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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Razones para la confianza: "El Señor está conmigo como fuerte soldado," nos enseña Jeremías. "No hay comparación entre el delito y el don," predica San Pablo. Y Jesucristo promete: "Si alguno se pone de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su lastre ante mi Padre."

Homilía ao12007a, predicada en 20170625, con 15 min. y 49 seg.

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Transcripción:

Las lecturas del día de hoy nos muestran cómo vencer el miedo sin caer ni en la negación ni en la huida. Esto es muy importante porque en nuestra época por el terrorismo, por la inseguridad, por la confusión moral, por la fragilidad o debilitamiento de la familia, uno puede fácilmente caer en el miedo. También en la Iglesia. A veces podemos sentir ese miedo de muchas maneras, porque a veces vemos que nuestros superiores nos decepcionan o a veces vemos que nuestros jóvenes se cansan muy pronto, porque a veces vemos divisiones en las comunidades, porque a veces experimentamos cada uno de nosotros. También en la Iglesia experimentamos que somos muy débiles y eso nos hace mirar el futuro con temor.

¿Qué podemos tomar de las lecturas de hoy? Fueron tres lecturas, la del profeta Jeremías, la del apóstol San Pablo en su carta a los Romanos y la del Evangelio según San Mateo. Con la ayuda de Dios, vamos a acercarnos a estas lecturas a ver cómo nos ayudan. En el caso de Jeremías, había muchas razones para tener miedo, porque Jeremías fue una persona muy perseguida. En la época en que vivió Jeremías había amenazas muy serias sobre el pueblo de Dios y Jeremías se da cuenta que el pueblo tiene que ser purificado, tiene que pasar por una situación dura, como un crisol para purificarse.

Pero como dice la carta a los Hebreos, a nadie le gusta que lo corrijan, porque cuando a uno lo corrigen, pues hay dolor, hay humillación, hay incomodidad. Entonces Jeremías estaba predicando Dios nos va a limpiar, nos va a purificar, nos tiene que pasar por un crisol. Y la gente no quería oír a Jeremías. Entonces, en vez de reflexionar sobre sus pecados y convertirse, lo que hicieron fue atacar a Jeremías. Y por eso aparece ese texto del capítulo número 20, que es el que hemos proclamado hoy. "Delatadlo", -vamos a delatarlo-. Jeremías alcanza a oír los rumores de la gente haciendo planes contra él, y de hecho intentaron matarlo en alguna ocasión. O sea que verdaderamente estaba en peligro y tenía razones para el miedo.

¿En qué se apoya Jeremías para superar el miedo? Mire estas frases que aparecieron en la lectura de hoy: -El Señor está conmigo como fuerte soldado. Mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso-. Es decir, Jeremías empieza a recuperar ánimo a partir de esa frase: "El Señor está conmigo". Es verdad que hay planes en contra del profeta. Es verdad que hay gente que está deseando su fracaso, pero Jeremías se da cuenta que él no está batallando solo. Esto es muy bonito. No estamos batallando solos porque una estrategia muy frecuente del demonio es hacerle sentir a uno que uno está solo y que uno está perdiendo el tiempo y perdiendo todo su esfuerzo, como quien dice usted no va a lograr nada porque está solo.

Jeremías vence ese ataque del enemigo, ese pensamiento funesto con esta frase: "Esta pelea también es de Dios". Mire, todo el que esté trabajando por salir del pecado puede tomar la frase de Jeremías y puede decir con toda confianza, puede decir: "El Señor está conmigo como fuerte soldado". Porque todos tenemos pecados y todos hemos cometido errores. Aquí nadie puede decir -No, yo estoy aquí, inmaculado, limpio, sin problemas. . . - Todos hemos cometido errores, tenemos pecados, pero en nuestra lucha contra el pecado no estamos solos. Entonces una persona que está tratando de dejar una adicción, por ejemplo, tiene que saber. En esta pelea no estoy solo.

Una pareja que ha tenido mucha división y peleas y amargura tienen que saber. -No estamos solos. Vamos a recuperar nuestro matrimonio. No estamos solos-. Un religioso que haya perdido el norte o que esté desanimado. Dice: -No, yo voy a recuperar mi vocación-. No está solo. Esa es la enseñanza que nos deja el profeta Jeremías. Y es muy importante saber, siempre que estamos en la lucha por lo que es bueno, recto, justo, verdadero. No estamos solos. El Señor hace sentir su providencia y el Señor nos dará la victoria. Vamos a ver qué podemos aprender de la segunda lectura. Esta fue de la carta de San Pablo a los romanos. Realmente es un texto teológicamente muy denso. Es una tremenda enseñanza.

Si intentáramos, así como en profundidad, meternos en el texto, yo creo que necesitaríamos mucho tiempo. Así que yo solamente me voy a quedar con esta frase preciosa. San Pablo se da cuenta de que todos estamos infectados, por decirlo de alguna manera, en cuanto todos venimos de Adán; Eso, todos estamos infectados. Quiere decir; tenemos tendencia al pecado de distintas maneras. ¿Sí o no? A veces a uno le tienta más la soberbia o la ira o la envidia. Hay personas que son muy resentidas. Hay personas que tienen mucho trabajo con el tema de todo lo de sexo y pureza, eso es bien complicado. Otras personas sienten que el corazón lo tienen amarrado al dinero, otras personas se defienden de todo con mentiras. O sea, cada uno de nosotros tiene debilidades. Esas debilidades, nos dice San Pablo, están conectadas con el hecho de que todos venimos de Adán. Es decir, estamos hechos de un barro que quedó dañado después del pecado.

Como quien dice, San Pablo nos está diciendo -No le extrañe a usted que tenga tendencias de pecado-, no le extrañe. Estamos hechos de ese barro. Venimos de ese Adán. Pero la frase clave que quiero destacar es esta: -No hay proporción entre el delito y el don-, no hay proporción entre el delito y el don. En otra parte lo dice San Pablo con esta otra frase que es más conocida: "Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia". Entonces, lo que nos está diciendo Pablo es que efectivamente todos venimos de ese barro dañado, eso es cierto. Por eso todos tenemos tendencia al pecado, por eso hemos caído muchas veces.

Pero también nos dice: -Un momentico, nosotros no somos solamente barro de pecado. Hay uno que ha puesto sus manos en este barro, uno que ha puesto sus manos en nuestro barro y que lo ha unido a su propio ser. Y ése que nos ha amado y que ha creado un lazo nuevo de amor con nosotros por puro regalo. Ese es Jesucristo y el regalo de su amor con el que ha querido unirse a nosotros se llama la gracia-. Entonces eso es lo que significa la palabra -don- aquí. Entonces es verdad que somos barro, pues que ha sido ensuciado por el pecado. ¡De acuerdo! Pero también es cierto que hay un regalo. Hay un don de amor con el que Cristo ha querido unirse a todos nosotros.

Por eso, cuando miramos la cruz, tenemos que pensar que esos clavos están mostrando la intensidad de la unión del amor. La intensidad de la unión de Cristo con nuestro destino, con nuestra condición. Entonces, ¿Qué nos está diciendo, Pablo? Nos está diciendo: -No está más cerca de ti la capacidad de pecar, que lo está, la capacidad de ser perdonado y restaurado-. Una frase parecida nos dijo el Papa Francisco hace unos años. Primero nos cansamos nosotros de pecar, que cansarse Dios, de perdonarnos. Entonces, cuando uno tiene tendencia al pecado, como nos pasa a todos, uno siente como que la garra del pecado lo está empujando hacia pecar.

Pero San Pablo nos invita a descubrir que más cerca, más adentro y con más fuerza que la garra del pecado, está la mano bendita del amor de Dios que se nos ha dado en Jesucristo. Y cuando uno reconoce más cerca que la garra del pecado, está la mano de Dios que quiere sacarme de donde yo estoy. Eso da mucha fuerza y eso da mucha esperanza. Entonces, ¿Qué aprendimos con Jeremías? Con Jeremías aprendimos esta frase: "El Señor está conmigo como fuerte soldado". ¿Qué tal si hacemos aquí una escuelita? Entonces usted repita y repita después de mí. . . -El Señor está conmigo como fuerte soldado-. Ya casi todos repitieron. Hay unos que no necesitan ayuda de Dios. Entonces no repiten nada. Repita, sea humilde. Yo lo digo. Usted repite. El Señor está conmigo como fuerte, soldado. . . -El Señor está conmigo como fuerte soldado-.

Claro, si usted está luchando eso, significa que usted tiene un aliado. Ahora viene la otra frase. La frase de San Pablo: -No hay proporción entre el delito y el don-. ¿Cómo es? -No hay proporción entre el delito y el don-. Eso lo repite mucho este Papa, que yo he cometido pecados, que había sido un fracasado, que yo no he servido para nada. Eso se llama el delito. Pero no hay proporción entre el delito y el don. Lo que Dios puede preparar para usted es mucho mayor. No se quede, como decía por ahí un padrecito predicador. . . -No se puede manejar un carro solamente con el retrovisor. Usted no se puede quedar nada más mirando el pasado -que yo fui, que yo hice, que a mí me pasó-. Ese fue su pasado, hermano. Está bien. Un poquito de retrovisor se necesita para ser humilde, pero ahora mire hacia adelante. Mire hacia adelante. No hay proporción entre el delito y el don.

Jesús nos da una cantidad de razones. Nos da varias razones para vencer el miedo. Y entre esas frases, yo quiero destacar esta que me parece impresionante: "Si uno se pone de parte de mí ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre del Cielo". Eso es muy bonito. A veces a uno lo ridiculizan hasta por ir a misa. Lo ridiculizan a uno. Yo conozco personas que en la misma familia hasta los ridiculizan por eso. O si no, cuando vuelven de misa, cualquier error que uno cometa de una vez le dicen -para eso le sirve su misa, para eso se la pasa allá rezando, para eso no sé qué. . . - Y lo critican y lo humillan a uno, y uno tratando más o menos de salir pues de su baja condición y la gente es a hundirlo. Entonces dice aquí Jesús -El que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pongo de su parte ante Dios-. ¿Qué significa eso? Eso significa que cada vez que usted se atreve a mostrarse verdaderamente como lo que es un creyente, los que somos religiosos como un religioso, como un consagrado, a sostener lo que Cristo nos ha enseñado, Usted tiene que tener una certeza. Esto no lo olvida Cristo. Esto no lo olvida Cristo.

Hay algo muy bonito en la Biblia. Mire esta frase que es del capítulo décimo de San Mateo. Pero en el profeta Isaías, un texto que no se leyó hoy. Hay otra frase que dice: "Yo les voy a perdonar sus culpas, ya no me voy a acordar de sus pecados". O sea que fíjese que Dios es tan hermoso que ha escogido olvidar nuestros pecados cuando los perdona, pero no olvidar nuestros combates cuando Él mismo nos da la fuerza; como quien dice: -Dios ha escogido olvidarse de las cosas malas que nosotros hacemos y jamás olvidarse de las cosas buenas que hemos hecho-. Esa es la manera fantástica como Dios nos invita a confiar en Él. Claro que para que llegue ese olvido, que es un olvido entre comillas, metafórico, simbólico, pero real también, para que llegue ese olvido uno tiene que salir del pecado, tiene que arrepentirse del pecado.

Pero fíjese lo que nos dice Dios, eso da mucha esperanza. Conviértase de su pecado y Dios se va a olvidar del pecado que usted cometió. En cambio, las cosas buenas que usted haga, el valor que usted tuvo para mostrarse como cristiano, ese no lo olvida Dios jamás. Ese Dios lo va a recordar siempre. Yo me voy a poner de su parte delante de mi Padre del cielo, y ese es nuestro gran abogado, ese es nuestro gran abogado. Ustedes saben que la palabra Satanás quiere decir el que acusa, el acusador. Por eso en el Apocalipsis se habla el que acusaba a nuestros hermanos. Entonces puede uno imaginarse Es una imaginación, pero sirve. Uno puede imaginarse que cuando uno se muera, entonces va a haber por allá un Satanás que va a decir: -Este hizo y deshizo, y una cantidad de cosas que son las faltas que uno ha cometido y los pecados que uno ha cometido, pero en ese momento se va a levantar Jesús y va a decir: -No, un momento, yo me pongo de parte de él- y a ver ahí a quién le hace caso Papá Dios.

De modo, mis hermanos, que vamos a tener esa gran confianza en el Señor. ¿Cuáles fueron las tres lecciones de hoy? Mire, todo el que se ponga en el combate de salir de su pecado puede decir -El Señor está a mi lado como fuerte soldado-. Segundo, es verdad que sentimos la garra del pecado, pero, un momento, más adentro, más fuerte, más cercana que la garra del pecado, está la mano de Dios que nos ofrece el don de su amor. Y tercero, jamás se nos olvide que cualquier cosa buena que nosotros hagamos se recordará por siempre, se recordará por siempre, si volvemos de verdad y de corazón al Señor.

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