Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

También en la vida cristiana tenemos que aprender a aprender.

Homilía ao14006a, predicada en 20140706, con 5 min. y 31 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Este año estamos tomando los textos del Evangelio en su mayor parte de San Mateo. Esto es lo que se llama el ciclo A de las lecturas para el domingo. Ciclo A, quiere decir San Mateo, ciclo B, que será el año entrante. Es San Marcos, ciclo C es San Lucas. Luego nuevamente vendrá el ciclo A y San Juan, ¿Cuándo lo escuchamos? Especialmente durante el tiempo de Pascua y durante el tiempo de Navidad. Como estamos en el ciclo. A las lecturas en general. En su mayor parte se toman de San Mateo. Como ya dije esta vez del capítulo 11 de este evangelista.

Y es aquí donde están aquellas palabras del Señor que nos invitan a descansar en Él: "Tomad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón". A mí me parece que la imagen del yugo es tan fuerte. Es cómo tan gráfica que fácilmente uno puede quedarse solamente en ese yugo, es decir, en que la vida cristiana de todas maneras tiene una forma de obediencia. Pero, ¿Qué tal si le damos también su peso al otro Verbo? "Aprended de mí. . . " Observemos que Jesús está en este sentido, en continuidad con una palabra muy bella del profeta Isaías, llamándonos a la conversión, Isaías decía: "Dejad de obrar el mal, aprended a obrar el bien. . . " Estaba de nuevo este verbo, aprender. Aprender a obrar el bien. Aprender el modo de ser de Jesucristo.

Estoy subrayando el verbo aprender, porque tal vez no estamos acostumbrados a darle toda su importancia a ese ejercicio que es ejercicio de la inteligencia. Ese ejercicio que nos lleva a buscar qué es lo verdadero, qué es lo justo, qué es lo correcto, qué es lo conveniente. De verdad ¿Habíamos pensado en que la mansedumbre, por ejemplo, se puede aprender? La humildad se puede aprender. Y Cristo quiere que nosotros aprendamos la mansedumbre y quiere que aprendamos la humildad. ¿Cómo puede uno aprender estas virtudes? Es decir, ¿Qué hay que aprenderles? Lo que hay que aprender en buena parte se logra con el contraste, como nos enseña Santa Catalina de Siena para aprender la necesidad de la humildad y la conveniencia de la humildad.

Nada mejor que examinar con detalle las consecuencias de la soberbia y del orgullo para aprender lo que es la mansedumbre. Nada mejor que examinar cuánto daño hace la agresividad. Cuánto se destruye con la petulancia, cuánto acaba el tejido social la rudeza. Entonces la invitación de Cristo es permanente. Es la invitación a aprovechar ese don que Dios nos ha dado, ese don que se llama la inteligencia para examinar nuestras vidas con un lente muy claro. Y desde ese lente, y desde esa claridad, descubrir, oye realmente cuáles son las consecuencias de esta manera de obrar o de esta otra. Descubrir a dónde conduce el camino de la soberbia, a dónde conduce el camino de la agresividad. Descubrir cuáles son las consecuencias, cuáles son los frutos y descubrir que nosotros estamos llamados a un tipo de vida distinto.

Este aprender hay que, hay que subrayarlo mucho hoy en día, porque vivimos en la cultura de la inmediatez. Vivimos en la cultura del resultado a corto plazo. Vivimos en la cultura de la satisfacción instantánea y resulta que Cristo nos está invitando a ir más allá. Cristo nos está invitando a descubrir en el recorrido, en la urdimbre de nuestra vida, en el hilo de nuestra vida, recordar y examinar y concluir cuáles son las consecuencias. Si yo miro a Jesucristo nada más un instante, puedo pensar bueno, pues un poco, un poco débil esa manera de obrar. Pero cuando hago el recorrido por el camino de Cristo, descubro que es precioso y que en su mansedumbre y en su humildad hay una gran sabiduría.

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