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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La afirmación irreflexiva del propio yo implica la negación de la realidad, y por eso el soberbio se aproxima a la locura.
Homilía ao14005a, predicada en 20110703, con 10 min. y 28 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, cuando uno escucha a Jesús con estas propuestas absurdas, como que hay que ser humilde, absurdas, como que hay que perdonar a los enemigos, absurdas, como que hay que orar por los que nos persiguen. Uno se pregunta dos cosas: En primer lugar, ¿de dónde sacaba Cristo tanta cosa absurda?; y segundo lugar, ¿si eso se puede o no se puede aplicar a la vida real?. Estos consejos que da Cristo caben en la vida de seres humanos reales, de esos que trabajan o trabajamos, estudian o estudiamos, personas que tienen su familia, personas que tienen que lidiar con todo tipo de sujetos. En un mundo donde el orgullo se impone, donde la arrogancia manda, en un mundo donde el que sale victorioso muchas veces es el tramposo. Estos consejos de Cristo ¿realmente sirven?. Hay gente que está convencida que los consejos de Cristo no sirven para nada y entonces se han despedido de la fe. En varios lugares de Europa se habla de una civilización post-cristiana. Algo así como que el cristianismo fue una especie de pesadilla, el cristianismo fue una especie de paréntesis en la historia de la humanidad. Pero ya nos estamos desprendiendo de esa religión y ya empezó, una sociedad más sensata, más aterrizada, más concreta. Entonces la gente se declara no religiosa, agnóstica o abiertamente atea. Otros, en cambio, se oponen a la enseñanza de Cristo, calificándola de dura manera; es el caso de este filósofo, a quien mencionó con frecuencia porque se especializó en atacar el cristianismo, Federico Nietzsche, él decía: que todas estas cosas que propone Cristo son la moral de los cobardes y de los esclavos. Y el razonamiento de Nietzsche era este: -cuando uno no puede vengarse, le toca perdonar-. Es como una especie de contentillo mental que uno se da. Eso era lo que pensaba Nietzsche y por eso creo que es importante la pregunta de, si esto que dice Cristo número uno, es razonable y número dos es aplicable. Y resulta que parece que sí es aplicable y resulta que sí parece bastante razonable cuando se examina. En mi propia vida, yo no solamente predicó, por supuesto, sino que muchas veces escucho a mis hermanos de comunidad o a otras personas cuando predican y yo lo mismo que todos los mortales, tengo que aprender muchas cosas. Una vez, por ejemplo, en un retiro espiritual, nos decía el sacerdote de ese retiro una frase que me marcó profundamente. Decía este hombre, que la soberbia se parece. . ., oiga esto, la soberbia se parece a la locura, porque para vivir en la soberbia, la persona tiene que efectivamente montarse en una especie de podio, en una especie de estante, y desde allá tiene que descalificar lo que venga de fuera. Pero eso es precisamente la locura. Una de las definiciones más tradicionales y probablemente correctas de la locura: -es que el loco es aquel que pierde conexión con la realidad-, como ese que decía: -la realidad y yo no nos entendemos muy bien-. Cuando uno dice una frase de esas está en serios problemas: -La realidad y yo no nos entendemos-. eso es la locura, perder esa clase de contacto con la realidad. Pero eso es exactamente lo que trae la soberbia, porque la soberbia es: -la afirmación irreflexiva, la afirmación irreflexiva del propio yo-. Y eso implica la afirmación de mis opiniones, sean verdaderas o falsas, la afirmación de mis gustos, sean los mejores o no, la afirmación de mis planes, sean los más correctos o no. Así, por ejemplo, los estudiosos de la historia han examinado a un personaje como Adolfo Hitler. Adolfo Hitler no brillaba ciertamente por la humildad, todo lo contrario. El apetito insaciable de poder de Hitler era ligeramente menor que su ego. Y entonces se le ocurre a Hitler la idea de invadir a Rusia; y él quiere que sus soldados alemanes entren por varios frentes de la gigantesca frontera rusa en condiciones que ellos no conocían, recorrer distancias de las que no tenían ni idea, con todos los problemas que esto supone, especialmente en lo que es la cadena necesaria para dar los alimentos y el soporte a las tropas. Uno de los peores errores de Hitler fue tratar de invadir Rusia. En esto siguió a otro chiquitico energúmeno llamado Napoleón. Napoleón, chiquito y energúmeno, también creyó que podía invadir Rusia; y a Napoleón no le funcionó, Hitler no aprendió de Napoleón. Y en ambos casos tenían asesores inteligentísimos, generales, brillantes, pero no oían a nadie. El soberbio no oye, está demasiado ocupado oyéndose a sí mismo. La soberbia es la afirmación irreflexiva del propio yo. Y en esa afirmación irreflexiva es necesario imponer la propia opinión, sea verdadera o falsa. Eso se llama desconexión con la realidad y eso se llama locura. Entonces el loco no es Cristo, ni la postura absurda es la de Cristo. Absurdo es lo que nosotros hacemos cuando pretendemos que nuestra voz, nuestros gustos, nuestras opiniones, nuestros planes, sean los únicos que cuenten. Eso es lo que es absurdo. Y si la soberbia es un ataque de locura, cabe pensar que la humildad es un ataque de sensatez. Ya decía Miguel de Cervantes Saavedra -si llegaran a oídos de reyes y príncipes las cosas como son, otros tiempos, correrían-. Esa o parecida frase tiene este gran autor español. Es decir, que los príncipes y los reyes, por lo visto desde épocas inveteradas, viven desconectados de lo que sucede al común de la gente. Y eso es lo que propone Cristo. ¿Sabes de dónde viene la palabra humildad? Viene de humus, que significa suelo, tierra, la humildad es: aterrizar, volver al nivel común, empezar a escuchar, a ver y a percibir las cosas en su justa dimensión. Y por eso también dice Santa Teresa de Jesús: -La humildad es la verdad-. Entonces, no es locura lo de Cristo, no es locura, porque llegar a la humildad es llegar a la sensatez, llegar a la humildad es llegar a la verdad. Y hay una última ventaja, el soberbio no se da cuenta, está ciego por supuesto, no se da cuenta de que cada arrebato de su capricho le crea más enemigos de los que podrá vencer. Este es otro de los desastres de los grandes tiranos, déspotas y ególatras de todos los tiempos. O sea que el cristianismo es una bocanada de sensatez. El cristianismo, este cristianismo de Jesús, esta humildad, es principio de sabiduría, esta humildad es principio de acuerdo y es camino hacia la verdad. Esta ocasión no nos refiramos a las otras frases de Jesús como aquello del perdón y de la oración por los enemigos. Pero sí que cabe destacar algo: El que conserva el odio se envenena todos los días. Perdonar es sacar el veneno. Es mejor negocio para ti perdonar que no perdonar. No hay nadie tan sensato como Jesucristo. No hay una filosofía de vida que nos traiga tanta salud. Nadie puede brindarnos tanta luz como el bendito Hijo de Dios.

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