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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo, el más realista de todos, es también quien nos llama a la esperanza; porque la Verdad se impondrá tarde o temprano; porque la Providencia de Dios nos gobierna; y porque nosotros somos suyos y Él intercede por nosotros ante su Padre.
Homilía ao12013a, predicada en 20260621, con 8 min. y 6 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos, la Biblia es un libro maravilloso porque une el realismo y la esperanza. Y no es tan fácil encontrar estas dos, llamémoslo así, dimensiones del pensamiento humano conjugadas, articuladas, realismo y esperanza. Examinemos nuestra propia manera de pensar. Hay veces que seguimos únicamente la línea del realismo, es decir, ver cómo están las cosas, las dificultades. Probablemente nos preocupa el avance de la corrupción, de la injusticia, de la violencia, de la desigualdad. Tantas cosas. Si te quedas solamente ahí, poco a poco tu rostro se va oscureciendo y vas cayendo en la desesperanza. Pero preguntémonos, por otra parte, ¿Qué sería una esperanza que no se apoye en la realidad? Sería como una huida mental. Sería una fantasía si nosotros dijéramos, por ejemplo, que estamos viviendo la mejor época de la historia y estamos en el mejor país del mundo. Cualquiera que nos escuche dirá, ¿Quién sabe qué está fumando esa gente? Porque esa no es la realidad. No es tan fácil para la mente humana combinar realismo y esperanza. Pero la Biblia lo logra porque el autor de nuestra realidad, el autor más profundo, o como dirían los teólogos, la causa primera que es Dios, es el mismo que inspira nuestra esperanza. El mismo que nos ha creado. Es el que nos llama para que estemos en comunión con Él. Y el mismo que nos abre los ojos para que veamos los problemas. También nos da las fuerzas para que nuestros corazones cambien y para que podamos abordarlos de una manera distinta. Si usted mira a Jesucristo, que es como el condensado de toda la Sagrada Escritura, puesto que toda se resume y se condensa en Él, usted se da cuenta de que es un hombre profundamente realista. A veces habla con tanta dureza que parece que quisiera cómo matar las ilusiones de la gente. Así, por ejemplo, les dijo a los apóstoles Los van a perseguir, hermanos, los van a expulsar de las sinagogas, los van a rechazar, van a tener problemas en sus propias casas. En otra oportunidad les dijo: -Llegará el día en que cualquiera que los mate va a pensar que le está dando gloria a Dios-. Es un lenguaje tan crudo. Es un lenguaje tan duro que uno se queda como espantado y uno puede llegar a decir lo que una vez le dijeron los apóstoles. Pero entonces, ¿Quién podrá salvarse, si así son las cosas? En el Evangelio de San Juan en el capítulo segundo nos dice que este lenguaje de Cristo provenía de su corazón. El corazón de Cristo era tan escandalosamente realista que usted lo puede leer ahí en la Biblia. Capítulo segundo de San Juan hacia el final dice: "Cristo no se fiaba de nadie". Diríamos en lenguaje coloquial colombiano -No le comía cuento a nadie-, No ponía su esperanza en nadie. Eso es ser realista casi hasta el extremo. Pero ese mismo Cristo que nos da todas esas advertencias y que tenía ese corazón que podemos llamar escéptico, es el mismo que en este Evangelio nos dice tres veces, No tengan miedo, no tengan miedo. ¿Cómo es eso? ¿Cómo es eso de que Él mismo nos está mostrando el tamaño de las dificultades y sin embargo nos está invitando a que no tengamos miedo? Esta mañana en mis redes sociales me atreví a grabar este evangelio y a publicarlo en mis redes porque sentí que era como un mensaje para mi país, un mensaje para Colombia. Una Colombia que tiene que ser realista. Tenemos que entender que las circunstancias a las que hemos llegado por responsabilidad de muchas personas, seguramente también la nuestra, por acción o por omisión, es una Colombia llena de desafíos gigantescos, donde quizás algunos sentimos -No hay mucho que se pueda hacer- y soy consciente que algunos de ustedes vienen a esta Santa Misa, por supuesto, como un acto de fe, pero vienen también buscando una luz en un momento que no es fácil para nuestra patria, cualquiera que sea el desenlace. Y por supuesto, deseamos lo mejor. Pues ese Cristo nos está diciendo hoy sin fantasía, sin olvidarse de la realidad del pecado, porque el pecado es lo que realmente empuerca la vida. El pecado es lo que realmente arruina la alegría. El pecado es lo que realmente divide la sociedad. Sin quitar la realidad del pecado, Cristo nos dice: "No tengan miedo". Y nos da tres razones que las quiero simplemente mencionar. Primero, porque la verdad se impondrá. No hay nada oculto que no salga a luz. La verdad se impondrá. Primera razón para no tener miedo. Segunda, porque nosotros somos de Dios. Porque nosotros, por encima de cualquier rey, presidente, emperador o sistema de gobierno que haya habido. Nosotros estamos bajo el gobierno de Dios, por encima de todo. Esa providencia que incluso sabe hasta los mínimos detalles de nuestra vida, como por ejemplo cuántos cabellos tenemos, y algunos debemos decir nos quedan. En tercer lugar, Cristo nos da otra razón para no tener miedo, otra razón para abrirnos a la esperanza. Y esa razón es: "A quién se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él, ante mi Padre". Cristo nuestro Señor. ¡Bendito sea! Cristo está hablando, lo dice la carta a los Hebreos, Cristo está intercediendo por nosotros. Entonces, ¿Cuáles son los tres motivos de esperanza? Sin pintar pajaritos, sin entrar en el mundo de la fantasía, la verdad se impondrá y cuanto más verdadero seamos nosotros, más pronto será esa victoria. Segundo, somos hijos gobernados por la Providencia divina. Y tercero, queremos dar y estamos dando testimonio del Padre Celestial. Y sabemos que hay un Cristo que nos apoya con su oración y con su amor. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.

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