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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Homilía ao15005a, predicada en 20020714, con 13 min. y 57 seg. 
Transcripción:
Hermanos, casi siempre cuando predicamos de este texto del Evangelio, capítulo 13 de Mateo, nos fijamos especialmente en los terrenos, los distintos terrenos. Hay un terreno pedregoso, hay un terreno con zarzas, hay un terreno al borde del camino y hay un terreno bueno. Y la comparación más espontánea es para hacernos la pregunta: ¿qué clase de terreno soy yo? Pero también se puede hacer la reflexión al revés, no fijándonos en el terreno, sino fijándonos en la semilla. Porque algunos estudiosos de la Biblia dicen que la primera intención en esta parábola era hablar no tanto de la tierra, sino de la semilla. Y parece que esa es la intención que tiene nuestra Madre, la Iglesia Católica, cuando nos presenta el texto de la primera lectura, el texto de Isaías, que es un texto sobre la semilla, un texto, sobre la eficacia del agua que viene del cielo y que hace brotar la semilla. ¿Qué vamos a decir de esta semilla? La semilla es la palabra, nos explica Jesucristo. Y parece que el sentido original de la parábola del sembrador es llevar nuestra atención al plan de Dios. Fíjate cómo va hablando Cristo, dice: "Un poco al borde del camino, otro poco terreno pedregoso, otro poco entre zarzas" , y ya no dice el último poco, sino dice: "El resto" . Esta expresión significa mucho porque los profetas hablaban del resto. Por ejemplo, Isaías hablaba del resto, Sofonías hablaba del resto, del pequeño resto. Cuando un jugador va a apostar ya lo último, el todo por el todo, dice voy los restos, lo último, el resto. Parece que eso no es simplemente una manera de nombrar el último porcentaje de granos de trigo, por ejemplo. Lo que Dios quería enseñarnos en primer lugar con esta parábola era: -el poder del resto-, lo grande que puede ser el resto, y se lo voy a demostrar matemáticamente. Observe usted, que Cristo nos habla de cuánto produce cada granito. Hubo granos que produjeron el ciento por uno, otros el sesenta por uno y otros el treinta por uno. ¿Eso qué quiere decir? Que cuando uno ve que se echó la semilla al borde del camino y se la comieron los benditos pájaros, se perdió; cuando uno ve la semilla que brotó demasiado pronto y que no tenía profundidad, se perdió y uno siente pesar por lo que se pierde. Y la otra entre zarzas, y se perdió. Y uno dice conclusión todo se perdió. Mejor dicho, casi todo se perdió, por ahí quedaría un resto. Ah, pero aquí es donde nos dice Cristo: -Pues ese resto produce tanto como usted no se puede imaginar-. Supongamos que eran, bueno, un número determinado de granos. Y vamos a suponer, vamos a suponer que la mitad se fue al borde del camino, que es una cosa loca, y vamos a suponer que la mitad de lo que quedaba se fue en terreno pedregoso y que la otra mitad de lo que quedaba se fue entre zarzas. De acuerdo con las matemáticas, porque esta es una demostración matemática, el ochenta y siete punto cinco por ciento de las semillas se perdió, pero quedó un doce punto cinco por ciento. Y Jesús dice que el que menos produjo en ese resto fue treinta por uno. Eso significa: si usted sigue haciendo las multiplicaciones, estas, eso significa que el treinta y dos punto cinco por ciento produce el trescientos setenta y cinco por ciento de ganancia neta. Los economistas me corregirán aquí estos porcentajes. Lo que quiere decir, que si el resto es fecundo, si el pequeño resto es fecundo, cubre con creces todos los fracasos, las tristezas, las decepciones, las frustraciones. Quedó apenas un poquitico, pero ese poquito produce tanto que cubre toda la pérdida. Y esto sí que se lo entendían bien en el tiempo de Cristo, porque ustedes saben cómo sembraban en aquella época; no utilizaban tractores ni mucho menos. Los métodos eran terriblemente ineficientes, hacían un pliegue en el vestido y echaban aquí la semilla, iban arrojando. Era un método muy ineficiente, pero los campesinos no se morían de hambre. ¿Por qué? Porque el poquito que se salva, salva todo. O sea que la enseñanza del Evangelio de hoy, es esa. Bueno, se pueden sacar muchas enseñanzas, pero es bonito mirar esta de hoy. El poquito que se salva, salva todo y por lo tanto el mensaje es un mensaje de esperanza, es un mensaje de alegría. El poquito que se salva, salva todo. Parece que eso tiene que ver con lo que sigue después, allí donde Jesús dice a los discípulos: "Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos porque oyen Os aseguro que muchos profetas desearon ver lo que veis y no lo vieron" , y lo demás que sigue. Eso indica que Jesús parece quedarse tranquilo con ese pequeño grupo de discípulos. Así mucha gente no entienda, por qué se queda tranquilo, porque a la larga la cosecha va a ser grande. Según nuestras matemáticas, rudimentarias, trescientos setenta y cinco por ciento; eso es una ganancia buena en cualquier negocio. Y eso si toda la semilla diera el treinta por uno, porque hay semilla que da el sesenta por uno y hay semilla que da el ciento por uno. Así que el mensaje es: En la vida encontrarás muchas tristezas y muchas veces pensarás que no vale la pena ser bueno, en la vida encontrarás que la bondad muere sepultada al borde del camino; en la vida encontrarás que las buenas iniciativas se secan pronto y en la vida encontrarás que la oferta de Dios parece morir ahogada en medio de tanto ruido y tanta idolatría; en la vida encontrarás que parece que todo se muere y que nada vale la pena. Pero no te desesperes, no decaigas, Dios tiene su resto y el resto lo salva todo, porque hay una cosecha grande que está gestándose en lo profundo de la tierra. No es una cosecha que esté a flor, no es una cosecha que esté en la superficie, porque lo que está en la superficie es superficial. Hay una obra profunda de Dios, hay una obra de Dios que se gesta allá en lo profundo de la tierra y en esa obra maravillosa ya tú te puedes regocijar. Dios va a salir adelante con su plan. Esta es una palabra que lleva mucho consuelo, que lleva mucha fuerza, porque Cristo lo que nos está diciendo es: -Escoge pertenecer al resto-. Porque claro, lo más cómodo después de que uno dice: -mire, vea todo sale mal-, ya este mundo se pudrió en el pecado; la juventud ¿para qué sirve la juventud? para nada, para prostituirse, para drogarse, no sirven para nada; los políticos ¿para qué sirven?, para nada; los sacerdotes ¿para qué sirven?, para nada. La familia, ¿Qué le pasó a la familia? se acabó, ya todo se acabó. ¿Para qué sirve ese lenguaje? Ese lenguaje sirve para luego tapar uno las mediocridades de uno. Muy bonito decir uno que el mundo está cochino y que está podrido para luego ser un mediocre. Cristo nos llama hoy: -No vengas con disculpas, hoy te invito a que pertenezcas a un grupo maravilloso que se llama: El resto, El resto- arriésgate a pertenecer al resto. Aquí, por ejemplo, en nuestra parroquia tenemos un grupo que se llama El resto, bueno, se llaman propiamente: Juventud eucarística del templete, pero los podríamos llamar: El resto. Ahí están, mire, los puede ver, desde la niña del Mickey Mouse hasta el joven de las municiones. Bueno, y muchos otros, y no es por dar un ejemplo, yo sé que hay muchas obras de Dios en la parroquia. . . Mire, ahí están, cualquiera dice: -no, eso ya la juventud, ya se pudrió, de un joven, ya que se puede esperar de un joven-. De un joven, se pueden esperar cosas maravillosas, de un joven se puede esperar que esté cada ocho días en la iglesia enseñándonos a amar la Palabra de Dios; de una joven se puede esperar que esté cada ocho días enseñándonos a proclamar la fe. Y allá hay otros jóvenes también que cantan y que alaban y bendicen, -o casi jóvenes, más o menos-. Siempre Dios se sale con la suya. Dios es poderoso y el reto es: Deje de escudarse diciendo que todo el mundo se dañó. Arriésguese más bien a pertenecer al pequeño resto. Entre usted también a una comunidad, una comunidad neocatecumenal, un grupo de la Legión de María, una reunión op, un grupo de oración; arriésguese a pertenecer, comprométase a fondo y sea usted de los que producen el treinta por uno. Sea usted un hombre que vale por treinta, sea usted una mujer que vale por cien. Esa es la propuesta de Jesucristo, deje de andar diciendo: -ya como todo se dañó- Ah, muy bonito decir ya todo se dañó para luego entonces usted seguir con su ruta de mentira, de adulterio, de traición y decir, como todos somos unos desgraciados pecadores. ¡No, señor!, la disculpita, se le acabó el día de hoy. Hoy Jesucristo lo llama a usted a pertenecer al grupo élite, un grupo que se llama -El resto-. Ya estos muchachos y estas niñas tomaron esa opción y pertenecen al resto. Es decir, van resteados. Estos muchachos nos están enseñando que son capaces de hacer por veinte o por treinta o por cien. Es un mensaje tan fuerte el de Jesucristo. Vamos a dejar que el amor de Dios se adueñe de nosotros. La fecundidad viene de arriba, viene del cielo, nos dice Isaías. Dejemos que llueva sobre nosotros, aparte de esta agua que desborda el Guatiquía, dejemos que llueva el don del Espíritu Santo, que ese no produce sino inundaciones de gracia y maremotos de amor.

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