Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Reflexiona: ¿Estás comprometido en la difusión de la Palabra de Dios? ¿Abres camino en circunstancias difíciles? ¿Eres obstáculo en la obra de evangelización?

Homilía ao15011a, predicada en 20170716, con 9 min. y 11 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

El pasaje del Evangelio de hoy ha sido tomado del capítulo 13 de San Mateo. Es una de las parábolas más conocidas de toda la Biblia y podemos decir que no necesita mucha introducción. La famosa parábola del sembrador. ¿Cómo aplicar este texto a nuestra vida? Un método que es muy conocido es el que quiero proponer en esta oportunidad. Nos damos cuenta que hay un sembrador, una semilla, unos terrenos y unos obstáculos. ¿Qué tal si hacemos la prueba de ponernos en el lugar de cada uno de estos personajes vamos a llamarlos? Por ejemplo, podemos preguntarnos ¿Qué pasa si nos ponemos en el lugar del sembrador?

Quizás preguntándonos de hecho nosotros ¿Qué estamos sembrando en la vida? O lo que es lo mismo, ¿Cuál es el rastro que vamos dejando? ¿Qué recuerdo queda detrás de nosotros? Esas preguntas nos ayudan a hacer conciencia de cuál es nuestra responsabilidad frente a ese bien absolutamente único que es el tiempo. Decía Santa Catalina de Siena, "El tiempo a nadie espera". ¿Qué estamos haciendo con nuestro tiempo? ¿Qué vamos dejando detrás? Los papás, por ejemplo, han de preguntarse ¿Qué es lo que va quedando en el corazón de sus hijos? Los profesores han de preguntarse más allá de los conocimientos, ¿Cuál es el contenido? ¿Qué es lo que queda en mis estudiantes? De hecho, la mayor parte de los estudiantes, después de unos pocos años, no recordarán muchos contenidos, pero sí recordarán cómo era aquella profesora, cómo era aquel profesor, los gobernantes, los sacerdotes.

Todos dejamos algún tipo de herencia, algún tipo de rastro. Entonces, fíjate que es un buen ejercicio ponerse en el lugar del sembrador. Si vamos a ser más precisos, este sembrador estaba sembrando la Palabra de Dios. Entonces también ahí podemos hacernos preguntas si estamos comprometidos en la difusión de la Palabra de Dios, ¿En qué nos parecemos y en qué nos diferenciamos de este sembrador? Nos damos cuenta que este es un sembrador generoso. Él va repartiendo la palabra, parece que incluso no le preocupara qué va a suceder, quién va a acoger o cómo va a acoger esa palabra. ¿No será que a veces somos demasiado calculadores, demasiado mezquinos, como que no queremos gastar ningún esfuerzo si no tenemos asegurado el retorno, el fruto?

Este sembrador de la parábola nos invita también a hacernos esa clase de preguntas. Si somos generosos en nuestra siembra, luego tomemos el lugar de la semilla. ¿Qué podemos decir de esta semilla? Cuando yo pienso en los que son semilla, pienso en aquellos que van abriendo camino en circunstancias difíciles. Pienso, por ejemplo, en Santos como Andrés Kim en Corea. Este santo sacerdote que fue martirizado al poco tiempo de su ordenación fue semilla. Semilla de cristianismo, semilla que quedó enterrada. De hecho, muchos mártires a lo largo de la historia de la Iglesia han tenido conciencia de que su vida, como aquel grano de trigo del que habló Cristo, debe caer en tierra y morir, y solo así podrá dar una cosecha abundante.

En tiempos de San Cipriano, obispo y mártir, se decía: "La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos". Entonces hemos de preguntarnos si nosotros estamos dispuestos a ser semilla. Porque evidentemente la semilla no ve la espiga. ¿No será que a veces le ponemos una condición a Dios? A veces queremos condicionarle a ver nuestro fruto y es muy posible que lo mejor de nuestros esfuerzos produzca un fruto que nosotros jamás veremos. La comparación más frecuente con la parábola del sembrador es en cuanto a los terrenos, y es una comparación que siempre es útil. Somos un terreno distraído, somos un terreno superficial. ¿Cómo es nuestra vida? Se parece a esas zarzas en donde los intereses de Dios finalmente quedan sofocados, impedidos, ahogados. Las buenas inspiraciones de la gracia, esos llamados del amor de Dios.

¿Ese toque de su amor a nuestra puerta, ha encontrado en nosotros una respuesta; o se ha quedado ahogado como aquella semilla? Es una buena pregunta. Y hoy me atrevo a plantear todavía otra pregunta más incómoda ¿Será que nosotros somos obstáculo? En la parábola Cristo menciona varios obstáculos, menciona los pájaros que se roban la Palabra de Dios, menciona la superficialidad del terreno que además es árido y menciona también lo de las zarzas, pues es posible que nosotros también seamos obstáculo. Y esa pregunta indudablemente tiene que movernos a conversión. ¿Qué quiere decir esto de quitar la Palabra de Dios en otra persona? Yo he visto gente que en vez de animar, desanima a los que tratan de acercarse a Dios.

Por ejemplo, he conocido el caso de muchachos o de señoras que asisten a buenos grupos de oración, pero cada vez que esta pobre señora tiene un disgusto en la casa, le caen los pájaros. ¿Para qué va a esos grupos? ¿Para qué tanta rezadera? Como diciendo estás perdiendo el tiempo. Como diciendo no le des importancia a esa palabra. En vez de reconocer el bien que hay en una conversión que está empezando, parece que estas personas solamente quisieran desanimar a los que algo han avanzado. Eso es ser de los pájaros. Las malas amistades han hecho tanto daño en la historia de la humanidad, especialmente en la época de la juventud.

Tanta gente que hubiera podido dar buenos frutos como buenos ciudadanos, como buenos padres de familia, quizás como buenos trabajadores, quizás profesionales. Pero las malas amistades, en vez de acercar hacia Dios, estaban continuamente jalando en la dirección opuesta la dirección del vicio. Eso es ser también de los pájaros. A veces somos gente árida. A veces nuestro escepticismo. A veces nuestro cinismo hace muy difícil la obra de la evangelización en otros. ¿Y qué tal el tema de las zarzas? Aquellas personas que únicamente se preocupan por las cosas de este mundo y que están exigiendo sólo las cosas de este mundo, producen un efecto de zarza en los demás.

Estoy pensando en el caso de aquellos hijos que miran a los papás o a las mamás como si fueran cajeros automáticos y lo único que esperan de ellos son permisos y dinero. De esa manera están menospreciando toda la labor, la hermosa labor de sus papás. Como podemos ver, una parábola como la del sembrador siempre tiene mensajes nuevos para nosotros y es bueno escuchar las preguntas y es bueno en soledad de amor y fe ante el Señor, tratar de responderlas.

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