|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús perfecciona la ley de Moisés al llevarla al corazón y abrir la comunión con Dios. Lo que la ley no podía lograr, Cristo lo realiza con su sacrificio y el don del Espíritu Santo.
Homilía ao06014a, predicada en 20260215, con 11 min. y 2 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! El Evangelio de hoy continúa con el sermón más conocido, el sermón más famoso de Jesucristo. Lo llamamos el Sermón de la Montaña, porque al comienzo del capítulo quinto de San Mateo se nos dice que Jesús subió a una montaña, se sentó y sus discípulos se acercaron. El texto de hoy nos lleva a uno de esos temas fascinantes y a veces polémicos, que conviene tener muy claros. Estamos hablando de la relación entre la predicación de Cristo y la ley antigua. No es un tema tan fácil, porque cuando nosotros miramos qué es lo que practican los judíos y miramos qué es lo que vivimos los cristianos. Pues da la impresión de que no hay mucho parecido. Alguien podría decir se trata de una propuesta completamente diferente. Se trata de otra religión. Pero la cosa no es tan sencilla, porque si tú dices que se trata de otra religión, entonces ¿Por qué nosotros utilizamos el Antiguo Testamento? Lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento es lo que los judíos consideran como las Escrituras, o mejor dicho, sús Sagradas Escrituras, a las que suelen nombrar con la palabra "Tanaj." Esa palabra es como un resumen de la ley, los profetas y los escritos, que son la manera como éllos distribuyen lo que nosotros llamamos Antiguo Testamento ¿Sí me explico dónde están lo interesante, lo denso, pero también lo difícil que nos plantea este evangelio de hoy? Dicho de una manera muy breve, el tema es ¿Qué relación tiene la predicación de Cristo y, por extensión, la vida cristiana con la ley de Moisés? Hay una frase que está en el Evangelio precisamente el que se lee hoy esa frase es: "Yo no he venido a abolir la ley y los profetas". Y también se nos dice que incluso un pequeño cambio en esa ley y la ley de Moisés no es indiferente. Entonces, ¿Cómo es exactamente esa relación? Si nosotros nos vamos al Antiguo Testamento mismo encontramos que hay pasajes donde ya se habla expresamente de la necesidad de otra forma de Alianza, otra forma de relación entre Dios y los hombres. Así, por ejemplo, aunque no es un texto que se lee en este domingo, encontramos que en Jeremías Dios asegura que va a haber una nueva Alianza. ¿Cómo puede haber una nueva alianza si está vigente la antigua Alianza? Ese es un tema que precisamente estudia la Carta a los Hebreos, donde dice que si hay una nueva Alianza es porque la antigua dejó, dejó de existir o por lo menos dejó de estar vigente. Eso no es lo mismo que abolir la antigua Alianza. Pero Cristo dice que Él no ha venido a abolir la Antigua Alianza. Son muchas preguntas, pero tenme paciencia, porque si hay respuestas. Yo creo que las cosas empiezan a aclararse cuando nos preguntamos por el propósito de la ley, que era lo que quería la ley de Moisés. Cuando nos hacemos esa pregunta empezamos a ver que lo que quería la ley de Moisés es lo mismo que quiere la predicación de Jesucristo. Y cuando descubrimos que es lo que quiere la predicación de Jesucristo, también descubrimos que hay una continuidad entre aquello que Dios había dicho a través de Moisés y lo que luego se realiza en la persona, en el ministerio, en la Palabra de Jesucristo. La frase clave que describe el propósito entero de la ley es: "Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios". El propósito de la Alianza es exactamente lo que dice esa frase, y por eso los distintos rituales que tenía la ley de Moisés, incluyendo los sacrificios y luego los distintos mandamientos de la ley de Moisés, pues tenían ese propósito. Básicamente que nosotros nos apartemos del pecado, que nosotros dejemos los ídolos y que nos volvamos hacia el Dios verdadero. De eso es de lo que se trata y que nos volvamos hacia Dios como Él se ha vuelto hacia nosotros, de tal manera que tengamos esa comunión con Él. El propósito de la Alianza es la comunión con Él. De hecho, la palabra Alianza ya nos habla de una unión. Ya nos habla de ese reunir lo que se había fracturado, lo que se había roto, lo que se había distanciado. Porque yo creo que todos tenemos claro que esa es la obra del pecado. Eso es exactamente lo que hace el pecado dividir, distanciar, destruir. El propósito de la Alianza es superar ese daño que había causado el pecado, reuniéndonos, poniéndonos en común unión, poniéndonos en comunión con Dios. Y es exactamente en ese sentido en el que debemos entender las palabras de Cristo. Es como si Cristo dijera lo mismo que quería la ley de Moisés en cada uno de sus detalles. Eso que quería la ley de Moisés. Eso es lo mismo que yo estoy proponiendo. Pero hay una gran diferencia, porque Cristo no es en este sentido como un profeta más que simplemente va a repetir que hay que cumplir la Alianza, que hay que volver a la Alianza. Eso lo decían los profetas, aunque ya vimos que Jeremías iba un poquito más adelante. Y lo mismo podemos decir de Ezequiel. Pero en general los profetas lo que decían era "A ver, atención a la Alianza, atención a la Alianza, hay que volver a la Alianza". Y la Alianza era la Alianza de Moisés. Cristo no hace eso. Cristo no insiste en el cumplimiento de la ley de Moisés, pero sí insiste en que el propósito profundo de la ley de Moisés, ese propósito, sí se debe cumplir, ese propósito. El propósito de la ley de Moisés sí se ha de realizar. Pero a ver, si ya teníamos la ley de Moisés, ¿Por qué se necesitaba otra alianza? ¿Qué le faltaba a la ley de Moisés? Esto es lo más interesante. La ley de Moisés aclaraba muy bien sobre qué es lo bueno y qué es lo malo. La ley de Moisés introduce en la conciencia de la humanidad, empezando por el pueblo de Israel. Introduce la claridad sobre lo que es el pecado y el daño que causa el pecado. Pero las fuerzas para vencer al pecado no las tiene la ley de Moisés. Eso es lo que le falta a la ley de Moisés, y eso es lo que Cristo nos va a dar con el valor infinito de su sacrificio, y es lo que Cristo nos va a dar con el don del Espíritu Santo, que es regalo y fruto precisamente de ese sacrificio. De tal manera que, que Cristo nuestro Señor quiere lo mismo que quería la ley de Moisés, pero nos trae el auténtico remedio. El auténtico remedio es el perdón, la justificación que se logra por la virtud, por el mérito infinito de su sacrificio. Y luego el don del Espíritu Santo. Entonces Cristo no se aparta de lo que quería la ley de Moisés. Y en ese sentido Él no vino a destruir esa ley de Moisés. Pero si nos da algo nuevo, algo nuevo que empieza adentro, que empieza en el corazón, y por eso Cristo quiere que nosotros aprendamos a revisar nuestro corazón. Y por eso dice no basta con que tú digas ?No, yo no cometí adulterio?. Mira, si tu corazón está podrido de deseo por una mujer casada, pues ya ese es adulterio, no le des más vueltas. Entonces Cristo lleva el mensaje de la ley a lo más profundo del corazón humano, buscando esa comunión, esa unión perfecta con Dios, que era el propósito de la ley de Moisés, pero que era lo que la ley de Moisés no podía conseguir. ¿Cómo es de profundo y cómo es de bello esto ah? Porque nos muestra cómo al mismo tiempo, entre la ley antigua, la de Moisés y la ley nueva, que es la ley del Espíritu Santo, que es la ley que trae Cristo, que es la ley de la Gracia, hay una continuidad, pero al mismo tiempo hay una superación y hay una superación infinita, de tal manera que aquello que quería la ley de Moisés es lo mismo que quiere Cristo, pero aquello que no podía la ley de Moisés es aquello que sí puede el sacrificio de Cristo de mérito infinito y el fruto de ese sacrificio que es el don del Espíritu. Este evangelio en su texto realmente nos enseña qué significa ser cristiano. Dios te bendiga.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|