Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los fracasos, frustraciones y barreras son providencias compasivas de Dios, haciendo que nuestro orgullo baje y preparándonos para un encuentro de amor y misericordia con Él.

Homilía ao14008a, predicada en 20170709, con 4 min. y 18 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Suele suceder en los evangelios que encontramos palabras tal vez agradables y fáciles de entender, otras veces encontramos palabras duras, duras porque golpean nuestro ego, duras porque contradicen nuestros gustos o palabras que son duras porque son difíciles de entender. Quizás el Evangelio de hoy nos presenta una de esas palabras, me refiero a esa parte donde Jesús dice: "Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas, a los sabios y entendidos se las has revelado a la gente sencilla" .

La parte de que Dios revela su misterio y comunica su amistad a los sencillos seguramente es algo que nos agrada. Pero aquello de que, Dios se esconde o esconde su enseñanza a unas personas, puede parecernos extraño. Sin embargo, hemos aprendido que cuando uno se acerca al Evangelio, el criterio para aceptar la Palabra de Dios no puede ser lo que a mí me agrada o lo que yo entiendo más fácil. Debe haber algo nutritivo, algo verdadero y profundo en eso que Cristo nos enseña -que Dios se esconde y que Dios oculta su enseñanza a los sabios y entendidos de este mundo-. Esa palabra no es tan extraña si la comparamos con otras palabras del Nuevo Testamento.

Así, por ejemplo, el apóstol San Pedro nos dice: -que Dios da su gracia a los humildes, pero rechaza a los soberbios-, también en el cántico de la Santísima Virgen tenemos una comparación parecida, dice que: -Dios exalta a los humildes, despide vacíos a los soberbios-; ¿No es demasiado duro esto de que Dios despide vacíos, esto de que Dios resiste a los soberbios, esto de que Dios se esconde de los soberbios, no es eso como demasiado duro, a pesar de la dureza que hay en el corazón humano, cuando es soberbio?

Respuesta: También esa aparente dureza de Dios es una forma de su misericordia, por lo menos por dos razones: Primera, porque nada mejor para curar la soberbia que unas cuantas frustraciones o derrotas; así como la continua consecución de victorias alienta al soberbio en su ego, una que otra derrota, el no poder conseguir un objetivo, le ayuda a agrietar su ego. Y si Dios nos pone en la ruta de agrietar el ego, no es por otra razón, sino porque nos ama.

En segundo lugar, lo que Dios esconde se parece mucho a aquel tesoro que está en el campo. Cuando Dios parece que se esconde, nos pone en camino, nos pone en la ruta. Y desde la época del pecado original sabemos que el único motivo por el que Dios nos pone en ruta es para después salir, Él a nuestro encuentro. A través de la frustración, a través de la derrota, a través del esfuerzo por buscar una verdad que parece que se le escapa, el soberbio no sabe que en realidad es Dios el que lo ha puesto en camino y no sabe mucho menos que es Dios el que lo espera más adelante.

Así que también nuestros fracasos, también nuestras frustraciones, también las dificultades y barreras suelen ser providencias compasivas de Dios que de esa manera abaja nuestro orgullo y nos prepara para un encuentro de amor y misericordia con Él.

A Él sea toda alabanza por los siglos. Amén.

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