. Ahora tengo que preparar el terreno porque luego voy a pedir este favor. Ahora tengo que ser buena persona porque luego debo lograr esto. Ese es el sembrador calculador. El sembrador calculador es una persona completamente instalada en lo que hemos llamado lógica de la transacción. Es la persona que todo el tiempo está midiendo quién le sirve a sus propósitos. Lo grave de esta manera de pensar es que fácilmente se convierte en una especie de hábito inconsciente de la persona.

Es decir, sin darse cuenta de un modo como automático. Está todo el tiempo evaluando, aquí cómo tengo que ser. Aquí a quién le tengo que caer bien. Aquí con quién tengo que hablar. Aquí, ¿Qué debo hacer para lograr lo que yo quiero? Su absoluto del sembrador calculador, es lo que yo quiero. Qué tengo que hacer para lograr lo que yo quiero? Ese es el sembrador calculador. La parábola del sembrador nos muestra que este buen sembrador que está en las palabras de Cristo, no obra de esa manera. Él no le sigue la trayectoria a cada semilla a ver dónde va a caer y qué tiene que hacer con esa semilla. Luego vamos a ver que lo contrario del sembrador calculador es el sembrador generoso.

Pero pasemos al segundo ejemplo de un sembrador del lado negativo. Es el sembrador codicioso. Es el sembrador que quiere maximizar la ganancia. Podríamos decir que es el maximizador. Qué opinan de mis nuevas palabras. Sembrador calculador, sembrador maximizador. Se parecen mucho. Pueden ser la misma persona. El maximizador se caracteriza porque, como su nombre lo indica, quiere maximizar, es decir, quiere llevar a su máximo la ganancia, llevar a su máximo. Por consiguiente, es una persona que no pierde tiempo, que no pierde esfuerzo, quiere contar sólo con el mejor terreno. Por consiguiente, el sembrador maximizador, que palabra tan horrible, es aquel que está siempre excluyendo. Éste no sirve, esto no me sirve. Solo quisiera trabajar con los más eficientes, solo quisiera trabajar con lo que tiene rango de excelencia. Los demás no sirven.

Es por vocación una persona absolutamente eugenésica. Mucho más de la mitad de la población mundial es estorbo o es alternativamente, paisaje. El maximizador es una persona que cuando entra a un nuevo ambiente, a un nuevo trabajo, automáticamente clasifica en donde hay que invertir y en donde no hay que perder tiempo, sonrisas o fuerzas. Muy parecido al calculador, repito. Pero hay algunos maximizadores que saben hacer cuentas que superan a las del calculador, porque un maximizador es capaz de perder una batalla y después es capaz de ganar la guerra. Es un ser que puede ser terriblemente egoísta. Ese tipo de persona, cuando llega al poder, es realmente temible porque desde su punto de vista, lo único que interesa del pueblo son los votos, pero la gente no importa.

Ese tipo de maximizador tiene una tendencia narcisista, egoísta, vanidosa. Todos podemos tener algo de maximizadores y de calculadores. Por eso dejemos este tema y pasemos a los sembradores positivos. Una cosa que me llama la atención en la parábola del sembrador es como Cristo cuenta con tanta naturalidad esa cantidad de semilla que se perdió, el sembrador del que nos habla Cristo, el sembrador, que es el mismo Cristo. Es una persona que es capaz de soltar el pasado, Es capaz de soltar lo que sucedió. La alegría de la cosecha que logró le basta para no encadenarse a la tristeza de la semilla que no creció. Yo llamo a este, ya que todas las palabras que me salen hoy son un poco rebuscadas y un tanto feas. Yo lo llamo el sembrador perdonador. Es capaz de dejar atrás muchas cosas, incluyendo la certeza de que él mismo se ha equivocado.

Si este sembrador, el de la parábola, por la noche, se sentara a examinar oiga, yo ¿Cuánta semilla perdí? Podría hundirse seguramente en una larga serie de autoacusaciones o de autojustificaciones. Tiempo perdido. Es conveniente, en cierto momento de la vida, Después de tener una claridad, claro está, después de lograr una claridad, es conveniente soltar. Por eso hoy muchos psicólogos están diciendo que el gran acto de amor, cuando hay perdón, es el precioso acto de liberarse uno mismo. Es decir, perdonar es un acto de amor, en primer lugar hacia ti mismo. El poder soltar, el poder dejar atrás es algo maravilloso, es un don de Dios.

El cuarto tipo de sembrador con el que terminamos esta pequeña exposición es el que mencioné antes el generoso, el sembrador generoso, para que tenga también un nombre así extraño como los otros. Lo vamos a llamar el sembrador, dador. Dador. ¿Qué tal esa palabra? Ya te aprendiste las cuatro palabrejas? Sembrador calculador, ese era uno. Sembrador maximizador, ese era el otro. Sembrador perdonador, ese era el otro. Y ahora llegamos al sembrador Dador. La razón por la que quiero mencionar al sembrador dador es por la importancia que tiene el verbo dar. De esto he predicado hace ya varios años, muchos años, más de 20 años. ¡Qué horror! El verbo dar es fundamental, porque el verbo dar. El verdadero dar es el único verbo que captura la generosidad al estilo de Dios.

Es como el que da y suelta, como el que da y olvida. Es como el que entrega y no se amarra a lo que entregó. Ese es el verdadero sembrador y hay muchas ocasiones en la vida para sembrar así. Por ejemplo, piensa en lo que es un acto de bondad, de cortesía, tan sencillo como una sonrisa. Tan sencillo como ceder el paso. Piensa en lo que es un acto así, con una persona absolutamente extraña y desconocida. Esos pequeños actos de bondad, esos actos al azar que no tienen retorno. Porque tú no sabes si volverás a ver a esa persona. Esos pequeños actos de bondad caracterizan muy bien el dar. Muchas veces en profesiones como la docencia se puede practicar este verbo. Hay personas que durante el estudio, durante las clases, tal vez no destacaron mucho. No te dieron la satisfacción de ser los mejores estudiantes. Pero no te ha pasado, hablo con los docentes. Yo mismo tengo esa experiencia. ¿No te ha pasado? A mí me ha pasado.

¿No te ha pasado? Que de repente una persona que vio una materia contigo, que estuvo en una clase contigo años atrás, de repente te saluda y te dice algo como ¿Sabe qué, profe? ¿Sabe qué, padre? ¿Sabe qué Fray? le agradezco lo que me dijo. Y uno a veces tiene que rascarse un poco la cabeza y decir este ¿Quién era? Este ¿Quién era? Ah, sí, sí, me acuerdo. ¡Pero no brillaba! Esa persona mostró ese agradecimiento, pero por una que muestra el agradecimiento. La Biblia nos dice que hay nueve que no lo mostrarán jamás. Pero también recibieron bondad. Y por eso la docencia es una gran oportunidad de ser como el sembrador. Habrá quien agradece y será el menor porcentaje. Muchos no agradecerán, pero yo siembro, pero yo siembro. Ese es el dador.

Otra manera de practicar esta siembra es la de aquellas personas que hacen oración por absolutos desconocidos y hacen oración que unen a ayunos y penitencias por absolutos desconocidos. Me parece tan bello eso. Yo le veo una hermosura tan grande a eso. Personas que oran por cristianos al otro lado del mundo y hacen penitencias por ellos. Y por supuesto, esas personas nunca lo sabrán y nunca lo agradecerán con nombre propio. Ese es un sembrador generoso, ese es alguien que siembra generosamente. Las redes sociales se prestan muchísimo, muchísimo. Varias personas hablo de la experiencia mía. Varias personas que me han escrito en algún momento han terminado. Por supuesto. Son gente que no se conoce, pero han terminado con frases semejantes como éstas. . . "Qué bueno, si un día podemos vernos, padre. Si no, nos saludaremos en el cielo". Yo no sé quién me escribe.

Incluso si viera esa foto, no podría decir mayor cosa de esa persona. Pero las redes sociales se prestan mucho para esta siembra generosa, para ser un dador. Eso le puede hacer bien a alguien. ¿Quién vio ese video? ¿Quién escuchó esa homilía? ¿A quién le llegó esa palabra? Yo no lo sé, yo no lo sé. Pero es que yo también me he beneficiado de muchas bondades. Yo me he beneficiado de mucha generosidad, de mucha gente. Resumen: La parábola del sembrador puede verse desde muy distintos ángulos. En esta ocasión hemos querido centrarnos en la figura misma del sembrador, porque todos de algún modo estamos sembrando el bien o el mal. Estamos dejando un aroma, así como la persona que es desaseada cuando pasa a nuestro lado, deja un olor desagradable y la persona que es aseada cuando pasa a nuestro lado deja un ambiente grato.

Así, cada uno de nosotros está dejando un aroma, está dejando una influencia y todos tenemos un tiempo limitado para influir, porque después nos iremos, moriremos y se acabó. Se acabó en esta tierra. Así que todos somos influencers y hemos dado dos ejemplos en clave más bien negativa, que son el sembrador calculador y el sembrador maximizador. Y dos ejemplos en clave más bien positiva: El sembrador perdonador y el sembrador dador. ¿Por qué? Porque mira, si Dios te tiene en esta tierra y tú no sabes, ni yo tampoco, cuánto más vamos a estar; este es el tiempo para hacer el bien. Este no es el tiempo solamente para buscar el provecho, el placer, la ganancia, la venganza, el triunfo, el imponerse.

Esta es tu oportunidad de hacer el bien. Esta es tu oportunidad de sembrar. Y si esta es tu oportunidad de sembrar el bien, el bien que siembras te hará bueno también. ¿Sabías que hay una eternidad? ¿Sabías que tu tiempo de dejar un aroma es limitado? ¿Sabías eso, cierto? Sembremos bien.

Amén.

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