|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Homilía ao11004a, predicada en 20020616, con 14 min. y 21 seg. 
Transcripción:
Hermanos. En el Evangelio de hoy aparecen dos rasgos de Jesucristo. La misericordia y el poder. Jesucristo es compasivo, Jesucristo es poderoso. En estas dos frases podemos sintetizar la enseñanza de hoy. Jesús es misericordioso. Jesús es poderoso. Sobre la misericordia tenemos este testimonio: Al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor. Ahí brilla la misericordia de Dios, ahí aparece el corazón compasivo de Cristo. Sobre el poder de Jesucristo, tenemos la consigna que Él da a los discípulos, una consigna llena de autoridad: -curad enfermos, resucitad muertos, arrojad demonios-. La compasión de Cristo no es una simple lástima. La compasión de Cristo es un amor eficaz que llega a esta tierra para barrer la obra del mal, para arrojar fuera a Satanás, para echar a la enfermedad, para quitarle sus prebendas al pecado, para arrancar de sus garras, al pobre hombre. Cuentan, que en una ciudad de Estados Unidos: el niño pequeño de una mujer estaba jugando, y como los niños a veces son imprudentes; el niño salió a la calzada, y un carro lo atropelló, lo arrolló. El niño quedó debajo del carro, aparentemente muerto. La mamá vio la trágica escena sin pensarlo dos veces, corrió a donde estaba el carro detenido. Y parece cosa de mentira, si no estuviera certificado, empezó a levantar, a hacer fuerza y ella sola, levantó un lado del carro. En un ataque de adrenalina, de desesperación, de angustia por su hijo. Claro, sacaron al niño, luego la mujer no se podía mover. Tuvieron que ayudarle para bajar ese carro, se le fracturaron tres vértebras de su columna vertebral por ese esfuerzo descomunal y por el peso del vehículo. Ese ejemplo muestra cómo la misericordia está unida al poder. La mujer no se quedó mirando al niño debajo del carro y diciendo: -Ay, pobre mi hijito, tan lindo que jugaba-. La misericordia se convirtió en ¿qué? -En energía para sacar al hijo que estaba ahí-. Todavía están frescos los ecos de la fiesta del Sagrado Corazón, donde hemos celebrado precisamente el amor compasivo de Cristo. Y esta lectura nos ayuda a profundizar en ese amor. Cristo no se queda mirándonos y diciendo: -¡Pobrecitos mis niños, pobrecitos, el demonio cómo los tortura, el pecado cómo les hace daño!- ¡Ay, pobrecitos mis chinitos! Jesucristo, como esa mujer sale dispuesto a batirse con quien sea con tal de defendernos. Eso es lo que vemos en la cruz. Esa mujer se logró recuperar del esfuerzo salvaje que hizo. Repito, se le fracturaron tres vértebras, ha podido quedar paralítica ella. El esfuerzo brutal que hizo le dañó su cuerpo, pero sirvió; esa era la intención para salvar al hijo. Así también Cristo crucificado, hizo un esfuerzo total y quedó llagado y quedó sangrante. Quedó extendido y muerto, quedó exhausto por nosotros, pero su amor fue eficaz. Cristo es misericordioso y Cristo es poderoso. Y del poder de Cristo viene la autoridad que tienen los pastores de Cristo, empezando por los apóstoles, como leemos en el Evangelio. Y de la misericordia de Cristo viene el corazón compasivo que tiene la Iglesia. De manera que los pastores en la Iglesia, empezando por los señores obispos y también los sacerdotes, los diáconos y todos los que tienen autoridad en la Iglesia tienen que participar al mismo tiempo del poder de Cristo y de la misericordia de Cristo. De las dos cosas. Y esas dos tienen que ir unidas. El ejemplo nos lo dan los papás, el ejemplo nos lo dan las mamás. Si una mamá ve al hijo enfermo, aunque le duela tener que meterle una inyección o tener que llevarlo a una sala de cirugía, la mamá une la fortaleza con la compasión y se queda rezando el credo mientras el niño entra a la sala de operaciones. Pero ella es fuerte porque sabe que eso es lo mejor para el hijo. Así también es Dios con nosotros. Y así también tiene que ser la autoridad en la Iglesia. Una unión de misericordia, pero también de poder, de autoridad, de decisión. Algunas veces queremos que la autoridad sea solo misericordia; que se compadezcan y que nos compadezcan. Pero la autoridad tiene que estar unida al poder también, y eso se ve en el servicio que presta la Iglesia. Pensemos, por ejemplo, en la predicación, lo que estamos haciendo en este momento, la predicación, que es obra de los apóstoles y de los sucesores de los apóstoles; tiene que tener misericordia porque es una oferta de amor, pero también tiene que tener poder para llamar bien a lo que está bien y llamar mal a lo que está mal. El verdadero amor une las dos cosas, y un verdadero sacerdote, un verdadero predicador, tiene que ofrecer el amor de Dios, pero también tiene que llamar bueno a lo que es bueno y tiene que llamar malo a lo que es malo. A veces se cree que la compasión es, no llamar las cosas por su nombre y dejar pasar el mal, porque -qué pesar-. No, ese no sería verdadero amor. El amor tiene que llamar las cosas por su nombre. Si Cristo, por ejemplo, nos dice: -que no se puede cometer adulterio, que lo que Dios unió no lo puede separar el hombre-. Eso lo tiene que predicar la Iglesia, así le caiga mal a mucha gente. Si en la Palabra de Dios se dice claramente: -que el homosexualismo no está en el plan de Dios y que los amanerados y afeminados y homosexuales no heredarán el reino-, habrá que tener compasión con las personas, pero esos comportamientos no caben en la Iglesia; así, este mensaje le suene antipático al que le suene ¡Ay!, pero hay que compadecerse. . ., Sí, señor, hay que compadecerse de las personas; no hay que compadecerse de los pecados. A la persona hay que compadecerla y todos somos débiles y todos necesitamos remedio en la confesión, en las oraciones y en la instrucción. Pero nosotros no podemos por una falsa misericordia, no podemos, invalidar el mandamiento de Dios. Y por eso la verdad hay que decirla clara, porque es oficio de caridad ofrecer una ruta segura, hacia la obediencia y el amor a Dios. Otras veces la cosa es al revés, otras veces la gente quiere no mucha misericordia, sino mano dura y solo mano dura. Hace unas semanas el Papa Juan Pablo se reunió con un grupo de obispos y arzobispos de los Estados Unidos por una cantidad de problemas sumamente dolorosos, escándalos sexuales de sacerdotes. Y ¿qué decían los medios de comunicación? ¿Qué decía la gente? -Duro con esa gente, deberían excomulgarlos, mandarlos al último infierno; cocinarlos, retorcerlos-. La Iglesia tiene que ser al mismo tiempo misericordiosa y llena de la autoridad de Cristo. Y el Papa Juan Pablo nos dio ejemplo de esto. Por ejemplo, en el caso con esos obispos de Estados Unidos, la primera frase que dicen, que dijo el Papa cuando ya se reunió con estos obispos, la primera frase que dijo fue: -No hay lugar en el ministerio sacerdotal para quienes abusan de los menores-, ¡Claridad! Una palabra clara y autorizada, no autoritaria, sino autorizada. -Claridad-. Pero frente a todos los que querían que el Papa mandara al infierno a todo el mundo, a todos estos pecadores, no lo hizo así, sino mostró caminos para evitar los males en el futuro y para que ellos, lo mismo que todos los seres humanos, nos convirtamos a Jesucristo y obedezcamos a Jesucristo. Así que no lo olvidemos. No lo olviden, por favor, los padres de familia, no lo olviden, los misioneros, los catequistas y que nunca lo olvidemos, los sacerdotes y pastores. Misericordia, pero al mismo tiempo autoridad. Se necesitan las dos cosas, y las dos cosas se unen en la sabiduría. La sabiduría es la que nos ayuda a discernir de qué manera va la misericordia y de qué manera va la autoridad, el poder. Y estos tres: misericordia, autoridad y sabiduría son los tres grandes atributos de Dios, nos enseña Santa Catalina de Siena. Ella dice: -que es propio de Dios Padre manifestar el poder, es propio de Dios Hijo revelar la sabiduría y es propio de Dios Espíritu manifestar misericordia. El Padre y el Hijo, el poder, la sabiduría y la misericordia a imagen de la Trinidad. Nosotros también, de acuerdo con nuestras responsabilidades en la Iglesia y en la sociedad, tenemos que servir y ayudar a los más pequeños para que en ellos se realice también la imagen de Dios.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|