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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo habla en parábolas porque son su manera de revelar y a la vez proteger el gran misterio de amor del que es portador.
Homilía ao15008a, predicada en 20110710, con 16 min. y 41 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, el Evangelio que acabamos de oír tiene como tres partes. En la primera parte Jesús dice su parábola que es la más conocida de las parábolas de Cristo, la parábola del sembrador. En la segunda parte, Jesús hace como una reflexión, como pensando en voz alta lo que es su ministerio. Y esa parte nos va a interesar mucho hoy, porque ahí es donde Jesús nos ayuda a comprender de qué manera Él nos está revelando a Dios, nos está mostrando el Reino de Dios, nos está señalando una esperanza que no muere. La tercera parte del Evangelio es la explicación de la parábola del sembrador en clave Alegórica, es decir, trasponiendo esos distintos elementos de la narración que había hecho y encontrando a cada elemento un equivalente. Ya sabemos qué significa el terreno al borde del camino, el terreno poco profundo, el terreno entre zarzas. Así que el texto del Evangelio tiene tres partes. De esas tres partes. En esta ocasión yo quisiera que nos centráramos en la segunda. Y la segunda parte es la que empieza cuando los discípulos le preguntan a Jesús, ¿Por qué les hablas en parábolas? Y Jesús da una respuesta y hace como una reflexión que tiene que ver no solo con la parábola del sembrador, sino que tiene que ver con todos los discursos de Cristo. Es más, tiene que ver con la persona misma de Cristo. Los discípulos se extrañaron o se extrañaban de que Jesús hablara en parábolas. Esto nos lleva a nosotros a preguntarnos qué tipo de enseñanza era la que ellos estaban esperando. Quizás esperaban una enseñanza mucho más clara. Hablar en parábolas es como hablar por medio de símbolos, comparaciones, narraciones, que siempre quedan abiertas a varias interpretaciones. La pregunta de los discípulos tiene sentido porque es evidente que Jesús trae un mensaje muy nuevo. Jesús trae una fuerza muy grande de salvación. Se puede esperar que este gran líder que es Jesucristo, hable claro Porque la gente ciertamente espera eso de sus líderes que hablen claro, que nos diga, por ejemplo, el político, en qué consiste su programa, que al catedrático se le entienda lo que dice en la clase, incluso artistas o poetas se espera que marquen tendencias y que las marquen con claridad. Así que parece que Cristo está faltando a la claridad con ese lenguaje lleno de narraciones y de símbolos. ¿Por qué obra así? Esta es la pregunta de los discípulos. Vamos a dar una respuesta en nuestro propio lenguaje y luego vamos a ver qué es lo que dice Cristo, porque es maravilloso este evangelio de hoy para descubrir cómo obra y quién es este profeta de Nazaret. En nuestro propio lenguaje la respuesta es la siguiente: Cristo habla en parábolas para revelar y al mismo tiempo proteger el misterio. Cristo viene a traer algo muy grande, muy santo, algo que a la vez es muy necesario para el ser humano, pero muy despreciado por el ser humano. Entonces, la revelación que trae Cristo, no solo en esta parábola y no solo con sus palabras en general, sino con todo su ser. La revelación que trae Cristo es una revelación que a la vez muestra y parece esconder. Pero no es que esconda, es que protege. Vamos a tratar de ver cómo esto conecta con algunas experiencias nuestras. ¿No es verdad que a ustedes y a mí nos resulta incómodo que una persona, o mejor dicho una parejita en público, esté haciendo demasiadas muestras de afecto? ¿No es verdad que resulta incómodo y que a veces parece casi vulgar? Cuando hay parejas que sienten como el impulso de expresarse todo su cariño y toda su efusividad en público. No es que haya nada particularmente sucio en el afecto humano. No es que haya nada malo en el cuerpo que Dios creó, pero sin embargo, nos sentimos incómodos y sentimos que, por ejemplo, un parque o un bus no es el lugar para estar con demasiadas meloserías y con ese tipo de expresividad que más bien nos hace sentir incómodos a los demás. ¿Qué hay detrás de esta sensación de incomodidad? Pues lo que hay detrás es una especie de conciencia de que el ser humano tiene expresiones delicadas, casi sagradas podemos decir de su afecto. Esos besos tiernos, esas caricias entrañables. No es que sean malas en sí mismas, sobre todo si se hacen con la persona adecuada. Por supuesto, ni más faltaba si esas caricias son para la persona adecuada, por ejemplo, el esposo para su esposa o incluso los novios dentro de ciertos límites. Eso no tiene nada de malo. Pero precisamente porque se trata de algo tan delicado, precisamente porque es un lenguaje tan íntimo. Por eso mismo creemos que tiene su propio lugar. Creemos que tiene que ser protegido. Y este es el misterio de lo más grande y de lo más noble. También lo dice San Pablo refiriéndose a nuestro cuerpo. Dice San Pablo que las partes más delicadas de nuestro cuerpo, las partes más sensibles de nuestro cuerpo, que son nuestras partes íntimas, son las partes que protegemos más. Y en esto consiste la hermosa virtud del pudor. Nuestra intimidad no es para exhibirla. Nuestra intimidad requiere de recato y de protección, precisamente porque la intimidad es ese lenguaje más profundo que tiene el cuerpo humano. Bueno, aplícale lo mismo a lo que aquí estamos diciendo de Cristo. Cristo el Señor, lo que viene a decirnos en últimas es que Dios nos ama con locura. Que Dios nos ama de una manera, de una manera extravagante, insólita, inédita, maravillosa, incontenible, irrevocable. Ese es el amor de Dios. Entonces Jesús, Jesús mismo, es la declaración del amor de Dios. Y esa declaración de amor tiene que darse en condiciones tales que no sea despreciada. Por eso también, y sigo haciendo comparaciones con el amor de pareja. Por eso también cuando una persona, supongo yo que típicamente el hombre. Aunque las cosas han cambiado tanto, cuando el hombre le va a declarar su amor a su doncella. Se siente nervioso. ¿Por qué? Porque puede recibir un sí. Y entonces será el hombre más feliz del mundo. O puede recibir un no y entonces su orgullo masculino quedará devastado. Su esperanza quedará hecha trizas, Su corazón quedará deshecho y no tendrá otro consuelo sino poner en su actualización de estado en Facebook: -Estoy derrotado, triste. Nada queda de mí-. Así pues, exponer el amor es arriesgarse. Y por eso una persona en su sano juicio reserva las expresiones de amor para ciertas personas. ¿Qué diríamos, por ejemplo, de una muchacha que anduviera por ahí besando en la boca a todo el mundo? Diríamos O está trastornada o es loca o es prostituta o ¿Qué le pasa? ¡No! La mujer reserva los besos de sus labios, lo reserva para su amado. Eso no es para estar besando a todo el mundo. Jesús es la expresión purísima, la expresión perfecta y plena del amor del Padre. Y ya le pasó a Cristo varias veces. A pesar de todo, su recato místico y espiritual le pasó varias veces a Jesucristo que sus expresiones de amor no eran entendidas. Yo creo que el ejemplo más notable es lo que sucedió con la Eucaristía. Acompañadme, hermanos, a este momento sublime en la sinagoga de Cafarnaún, cuando Jesús pronuncia las siguientes palabras: "El que no coma mi carne y no beba mi sangre no tiene vida". Imagínate qué tenía que estar pasando por la mente de Jesús, por el corazón de Jesús cuando dijo esas palabras. Esas palabras son una declaración de amor como nadie más la ha hecho en esta tierra. Lo que Jesús estaba diciendo es: -Aquí estoy, cómanme. Cómanme. Soy de ustedes. Así los ama Dios. Cómanme. Soy de ustedes. Soy su vida. Soy su pan, aquí vengo para darles vida. Vida para siempre. Es una declaración de amor colosal. ¿Cuál fue la respuesta de la gente? . . .Este tipo. . . ¿Cómo nos va a dar a comer su carne? Es decir, había una diferencia de planos. Jesús está en un plano sublime, místico, celestial, precioso. Aquí está mi cuerpo. Soy de ustedes, cómanme, soy su alimento. Así se da Dios para ustedes. Y los otros están pensando en que ¿Cómo se va a comer uno esa carne? Que ¿Cómo se le ocurre, que ¿Qué le pasó? Precisamente porque hay ese desnivel tan salvaje entre lo que viene Dios a darnos y lo que nosotros podemos entender y recibir. Por eso Jesús utiliza este lenguaje, este lenguaje que es el lenguaje del amor, que es el lenguaje de la sugerencia, es el lenguaje del claroscuro. Si me permiten esta expresión es el lenguaje de la insinuación, la santa insinuación. ¿Qué hace una pareja típicamente cuando parece que se gustan? Entonces la gente empieza a mandar ciertas claves. En eso por supuesto, creo yo que las mujeres van kilómetros adelante de nosotros, los hombres. La mujer empieza a mandar ciertas claves, detiene la mirada uno punto tres segundos más de lo que sería normal. A ver si el tipo entiende. A veces entiende, a veces no entiende. Le detiene un momentico la mirada y luego la quita. Esa parte es clave quitar la mirada. Eso lo aprenden las niñas o yo no sé si es que nacen con ese chip activado, pero yo he visto, por ejemplo en mis sobrinas desde pequeñitas, tienen tres años o tres años y medio y la niña está haciendo alguna cosa graciosa, está bailando, está desfilando. Está haciendo cualquier cosa bonita. Apenas uno la mira, se esconde. Ese es un chip que ya traen activado. Eso debe estar relacionado con el cromosoma x-x. Alguna cosa sucede ahí. Es la insinuación. Aparece y se esconde. Como en el Cantar de los Cantares, "Mi amado es un fiel cervatillo. Aparece y se esconde, se muestra a la vez arrojado y tímido". Es el lenguaje del amor. Éso son las parábolas de Cristo. Son maneras literarias bellísimas de mostrar el amor para quien sabe entenderlo y esconderlo para quien quiere profanarlo. Yo les invito hermanos, a que recibamos a este Cristo. Cuando Él estaba casi para morir, dijo estas palabras: "Yo tendría todavía muchas cosas que decirles, pero ustedes no pueden ahora con ellas". El que habló así, Jesús, con un dejo de frustración, lo que estaba indicando mis hermanos, es lo que aquí estamos diciendo: El lenguaje de Jesús, el lenguaje sin parábola, el lenguaje directo; Él también ama ese lenguaje. Pero para llegar a ese lenguaje hay que crecer en el amor. Y termino con la analogía del amor de pareja que he tratado de desarrollar en estos minutos. Es lo mismo que sucede con la parejita. Empiezan con las insinuaciones con que si sonrío, con que no sonrío, con que me dejo ver. No me dejo ver. Lo llamo tres días seguidos y después dejo de llamar una semana a ver si me extrañó. Todos esos jueguitos, todos esos jueguitos de amor, terminan cuando ya la pareja está consolidada. Entonces ya se miran a los ojos y se dicen "Te amo" y ya el lenguaje es directo, ya no tienen que estar dando rodeos. Así también pasa con Jesucristo. Jesús parece que estuviera dando rodeos con todas estas parábolas, pero son los juegos del amor. Son las insinuaciones de un corazón que quiere conquistarnos. Y si nosotros nos dejamos conquistar por Cristo, llega el día en que Él abiertamente abre los tesoros de su gracia y nos regala unos torrentes de luz que ya no tienen parábola y que tampoco tienen comparación.

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