Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La cruz es el precio que pagas al dejar que Dios reine en ti, porque amarlo va a requerir esfuerzo, el mismo esfuerzo y sufrimiento que te dará la victoria sobre ti mismo y sobre tus tentaciones.

Homilía ao13007a, predicada en 20230702, con 6 min. y 12 seg.

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Transcripción:

No cabe duda que la cruz es un misterio, pero ante todo, ¡feliz domingo para todos! Es que de la cruz nos habla el evangelio de hoy. Esa expresión tan fuerte que muchos simplemente omiten "El que no tome su cruz, -cada día- no puede ser discípulo mío". Esas palabras de Cristo indudablemente nos dejan un poco perplejos y seguramente causan en nosotros el mismo rechazo que también produjeron en los apóstoles en su tiempo. Porque en algún lugar dice la Escritura que los apóstoles no le entendían. Este tema de la cruz y además tampoco querían preguntar al respecto. Digamos que estaban en una situación de ignorancia voluntaria.

Y yo creo que nosotros mantenemos esa misma ignorancia, esa ignorancia voluntaria sobre la cruz, en la medida en que preferimos no entrar en esa clase de tema. Preferimos pensar que simplemente porque estamos con Dios, nos tiene que ir bien. Hace poco, por ejemplo, me comentaba una señora sobre su propia situación. Ella decía: -En mi familia procuramos hacer obras de caridad. Vamos más allá de lo que está simplemente mandado. ¿Por qué nos pasan ciertas cosas? ¿Por qué suceden accidentes? ¿Por qué suceden robos? ¿Por qué pasan estas cosas? Es decir, lo que ella tácitamente está pensando y seguramente su familia, es que si yo estoy con Dios, pues tendría que irme bien a mí tendrían que salirme bien las cosas. Y eso es lo que estamos mostrando. Es que realmente entendemos muy poco y más bien rechazamos bastante este mensaje de la Cruz.

Pero, en primer lugar, ¿Por qué la cruz está presente en nuestra vida? Y podemos dar una respuesta a dos niveles. La cruz está presente porque la entronización, el darle el trono a Dios, darle el trono a Dios, es algo que siempre requiere quitarle el trono a nuestras pasiones, a nuestras concupiscencias, a nuestro afán de comodidad y de codicia. Darle el trono a Dios no es fácil. Darle el trono a Dios supone muchas veces encontrar la oposición del mundo, la burla, la indiferencia y todo eso nos va a traer sufrimiento. Y en el caso extremo, ese sufrimiento, pues se llama simplemente la cruz. Así que ahí está un factor de la cruz. La cruz es el precio que hasta cierto punto es necesario pagar para que Dios tenga realmente su trono en nuestra vida.

Y alguien podría decir bueno, ¿y qué pasa si yo no quiero pagar ese precio? Pues si no pagas el precio de que Dios sea rey en tu vida, quiere decir que algo más está gobernando tu vida, y eso que está gobernando tu vida nunca te va a tratar con la millonésima parte de la misericordia, de la bondad, de la dulzura y las promesas que tiene Dios para contigo. O sea que si tú prefieres evitar. Si tú dices no, no me meto con ese camino de la cruz y lo evito. Entonces, pues en realidad lo que estás haciendo es poner en el trono de tu vida algo que finalmente te va a destruir, te va a hacer daño y el precio que vas a terminar pagando es infinitamente más grande.

Así que esa es una razón por la que tenemos la cruz. La otra razón por la que encontramos la cruz es porque necesitamos entrar en un camino de purificación del amor y de la fe. Todos sabemos que el amor se muestra allí donde hay esfuerzo, allí donde se vencen dificultades. Es muy difícil creer que nos ama una persona que no hace por nosotros ningún esfuerzo. Es muy difícil creer que una persona de verdad nos quiere si no es capaz de incomodarse por nosotros o, digámoslo abiertamente, de tener algún sacrificio por nosotros. Es la razón por la que muchos de nosotros tenemos un tremendo amor hacia nuestros padres, porque al recordarlos o al tenerlos cerca, nos damos cuenta de todo lo que ellos han querido sacrificar, todo lo que ellos han querido hacer por nosotros. Y no ha sido poco.

Entonces todo ese descubrimiento es el que nos revela el amor que ellos nos tienen. Pues lo mismo vale para nosotros. Es decir, nuestro amor necesita crecer y necesita ser purificado. Y esa purificación y ese crecimiento, pues se dan únicamente a través del sacrificio, a través de vencer obstáculos. O sea que por eso necesitamos la cruz. Pero además hay otro factor, y es que démonos cuenta que la mayor parte de las tentaciones provienen de la cruz, es decir, la mayor parte de las tentaciones provienen de las dulzuras, de los placeres, de las ventajas del pecado. Por eso el que se ha adiestrado en la cruz, el que ha hecho el entrenamiento de la cruz, también es mucho más resistente a las tentaciones.

Ese ejercicio tiene un nombre en la vida espiritual se llama "Ascesis". Y durante mucho tiempo en la Iglesia hemos tenido grandes maestros sobre la ascesis. Por ejemplo, los jesuitas fueron y seguramente muchos de ellos siguen siendo, grandes maestros en este camino de la autoeducación, la educación del sacrificio, la educación, del vencerte a ti mismo. Y en la medida en que tienes mayor capacidad de victoria sobre ti, que es algo así como el entrenamiento de la cruz. Mira, es mucho más difícil que la tentación te dé dos o tres golpes y te derribe porque tú tienes ese entrenamiento.

O sea que hay un valor positivo de la cruz y que cometemos un gravísimo error cuando simplemente queremos llevar una vida cómoda, aunque seamos personas muy generosas o muy caritativas. Te lo resumo en esto: Si Cristo nos enseñó sobre la cruz es porque era un bien para nosotros, porque nadie, nadie nos ha amado como Él. Espero que estés de acuerdo. Y ya sabes, tanto tú como yo tenemos un camino que recorrer por esta senda de la cruz.

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