Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Siendo mejor terreno y mejor semilla, no dejar de ser sembrador generoso.

Homilía ao15006a, predicada en 20080713, con 12 min. y 1 seg.

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Transcripción:

Como decía al principio de la Santa Misa, es un desafío para ustedes escuchar un texto tan conocido y para mí predicar de un texto tan popular. Y sin embargo, aquí se demuestra que la Palabra de Dios tiene una fecundidad inmensa. Queriendo preparar algunas palabras para esta homilía, volvía a sentir cómo es nuevo este texto. Cómo podemos encontrarle siempre nuevas aplicaciones. Por ejemplo, el Señor me inspiraba esto, que uno puede colocarse en el lugar de los distintos actores o protagonistas de esta parábola. O sea, uno puede ponerse en el lugar del sembrador o puede ponerse en el lugar de la semilla, o puede ponerse en el lugar del terreno, que es la aplicación que viene en el mismo Evangelio.

Incluso uno puede ponerse en el lugar de esos pájaros malignos que no dejan que otra gente reciba la palabra. O uno puede ponerse en el lugar de esas zarzas que cubren, que sepultan, que llenan de inquietud a otras personas, las agobian de tal manera que no las dejan recibir esa misma palabra. O sea, uno puede tomar distintas cámaras para ver esta película. Esto es como la tecnología maravillosa de esos videos que vienen filmados con varias cámaras, y si uno tiene el aparato apropiado, entonces uno en el control remoto uno dice Oye, espera, que esa escena me gustó, voy a verla desde este otro ángulo. Y ahí en el menú, le dice a uno: Puedes ver esta escena desde tantos ángulos, tantas cámaras diferentes. Es una cosa fantástica. Pues algo así es esta parábola.

Uno puede pensar, por ejemplo, en la actitud de este sembrador. Parece despreocupado. Parece que a él no le no le importa demasiado saber que una parte de su mensaje se va a perder. Es como un optimista, un optimista consumado o mejor, alguien que está tan seguro de la calidad de la semilla que sabe que aunque algo se pierda, se alcanza a recuperar y va a sobrar. La matemática nos dice que si de una sola semilla pueden salir 30, aunque el 90% del auditorio no prestara atención, con esos 30 se recupera mucho más, muchísimo más de lo que se perdió. Entonces, en este sentido, la parábola nos invita a ser sembradores generosos, a que no nos obsesionemos o no nos angustiemos si de pronto queremos mostrar nuestra fe, dar testimonio de nuestra fe a alguien y nos rechaza.

De hecho, mucha gente nos va a rechazar, por lo menos al principio, si nos presentamos como cristianos católicos misa, sacramentos, Confesión. Oración Pues empezamos a pertenecer al grupo de los ridículos atrasados que no han entendido para qué sirve la ciencia, que no se han dado cuenta que la Iglesia es una institución represiva, carca, una institución retrógrada, cavernícola, que no sabe sino quemar sabios. ¿No ves lo que hizo con Galileo? Es una institución pavorosa, tenebrosa, que solo se puede conocer si uno va al cine y mira esos monjes, sobre todo dominicos, allá, torturando a la gente despacio y dando vueltas a la rueda, despedazando las carnes inocentes de una doncella cuyo único pecado es resistirse a creer lo que le dice el monje. Esa es la Iglesia. Y tú perteneces a esa institución repugnante y ridícula que no sabe nada de nada, que no sabe sino mirar por sí misma.

Por supuesto, con toda esa propaganda que nos hacen a los cristianos en el cine, en las librerías y demás, pues apenas uno dice soy católico, ya perdió popularidad inmediatamente el rating baja, inmediatamente, uno cae por el suelo, no sirve para nada. . . -Yo pensé que habías evolucionado, pero. . . Pero no. Sigues en el siglo XVIII No quieres soltarte de tus cadenas. Tienes unos atavismos, Es la palabra. Tienes unos atavismos pavorosos. Quédate entonces con tu moral de otras épocas. Me voy con los que sí son libres. Bueno, eso le pasa a uno muchas veces. Y uno puede sentir que uno es un sembrador ineficiente, torpe, que se queda solo. Pero en realidad la semilla cae. En realidad la semilla da fruto.

Entonces esta parábola nos invita a ser generosos. Mucha gente se burla de uno, se puede burlar de la Iglesia, se pueden burlar del Evangelio, se pueden burlar de la moral que nosotros predicamos y que a veces a nosotros mismos nos cuesta trabajo practicar, pero no falta la persona que se da cuenta que es tanto el odio que la gente tiene y tanto el asco que la gente tiene hacia la Iglesia, que finalmente uno dice será verdad todo eso? Y se pone uno a escarbar un poquito en los libros de historia y ve que sí, es verdad.

Hay una cantidad de gente repugnante en el clero, una cantidad de gente egoísta, lujuriosa, envidiosa, intrigante, codiciosa, ególatra. Pero no faltan también unos cuantos, que tampoco son tan poquitos. Unos cuantos que son generosos y que son buenos y que han hecho una cantidad de cosas buenas por mucha gente, aparentemente sin otro interés que servir a Dios. Entonces uno dice sí, es verdad que hay mucha imperfección y mucha basura, pero yo prefiero ser de los que ayudan a limpiar y no de los que ayudan a criticar. Entonces, cuando uno empieza a repartir esta semilla de la palabra uno se encuentra con que más de una persona toma esa actitud y uno se encuentra con que a más de una persona la vida se le mejora, se le embellece.

Más de uno siente libertad y siente alegría. La comunidad mía, los dominicos, nosotros, los dominicos, que somos los que salimos como inquisidores en el nombre de la rosa y en otro poco de películas, cada vez que necesitan un inquisidor sacan a un hombre con hábito de estos. El hábito de nosotros. Cada vez que un inquisidor sale uno con este hábito; ya yo sirvo para hacer cine. Entonces nosotros tenemos como nombre oficial Orden de Predicadores. Y ustedes pueden creerme, hermanos, que las maravillas que ve uno en la predicación son para morirse de alegría. Acabo de llegar, por ejemplo, de un par de misiones en Estados Unidos con hermanos nuestros de lengua española, y es maravilloso ver la gente, es decir, cuando tú ves una persona, cuando tú ves un hombre de cuarenta y tantos años de edad que tiene veintitantos años sin confesarse, postrarse ante Cristo, llorando, dándole gracias porque le ha tenido paciencia y misericordia, tú dices: -Realmente hay algo poderoso en el Evangelio, hay que seguir sembrando así hagan más películas o así, hagan lo que se les dé la gana-.

Uno también puede ponerse en el lugar de los terrenos, como dijimos aquí. Y esto va en serio. De verdad que si uno no procura ser el mejor terreno posible, si uno no procura verdaderamente acoger la Palabra de Dios con todo el ser, pierde demasiados años en la vida. Y pierde demasiada vida, en los años que Dios le dé. Hay que tratar de ser el mejor terreno y para esto hay que estar atento, hay que tratar de captar algo. Una estrategia muy buena es tratar de llevarnos a la casa siempre que salgamos de la misa o en otro lugar donde tengamos cerca la Palabra de Dios. Llévate siempre por lo menos una ojalá dos frases. Llévate algo para tu casa. Jamás digas -fui a la misa a mirar solamente lo que ahí sucede-. Uno tiene que llevarse algo para la casa. A veces el padre es un buen predicador, otras veces es un mediocre, otras veces se ve que no preparó nada. Otras veces se ve que el tipo se confundió y fue como un avión que no sabía dónde aterrizar.

Pero a veces el padre acierta y aunque el padre no acierte, lo importante no es el padre. Lo importante es la palabra. Esta palabra, uno tiene que llevarse sobre todo del texto mismo de la Biblia o de las oraciones, llevarse algo para la casa. Esa es una manera de mejorar como terreno. Pero decía que también uno puede pensar que uno es semilla. Por ejemplo, nosotros somos semilla cuando somos enviados. Esos pobres granos, por ejemplo de trigo que fueron esparcidos, pues ellos no determinan a dónde fueron a caer. Nosotros, los religiosos, por ejemplo, nosotros los dominicos, inquisidores, torturadores, nosotros los religiosos, somos enviados a muchas partes. Por ejemplo, yo no escogí en principio venir a hacer este estudio que estoy haciendo en este país. A nosotros los religiosos y los misioneros con mucha frecuencia nos envían, a muchas y diversas partes.

Yo tengo compañeros que están haciendo estudios o están trabajando pastoralmente o las dos cosas en países como Cuba, Ecuador, Estados Unidos, Canadá, Ruanda, España, Francia, Italia y aquí en Irlanda. Pues entonces es mi caso. Eso es como la semilla. A nosotros los misioneros, nos botan así. Nos envían. Y a veces es bonito pensar que las distintas circunstancias de la vida, aunque uno no sea religioso, lo ponen en un determinado ambiente y que uno tiene que tratar de hacer lo mejor posible en ese ambiente en el que llega. Hay que, como decía un compañero de mi comunidad en Colombia, hay que buscar florecer allí donde el Señor nos ha plantado. Y yo creo que ese es un lema muy bonito, porque a veces uno lo único que hace es quejarse.

¡No! Que aquí la gente no cree, la gente no practica que era mejor allá en mi país, o quejarse de otras cosas. Tantas cosas que sé de economía o del clima o de lo que sea. Es mucho mejor buscar de qué manera puedo conectar con este lugar. Fíjate que la semilla solo germina cuando conecta, la semilla tiene que conectar con el terreno. Entonces, si nosotros estamos en este país, hay que saber conectar. Ese conectar es lo que el Papa Juan Pablo II llamaba inculturarse. Hay que saber conectar con el lugar donde uno está, encontrar qué es lo bueno de este hermoso país, qué es lo bueno de esta cultura y de esta gente. Cómo puedo yo conectar con esa bondad, con eso bueno que hay ahí.

Aprendiendo mucho de ellos, agradeciéndoles mucho y al mismo tiempo algo podré aportar. Esa conexión le ayuda a uno a ser mejor semilla, ser mejor testigo del país de donde uno viene, pero sobre todo, ser mejor testigo de Cristo. Que estas reflexiones nos ayuden a valorar el Evangelio, que nos ayuden a descubrir esta luz y a sentirnos felices en el lugar en donde nos encontramos. A nosotros, al fin y al cabo, lo que se nos ha pedido es que sepamos sembrar o ser sembrados. El fruto, finalmente solo lo puede dar Dios.

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