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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Para ser buen terreno para la Palabra y la gracia de Dios hemos de vencer varios obstáculos: nuestras distracciones; el estar remitiendo a otros la Palabra sin aplicarla a nosotros mismos; la superficialidad del simple entusiasmo; el reinado de las apariencias y lo efímero; los cambios de motivación que tenemos al hacer camino con Cristo; las idolatrías emocionales y afectivas.
Homilía ao15012a, predicada en 20170716, con 20 min. y 6 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos. Las lecturas de hoy tienen un tono de optimismo. No es algo obvio, pero está ahí presente. Donde mejor se nota es en la primera lectura que nos presenta la victoria de la Palabra de Dios. Como diciendo Dios no puede fallar. Dice: "Como bajan lluvia y nieve del cielo y no vuelven allá, sino después de fecundar y hacer germinar la tierra, así será mi palabra". Efectivamente, en el comienzo de la Biblia, en el capítulo primero del Génesis, encontramos que la Palabra de Dios no puede fallar. Como dice un Salmo: "Dios lo dijo y existió, Él lo mandó y surgió". O sea que esa primera lectura de Isaías 55, lo mismo que el capítulo primero del Génesis, dijo Dios: "Haya luz, y hubo luz, dijo Dios que se separen las aguas y se separaron". Esos textos nos están contando que Dios no falla en su propósito, que la Palabra divina es eficaz. El mismo optimismo encontramos en el Evangelio. Claro está, el tema de los terrenos, los distintos terrenos, que ya lo tendremos que mencionar, explicar un poco mejor. Pero fíjate que al final la cosecha es tan abundante que por un solo grano se recogen 30 o 60 o 100. Y eso quiere decir que por cada 20, 30, 80 fracasos, con que uno salga bien, se compensa completamente. O sea que también la parábola del sembrador es un mensaje de optimismo, un mensaje de victoria de Dios. Pero hay una condición, y es precisamente que lo que se debe sembrar es la palabra del Señor. Si nosotros sembramos otros mensajes, si nosotros dejamos meter en nuestro corazón otras palabras, ahí si ya no se puede garantizar que el propósito del Señor se realice. Por eso también hay otro texto de San Pablo donde dice: "Lo que cada uno siembre, eso cosecharán". Y eso se cumple en los noviazgos, en las familias, en las comunidades religiosas. Hay una frase que me gusta mucho sobre esto de los noviazgos. "Si el noviazgo es pura comedia, el matrimonio será pura tragedia". Si están viviendo una farsa en el noviazgo, entonces las realidades van a aparecer en el matrimonio. O sea que un noviazgo superficial, permanentemente de visita, lleva a un matrimonio entre dos desconocidos que un día se dan cuenta, -Oiga, yo ¿Con quién me casé?- O un noviazgo que se dedique únicamente a hacer talleres de educación sexual. Es un noviazgo que lo que va a producir es un desastre, porque la vida matrimonial y la vida familiar no es solamente eso. Entonces ahí se nota que si se siembra mal, un noviazgo mal realizado conduce a un fracaso matrimonial. Por eso el Papa Francisco dice que lo primero que hay que hacer para rescatar el matrimonio es mejorar la calidad de las relaciones de noviazgo. Lo mismo pasa también en una vida sacerdotal, una formación superficial, tenue, un camino de formación marcado por la infidelidad. Luego produce una vida sacerdotal llena de conflictos que puede acabar en desastre. O sea que nos dice San Pablo, lo que uno siembra, eso cosechará. La comunidad de Misioneros de Cristo Maestro está cumpliendo 25 años. Y ¿Qué nos hemos dado cuenta? Que hay frutos buenos y hay frutos que no son buenos. ¿A qué se debe? A lo que cada uno ha ido sembrando. Les aseguro que si estos ilustres jóvenes que tenemos aquí, que siempre los menciono, que están en su camino de formación, si ellos ponen bases firmes para su propia consagración y para el futuro de la comunidad, estoy seguro que cuando se celebren los cincuenta años de la Fundación. Entonces podremos recoger frutos realmente hermosos, sazonados, perfumados, agradables, nutritivos. Por ahora, no es que estemos en un desastre, pero por ahora nos damos cuenta que hay frutos de unos y de otros. ¿Queremos mejores frutos? Hay que sembrar mejor y se siembra mejor cada día con la constancia en la oración, con la fidelidad en el apostolado, venciéndose uno mismo, en la vida fraterna. Así es como se siembra. De acuerdo con eso. Pasemos al tema de los terrenos, que tal vez es lo que más llama la atención en la parábola del sembrador, porque ya la calidad de la semilla está asegurada si el sembrador es Cristo. Pero entonces viene el otro factor: Qué clase de terreno es cada uno de nosotros. Un terreno es el del borde del camino que en el fondo no está recibiendo la Palabra de Dios. Yo solo voy a dar uno o dos ejemplos de lo que suele suceder en cada uno de los terrenos. Entonces, ¿Cuál es un modo que utiliza uno para no oír la Palabra de Dios? Hay un modo que se llama mandarle esa palabra a otra persona. Entonces, por ejemplo, asisten el esposo y la esposa a la Eucaristía y por allá el sacerdote habla de la importancia de la humildad y del perdón, cosas que a veces dice uno en la Misa. Y entonces empieza a operar el codo, sí oyó ¿No? Sí oyó. Cuando hacemos eso qué estamos diciendo; que esa palabra no es para mí, sino que es para el otro. O sea, estamos cayendo en el primer terreno que fracasa. ¿Por qué? Porque estamos no recibiendo la palabra, sino enviándosela al otro. Si oyó lo que dije. Entonces cada persona le va mandando al otro el mensaje y así nadie lo recibe. Esa es una manera. Otra manera que es la que de hecho explica Cristo ahí en el texto, es cuando uno está distraído o cuando uno está alejado. La persona que está alejada no oye la palabra, no la recibe. La persona que está distraída no la recibe. Entonces, del primer terreno, ¿Cómo se tiene que salvar uno? Pues hay que evitar las distracciones poniendo lo mejor de nuestra atención y corazón. Y hay que dejar de estarle mandando la palabra a los otros, porque esa palabra es para mí. Tengo que apropiármela yo. Eso en cuanto al primer terreno. El segundo terreno es el de la superficialidad. La persona que recibe la palabra y se entusiasma durante un momento hablando con los hermanos del Consejo General de los Misioneros de Cristo Maestro, comentábamos la gran cantidad de personas que han entrado y que luego han salido de la comunidad. Yo también pertenezco a otra comunidad religiosa, los dominicos. Y también ha sido lo mismo mucha gente que entra, mucha gente que sale. Y ¿Cuál es el cuadro más frecuente? Que la persona se entusiasma. Ahí viene una advertencia. ¡Cuidado con el entusiasmo! No es que esté mal el entusiasmo, pero cuidado con guiarse simplemente por el entusiasmo. Cuidado. Como estos hábitos, incluyendo el de los misioneros o el de este servidor. Como los hábitos son bonitos, se ve uno hasta buena persona. Uno los ve. Por ejemplo, aquí, parecen buenas personas. Entonces, ¿Qué pasa? Que hay gente que se entusiasma con eso, ponerse un hábito y se ve con su hábito y ya casi parece así como, un Francisco de Asís, hermano Sol, hermana Luna, un Charles de Foucault. Pero esos entusiasmos son superficiales cuando ya viene el día a día, cuando ya me toca el aseo de los baños, cuando ya me toca hacer la comida, cuando ya me toca un hermano que me cae mal, en ese momento, el solo entusiasmo, por ejemplo, del hábito, no sirve, no sirve. Entonces el solo entusiasmo es un mal consejero porque lo lleva a uno a la superficialidad. El mundo entero está hoy en una epidemia de superficialidad a base de estos aparatos llamados teléfonos inteligentes, porque entonces estamos en la tiranía de las fotos, fotos, fotos y fotos. No es que estén mal las fotos, pero las fotos a veces toman lo efímero de un momento y lo convierten ya en la realidad. Mire lo que me contaba un amigo fotógrafo. Me decía datos interesantes de su trabajo. Él es de otro país y vive en su país, en el Perú. Entonces me contaba lo que sucedía con que la gente saca muchísimas fotos, por ejemplo, en una boda, me decía en una boda típica, se toman cerca de cinco mil fotografías. Es un equipo de fotógrafos que además tienen que cobrar muchísimo dinero. Sacan fotos de todo. La novia parpadeó. Eso queda inmortalizado en una fotografía. El suegro tosió. Queda ahí la tos. Todo queda congelado en fotografías. Pero a veces dura más la boda que el matrimonio. Porque es el entusiasmo solamente del momento. Ese es un problema grave que tenemos. Que las parejas se concentran en preparar la boda y no se concentran en vivir el matrimonio. También a veces pasa en la vida religiosa. Fotos y fotos y fotos de la ordenación de la primera misa por allá en su pueblo, en las montañas de nosedonde. Sacan al padrecito con palio y las fotos, la mamá llorando. Todo bellísimo. Y después el padre no sirvió para nada. Eso es la superficialidad de la que habla aquí. Es decir, nos quedamos en la apariencia, nos quedamos en la fachada, nos quedamos en la sola fotografía. ¿Por qué les conté lo de la boda? Porque resulta que después de que sacaron todas esas fotos, una de las cosas que incluye el contrato es hacer un álbum. Hacen un álbum en papel grueso. Creo que eso se llama propalcote. Papel grueso, multicolor, con todas las mejores fotos, mejor dicho, hasta bonita salió la novia, que no era fácil. Se logró. Cuando llegan estos fotógrafos con su álbum y con una cuenta de cobro de varios miles de dólares, se encuentran con un pequeño problema. Ya la pareja había presentado demanda de divorcio. ¿Y ahora quién paga las fotos esas? Éso es lo que Cristo nos está diciendo aquí. Ese es el terreno pandito. Ese es el terreno pedregoso. Entonces, ¿Cuáles son los errores que se cometen en el segundo terreno? El entusiasmo y la fachada. ¿Cuáles son los errores del primer terreno? Son la distracción, cuando uno no pone cuidado o si no, cuando uno delega al otro; ¿Cierto? Entonces van dos errores del primer terreno. Delegar y distraerse y dos errores del segundo terreno. ¿Cuáles son los dos errores del segundo terreno? son la superficialidad y la fachada. El tercer terreno también tiene sus errores y también se aplica a la vida humana, porque eso es lo maravilloso de la predicación de Jesucristo que realmente nos habla al corazón. La persona recibió la Palabra de Dios, pero luego las angustias de este mundo fueron ahogando la Palabra de Dios. Ejemplo De dónde sucede eso. Eso sucede, por ejemplo, en la vida sacerdotal. En la vida religiosa pasa eso. ¿Por qué? Porque se funda una comunidad que es para el servicio. Eso es lo propio. De hecho, todos los religiosos tenemos en primer lugar, un camino de servicio. El Papa Francisco no se cansa de repetirnos a nosotros todos, a los sacerdotes, a los obispos, a los cardenales, a todo el mundo. Él le anda diciendo: -Ustedes tienen como primera misión servir. Dejen de creerse príncipes, ustedes son servidores del pueblo de Dios-. El Papa nos lo ha dicho en todos los tonos posibles. Pero ¿Qué pasa? Que a veces uno cuando entra en la comunidad entra con un gran espíritu de servicio. Lo que se necesite, lo que me pongan a hacer, lo que haya que hacer. Bueno, aquí se necesita que usted venda empanadas y tamales para poder sacar adelante este hogar. ¡¡Listo!! -No hay problema, pa eso estamos pa las que sea-. Pero a veces las motivaciones van cambiando después, entonces, después, si no me dejan estos estudios, esta comunidad no me sirve. Si me van a sacar de esta parroquia, esta comunidad no me sirve. Entonces uno va cambiando sus motivaciones. Entramos quizás con una motivación muy pura y muy propia de la Palabra de Dios. Pero luego las cosas del mundo, los privilegios, los lugares donde quiero trabajar, donde no quiero trabajar, eso nos va contaminando el corazón. Entonces ahí tenemos un ejemplo del problema del tercer terreno. El problema del tercer terreno se llama ahí -Cambio de Motivación-. Usted empezó bien su vocación. Entonces, cuál es la oración mía, por ejemplo, por esta juventud que tenemos aquí, que no todos son tan jóvenes tampoco. Yo digo así, jóvenes, porque yo ya me voy volviendo viejo, pero hay varios ahí que ya tienen sus años, sus mañas, bueno, todo. Entonces, ¿Qué es lo que hay que hacer? El problema es que uno cambia las motivaciones. Ese es el problema, que uno empezó bien, pero luego va cambiando motivaciones y va buscando su rinconcito, su acomodo, su conveniencia y ahí es donde lo ahogan a uno las zarzas de este mundo. En otras ocasiones, el problema ¿Cuál es? El problema es que en el camino surgen también ídolos. Muchas veces ídolos de tipo afectivo. No es el único problema que tienen los religiosos o las religiosas. No es el único problema, pero es una situación que tiene graves implicaciones. Entonces la persona estaba queriendo seguir a Cristo pobre, casto y obediente, pero aparece un ídolo, un ídolo en forma de un placer, por ejemplo, y fascinado por ese placer, por la compañía de esa persona, muchas veces del otro sexo, en algunas ocasiones incluso del mismo sexo. Entonces la persona desvía su camino. Iba bien, pero dejó entrar un ídolo afectivo en su corazón. Entonces, ¿Cuáles son los problemas que acontecen en el tercer terreno? Uno se llama cambio de motivación. Empezó bien, pero se fue desanimando, se acomodó y el otro muy parecido es la idolatría. Pero qué pasa, Por ejemplo, vamos a pensar en un religioso y con esto terminamos. Vamos a pensar en un religioso que no cae en ninguno de los seis errores que hemos dicho. Repasemos los seis errores. Dos son del primer terreno, la distracción y la delegación. Supongamos un religioso que no cae en eso. ¿Qué quiere decir? Quiere decir que es perseverante y atento a la Palabra de Dios y que en vez de estar buscando las culpas de otros, busca corregirse, aplicarse el mensaje él. Segundo, esta es una persona que no se deja llevar por el entusiasmo y que tampoco presenta una fachada. Quiere vivir con autenticidad y conoce que no puede depender de su emocionalidad, porque hay días que uno se siente así como medio angelical y otros días uno siente todo el peso de su barro. No me voy a dejar llevar por las simples emociones ni por las apariencias. Y además, este religioso mantiene sus motivaciones, las del principio, y guarda su corazón de toda idolatría, sobre todo las idolatrías afectivas. ¿Qué va a suceder en el caso de una persona que se preserva de esos seis peligros? Va a suceder que esta persona se va a convertir en un verdadero terreno. Y ese religioso, ese sacerdote, ese hermano consagrado a Dios, va a dar abundante fruto. Es una persona que nos llena de alegría, es una religiosa, es un religioso que nos llena de gozo y decimos verdaderamente un testigo del Evangelio de Jesucristo. Eso es lo que le pedimos al Señor en la celebración de los 25 años de estos queridos misioneros.

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