Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Frente a la arrogancia que acaba en autodestrucción, la humildad y la mansedumbre de Cristo conservan la llave para los corazones de la raza humana.

Homilía ao14004a, predicada en 20110703, con 4 min. y 21 seg.

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Transcripción:

Por el tiempo en el que escribió el profeta Zacarías. Ya los hebreos habían conocido muchos imperios, muchos estilos, muchas demostraciones de fuerza y sobre todo, mucha arrogancia. Cualquiera que abra los libros de la historia encontrará relatos que también hablan de esa vanidad, de la gloria, de la importancia de la soberbia de los grandes generales, los grandes tiranos, los grandes emperadores; son cosas bien conocidas. De hecho, esa misma arrogancia con frecuencia se castiga porque, haciéndose odiosos, algunos gobernantes han preparado su propia ruina.

Pero Zacarías en profecía nos habla de un rey distinto, un rey que no utiliza el animal de la guerra, que en aquella época era el caballo, sino que cabalga en una cría de borrica, un asno, un burrito, en todo caso, un animal humilde, el animal de los pobres, el animal de los trabajadores, el animal de los campesinos de los que se esfuerzan no por arrasar el campo del enemigo, sino por cultivar su propio campo. Eso es lo que es un borrico. Y eso es lo que Zacarías ve como emblema de este rey nuevo, de este Mesías que viene de parte de Dios. Es un mensaje muy fuerte porque yo creo que en cada uno de nosotros están las mismas semillas que encontramos en todos esos arrogantes y todos esos orgullosos y soberbios.

¿Es que acaso estamos hechos de un barro distinto? A veces pasa que criticamos con mucha fuerza, digamos, a nuestros gobiernos, pero, a ver ¿Cómo gobernamos nosotros, nuestra propia casa? A veces criticamos con amargura a nuestros legisladores por el tipo de leyes que imponen sobre un país, Pero ¿Cómo es nuestra manera de aconsejar a nuestros amigos? Cuántos casos hay de personas que pueden tener palabras muy amargas y críticas sobre sus senadores y congresistas y gobernantes, pero en el momento de darle un consejo a una amiga no tienen problema en decir -mira, si tienes que abortar, aborta-. Estamos hechos del mismo barro y por eso necesitamos todos aprender.

Aprender de Cristo. Y esto es lo que nos dice el capítulo 11 de San Mateo, el que encontramos como Evangelio de hoy. Lo que nos está diciendo es eso que hay que aprender de Cristo. Él mismo lo dice: "Soy manso y humilde de corazón". Este Jesús es el que conoce la otra puerta, la otra entrada al corazón. En realidad, la única entrada, porque esos grandes arrogantes, esos presuntuosos, esos que se glorían, en realidad nunca llegan a entrar en el corazón de su gente. Les pueden tener miedo, pero no les tienen amor. Y el que no sabe dónde está la puerta y la llave del amor, nada conoce de la especie humana.

Bendito Cristo, bendito nuestro Maestro. Bendita su Palabra, bendita su mansedumbre. A Él la gloria por los siglos.

Amén.

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