|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La verdadera humildad surge cuando descubrimos nuestro valor en el Señor y dejamos de buscar la aprobación de los demás; al descubrir cuánto vales en Dios brotan de forma natural la humildad y la modestia.
Homilía ao14013a, predicada en 20260705, con 6 min. y 30 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos!. Yo creo que a todos nosotros nos fastidia la soberbia y aquí hablo de la soberbia de los demás, porque la soberbia propia uno no suele detectarla. Sí, nos fastidia la soberbia de la gente y por eso viene muy a tiempo esta hermosa propuesta que nos trae el Evangelio de hoy y también la primera lectura. Son invitaciones a la humildad. Cristo dice: "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón" . Y la primera lectura del profeta Zacarías nos presenta a ese rey manso que en vez de exhibirse en un brioso caballo, un brioso corcel, pues más bien se muestra, como podría mostrarse un campesino que llega de su labor montado, en un burrito. La escena, por supuesto, es perfectamente conocida para nosotros los católicos, porque eso fue lo que vimos cuando Cristo nuestro Señor entró en Jerusalén. Así que, ya que nos fastidia tanto la soberbia, qué bueno que nos hablen de la humildad y qué bueno que nos hablen de aprender la humildad. Aprender la humildad. Cristo dijo: -Aprended de mí-. Yo quiero subrayar el verbo aprender, porque es que no es obvio. Aprender quiere decir que es algo que uno no lo sabe naturalmente, aprender quiere decir que es algo, que uno tiene que esforzarse para adquirirlo. Así como uno tiene que aprender a nadar o tiene que aprender a montar en bicicleta, o uno tiene que aprender a hablar un idioma. Y ¿qué significa aprender la humildad? O tal vez hagamos una pregunta un poco más sencilla, de respuesta, más breve. La pregunta podría ser esta :¿Cómo llega una persona a ser humilde? ¿Porque hay personas a las que parece facilitárseles la humildad y a otras no tanto?. Uno podría pensar bueno, una persona que por ejemplo, no es muy brillante, no tiene una inteligencia muy alta; le queda más fácil ser humilde. Por comparación, otra persona que es supremamente inteligente le resulta más difícil ser humilde. Eso es cierto, lo mismo podríamos decir de otras características o cualidades: que tal, por ejemplo, la persona que nació en una familia con muchísimo dinero; ya lo decía, por ejemplo, San León Magno en su estudio de las Bienaventuranzas decía: Las personas que tienen mucho dinero les resulta más difícil ser sencillas, ser humildes, porque se acostumbran a que su voluntad se realiza: Dan una orden y se cumple, y por consiguiente, están más acostumbrados a situarse del lado del poder y de las decisiones y mucho menos acostumbrados del lado de la obediencia y de la sumisión. Bien, eso es cierto, pero hay una dimensión muy interior de la humildad que yo creo que se cumple especialmente en la persona de Cristo. Muchas veces, cuando nosotros nos presentamos como deseando ser reconocidos, ostentando lo que vestimos, lo que compramos, lo que tenemos, estamos buscando una aprobación. Muchas veces lo que sucede es que queremos ser aprobados, queremos ser aplaudidos, queremos ser felicitados, queremos ser tenidos en cuenta. Pero qué crees que le va a pasar a esa persona que tiene conciencia de lo que vale, no de lo que vale por el dinero que heredó, no de lo que vale por la empresa en la que está, no de lo que vale porque tiene un escritorio grandísimo, con muchos secretarios, sino de lo que vale interiormente. Esto sí que es una novedad. La persona que sabe lo que vale interiormente, no necesita estar ostentando, no necesita estarse exhibiendo, no necesita estarle demostrando al resto del mundo -Oye, oye, oye, yo sí valgo, mira, mira, date cuenta, mira la ropa que tengo, mira el carro que compré, mira el reloj que utilizo-. Porque la persona sabe interiormente, -esa es la clave-, la conciencia de tu valor intrínseco. La conciencia de tu valor propio hace que las cosas cambien, hace que tú no tengas necesidad de justificarte, hace que tú no tengas necesidad de aprobación y de aplauso exterior. Así que este es un paso interesante, un paso interesante para avanzar en la humildad. Descubre tu valor, descubre tu valor, tu verdadero valor, tu valor interior. Ese valor que Cristo escuchó con tanta claridad el día de su bautismo. -Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia-. Descubre tu valor y no tendrás que estar buscando exhibirte, ni ser aplaudido, ni ser reconocido. Descubre cuánto vales en Dios y gracias a Dios, y la modestia y la humildad fluirán de una manera muy natural. Dios te bendiga.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|