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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La obra de Jesucristo es plenitud de la ley de Moisés porque, aunque buscamos lo mismo que la ley, entendemos ahora que con nuestras solas fuerzas no podemos; Jesús viene a darnos un corazón nuevo para cumplirla y estar en perfecta unión con Dios.

Homilía ao06012a, predicada en 20230212, con 8 min. y 56 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos! El Evangelio de hoy nos invita a descubrir la relación entre la predicación de Cristo y la ley de Moisés. De hecho, entre Cristo y Moisés, o Cristo y los antiguos profetas, es algo bien profundo. Pero confío que con la ayuda del Espíritu Santo podamos avanzar y podamos recibir la luz del Señor.

A ver, hay como tres posibilidades. Una posibilidad es que la propuesta de Cristo cancela la ley de Moisés. Algo así como..., esa ley de Moisés no sirve, prácticamente diríamos, es un error, está superada, eso se anula. Es lo que la Biblia llama abolir. Bueno, esa es, esa es una posibilidad, solo una, son tres por lo menos.

La segunda posibilidad, es que la predicación de Cristo viene a ser como una especie, como lo diríamos como de ampliación de la ley de Moisés. ¿Qué queremos decir con esto? Pues haz de cuenta lo que sucede, por ejemplo, si tú miras dentro de la misma ley de Moisés lo que sucede con los distintos libros, por ejemplo, tienes unas prescripciones en el libro del Éxodo y luego te encuentras otras prescripciones en el libro del Deuteronomio. La tradición judía atribuye todo eso a Moisés, de manera que lo del Deuteronomio viene a ser como una especie de ampliación de lo que aparecía en el Éxodo. De hecho, la palabra Deuteronomio significa la segunda ley.

Desde esta perspectiva, podríamos decir, o se podría pensar, mejor dicho, que la Palabra de Cristo, la predicación de Cristo, sería como una especie de ampliación de la ley de Moisés. De modo que si el Deuteronomio es la segunda ley, pues la Palabra de Cristo sería como una tercera ley, algo así como una versión aumentada de la ley de Moisés. Entonces, la primera posibilidad es que Cristo esté cancelando la ley de Moisés. La segunda posibilidad es que Cristo esté ampliando la ley de Moisés, así como el Deuteronomio hace con el Éxodo.

La tercera posibilidad, que por supuesto es la correcta, la tercera posibilidad es que la propuesta de Cristo, la predicación de Cristo, y de hecho la vida y el sacrificio de Cristo, vienen a ser la plenitud de la ley de Moisés. -Plenitud de la ley de Moisés-. Entonces las tres relaciones son que Cristo está aboliendo la ley de Moisés, o que Cristo está ampliando la ley de Moisés, o que Cristo está llevando a plenitud la ley de Moisés.

Esas son las tres posibilidades. Bien, y..., y cómo sabemos ¿cuál es la correcta? Pues podemos descartar dos de ellas. Por ejemplo, Cristo mismo dice: "Yo no he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud". Y ya eso debería servirnos de respuesta; pero no es solo ese pasaje. En otra oportunidad un hombre se acercó a Jesús y le dijo: -Maestro bueno-, ¿qué tengo que hacer para heredar vida eterna? Y en su respuesta Cristo le dice: -Cumple los mandamientos-.

San Pablo nos habla mucho de toda la novedad que trae la vida cristiana. Pero es interesante una frase que tiene San Pablo en la carta a los Romanos. Dice, por ejemplo, que todo lo que estaba en la ley se resume, se condensa en el mandamiento del amor. Sí, eso está muy bien dicho. Pero fíjate que Pablo no está diciendo que estuviera equivocado o que ya no nos importa lo que estaba en el Antiguo Testamento, sino más bien lo que está diciendo Pablo es que: -nosotros vivimos de un modo nuevo, eso que pretendía la ley de Moisés-.

Por otra parte, tampoco podemos decir la otra posibilidad, ¿te acuerdas? La primera era abolir, y esa claramente no es; la segunda era que Cristo estuviera ampliando la ley de Moisés como dando otros mandamientos, pero eso tampoco cabe, porque Cristo mismo, por ejemplo, y esto es clave, en la Cena de Pascua, habla de la Nueva Alianza. Y esa palabra es muy, muy fuerte, porque, por ejemplo, el profeta Jeremías había hablado de una nueva alianza, el profeta Joel había hablado de cómo Dios iba a dar en los últimos días el don de su Espíritu Santo, el profeta Ezequiel había hablado de cómo iba a llegar el Espíritu al pueblo de Dios. Entonces no se puede afirmar francamente, no se puede afirmar que sea una ampliación, porque lo que aparece en todos estos textos de Jeremías, de Joel, de Ezequiel, por supuesto profetas del Antiguo Testamento, es que lo que viene es una novedad. Y Cristo no solamente en la cena de Pascua, habló de una nueva alianza, sino que, por ejemplo, en otra ocasión dijo: -que a vino nuevo odres nuevos-.

Ese tipo de expresiones no corresponden a la imagen de algo que se está ampliando. Entonces, la única posibilidad, y esto ya lo tenemos claro, es que la obra de Cristo, la predicación de Cristo, el sacrificio de Cristo, lo que podríamos llamar la ley de Cristo, no es para abolir la ley de Moisés, tampoco es para ampliar la ley de Moisés, es para llevar a plenitud la ley de Moisés.

Y después de darle muchas vueltas y de tratar de aprender, creo que hoy les puedo compartir qué significa eso de darle plenitud a la ley de Moisés. En realidad no son palabras mías. Esto está tomado de San Pablo, porque San Pablo nos dice: que lo que quería la ley, pero no podía conseguirlo, la ley de Moisés. Eso es lo que trae el régimen nuevo, eso es lo que trae la Nueva Alianza, eso es lo que trae Jesucristo. Y ¿qué es lo que trae Jesucristo? Pues trae el mismo propósito de la antigua ley, pero ahora sí, hecho posible, ahora sí, real, ahora sí, verdadero.

Y ¿qué era lo que le faltaba a la ley de Moisés? Pues la ley de Moisés nos decía con mucha claridad, lo que es bueno y lo que es malo. Pero la escogencia y la perseverancia en el bien era algo que estaba solamente en las fuerzas nuestras. Si, podíamos pedir auxilio a Dios, pero claramente lo que se necesitaba era una renovación. Por eso, por ejemplo, Ezequiel y otros profetas hablaron de la necesidad de un nuevo corazón. Es decir, necesito ser renovado en lo más profundo de mi ser. Por eso también el rey David dijo en el Salmo cincuenta y uno: "Crea en mí un corazón nuevo"., Un corazón nuevo, no es solo que me ayudes, es que de alguna manera me hagas de nuevo.

Entonces la obra de Cristo es plenitud de la ley de Moisés, porque nosotros estamos buscando lo mismo que buscaba la ley de Moisés, que siempre será la perfecta unión, la verdadera comunión con el Dios Altísimo. Esto se expresa muchísimas veces en la Biblia, básicamente con la expresión "Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios". Esa es la plena comunión. Pero eso no lo lograba la ley de Moisés. Eso sí lo logra el régimen nuevo, el orden nuevo traído por Cristo. Y en ese sentido la propuesta de Cristo es plenitud. Él no ha venido a destruir, Él no ha venido a ampliar, Él ha venido a darle plenitud a aquello que ya estaba como en semilla, como en figura en la ley de Moisés.

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