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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La indignación cristiana no busca venganza, sino la conversión y el bien incluso de quien se equivoca. Y el miedo, lejos de paralizarnos, debe llevarnos a salir de nosotros para confiar plenamente en Dios.
Homilía ao12012a, predicada en 20260621, con 7 min. y 53 seg. 
Transcripción:
Feliz domingo para todos. Amigos, ¿Cómo suele responder uno cuando llega una amenaza, cuando hay un ataque, cuando nos sentimos atacados?. Usualmente las dos respuestas típicas son el miedo y la ira. El miedo, cuando crece bastante, nos empuja a huir. La ira, cuando crece bastante, nos lleva a pelear. En inglés, esta doble respuesta o posible respuesta se dice con palabras que hacen rima -fight or flight- flight, es la huida; fight es el combate. La huida viene del miedo y el combate viene de la ira, viene de la indignación, del deseo de pelear. . . -No me voy a dejar-. Las lecturas de este domingo nos ayudan a confrontar esas dos sensaciones y creo que nos dan margen para una respuesta mejor. Veamos de qué se trata. En el Evangelio, es obvio que lo que quiere Cristo es que nosotros venzamos nuestro miedo. Dos veces, prácticamente tres veces en el Evangelio nos dice: -No tengan miedo. No te dejes vencer por el miedo-. Y nos da distintas razones para no dejarnos vencer por el miedo. Para mí la más interesante es la que aparece al principio, porque dice Jesús: -No hay nada oculto, que no vaya a salir a la luz-. O sea que ahí, se supone que debemos encontrar una razón para no tener miedo. En un momento trataremos de explicar esa frase. También nos invita , Cristo a que no tengamos miedo, porque la providencia de Dios gobierna nuestra vida. El cuidado de Dios es constante, dicho de otra manera, -hasta los cabellos de su cabeza están contados-. De tal manera que no hay que tener miedo. En la primera lectura aparece un sentimiento diferente; es un sentimiento de indignación, de ira. Dice el profeta Jeremías en el capítulo 20, -Señor, que yo vea tu venganza contra ellos-. Es comprensible. Una persona que se siente atacada injustamente, que se siente amenazada, que se siente calumniada y que dice: -Yo no merezco esto. Que yo vea tu venganza contra ellos-, dice Jeremías, ahí está la ira. Pero es muy interesante el camino que recorre en la Biblia esta idea de la venganza. Porque en la venganza, si lo miramos bien y esto lo explica Santo Tomás, hay una raíz que es la búsqueda de la justicia. En el fondo, de lo que se trata es, como de emparejar la situación, restituir el orden. Esa es la raíz buena de la venganza. Pero luego la venganza se convierte en el deseo de hacerle daño a la otra persona. Ya eso no es tan bonito, ya eso no es lo que recomienda la Biblia en su conjunto. Porque si el afán primero de la venganza es buscar lo que es realmente justo, pues entonces lo que hay que atacar no es al pecador, sino al pecado. Como dicen que decía Abraham Lincoln -Si, a mi enemigo lo vuelvo mi amigo, pues también lo he vencido-. Y también tenemos esa otra frase que está en el profeta Ezequiel: -Yo no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva-. De tal manera que lo que era venganza en el Antiguo Testamento va a evolucionar hacia la palabra conversión en el Nuevo Testamento. De tal modo que nosotros los cristianos ya no somos invitados a buscar el daño del prójimo, sino a buscar la conversión del prójimo. Eso en cuanto a ese sentimiento de ira, de combate, de indignación. Pero volvamos a lo del miedo, que es contenido central en el Evangelio de hoy. Como he dicho antes, una de las razones que da Cristo para que venzamos el miedo es porque tenemos la certeza de la providencia divina. Pero hay otro motivo también, ese otro motivo es el conocimiento. -La verdad saldrá a luz-. Y uno se puede preguntar ¿Por qué estas palabras se supone que deben darnos consuelo? ¿Porque esas palabras podrían ayudarnos a vencer el miedo?. Es que la fuerza del mal está siempre en la mentira y por eso, como la verdad triunfará, es lo que nos dice Cristo. Como es la verdad la que va a triunfar, entonces no debes tener tanto miedo, porque finalmente las mentiras que sirven de soporte a la maldad caerán. Y cuando caigan esas mentiras, pues cae también la maldad. Por darte un ejemplo casi infantil, imagínate que en una cámara legislativa hay alguien que está acusando a un inocente, pero luego se muestra toda la corrupción que tiene ese supuesto acusador y cuando se ve quién es realmente él, pues toda la fuerza de su calumnia se desmorona. Algo así es lo que nos invita Cristo a que tengamos presente. El mal se apoya en la mentira y la mentira no durará para siempre. ¿Qué significa todo esto? ¿Que es malo tener miedo o que es malo tener indignación? ¡No!, solo que nuestra indignación no debe quedarse en venganza, sino que debe ir más allá, en la búsqueda de la conversión, incluso del adversario. Y lo mismo nuestro miedo , pues tiene que evolucionar, no quedarse en parálisis, sino más bien sacarnos de una confianza excesiva en nosotros mismos y llevarnos a una confianza absoluta en Aquel que es la verdad, en Aquel que tiene el poder y en Aquel que vela con providencia sobre nosotros. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.

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