Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Evitar las preocupaciones para que la Palabra de Dios caiga en tierra buena.

Homilía ao15004a, predicada en 20020714, con 33 min. y 15 seg.

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Transcripción:

Yo creo que como predicador, como sacerdote, tengo una experiencia que compartirles en este día de la parábola del sembrador. Donde están ustedes sentados, tienen ocasión de mirar al que está predicando, pero eso también funciona de aquí para allá. Ustedes miran al sacerdote y descubren muchas cosas, si está cansado, si está enfermo, si habla con convicción o si está cumpliendo un oficio solamente. Hay veces que uno siente, este hombre habla eso porque le toca. Otras veces uno siente, estoy ante un enamorado de Dios y de su Palabra. De alguna manera ustedes tienen ocasión de valorar lo que es el sacerdote y eso yo no puedo impedirlo porque estoy ante sus ojos. Pero eso también funciona de aquí para allá.

Es decir, también yo me doy cuenta de cómo reciben ustedes la palabra. Y por eso podemos decir que en cada Santa Misa esta parábola se cumple, en cada Santa Misa uno se encuentra con estos terrenos de los que habló la parábola. Uno se encuentra con esa semilla que cayó al borde del camino. Que ni siquiera alcanzó a llegar a la Tierra. ¿Esto cuándo sucede? Esto sucede cuando el micrófono no funciona. Momento en el que falla el micrófono. No, no se puede. Cuando falla el micrófono. La palabra no llegó. Otras veces el micrófono tiene una cantidad de ruido, interferencia y uno se fastidia y no oye. Otras veces se predica la palabra y en ese momento, un niño, el niño más pequeño de toda la iglesia, empieza y empieza uno a sufrir porque sabe que hay un niño sufriendo. Claro, pero además nos está haciendo sufrir a todos.

Y hay mucha gente que no tiene la capacidad de concentrarse con un niño llorando al lado. Hay mucha gente que no tiene capacidad de concentrarse. Quizás yo sea de esa misma gente. En esos casos la palabra ni siquiera llega. Ni siquiera llega. Otras veces la ceremonia está tan plana, tan aburrida, tan monótona, la gente tan distraída o pensando en sus asuntos, sus problemas y la palabra no llega. Esto se da en todas las misas. Pero ¿Cómo podemos luchar contra eso? Porque no vamos aquí solamente a hacer la denuncia, sino miremos qué soluciones tiene eso. La única solución efectiva es, necesitamos preguntarnos cuando termine la homilía o cuando termine la Santa Misa, o cuando ya salgamos para la casa y no se me distraiga la señora, por favor.

Necesitamos preguntarnos ¿Qué fue lo que me dijo Dios? O sea que la responsabilidad es conjunta. Ustedes procuren entender lo mejor posible y yo trataré de hablar lo más claramente posible. El sacerdote debe tratar de exponer las cosas tan claramente como sea posible, pero el fiel que escucha debe atender con el máximo de su corazón y hasta donde pueda, con su inteligencia, debe estar ahí con los cinco sentidos, Señor: ¿Qué me quieres decir? Esa es la actitud de la persona que oye. ¿Qué me quieres decir Señor? Yo no quiero perder el tiempo, ni quiero hacerle perder el tiempo a nadie. ¿Qué me quieres decir tú? Así, mientras estemos oyendo y después al salir, tenemos que preguntarnos. A veces se puede hacer incluso en familia. ¿Qué nos dejó la misa de hoy? La misa no puede terminar solamente con "Podéis ir en paz". La misa hay que saberla prolongar, porque acuérdese que el mandamiento de la ley de Dios dice -Santificarás las fiestas-. No dice santificarás las misas.

El día del Señor es todo el domingo, el día del Señor no son los 45 minutos, o los 60 minutos de la misa. Si el día del Señor es todo el domingo, todo el domingo debe quedar santificado por una especial presencia de Dios en la familia. Santificar la fiesta. Santificar el día. He conocido familias campesinas que en su aparente ignorancia tienen más sabiduría que muchos de nosotros, porque conocí una familia que cuando salían de la misa, el papá empezaba a pasarle la lección a los hijos. A ver, explíqueme, Antonio, ¿Cuál fue el Evangelio? Ay, papá, yo no me acuerdo. Que no le vuelva a suceder mijo, que no le vuelva a suceder. Esté atento a ver, Claudita, ¿Cuál era el Evangelio? ¡Qué papá, qué calidad de papá! Así ayudaba a que los hijos estuvieran atentos y a que no fuera a suceder que los pájaros se comieran la semilla y se perdiera la palabra antes de llegar al corazón.

Dice Jesús: "Otra parte cayó en terreno pedregoso. Como la tierra no era profunda, brotó rápidamente. Las plantas quedaron expuestas muy pronto y se secó". Es decir, es la espiritualidad del Alka-Seltzer. Sube, baja. Otros dicen Sube como palma, baja como coco. Hay gente que se entusiasma fácil, pero dice Jesucristo, -Como no tenía profundidad, como era tierra poco profunda. . . - entonces fue únicamente la flor de un día. A todos nos gustan los eventos, los congresos grandes, las ceremonias solemnes, las grandes manifestaciones donde ¡¡¡Miles de personas alaban a Dios con toda la fuerza de su alma!!! Y dice uno, ¿Y qué se hicieron después? Y ahí sí, como dicen en Boyacá, -Sin saberse-. ¿Qué se hicieron todos los que alababan a Dios? ¡¡Bendito seas, Te alabo Señor Jesucristo!! Dónde están? No, pues como la tierra era poco profunda, como eran superficiales.

Todos tenemos algo de superficiales, especialmente si tenemos un temperamento rumbero. Guapachoso, tenemos algo de superficiales. Porque imagínese, lo llevan a uno a una misa con saxofón. Pa, pa, pa, pa pa pa pa pa pa pa pa. Y siente uno el poder de la alabanza, el poder del instrumento. Pero resulta que nadie vive en concierto todos los días de la vida. Entonces uno asiste a un tremendo concierto, alabanza y eso se mece la tribuna y luego va a ir a la misa de la parroquia y sale por allá un viejito que casi no se le oye y uno siente que esa misa ya no, ya no sabe a nada. Yo voy a esperar a mejor, a que organicen otro congreso, a que organicen otro evento y allá me vuelvo cristiano otra vez. Esa superficialidad también la tenemos. Esa superficialidad también nos aqueja. A nosotros. Nos cuesta trabajo vivir la espiritualidad día a día. El día emocionante. Aleluya, y el día aburrido. Ah, no para el día aburrido, Sí. Ahí sí prefiero ser pagano. Yo seré cristiano cuando me organicen un congreso bien hecho. De resto, cuéntenme entre los paganos; esos juegos no se pueden hacer con Dios.

¿Qué quiere decir esto? Que para no ser oyentes superficiales tenemos que luchar contra la superficialidad. Y esto se logra por medio de tres cosas. La primera cosa es: -El examen de nuestra conciencia-. Me parece que fueron sobre todo los padres jesuitas, los que descubrieron que era muy difícil estar en un camino serio de santidad si uno no tiene una costumbre, un buen hábito de examinar la conciencia y la conciencia se examina como hacía un padre en una parroquia que yo conocí, iba a empezar la misa. -Nombre del Padre, del Hijo del Espíritu Santo. Amén. El Señor esté con vosotros y con tu Espíritu. Hermanos, antes de empezar esta celebración, vamos a preguntarnos si hemos realizado lo que Dios nos dijo el domingo pasado. . . - A estas alturas, muchos, los del primer tipo de tierra, ni siquiera se acordaban de que era la misa del otro domingo, que ¿Qué era, cómo era, qué era lo que tenía, cómo era eso? Era como Sí, sí, hombre, claro que estaba, me parece. Venga a ver. ¿Estaba Jesús? Sí, claro. Estaba Jesús. De acuerdo, cierto. ¿Quién más estaba? A ver cómo era el domingo pasado. ¿Ah? ¿Qué tal que hiciéramos el examen aquí? Ah, pues se acuerda, hombre? El Evangelio ese donde estaba Jesús. Sí, sí. Es que Jesús está en casi todos los Evangelios. Pero ¿Quién más andaba por ahí? ¿A ver quién más? Los discípulos dice. Ah, bueno, cierto. Es muy raro encontrar a Jesús solo, debía haber algún discípulo por ahí. Cierto. ¿Quién más andaba por ahí?

Empezaba a examinar. Bueno, si uno no examina la conciencia, jamás va a salir de la superficialidad, hermanos. Y el examen de la conciencia se realiza poniéndose como frente a un espejo frente a la Palabra de Dios. Voy a examinarme frente a la Palabra de Dios y ahí se da uno cuenta todo lo superficial que uno es. ¿Qué era lo que tenía la misa del domingo pasado? A ver cómo era, era Jesús, estaba con los discípulos y empieza uno a hacer el ejercicio. . . Primer ejercicio, examinar la conciencia. Sin examen de conciencia jamás salimos de la superficialidad. Segundo ejercicio para dejar de ser tierra superficial como muchas veces somos. Segundo ejercicio: -Necesitamos hermanos, aprender a exigirnos más a nosotros mismos-. Para eso sirve, por ejemplo, lo que decíamos, usted va a la misa en su parroquia. De pronto la misa de su parroquia no tiene saxofón, se llama ese instrumento, ¿Cierto? Ah, no, me equivoqué, yo ni de eso sé. ¿Cómo se llama? Trombón. Trombón, Gracias.

La misa de su parroquia. Yo puedo apostar a que tal vez no tiene trombón. Y de pronto usted le encanta el trombón. Y usted dice que trombón también tocaba. Ese sí es trombón. Eso sí. Trombón. Claro. Hay gente que empieza a hacer cuentas y dice. Mmm. ¿En dónde andaría ese muchacho antes de convertirse? Mmm. Quién sabe en qué pasos andaba. Bueno, lo cierto es que el trombón no está en la parroquia. Haga usted el ejercicio de asistir a la misa. Esa misa que le parece aburrida y sea fuerte, sea exigente con usted mismo, no se deje llevar por la comodidad. Cuando usted quiere educar a un niño, usted qué hace; usted no le consiente todas las cosas. -Mamá, quiero otra media libra de arequipe-. Bueno, mijito, cómasela. No, eso no hace la mamá. La mamá le pone límites al niño. -Usted no me come más dulce hoy-.

Acuérdese que ahora tiene que comer acelga con apio. Y el niño dice Ay, mamá, yo no quiero. Pues tómese lo que uno por el abuelito, que otro por el tío. Y ahí vienen las peleas familiares, claro. Bueno, el hecho es que a los niños no les consentimos todo ¿Cierto? Nosotros en la espiritualidad también somos como niños. No queremos sino ir a la misa del trombón, a la misa con batería o con pilas. En fin, hermanos, uno no puede estarse consintiendo en todo. Si usted va a una misa que le parece aburrida, usted sea exigente con usted mismo, acérquese al parlante. Es que el padre casi no se le oye. ¿Y usted dónde se hace? En la esquina del frente de la iglesia. Ah, así va a quedar muy difícil. Ayúdese usted. Exíjase también. Esto tiene que ser de parte y parte. Pero exíjase usted también. Parqueese ahí dentro de la iglesia, donde usted pueda oír mejor, ponga todo de su parte. Concéntrese en lo que se está diciendo. Ah, pero es que esta misa no es emocionante, deje la superficialidad, no se quede solamente con las emociones. Vaya como las gallinas. Al grano. Vaya al grano.

Concéntrese en lo fundamental, en lo más importante. Así usted se ayuda a vencer la; ¿La qué? La superficialidad. Porque si somos oyentes superficiales, mañana nos llevan para otra parte, como le pasó a muchos ministerios de música. Yo espero que eso no pase aquí, pero en Bogotá eso pasó mucho. Les encantaba tanto, tanto cantar, cantar, tocar y cantar, cantar, danzar y tocar. Y la vida era una fiesta que entonces asomaba por ahí un manager de un grupo protestante y le decía, -Oiga usted, el del trombón, ¿Cuánto le están pagando a usted por eso? ¿Ya grabó un CD? Y claro, a un músico que le digan ya grabó un CD, ya se le abren los ojitos. De pronto hasta se le escurre un poquito la baba. Ay un CD, un CD. Ay, si yo grabara un CD y el grupo protestante le dice: -Nosotros te podemos financiar un CD de alabanza- y el músico empieza a sentir, -Ay si al fin y al cabo qué; es el mismo papá de nuestro Señor Jesucristo. . . Un CD de alabanza, hay un CD de alabanza, un CD y cómo será, que mucha gente pasó de los ministerios de música católicos, se fueron a grupos protestantes y allá grabaron un CD, dos CDs, tres CDs, No sé cuántos CDs llevarán, pero el hecho es que abandonaron la fe católica, vendieron su fe por un plato de CDs.

Esa es la superficialidad, hermanos. Por eso uno tiene que darse cuenta en qué está y uno tiene que aprender a exigirse. Tenga en cuenta que usted es como un niño chiquito, entonces necesita exigirse para salir de la superficialidad. El tercer recurso para salir de la superficialidad es la lectura. Necesitamos leer, hermanos, necesitamos leer la Palabra en nuestras casas y necesitamos lecturas que nos ayuden a edificar. Especialmente lecturas de los santos, lecturas del Catecismo de la Iglesia. Y en primer lugar, ya lo he dicho, lecturas de la palabra. Si nosotros no profundizamos en nuestra fe, no vamos a tener una fe profunda. ¿Qué opina de esa verdad que le acabo de decir? Elementalísima ¿No? Mire, cuando un médico se gradúa piensa dos cosas: Tengo que conseguir trabajo y tengo que seguir estudiando. Cuando un abogado se gradúa, piensa dos cosas: Tengo que conseguir trabajo y no me puedo dejar desactualizar. ¿De qué sirve un abogado desactualizado? Usted se imagina un abogado que dijera. De acuerdo con el código de 1966.

Viejito panzón, su código del 66, no sirve para nada, hermano. Ya, eso ha sido cambiado. Tenemos nueva Constitución, nuevo Código Civil. Usted no sabe dónde está parado. La única manera de ser un abogado en ejercicio es estar estudiando. El ingeniero asiste a congresos de ingenieros. El médico hace cuánto curso puede. El profesor hace especializaciones y el cristiano; mira televisión y se rasca la barriga. Y luego que ¿Por qué somos superficiales? Por qué somos superficiales. Porque nunca profundizamos. Necesitamos leer, necesitamos estudiar, asistir a cursos de formación, apoyar las actividades de formación que hay en la iglesia. Si uno no profundiza, nunca será profundo. ¿Qué opina de lo que le estoy diciendo? Pues elemental, pero es que yo no tengo tiempo para estudiar. Mire, hoy por hoy hay muchos libros. Desde los más sencillos, desde obras elementales con las vidas de los santos. Cada uno según su capacidad intelectual y económica, puede profundizar.

Y como sacerdote, me he encontrado con personas de un estrato muy humilde y una gran sabiduría, porque tienen la mente acostumbrada a meditar en la Palabra del Señor. O sea que el segundo terreno también se da. Y el tercero, pues ese sí qué más. El tercer terreno también se da. El tercer terreno es el de aquellas personas que dice aquí: "Otra parte cayó entre zarzas que crecieron y la ahogaron". Y el mismo Cristo explica cuando hace la homilía de esta parábola, -La preocupación por los afanes de este mundo-. Eso también nos pasa a nosotros. Me decía una vez una señora, una señora con muchos problemas económicos y de todo género. Decía: "Pues sí, padre, muy bonito rezar y rece y cante, pero a mí no me van a tirar el pan de los cielos. Yo tengo también que trabajar y yo tengo también que hacer mis cosas". Pues sí, sí, tiene toda la razón. Nosotros no estamos haciéndole propaganda a la vagancia ni a la pereza, pero no podemos someternos a la esclavitud del trabajo. No podemos someternos a la esclavitud de las cosas materiales. "Todo tiene su tiempo". Nos enseña la Palabra de Dios en el Eclesiastés.

Claro que hay que trabajar y hay que ganarse el pan con el sudor de la frente, no con el sudor del de enfrente. Claro que hay que ganarse el pan y claro que hay que trabajar, pero el trabajo no puede convertirse en una esclavitud para nosotros. Luego necesitamos para vencer la tentación de ser tierra de zarzas, para vencer esa tentación, para no ser más esa tierra de zarzas. Necesitamos ¿Qué? Separar un tiempo para Dios a través de la oración personal, a través de la Misa del domingo bien celebrada, bien vivida a través del retiro espiritual, a través de tantos paréntesis bellos que le traemos a nuestra vida. Vamos acostumbrándonos a liberarnos de la esclavitud del pecado. Mis hermanos. Y de la esclavitud del trabajo y de la esclavitud, de la codicia y de la esclavitud, de la idolatría. Uno no puede vivir pensando en sus negocios, sus negocios, sus negocios todo el tiempo.

Que si, que necesito plata, necesito plata, necesito plata. Esos son los que luego los filman y hablan dormidos. No, señor. Usted tiene que salir de esa esclavitud. Hagamos una cosa; usted ¿Cuántas horas pasa despierto? O sea, descontemos el tiempo que se duerme en misa. Usted. ¿Cuánto tiempo pasa despierto? Yo paso despierto 17 horas al día. No le parece que de esas 17 horas al día con que usted 12 horas, o de pronto menos, 8 horas. Yo no sé, pero supongamos 12 horas, con que 12 horas esté pensando en sus problemas y sus negocios, porque usted vive muy alcanzado de plata, ¿No le parece que ya está bien? ¿Por qué no deja otras cinco horas para otras cosas? Para ser feliz con su familia, para hablar de otros temas, para educarse, para formarse, para orar, para cantar. De esa vida, hermano, descanse, salga un momento de esa obsesión. Obsesión por el trabajo. Obsesión por el placer. Obsesión. Salga de sus idolatrías. ¡¡¡En el nombre de Jesucristo, salga de sus idolatrías, hermano!!! Usted tiene que darle un respiro. Tiene que tener un tiempo donde no esté pensando. . . A ver cómo hago más plata, a ver cómo consigo, a ver cómo hago. . . ¡¡No!!

Póngale un límite, hermano, póngale un límite a su trabajo y diga bueno, hasta tal hora voy a pensar en el trabajo. Es que hay gente que se levanta temprano a trabajar, almuerza pensando en el trabajo y por eso piden que le den sopa de letras para seguir allá haciendo sus cuentas. Y sigue pensando en el trabajo. No hace fiesta porque la siesta es para echar barriga y sigue trabajando. Y llega a la casa y le pregunta (a) la esposa -Amorcito, ¿cómo te fue? Mal. Tengo que seguir trabajando, tengo que seguir pensando más bien siéntese y deme ideas. Claro, se le acaba el matrimonio, se le acaba la familia, se acaba la paz en el hogar. Póngale un pare, hermano, póngale un pare a ese asunto. Usted no puede estar. Y llega un momento en el que la persona se embota. Fíjense cómo los deportistas tienen que entrenar. Pero también tiene un límite. ¿Usted no ha oído que algunos futbolistas les pasa que están sobreentrenados? Eso pasa en el deporte. Se sobre entrenó demasiado, ya quemó el organismo. Bueno, ya llega el gran partido de la persona, está quemada. ¿Por qué? Por tanto entrenamiento.

Eso quiere decir que a los deportistas, a los atletas, por ejemplo, les ponen un límite. Si usted tiene que entrenar todos los días, pero un límite, un límite, usted entrena hasta aquí. De ahí en adelante tiene que descansar. Vaya, Piense en otra cosa. Dese una vuelta. Respire. Mañana nos vemos por hoy estuvo bien. Éso hay que saber decirle a las preocupaciones de la vida. Sí, que hay que conseguir plata y trabajo. Y está el problema de la hipoteca. Y que viene una deuda y un culebrero terrible y todos los problemas que tenemos. Pero eso no se va a solucionar despedazandose usted la cabeza piense, piense, piense, acabando el hogar con amargura, con discusiones, no se va a solucionar. Hay un momento en el que hay que decir ¡¡¡En el nombre de Jesucristo no más, no más. No pienso más en esto!!! Señor, yo te dejo eso, yo estoy haciendo lo que estoy pudiendo. Necesito un tiempo.

¿Para qué? Debe decir un padre de familia, necesito tiempo para abrazar a mis hijos. Padre, pero es que yo no tengo hijos todavía. Bueno, pasee el perro. Yo no sé. Haga algo. Haga algo. Pero descanse. Descanse. Deje esa esclavitud. Usted no puede vivir esclavo de los afanes, de las angustias, de los problemas. No. Póngale un pare a eso. Un pare a eso. Recuerde una canción, haga como estas jovencitas. Éntrese a un grupo de danza y haga usted también su danza. Verá usted, ¿Cuándo ha visto una de estas muchachas tensas? Nunca. Ellas no sufren de estrés. No tienen sufrimiento. ¿Por qué? Porque se desestresan. Lo mismo necesitamos nosotros. ¡¡Póngale un límite, por favor, a esa angustia suya!! que tengo un hijo enfermo, que tengo un hijo alcohólico, porque los problemas no son solamente de plata, tengo un hijo que es enfermo, tengo un hijo que es alcohólico. Pues usted también tiene que ponerle un límite a la pensadera con su hijo borracho o con su hijo ladrón o con su esposo infiel. Usted tiene que ponerle un límite. El cerebro se agota, el cerebro se destruye pensando 18, 20 horas al día el mismo problema.

Llega un momento en el que uno ya no está pensando, sino está es destruyendo la cabeza. Póngale un límite a eso. Sí, padre, pero es que. Pero es que yo tengo un hijo que es borracho. Mire, él está borracho de licor y usted está borracho de pensar en la borrachera de él. Así que hágame el favor de dejar de pensar, dese recreo de hijo. Dese un recreo. Desde un recreo. Descanse y utilice ese tiempo. ¿Para qué? Ay para respirar profundo. Para darle gracias a Dios, porque cuando uno está obsesionado con un problema, entonces ni siquiera se da cuenta de las cosas buenas. Eso le pasa a la gente que está tan obsesionada con un problema, está tan obsesionada con un problema y tan obsesionada que no ve ni que el sol salió, ni que existen las estrellas, ni que hay bondad en el mundo, ni que Cristo está en el sagrario, ni que la Biblia nos cambia la vida. No, no importa nada, no importa mi hijo, que mi hijo es un hijo borracho, mi hijo borracho, borracho, mi hijo.

No, la vida tiene otras cosas. La vida no solamente es su hijo borracho, no es solamente su hijo borracho. Hay que saber ponerle un límite a las angustias, especialmente cuanto mayor es la responsabilidad de una persona. Piensen ustedes, por ejemplo, en el Papa, el Papa todos los días le llegan problemas. Creo que no haya un día que el Papa no reciba problemas. Todos los días le llegan problemas, problemas y más problemas. Figúrese que pasó esto, que mataron al obispo de no sé dónde, que secuestraron, que robaron, que todos los daños espirituales materiales del mundo. De alguna manera repercuten en el Papa. ¿Ustedes se imaginan al Papa desesperado, angustiado, saliendo por allá? En una homilía diciendo Mire, estoy que no puedo más, estoy que no sé ni qué predicarles ya con tanta problemática que hay. Ya, ya no más. Eso no sirve. Un Papa agobiado no sirve.

Todos necesitamos aprender a ponerle un freno a los problemas, por graves que sean. Óigame bien, por graves que sean. Problemas económicos, problemas familiares, problemas afectivos. Hay que saber ponerle un freno a los problemas. Usted en el nombre de Jesucristo tiene que ponerle un freno a los problemas. Esto nos puede pasar a todos. A las religiosas también les sucede. Tengo una angustia muy grande porque no sé porque el ambiente de la comunidad, porque me parece que no me parece que sí, me parece que casi me parece. Y el problema de la comunidad y el problema, y es que las hermanas y el problema de la comunidad. Mire, descanse un poco, respire para hablar Hermana, por favor, respire para hablar, descanse. Eso no se va a solucionar solamente con que usted lo piense y lo piense. Usted también necesita descansar.

El seminarista necesita descansar. Necesita. Pero es que tengo este pecado, es que tengo esta angustia, es que estoy en crisis. Usted no me entiende, padre, Estoy en crisis. En crisis estoy. Pues en crisis y todo. Así usted como esté, como decía otro padre, así usted esté crisiento, usted necesita. Necesita descansar. Dele recreo a su crisis. Dele un descanso a su crisis. Mi crisis es muy grande, padre. Pues el descanso tendrá que ser más grande. La vida cristiana no es una vida de agobios. Tenemos ocupaciones, pero tenemos que aprender a evitar las preocupaciones. Había un predicador muy bueno que enseñaba esto. Y con eso terminaremos, porque tampoco quiero que el agotamiento impida escuchar. Decía Mire, en vez de preocuparse, procure ocuparse. En vez de andar preocupado, ande ocupado. Haga lo que tiene que hacer. Todo lo que tiene que hacer.

Deje lo demás en manos de Dios. Ocúpese. No se preocupe. Ocúpese. Esté haciendo lo que tiene que hacer y déjele lo demás a Dios. Cuando nos ocupamos de escuchar la Palabra de Dios con atención para que no nos pase lo de la semilla al borde del camino, cuando nos ocupamos de vencer la superficialidad y queremos ser verdaderos oyentes, cuando nos ocupamos de liberarnos de la idolatría del trabajo y de las demás angustias, entonces empezamos a hacer tierra muy buena y la palabra va llegando a nosotros y la Palabra va venciendo en nosotros y la Palabra va haciendo una obra maravillosa en nosotros para alabanza de Jesucristo.

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