Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo nos ordena la nueva ley la cuál es más perfecta, más exigente y más interior y a su vez Él mismo nos da la nueva fuerza para esta nueva ley, la gracia del Espíritu Santo.

Homilía ao06010a, predicada en 20200216, con 7 min. y 30 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Encontramos en el Evangelio de hoy una parte muy significativa del discurso más famoso de Cristo. Se le llama: El Sermón de la Montaña y se le llama así porque al comienzo, en el capítulo quinto de San Mateo, se dice que Cristo subió a la montaña. Este discurso, que en realidad es una colección de palabras del Señor Jesús, se encuentra en los capítulos cinco, seis y siete de San Mateo. Y tal vez una de las frases más famosas de este discurso es la que aparece precisamente en este domingo.

Es aquella expresión que utiliza varias veces el Señor Jesús: -Habéis escuchado tal cosa, pero yo os digo-. Esta es la expresión: -Pero yo os digo-. Teniendo en cuenta que Jesús está haciendo referencia a la ley de Moisés, que Él se atreva a decir: Habéis oído esto, pero yo os digo esto otro, es en sí mismo asombroso. Porque eso nos está mostrando que Jesús asume una autoridad por lo menos igual a la de Moisés.

Y si lo examinamos mejor, una autoridad en realidad divina, porque Moisés no pretendía hablar desde su propia sabiduría, sino se supone que en la ley que él estaba ofreciendo al pueblo elegido, les estaba dando el querer de Dios, la voluntad de Dios.

Esto nos hace entender la trascendencia de las palabras de Cristo. Que Él tome la ley de Moisés y luego agregue -Pero yo os digo- está situándolo verdaderamente como expresión de la voluntad de Dios. Pero hay más que decir... Si nosotros recordamos la ley de Moisés, vemos que en varias oportunidades, en momentos muy señalados de la proclamación que hace Moisés, se dice que esta ley es perpetua. Era una ley llamada a perdurar para siempre. Si Cristo está diciendo, -pero yo os digo-, está manifestando que aquél que mostró ese camino, el camino de la ley, el camino de la ley que fue dado por Moisés, ahora Él y solamente Él, porque no puede ser otro, está perfeccionando ese camino, está llevando a plenitud ese camino.

Es decir, y aquí refuerza lo que hemos comentado antes, que su Palabra no solamente tiene la autoridad de un legislador como Moisés, sino que tiene que venir directamente de Dios. Este es un primer dato para tener en cuenta, porque solo con una pretensión, sólo desde la base de una afirmación implícita, por supuesto de su divinidad, podía Cristo hablar, como habló. Cualquier otra persona que hubiera tomado la ley de Moisés y hubiera pretendido hacer algún cambio. Hubiera sido como?, hubiera sido visto como un impostor, sino como un blasfemo.

Pasemos a otro punto que es igualmente interesante. Vemos que Cristo toma pasajes de la ley y luego dice: -Pero yo os digo-. ¿Qué clase de cambios introduce Cristo?, Esta es una muy buena pregunta., ¿Qué clase de cambios introduce Cristo?, Lo que Él cambia es algo así ¿como cosmético?, es decir, ¿solamente en la forma?, No, lo que Cristo cambia es muy profundo, lo que Cristo cambia tampoco se puede decir que es simplemente suprimir. De hecho, nos encontramos en el mismo evangelio de Mateo que Cristo dice: "Yo no he venido a abolir la ley".

Por eso, con todo respeto, debo decir que se equivocan y se equivocan gravemente los predicadores o sacerdotes o catequistas o quienes sean, que quieren presentar las cosas como diciendo: -Mira, el Antiguo Testamento era muy difícil, era muy riguroso, era muy estricto y Dios, todo era castigar y castigar, pero ahora llegó un tiempo nuevo, llegó el tiempo del amor, el tiempo de la comprensión, el tiempo de la misericordia-. ¡Sí!, ciertamente llegó el tiempo de la misericordia; pero no le pongamos nosotros el rostro a la misericordia según nuestras conveniencias, porque fíjate el tipo de expresiones que utiliza Cristo cuando dice: -Pero yo os digo-, cuando Cristo utiliza esas expresiones, normalmente lo que está haciendo es tomar una ley que ya era estricta y volverla aún más difícil.

Cito solo un caso: la ley de Moisés no castigaba los pensamientos internos de las personas, y en cambio Cristo dice: "Si miraste a una mujer deseándola, ya cometiste adulterio con ella"., Eso es más estricto que lo que propuso Moisés. Entonces, no me vengan a decir que la ley nueva que trae Cristo es una ley que uno diría es más relajada o más comprensiva o menos exigente. Al contrario, la ley de Cristo es más exigente.

Y hay otro aspecto es mucho más interior. Mientras que la ley de Moisés se refiere a los actos exteriores, prácticamente siempre una excepción es cuando dice, que amemos a Dios, el amor no es solamente exterior. Pero mientras que la ley de Moisés se centra en los actos exteriores. La ley de Cristo. La propuesta de Cristo no solo es más exigente, sino que también es interior.

Entonces, ¿qué es lo que quiere Cristo?, ¿Por qué manda lo que manda? La gran respuesta es porque el mismo que nos ordena esta nueva ley, que es más perfecta, es más exigente y es más interior, es el que nos va a dar la fuerza, la fuerza también nueva, para esta nueva ley. Y esta fuerza nueva es la gracia del Espíritu Santo.

Por eso nos dirá Santo Tomás de Aquino lo nuevo de la nueva ley es la gracia del Espíritu Santo. De manera que Cristo no está haciendo un planteamiento más suave, más relajado, menos estresante. No, en realidad la exigencia es mayor y la santidad es más clara. Pero es que Él nos da con qué. Es que Él nos da el recurso, Él nos da la fuerza y la fuerza se llama el Espíritu Santo.

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