Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Aprendamos de Nuestro Señor Jesucristo la mansedumbre para acoger a nuestros hermanos dejando la agresividad e imitemos de Él la humildad para reconocer nuestra verdad ante Dios.

Homilía ao14012a, predicada en 20230709, con 5 min. y 34 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

En este evangelio nuestro Señor Jesucristo se presenta como nuestro Maestro, como nuestro líder, aquel a quien estamos llamados a seguir. -Aprended de mí-, nos dice Cristo. Y es bueno que nos preguntemos de tanto en tanto, si de verdad hemos estado y estamos dispuestos a aprender de Él. Porque quizás tenemos un buen maestro, pero no somos tan buenos discípulos. Y la manera de ver si somos buenos discípulos es preguntarnos si estamos dispuestos a aprender de Él.

No se nos olvide una cosa, por cierto, según la pedagogía actual, y en ese punto estoy totalmente de acuerdo, aprender siempre significa desaprender, es decir, que al aprender algo también tenemos que desaprender, lo que no es cierto. Hay que pasar de la falsedad a la verdad. Hay que pasar de la confusión a la claridad y en ese sentido, todo aprendizaje siempre conlleva un desaprender.

Sobre esto también nos habla la Biblia en otro punto, allá con el profeta Isaías, cuando nos dice: -Dejad de obrar el mal, aprended a obrar el bien-. Es como si nos dijera: -pues tenéis que desaprender los caminos torcidos y tenéis que aprender los caminos rectos-. Y también el mismo Isaías nos recuerda que hay una gran diferencia entre los caminos que quiere el Señor y los caminos que usualmente seguimos, porque también está, esa palabra en Isaías que dice: -Así como el cielo se levanta sobre la tierra, mis caminos están por encima de los de ustedes-. Así que hay que desaprender y hay que aprender de este Maestro, y lo que nos enseña este Maestro en esta ocasión tiene que ver con la mansedumbre y tiene que ver con la humildad.

Es tan difícil definir la mansedumbre, sobre todo porque no es una virtud de la que se hable mucho. Lo mismo que la humildad para muchas personas es característica de los perdedores; así también la mansedumbre parece la característica típica de los débiles.

Por el contrario, lo que es contrario a la mansedumbre, lo que va en contra de la mansedumbre, como es, por ejemplo, la capacidad de pasar por encima de otras personas, la capacidad de de ser agresivos, resueltos al estilo del llamado superhombre de Nietzsche. Eso sí, parece tener como un encanto, tener como una fascinación en nuestro tiempo.

¿Qué es la mansedumbre? Me gusta mucho esta aproximación, mansedumbre es la cualidad de aquel que da la certeza de no causar daño, aquel que abre un espacio para el otro, para su prójimo, aquel que abre un espacio seguro para su prójimo. Y esta sensación de mansedumbre, que es una combinación de seguridad, de acogida, de bondad, nos hace mucha falta hoy, nos hace mucha falta, porque es precisamente el cemento que ayuda a que podamos conectar unos con otros, especialmente cuando pasamos por tiempos de tribulación, tiempos de angustia, tiempos de profundo cuestionamiento. ¡Qué importante es encontrar esos corazones que se abren!

Y en cuanto a la humildad, la humildad de la que nos habla Cristo, pues según la definición de Santa Teresa: -es el terreno mismo de la verdad-. Apenas empezamos a conocer seriamente quiénes somos, empieza a aparecer en nuestra vida la virtud de la humildad, porque la humildad nos enseñará, que no somos Dios, sino que somos creaturas de Dios que nosotros no somos los fuertes, que todo lo podemos, sino que de muchas maneras dependemos de otros.

Además, la humildad, en el caso de la inmensa mayoría de nosotros, incluye el reconocimiento de nuestros propios pecados. Ese reconocimiento sin duda es incómodo, pero es incómodo porque destruye nuestro ego, porque destruye nuestra soberbia.

Yo solamente quiero terminar haciéndote una pregunta: ¿Qué tan distinto sería el mundo? si estas virtudes, las de nuestro Maestro, se difundieran mucho, pero mucho más, si muchas más personas pudieran reconocer en los demás, mansedumbre y humildad.

Pues no nos quedemos solamente soñándolo. Es la hora de empezar a practicarlo. Humildad para acoger a los hermanos, para dejar la agresividad, para dejar la pretensión de tener en todo el primer puesto y humildad para reconocer nuestra verdad ante Dios. Amén.

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