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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Aunque todo en nuestra vida parezca perdido, Cristo siempre se sale con la suya para salvarnos.
Homilía ao15002a, predicada en 19960714, con 7 min. y 1 seg. 
Transcripción:
En esta parábola conocida como del sembrador, casi siempre uno se queda pensando es, en la tierra y hacemos la parábola de la tierra por una explicación alegórica que se hace, que aparece en el mismo capítulo del Evangelio, sobre la tierra árida, sobre la tierra superficial, sobre la tierra llena de zarzas, sobre la tierra buena. Y casi siempre el objetivo del predicador es sacudir a la persona, sacudir al oyente para que trate de pensar qué clase de tierra es. Y este objetivo es laudable, pero no es el único que se puede buscar con esta hermosa parábola. Por ejemplo, uno puede darse cuenta de que Jesús dice al final: "El resto cayó en tierra buena" . Si queremos que esta sea la parábola del sembrador y no la parábola de la tierra, el interés y la atención debe estar ahí, en el sembrador. El sembrador es, la buena noticia. La tierra puede ser buena o mala, pero la buena noticia hay que esperarla no de la tierra, sino del sembrador. Ahora mira esto: -El resto cayó en tierra buena- esa expresión. -El resto-, en los labios de Jesús y en los oídos de los oyentes, tenía que hacer alusión a una cantidad de profecías que hablan del resto. Por ejemplo, Sofonías: Resulta que Dios saca adelante su plan siempre con un resto, siempre con un resto. David se sintió orgulloso, se sintió fuerte y quiso hacer un censo para saber cuáles eran todas las fuerzas vivas de su reino, después le tocó arrepentirse de eso, Salomón se llenó de esplendor y se llenó de riquezas y se llenó de alianzas políticas por medio de matrimonios; y por eso Dios también le llevó a que de esa abundancia y exuberancia viniera a quedar reducida al mínimo, la casa de David; y se dividieron en el reino de Judá y el reino de Israel, y luego ese reino de Judá quedó reducido al mínimo. Y luego de ese mínimo quedó el mínimo y de ese mínimo del mínimo; les botaron para el destierro. Donde prácticamente no quedó nada y los que volvieron del destierro fueron todavía menos. Esos que volvieron del destierro, esas personas, ese resto, -Esa es la esperanza, esa es la esperanza; lo que volvió del destierro-. Cuando uno ve a todo Judá, cuando uno ve a Jerusalén devastada y solitaria porque van saliendo, uno dice: -Pero se perdió todo-. Cuando llegan ciertos momentos de nuestra vida en que uno siente que todo se le va devastando, se le va acabando, uno dice: -se perdió todo-. Y Jesús dice: "Mira, en el mundo el sembrador, echa la semilla" , Se perdió, se perdió, se perdió mucha semilla, pero quedó un resto, quedó un restico en el manto, ese restico, ese restico que quedó en el manto, va a dar fruto de sobra por todo lo que no dio fruto. Es como si Jesús quisiera decirnos en esta parábola leída desde el sembrador, no desde la tierra, Jesús quisiera decirnos en esta parábola: No te afanes demasiado por aquello en tu vida que parece que se ha se ha perdido, no te afanes demasiado, por aquellas personas, por aquellas historias, por aquellas posibilidades, por aquellos caminos que se cerraron, no te afanes por aquello que parece perdido, ya no llores más esas semillas que se las llevaron los pájaros, ya no llores por esa semilla que no dio fruto, ya no te lamentes más por esas zarzas. Ten la certeza de que en ese resto que tienes en el manto, ahí está la verdadera respuesta. De manera que Cristo se sale con la suya. Esta no es la parábola del cómo es que va a dar fruto, no es esa la interpretación principal, así sea la que uno más oye; la principal interpretación es: -Cristo se va a salir con la suya-. Si miramos a Jesús aquí en la cruz, qué es este Jesús crucificado sino una persona a la que a fuerza de azotes y golpes, se le ha quitado todo, pero ha quedado un resto, ¿Un resto en qué? Si, su cuerpo está despedazado, ¿un resto en que?, si su dignidad está humillada, ¿un resto en que?, si su mirada está cegada. ¿En dónde quedó ese resto? En lo profundo de su conciencia, en el santuario de su conciencia, dice el Papa Pablo VI -Jesús es del Padre-. Y ahí, en ese santuario de su conciencia y en esa ofrenda de su propio amor, ahí queda un resto de Jesús y de ese resto de Jesús que es menos que un hombre, porque el hombre fue despedazado a fuerza de golpes y humillaciones en eso, que es menos que un hombre, en ese, en ese gusano, como lo llama Isaías, en ese menos del menos, en ese resto del resto. . . Ahí está la esperanza del cosmos, ahí está la solución del universo, ahí está nuestro consuelo, ahí está nuestro tesoro. Por consiguiente, mis amados amigos, miremos a este Jesús así, al que a fuerza de azotes le han arrancado la carne, le han arrancado la paz, le han arrancado la dignidad, le han arrancado todo menos un resto. La voluntad del Padre, el amor unido al Padre, la ofrenda de su vida al Padre. Y también en nuestras vidas Dios sabrá conservar ese resto, que también en nuestro manto van a quedar semillas, y de esas semillas va a nacer la redención. Creo que es una explicación que de otra manera nos ayuda a mirar este texto y sobre todo, nos ayuda a comprender por qué este texto es un Evangelio. Es una buena noticia. Desde luego que a lo largo de la historia vendrán las distintas tierras. Si a lo largo de la historia y a lo largo de mi historia y a lo largo de tu historia, pero lo más importante es el verso final: -El resto dio grano-, el resto dio grano y ese último poquito de fidelidad dio grano y de ahí la redención, de ahí la gloria para el Padre de ahí, la salvación para todos los hombres.

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