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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo se pone de parte nuestra y nos invita a ser valientes, a tener esperanza y a estar en guardia contra las mentiras, el ridículo, las multas y la persecución física contra la Iglesia.
Homilía ao12005a, predicada en 20170625, con 7 min. y 24 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! El Evangelio de hoy está tomado del capítulo décimo de San Mateo. La expresión que más se repite resulta familiar para aquellos que conocimos y que hoy amamos a San Juan Pablo II. Nos dice Jesucristo: "No tengan miedo". Lo más interesante para mí en el Evangelio que hemos oído es cómo Cristo relaciona la manera de hablar y la manera de vivir. El que tiene libertad para hablar tiene libertad para vivir. Efectivamente, cuando empiezan a amordazar nuestro lenguaje, empiezan a asfixiar nuestra vida. Y ciertamente eso está sucediendo en nuestro tiempo de muchas maneras. El mensaje del Evangelio trata de ser amordazado en nuestro tiempo. ¿Cuáles son los recursos principales que se están utilizando para amordazarnos? En primer lugar, la mentira. En segundo lugar, el ridículo. En tercer lugar, las multas. Y en cuarto lugar, la persecución física. Y las cuatro cosas están sucediendo en nuestro tiempo. Miremos brevemente cada una de estas mordazas que intentan limitar la libertad de expresión para luego limitar la libertad en la práctica de la fe. Lo primero es la mentira. Inundar de mentiras y de medias verdades a la sociedad. Es interesante el experimento que propuso un portal católico en Internet hace unos pocos meses. Invitó a que se hiciera una encuesta preguntando a la gente. Usted, ¿Qué opina de aquella institución que quemó en la hoguera a Galileo? Muchas personas aprovecharon esa encuesta para soltar todo el veneno que tenían contra la Iglesia Católica. La gran sorpresa es que Galileo no murió en la hoguera. Galileo murió en su propia casa y en su propia cama. Pero se nos ha dicho tantas veces que Galileo fue torturado. Fue perseguido por la Iglesia que muchas personas creen que esa es la verdad. Y como esta mentira, muchas otras mentiras. Muchas personas desconocen, por ejemplo, que la afirmación sobre la redondez de la tierra, lo mismo que una montaña de hermosos argumentos científicos, provienen en primer lugar del mundo investigativo de la Iglesia Católica. Así que el mundo está lleno de mentiras, y las mentiras son la vanguardia para asfixiar la verdad. Si como sacerdote intentas hablar, apenas la gente se da cuenta que representas una institución tan repugnante, tan retrógrada, tan cruel, tan injusta, tan hipócrita, tan torpe como la iglesia, ya no quieren escucharte. Pero un momento. A medida que vamos descubriendo por qué la gente piensa eso, lo que descubrimos es una avalancha de mentiras que se han repetido con mucha frecuencia. Otro modo de atacar es a través del ridículo ridículo que viven dolorosamente muchos de nuestros jóvenes. Efectivamente, sabemos que en la adolescencia y en la juventud los jóvenes son particularmente sensibles al hecho de ser excluidos de sus grupos. Y esta es una de las estrategias que más utiliza el mundo para uniformar el pensamiento de los más jóvenes. Si eres joven y resulta que no estás de acuerdo con el aborto o no estás de acuerdo con el matrimonio entre personas del mismo sexo, o si no estás de acuerdo con los anticonceptivos. ¿Pero en qué siglo vives? Pero qué desastre es este? De inmediato, la exclusión social supone una tremenda presión sobre los más pequeños. Luego vienen las multas. Algo de lo que saben muy bien nuestros católicos en países como España. Te imponen un currículum, te imponen unos contenidos educativos que van en la idea de las ideologías que están de moda. Y si tú no estás de acuerdo, entonces te cierran tu colegio, entonces te multan, Entonces te castigan. Lo mismo que sucedió en tiempos de Barack Obama en los Estados Unidos, te obligan como empleador a pagar los anticonceptivos y los abortos de tus empleados. Si no estás de acuerdo, entonces tienes que pagar elevadísimas multas y así te amordazan y de esa manera te quitan la libertad de expresar tu fe. Si nada de esto logra callarte, entonces es posible que llegue la persecución física, como vemos que ha acontecido a nuestros hermanos en el Medio Oriente y como vemos que sucede con menos frecuencia pero no con menos violencia en países como México. Realmente lo que está viviendo México en la persona de sus sacerdotes es particularmente doloroso. La lección que se supone que deben aprender los sacerdotes es que si tú vas a hablar en contra de la corrupción o en contra de la mafia, o en contra de los cárteles de drogas, prepárate para ser torturado, prepárate para ser incluso asesinado. Tenemos que estar en guardia contra estos enemigos. Y tenemos que saber que hay uno que se llama Jesucristo, que se ha puesto de parte nuestra y que nos invita, a pesar de todo, a ser valientes. Porque no todo se juega en esta vida. Quiero decir, más allá de los límites de esta vida, nosotros tenemos un mensaje de esperanza, como nos lo han enseñado muy bien nuestros numerosos mártires.

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