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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

"Salió el Sembrador a sembrar..."

Homilía ao15001a, predicada en 19960714, con 7 min. y 10 seg.

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Transcripción:

Podemos decir que los textos de este domingo, que gozan de maravillosa unidad, se explican en sí mismos. Por ejemplo, el Evangelio como que ya trae su propia homilía incorporada, porque no solo nos da la parábola, sino la explicación de la parábola. De modo que ya está ahí la homilía. Además, hay quienes dicen entre los estudiosos de la Biblia que esa interpretación de la parábola es como una especie de colaboración en la redacción, colaboración redaccional, posterior a las mismas palabras del Señor Jesús. Eso lo dejamos para la investigación y de la discusión de los exégetas. Lo cierto del caso es que esta es de las parábolas más conocidas, sobre todo porque tiene ya su interpretación incorporada, como he dicho.

Por eso yo no voy a insistir en la interpretación que está ahí escrita que acabamos de escuchar y que todos conocemos, que si usted es tierra superficial o está llena de zarzas, que si usted es tierra buena o se sembró al borde del camino. Eso ya está dicho en el santo Evangelio por palabras muy claras. Quiero solamente insistir en lo que es el principio de la parábola y el final de la parábola. Lo primero que dice Jesús es: "Salió el sembrador a sembrar. . . " Incluso en una traducción latina propiamente, lo que dice es: "Salió el sembrador a sembrar su semilla". Y agrega como ese matiz: -A sembrar su semilla-. ¿Qué tiene eso de especial? Te lo voy a contar. Cuando yo era niño y oía la predicación de esta parábola, siempre me dio la impresión de que esta parábola, con esta explicación, centra toda la atención en uno mismo en el que está oyendo, bueno, a ver, ¿Yo qué clase de tierra soy? Esa es la pregunta clásica con respecto a esta parábola. Bien, ese es el centro de la interpretación.

La interpretación centra la parábola en el corazón de la persona que escucha. Pero yo no me refiero a la interpretación de la parábola, sino a la parábola misma. Y en esa parábola el centro no es el corazón del que escucha, sino el centro es: -Salió el sembrador a sembrar-. Cuando se centra la atención en el propio corazón, cada persona tiene una responsabilidad, pero no tiene un evangelio propiamente, no tiene una buena noticia. Al contrario, cuando uno se fija en esa figura del sembrador que salió a sembrar, ahí está la buena noticia, la buena y la gran noticia es que salió el sembrador. La gran noticia es que la semilla no se ha quedado encerrada, recluida en los graneros del cielo. La gran noticia es que el sembrador salió y que la semilla se está esparciendo por la tierra.

La gran noticia, la buena noticia, es que nuestra tierra ya no va a ser estéril y no va a ser estéril, porque, como nos decía Isaías en su oráculo: "La palabra de Dios hará lo que Dios le mande". Y así como no sube la lluvia al cielo, sino después de haber fecundado la tierra y hacerla germinar, así esta Palabra de Dios que ha salido, de Él, no retorna a Él sin su cosecha y su cosecha, son esos hijos de Dios, son esos redimidos, son esos salvados de los que nos ha hablado el apóstol San Pablo en su carta a los Romanos: "Y la tierra entera que ha recibido ese aguacero de la gracia, está esperando que termine de germinar esa maravillosa cosecha de los hijos de Dios". Ese es, en palabras del Apóstol, el parto que la creación está esperando. Está aguardando a que por fin surja la cosecha de los hijos de Dios para la gloria del Padre.

Esta palabra se sigue sembrando, se sigue esparciendo. Hoy la escuchamos aquí y en cientos, en miles de templos, iglesias, capillas, en todo el mundo. También hoy se cumple. Salió el sembrador a sembrar. . . Sale el sembrador a sembrar. Cada vez que el Espíritu de Dios infunde en nosotros como esa certeza, esa luz de conversión, cada vez que nuestros corazones, movidos por ese Espíritu, se abren a su obra. La parábola en su origen, antes de la interpretación que ahí está mi atención en este día. La parábola, en su origen, es de un optimismo irreprimible. En realidad, lo que está diciendo es, aunque muchos parezca que no oyen esta palabra, mire que de una sola semilla salen treinta o sesenta o cien espigas. Lo que está diciendo es, aunque parezca que se desperdicia la predicación, aunque parezca que el amor nadie lo recibe, aunque parezca que es inútil tratar de ser bueno, miren que el sembrador ha salido a sembrar y se va a salir con la suya.

Y por eso el principio y el final de la parábola tienen una profunda unidad. Salió el sembrador a sembrar en el medio de la parábola. Parece que estaba perdiendo el tiempo porque nadie le estaba haciendo caso, porque nadie acogía bien su semilla. Al final de la parábola descubrimos que no estaba perdiendo su tiempo. Al final de la palabra descubrimos que sí hubo cosecha y una cosecha abundante y maravillosa. Al final de la historia descubriremos que todo aquello que Dios sembró en la historia y todo aquello que Dios sembró en mi historia y en nuestra historia dará abundantísima cosecha. Esta es una gran noticia, esta es una buena noticia y esta es la noticia que yo quería compartir con ustedes en este día.

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