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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Homilía ao12004a, predicada en 20080622, con 16 min. y 16 seg. 
Transcripción:
De Jesús nuestro Señor se pueden decir muchas cosas, pero no se puede decir ni que Él fuera un iluso, ni que estuviera engañando a la gente. Él no se engañaba a sí mismo y tampoco engañó a los discípulos; más bien, lo que prometió, lo que anunció fue dificultad, oposición, persecución. El Evangelio de hoy pertenece al capítulo décimo de San Mateo, que contiene lo que se llama el discurso misionero de Cristo: cuando envía a sus apóstoles, cuando les dice que van como ovejas en medio de lobos y tiene que darles esta fortaleza. Las palabras de hoy son una invitación, por una parte, a saber en quién nos estamos apoyando y por otra parte, a saber que aquellos que pueden atacar nuestra fe o atacarnos a nosotros no tienen un poder ilimitado. Claro, esto suena un poco extraño, porque en un país como este y en estas circunstancias, es muy difícil que uno sienta el aguijón de la persecución. Nosotros no sentimos persecución, por lo menos abierta en términos de que nos vayan a mandar a la cárcel porque estamos celebrando la misa. No es esa clase de persecución. Pero, hay otras señales que nos invitan a reconocer que también la fe en este tiempo llega con mucha dificultad. Y por eso mismo, la cobardía es hoy un pecado mucho más común de lo que pensamos. Cobardía que consiste finalmente en lo que dice Cristo al final del texto de hoy: -renegar de Cristo, hacer de cuenta que Él no existe-. Es impresionante la virulencia, el ataque agresivo contra algunas posturas, algunas enseñanzas de la Iglesia. Hablo por mi país, por lo menos, en el periódico El Tiempo, que es el de mayor circulación en Colombia y cada uno piense en, cuál es el periódico o medio de comunicación principal de su país. Hace poco se publicaba una noticia sobre el Papa. Algo como el amor que le tiene el Papa a la liturgia anterior al Vaticano II aquello de celebrar en latín, aquella liturgia un poco fastuosa, nos puede parecer a nosotros. Bueno, esto lo leí yo en internet, que da la posibilidad, de que la gente haga comentarios sobre las noticias. Entonces el tipo de comentarios son estos: -¿qué va a decir este nazi?- Ese es el Papa. -¿qué va a decir este que abusó de seminaristas cuando era profesor?- Cosa que es una calumnia que no tiene nada que ver con su vida y que no tiene nada que ver con lo que todo el mundo ha investigado y conocido de él; pero ahí está y está publicado. -Que dejen de robarse la plata, que vendan todos los tesoros que tienen en el Vaticano, que dejen de ser hipócritas y así sucesivamente; una larga, larga serie. Alcancé a leer veinticinco comentarios cargados de odio, cargados de rabia. Yo digo: -si una de esas personas tuviera el poder de mandar a la cárcel, yo creo que no lo dudaría- Hay una rabia contenida. . . Las leyes, la tolerancia religiosa o lo que se quiera decir, pues le hacen pensar a uno que no hay persecución. Pero mira cómo es recibida en la opinión pública la Palabra de Cristo y la Palabra de la Iglesia; y te das cuenta, que sí, hay persecución. Hace poco presentaban una conferencia un señor llamado Sam Harris, él escribe sobre temas de ciencia, de filosofía, de religión. Esto se encuentra, tal vez el nombre de él lo esté pronunciando mal, esto se encuentra también en Internet, en una página que se llama: Fora, así como se oye Fora, Fora. TV. Si usted tiene comunicación de banda ancha, es una hermosura entrar a esa página porque tiene una cantidad de programas y cosas interesantes y hay toda una sección sobre religión y en esa sección aparece Sam Harris y entonces habla sobre la religión y empieza diciendo: -Estoy seguro que algunos de ustedes pueden sentirse ofendidos por lo que voy a decir, pero para mí, no hay motivo de mayor preocupación que la religión. Yo creo que nada envenena tanto el ambiente como la religión, yo creo que no hay nada que le traiga tanta violencia a este mundo como la religión-. Ese es el comienzo de su discurso y esa clase de personas y esa clase de discurso, es el que está hoy en los colleges o colleges, en las universidades. Si ustedes tienen hijos y algunos aquí los tienen y por ahí suenan. Si ustedes tienen hijos, estos niños, este por ejemplo, que está aquí cabalgando. Cuando ese niño llegue a la universidad se va a encontrar gente que le va a decir exactamente eso: -Que le va a decir que el papá que lo trajo a la iglesia lo estaba tratando de hacer un criminal, le estaba enseñando terrorismo, le estaba enseñando a ser un tonto, le estaba mutilando la inteligencia, lo estaba llevando a la violencia . Las universidades hace bastante tiempo, las universidades están tomadas por este movimiento que es un movimiento tan agresivo como puede ser, antes de golpearle a uno la cara. Es decir, a mí nadie me ha pegado físicamente, a mi nadie me ha puesto un puño por ser creyente ni por ser sacerdote. Pero ustedes ven el lenguaje que está ahí y es un lenguaje fuerte, y cuando un muchacho, yo pienso en un muchacho, por ejemplo, los jóvenes que ya están un poco más crecidos allá, como los hijos de aquí mis amigos o como estos otros jóvenes. Cuando ustedes lleguen, cuando estos jóvenes lleguen a la universidad, lo primero que se van a encontrar es que es absurdo, torpe, afeminado, violento, retrógrada y todos los demás insultos: -Ser creyente-. Si eso no es persecución, ¿qué es? Entonces los muchachos inmediatamente se retraen, se acomplejan, porque la mayor parte de los jóvenes no saben cómo defender su fe. Lo que quieren tener es amigos, quieren tener una vida social normal, quieren sentirse aceptados. Eso es lo que todos queremos cuando llegamos a la adolescencia, uno quiere sentirse aceptado, tener amigos que lo integren. Pero si toda la gente se siente ridícula y siente que la religión es ridícula, perversa, retrógrada, homófoba, y todas las demás cosas, entonces se crea una generación que ya se siente incapaz de decir: -Cristo es mi Señor-. Y cuando tú no puedes decir que Cristo es el Señor de mi vida, entonces tú estás renegando de Cristo. Y según el evangelio de hoy eso parece que es grave, porque aquí dice Cristo: -Yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo, de aquel que reniegue de Mí ante los hombres-. Y todos estos jóvenes que son los hijos de ustedes, están aprendiendo a eso, a renegar de Cristo. Están aprendiendo a decir Cristo no me importa, Cristo le importaba a mi abuela, Cristo le importaba a mi bisabuela, y Cristo tal vez le importaba a mi mamá o a mi papá, pero a mí Cristo no me importa y no pinta nada en mi vida. Esa generación que ya ha crecido, esa generación ya no bautiza a los hijos. Ese fenómeno está sucediendo ya, en este momento, en este momento está sucediendo eso. Entonces, en el tiempo que yo llevo aquí, en esta parroquia en Irlanda, he visto funerales y funerales y funerales. Muy poquitos bautismos, casi ningún matrimonio. Tú puedes adivinar hacia dónde va ese proceso. Entonces, el primer objetivo de mis palabras, hermanos, es. . .: a ver si despertamos, a ver si nos enteramos, como dicen en España, a ver si despertamos; a ver si caemos en cuenta que la persecución está ahí. Se llama la persecución del ridículo, se trata de hacerte sentir estúpido, se trata de que te sientas torpe, de que sientas que eres violento, que perteneces a una época que ya caducó, que sientas que no puedes defender nada. Que te quedas solo, que te quedas sin amigos, que no importas. Eso, es la persecución de hoy. No es la persecución de ponerte grilletes, no es la persecución de mandarte a la cárcel, no, no te mandan a la cárcel; te mandan al ostracismo. Es decir, te aísla la gente, te sientes ridículo; sientes que no cuentas. Entonces ¿qué pasa? Que como la mayor parte de la gente no tiene suficiente convicción en Cristo Jesús, se deja llevar por esa marea y empiezan a considerar como normal lo que les digan que es normal. Si la televisión dice que eso es normal, debe ser que eso es normal, a base de televisión, a base de leyes estratégicamente situadas por lobbies del poder, especialmente en Europa, se hace lo que se llama ingeniería social, es decir, diseñar la sociedad: ¿Que queremos?, Queremos que en veinte años sea aprobado esto, queremos que en treinta años el aborto está en todo el mundo, queremos que en cincuenta años dé lo mismo casarse con un perro, con una pared, con un hombre, con una mujer o solo. Eso se llama ingeniería social: -Queremos lograr tal cosa en la sociedad, por la razón que sea. Entonces el objetivo es ese primer lugar: Despertarse, en segundo lugar es darse cuenta que, aunque yo hago homilías largas, lo reconozco, sí, está bien, ya lo reconocí, mis homilías son largas. Aunque yo hago homilías largas, por largas que fueran mis homilías, es muy poco el material, la formación, la preparación que tiene la mayor parte de la gente. Lo primero que dice Jesús en el Evangelio de hoy es: "No sean cobardes, no teman a los hombres" , es lo primero que dice: -No teman, no sean cobardes-. Pero es difícil dejar la cobardía si uno no tiene cómo conocer la fe. Si uno no conoce la belleza de la fe, si no se siente orgulloso de Jesús, si uno no se siente feliz con el sacramento de la confesión, con el sacramento de la Eucaristía, si uno no se siente feliz de pertenecer a Jesús y a su Iglesia, y si no se siente feliz con razones, entonces pasa lo que decía San Pablo en la carta a los Efesios capítulo 4 -que uno se vuelve un niño, y a uno lo lleva a cualquier parte, cualquier viento de doctrina- Mira que ahora dicen que esto, -ah, bueno, bueno, sí, amén, amén, amén; que ahora dicen que esto, sí, sí, sí, entonces amén-. Y la gente vende su fe por un plato de lentejas. -Mira que ya no hay que decir resurrección, sino reencarnación, amén, amén, amén, claro reencarnación, lo que sumercé diga-. Admitir, recibir, ser niños, y nos llevan a cualquier parte. . . Por supuesto, los papás, los profesores, nosotros los sacerdotes tenemos una responsabilidad inmensa. Los papás han de pensar eso en sus hijos. Ser papá no es ir a una clínica y parir un bebé. Ser papá es darle un hijo a Dios y un buen ciudadano al mundo. Y eso para mí merece todo el respeto. A mí me parece que lo mínimo que tiene que hacer un papá en estos tiempos tan difíciles es orar muchísimo. Porque es que además tampoco es fácil que los hijos reciban. . . . A veces se les trata de dar buen ejemplo, a veces se les trata de invitar, pero claro, no se puede traer a la gente amarrada a la misa. Entonces hay que orar por ellos y mientras tengamos tiempo y mientras tengamos la manera, tenemos que encontrar cómo formarnos mejor en nuestra fe. Dicho de otra forma, la sola misa no alcanza. La misa no alcanza a darte todas las vitaminas, toda la formación, toda la solidez que tú necesitas, no te la alcanza a dar la misa. Hay que completar, hay que completarlo con lecturas o con cursos, o con libros o con material católico bueno, la sola misa no es. Ese católico que dice: -que agradezca Dios que le voy a su misa- porque así hay católicos; -ya debería agradecerme el cura que allá le voy a su misa, antes agradezca-. Ese católico está en vía de extinción porque ese católico no tiene suficiente gasolina, no tiene suficiente fuerza para enfrentar esta persecución de la irrelevancia y del ridículo, en que estamos. Y ese es el católico que cuando llega al college, cuando llega a la universidad, siente que es el único que no ha abortado, que es el único que no ha hecho todas las barbaridades: se ha drogado, ha amanecido en la calle borracho, es el único que no ha tenido cuatro o cinco prostitutas en sus espaldas, entonces siente que es un tonto. Necesitamos algo fuerte en nosotros, en nuestro corazón. Necesitamos la fortaleza de Cristo en el alma. Y eso no se logra con quince minutos de homilía. Hoy yo emplazo a cada uno de ustedes a buscar con amor una buena formación católica. Hay mucho material y algo tratamos de ofrecer aquí también. Y los invito a tomar en serio esa responsabilidad de orar por sus hijos. Usted no sabe si, ese precioso bebé que por ahí corre, es un ateito que está en potencia. Nosotros queremos que no sea un ateito, sino que sea un católico convencido, feliz, no agresivo ni intolerante. Aquí no predicamos la intolerancia, pero sí predicamos la alegría, la alegría y la gratitud que uno siente de ver cuánto ha dado Cristo por cada uno de nosotros.

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