Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El ejercicio de una libertad genuina requiere ampliar el lugar y el poder de la verdad en nuestra vida.

Homilía ao06009a, predicada en 20170212, con 41 min. y 25 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos. Uno de los títulos asociados con este país, los Estados Unidos de América, es que esta es la tierra de los libres ?Land of the Free?. Y la libertad desde el comienzo de la historia de este país ha sido al mismo tiempo un ideal y una realidad que de muchos modos ha querido ser plasmada en la ley. Pero ese lenguaje sobre la libertad, también tiene sus propias ambigüedades y dificultades. Nos damos cuenta que la libertad absoluta puede terminar dañando a otras personas. Así, por ejemplo, el que ve su felicidad, explotando o torturando a otros podría aprovecharse de ellos. Por eso la palabra libertad siempre toca completarla con algo más, para poder entender cómo es que vamos a convivir.

Entonces la libertad va acompañada, por ejemplo, de el orden de la ley y la ley, o como suelen decir en inglés, ?the rule of the law?, es fundamental. Al mismo tiempo se afirma: Esta es la tierra de los libres ?This is the land of the free?. Pero se quiere que cada uno de esos libres hombres y mujeres, aprenda a jugar con las reglas, siguiendo las reglas y que cumpla con la ley. Esa es la manera como se plantean las cosas en el espacio civil. Y menciono todo esto por dos razones: menciono todo esto porque, muchos de ustedes, queridos hermanos, han llegado a este país precisamente movidos por esos altos ideales. El ideal de una verdadera libertad y respeto para todos y el ideal del cumplimiento de una ley que también es para todos.

Esa es una razón. Pero hay otra razón más cercana, y es que las lecturas de hoy tienen mucho, pero mucho que ver con la libertad. Cada una de ellas. Entonces vamos a reflexionar un poquito, vamos a alimentarnos de la Palabra de Dios, porque esta palabra ha sido escrita para nuestro beneficio, para nuestro bien. Lo primero es hacer una pequeña aclaración sobre la palabra libertad. Luego vamos a hablar de la primera lectura, luego la segunda, luego el Evangelio. La aclaración sobre la libertad es muy sencilla. Muchas veces se entiende por libertad hacer lo que se me dé la gana. Muchas personas, especialmente gente joven, miran la libertad de esa manera. Ser libre quiere decir nadie se meta conmigo. Yo veré que hago con mi vida, yo veré que hago con mi plata, yo veré que hago con mis cosas, yo veré qué camino tomo en la vida. Eso es lo que significa ser libre, hacer lo que a mí me parezca.

Pero lo primero que tenemos que hacer entonces es vencer esa idea falsa, porque es una idea falsa de libertad. La idea de que la libertad es hacer lo que a mí me parezca o hacer lo que a mí se me dé la gana, es un engaño muy grande, porque cada vez hay más personas que son expertas en manejar las ganas. Entonces, cuando una persona dice: -yo voy a hacer lo que se me dé la gana-, seguramente no se está dando cuenta, que las ganas son como los hilos de las marionetas y el que sepa moverte las ganas hace contigo lo que quiera. ¿Cuáles son las personas que estudian lo que podemos llamar la ciencia de las ganas? Hay toda una sección, toda un área de la psicología que se especializa en eso. La que tiene que ver, por ejemplo, con la motivación, la que tiene que ver con las decisiones, la que tiene que ver con la conexión que hay entre el lóbulo frontal de tu cerebro, que es el que razona y la zona más íntima de tu cerebro llamado cerebro reptil, que es el que produce los impulsos más fuertes, casi diríamos instintivos.

Los psicólogos que estudian esos temas analizan qué hay que hacer para que tú no pienses demasiado, sino simplemente te dejes llevar por un impulso y compres, por ejemplo, compres o por ejemplo, votes aprobando a un candidato, o por ejemplo, apruebes una ley que va a prestar beneficios a alguien. Así que hay toda una ciencia sobre el tema de la motivación y las ganas, y hay gente experta en manejar ese tema. Además de los psicólogos o de una parte de los psicólogos, hay otros que también estudian el tema de las ganas. Son todos los especialistas en marketing. Y el marketing es hoy por hoy un universo. Hay marketing para la televisión, para la radio, hay marketing para los centros comerciales, hay marketing para Internet, hay marketing para la publicidad. ¿Qué tienes que hacer?, ¿Cómo tiene que ser tu website?, ¿Cómo tiene que ser tu página web para que la gente se sienta motivada a volver; cómo tiene que ser un anuncio publicitario para que la gente quiera comprar? O sea que los de la publicidad y los del marketing clásico trabajan en eso. Pero hay incluso una nueva rama de la que me acabo de enterar. Eso significa hace pocos días que se llama el "Neuromarketing".

Neuromarketing. Esta es la gente que literalmente se mete en el cerebro para ver qué es exactamente lo que sucede dentro de tu cerebro en el proceso de tomar una decisión. La pregunta es ¿Todo eso funciona? La respuesta es sí. Y demasiado. Demasiado. ¿Para qué se utilizan esas herramientas de penetración y de transformación de la sociedad? Se utilizan para los intereses de aquellas personas que quieren obtener poder o que quieren obtener dinero. Por ejemplo, si yo quiero que, un ejemplo muy sencillo, si yo quiero que una marca resulte atractiva, una marca comercial resulte atractiva para muchas personas, entonces estudio cuál es el público al que quiero llegar, Lo que llaman el target, a dónde me voy a dirigir.

Vamos a decir que me voy a dirigir a jóvenes. Y esos jóvenes ¿A quién admiran? Ah, esos jóvenes admiran a los futbolistas, admiran a los cantantes, a las cantantes, a las actrices en general. La gente del mundo del espectáculo y la gente del mundo del deporte son muy admirados. Entonces yo quiero vender, por ejemplo, unas zapatillas y tomo a un gran personaje del deporte y él presenta o élla presenta como sus zapatillas preferidas son la marca "Burrito" o son la marca "Gatico" o son la marca "Estrella", lo que sea. Y a través de esa asociación mental, todos los muchachos que quisieran ser como esa estrella del fútbol. Todas las chicas que quisieran ser tan bonitas, tan sexys, tan deseables como esa cantante. Empiezan a sentir un impulso bastante fuerte de comprar eso. Tendríamos que dedicar toda una conferencia para explicar todo lo que sucede después de ahí. Pero yo creo que ya se entiende la idea.

La idea es que tú andas diciendo por la vida yo hago lo que se me dé la gana y no te das cuenta que tienes unos hilos aquí y aquí, en tu cabeza, en tus párpados, en tu sonrisa que te están moviendo las ganas. Entonces mi frase favorita al respecto es: "Si dices que harás lo que se te dé la gana, te has puesto en manos de quien te maneje las ganas". Y el que te maneje las ganas te maneja a tí. ¿Tenemos pruebas de la eficacia, del manejo de las ganas? Por supuesto que sí. Cuando yo era niño, nadie, nadie en mi entorno, absolutamente nadie, se hacía un tatuaje. Nadie. Los tatuajes eran para los marineros. Los tatuajes eran para los pandilleros. Esa era la asociación mental que había en mi época. Después de años de campañas, muchas personas no le ven ningún problema a los tatuajes. No estoy juzgando el asunto, solo estoy comentando lo que sucede.

Porque llega un momento en el que tú descubres que todas tus amigas se han hecho algún tatuaje y tú eres la única que no, y sin que te des cuenta empiezas a sentir ganas. ¿Ganas de qué? De ser como el grupo. Porque el ser humano es un ser gregario y uno quiere ser como el grupo. De modo que en un momento dado uno se da cuenta que la gran mayoría de las chicas se han hecho algún tatuaje. La gran mayoría de los muchachos utilizan zapatillas, el Gatico. La gran mayoría de las muchachas consideran que tal o cual celular es el que hay que utilizar o tal o cual red social es la de moda. De modo que las ganas lo que tú consideras que es el santuario o el paraíso de tu libertad, en realidad no es tal.

Las ganas las están manejando los que estudian. ¿Cómo reaccionas tú?, ¿Cómo reacciona la gente de tu edad?, ¿A qué clase de cosas haces clic; qué clase de cosas buscas en el computador?, ¿Qué clase de cosas compras?, ¿A dónde vas? Cada vez nos estudian más y más y más, y a medida que saben más sobre nosotros, saben más cómo plantearnos carnadas, cómo ofrecernos carnadas atractivas, es decir, cómo producirnos las ganas. Así que hay que salir. Hay que salir de la definición de que la libertad es hacer lo que se me dé la gana. No, la libertad no es eso. Esas personas, las que creen que son libres porque hacen lo que se les da la gana; esas personas no son libres. Lo que pasa es que no ven las cadenas, no ven las cuerdas y sobre todo, no ven quién las está manejando.

Esto tiene que ver con la ropa que usamos; tiene que ver con los tatuajes que nos ponemos; tiene que ver con las costumbres sexuales que se vuelven norma de una generación; tiene que ver con las orientaciones sexuales. Tiene que ver con el lenguaje que utilizamos, incluso tiene que ver con los temas que estamos dispuestos a discutir o no. Así, por ejemplo, hay personas que consideran que está tan completa y absolutamente demostrado que el aborto es un derecho reproductivo de la mujer, que sienten que no hay ninguna razón para perder tiempo discutiendo algo tan claro con nadie, mucho menos con un sacerdote. O sea que para esas personas ese tema ya está resuelto. Tenemos que quitar esa idea de que la libertad es hacer lo que se me dé la gana.

Entonces, hagámonos esta otra pregunta: ¿Cómo podría uno aumentar un poquito su libertad?, ¿Qué es aumentar un poco la libertad? Porque evidentemente la persona que me conoce está siempre en mejor condición incluso que yo para manejarme para manipularme. Eso es lo que hace la publicidad. Y la publicidad necesita de esas herramientas poderosas para saber en dónde meten sus millones y millones y millones de dólares. Nadie quiere producir veinte millones de zapatillas, el Gatico, si nadie las va a comprar. Hay que estar absolutamente seguros. Hay que tener garantía de que millones y millones de norteamericanos, de mexicanos, de texanos van a comprar zapatillas, porque si no las van a comprar, ¿Para qué las hacemos? Según todo esto, ¿Cómo puede uno aumentar la libertad? Uno se da cuenta que con esta sencilla explicación que he tratado de dar, la libertad aumenta un poco, si aumenta un poco, la verdad. Y esta es la tesis fundamental de una obra magistral publicada por el Papa San Juan Pablo II.

Esa obra magistral publicada en 1993 se llama "El Esplendor de la Verdad". El Papa Juan Pablo II afirma en ese documento que la libertad va unida a la verdad. Es decir, cuanto mayor sea la claridad que tengas sobre lo que puede estar influyendo en ti, cuanto más sincero seas sobre tus propios deseos y sus raíces, y cuanto mayor conocimiento tengas de qué puede estar moviendo a otras personas, más libre puedes llegar a ser genuinamente.

O sea que la gran enseñanza que nos da Juan Pablo II es que necesitamos, necesitamos de la verdad para ser realmente libres. Eso explica por qué algunos gobiernos, y es una tendencia mundial, cada vez quieren que estudiemos menos, menos cosas relacionadas con las humanidades. En muchos gobiernos lo único que interesa es que estudiemos y estudiemos pues cosas interesantes y útiles, como ciencia, tecnología, ingeniería, cosas como esas. No es que esté mal estudiar eso. Este servidor ha sido y es un apasionado de la matemática y de la ciencia. No, no es que esté mal eso.

El problema es que vamos arrinconando la reflexión profunda y crítica sobre lo que tiene poder sobre nosotros. De manera que aprendemos cómo hacer muchas cosas, pero no nos damos cuenta de qué están haciendo otros con nosotros. Aprendemos qué hacer, pero no nos damos cuenta de lo que nos están haciendo. Ese es el peligro y para eso se necesitan las humanidades. Mis hermanos sacerdotes y este servidor hemos tenido que estudiar bastante de esas humanidades. El nombre general que eso tiene es Filosofía y teología, y la razón por la que la Iglesia quiere que nosotros, sacerdotes, nos preparemos en esos temas es porque el sacerdote está llamado de algún modo a iluminar el camino del rebaño. Y el sacerdote diría yo, primero que todos, debe tener cierta claridad en estos temas, pero tú también, tú también.

La libertad crece cuando crece la verdad, a medida que somos más verdaderos llegamos a ser más libres. De hecho, hay una frase en el Evangelio, ¿Eso te suena lo que te estoy diciendo; te suena? Te acuerdas de una frase ¿Qué dijo? "La verdad os hará libres". ¿Y quien la dijo? Jesucristo. Es en el espacio de la verdad donde existe la libertad. Cuanto más caprichosa la libertad, cuanto más impulsiva la libertad, cuanto más instintiva la libertad, menos libertad es. Porque esa libertad caprichosa, impulsiva: "Ahora quiero esto", "Ahora no lo quiero", "Ahora sí", "Ahora nó; ahora tal vez". Esa libertad impulsiva es la que brinda la perfecta oportunidad a los expertos en las ganas para decir: Ahora compra esto, ahora compra esto otro, ahora, drógate; ahora aborta, ahora suicídate, ahora cásate; ahora divórciate. Cuanto más impulsivo eres, cuanto más ciego, cuanto más caprichoso, más esclavo. Pero con la tristeza de ser un esclavo que se cree libre. Un esclavo feliz besando sus cadenas. ¿Y cómo recupera uno verdad? Pues ahí es donde nos ayuda la palabra de Dios. Y cada uno, cada una de las lecturas que hemos oído, nos invita a encontrarnos con esa enseñanza. Así, por ejemplo, nos damos cuenta que en la primera lectura del libro Eclesiástico se nos habla de una palabra clave para entrar en el espacio de la verdad que da libertad. Esa palabra clave es "Consecuencias".

La lectura del Eclesiástico nos presenta las consecuencias, las consecuencias. Por eso dice ?Algunos escogen la vida, otros escogen la muerte?. El camino que hoy escoges termina o en vida o en muerte. El camino que escoges termina, o en desgracia o en Gracia. El camino que escoges termina en la paz o en la guerra. Es decir, el primer elemento de verdad que te ayuda a rescatar la libertad es darte cuenta que todo tiene consecuencias, todo tiene consecuencias, que el mañana no es simplemente el resultado de una rifa o de un azar. Hay factores externos que nadie puede controlar, pero en gran parte lo que va a suceder contigo mañana depende de la decisión que tomes hoy. Si tu decisión de hoy te acerca a un nivel más humano, más divino, a un nivel más coherente, más virtuoso, estás preparando algo bueno para ti. Si tu decisión de hoy te aparta de la senda recta y te aparta de la virtud, y te aparta del Señor y te sumerge un poco en el vicio, estás preparando desgracia para ti.

Entonces, la primera enseñanza, la que nos da el libro Eclesiástico, es fundamental, porque esa enseñanza es las consecuencias. Y basta muchas veces con hacerse solamente esa pregunta para empezar a ser un poco más libre. Tengo un nuevo amigo. Es una persona muy simpática. Es muy agradable. Continuamente me está haciendo invitaciones. "Bueno. Listo. ¿Cuál es el plan para este fin de semana?" "¿Y ahora para dónde vamos, y tal?" Es chistoso, la pasamos muy bien. Somos muy buenos amigos. Hazte esta pregunta. ¿Las invitaciones que recibes de ese amigo; hacia dónde van? O como dice el profeta Jeremías, "Preguntad a los caminos". ¿Es este el camino? Esta amistad, esto que estoy haciendo hoy me prepara para lo que quiero ser mañana? Esa es la pregunta. Y al descubrir que nuestros actos tienen consecuencias, empezamos a preguntarnos por lo que estamos siendo y por lo que estamos haciendo, y ahí empezamos a recuperar libertad.

El apóstol San Pablo nos habla de la sabiduría en la segunda lectura. Necesitamos verdadera sabiduría, necesitamos la sabiduría que viene de lo alto. Me hace recordar lo que nos dice el apóstol Santiago en su carta: "Si alguno de ustedes está falto de sabiduría, que la pida a Dios". Si la enseñanza de la primera lectura es, pregúntate por las consecuencias de tus actos. La enseñanza de la segunda lectura es ?Hay muchas cosas que tú no ves. Pide ayuda al que sí ve?. ¿De dónde vamos a sacar esa sabiduría? Ahí nos damos cuenta que necesitamos una luz superior. La sabiduría es camino nuestro, pero sobre todo es regalo del Espíritu. Es el don por excelencia de los siete dones del Espíritu. ¿Y sabes una cosa? Mucha gente no le pide ese regalo a Dios. Mucha gente toma sus decisiones sin hacerle una sola pregunta a Dios. Se los digo como sacerdote "Padre, mi matrimonio es un desastre". "Esto se ha convertido en un infierno". "No le veo sentido a esto". "Nos estamos haciendo mucho daño". Pequeña pregunta: ¿Cuando empezaste tu noviazgo, tu relación con esa persona, le pediste a Dios que te diera sabiduría? "No, yo en esa época ni pensaba en Dios". Ahí no vamos bien.

Nos metemos en negocios espantosos, aceptamos propuestas atractivas, nos enredamos con gente ponzoñosa y tóxica. Pero es que no le hemos preguntado a Dios. No le hemos preguntado a Dios. No le hemos pedido esa luz al Señor. Así que para que el espacio de verdad, el espacio que la verdad tiene en tu vida crezca y puedas llegar a ser verdaderamente libre, hay que preguntarle a Dios. Hay muchas cosas que tú no conoces. En el Antiguo Testamento se recuerda como maestro de sabiduría y como ejemplo de sabiduría, al rey Salomón.

En el capítulo 9 del libro de la Sabiduría, en la Biblia está una preciosa oración de Salomón: "Dios de los Padres y Señor de la misericordia, que con tu palabra hiciste todas las cosas; dame la sabiduría asistente de tu trono, para que me asista en mis trabajos". Es un texto hermosísimo. Libro de la Sabiduría, Capítulo 9. Búscalo. Sé que ahora estás un poco cansado. No sé por qué. No sé qué te la has pasado haciendo todo el día. Está bien, no lo busques ahora, pero grábate esa cita. Libro de la Sabiduría, Capítulo 9.

Lo más interesante de Salomón es que él busca la sabiduría por cielo y tierra, por cielo, orando y por tierra escuchando. Por eso, cuando Dios se le manifiesta y le dice ?Pídeme un regalo, lo que quieras?. Salomón lo que dice es: "Dame un corazón que sepa escuchar". O sea que el camino de la sabiduría, que es el camino que nos propone el apóstol San Pablo, es el camino que marca dos actitudes: un corazón que sepa escuchar y un corazón que se abra a orar. O sea que hemos aprendido tres cosas hoy. Hemos aprendido que para ser libres necesitamos que crezca el dominio, el espacio de la verdad en nuestro corazón y en nuestra mente. Y por eso hemos aprendido que es necesario primero preguntarse por las consecuencias. Segundo, aprender a escuchar. Tercero, hacer oración, pedir don de sabiduría.

Te pido que mientras yo termino esta homilía, tú recuerdes escenas de tu vida y te hagas esta pregunta: ¿Hubiera yo caído en los errores en que caí si hubiera cumplido estas tres cosas?, ¿Cuáles son? Primera: Es necesario preguntarse por las consecuencias. Segunda: es necesario saber, oír, oír, estar atento. Hay gente que sabe de esto. Hay gente que me puede enseñar, hay personas mayores que pueden darme una luz. Tercero, orar. Si voy a ser sincero, en el caso mío, yo les digo que aplicando ese triple remedio, yo no hubiera cometido la décima parte de los errores que he cometido en mi vida. Y de esos errores no me siento orgulloso. Y esos errores no me hicieron más libre. Los errores no me dan libertad, me humillan, me frustran, me devuelven, me opacan, me desaniman.

Y terminamos con una alusión al Evangelio. Jesús introduce un elemento que podemos llamar nuevo en la manera de predicar sobre la ley. Con una autoridad comparable con la de Moisés, pero mucho más alta. Jesús utiliza esta expresión en el Evangelio que hemos oído: ?Habéis escuchado -tal cosa- pero yo os digo?? Si nos damos cuenta, el cambio que introduce Jesús es no te quedes en las apariencias. No pretendas salvar tu vida a base de apariencias. Lo que tú eres en realidad es lo que tú eres cuando nadie te ve. Lo que tú eres en lo escondido, lo que tú deliberas. Lo que tú cocinas en el fondo de tu corazón. Eso es lo que tú eres.

Y no creas que por una capa de apariencia que tal vez pueda engañar por un tiempo algunas personas, no creas que con eso te vas a salvar. Además, hay una frase muy cierta y muy bella de uno de los grandes personajes de la historia norteamericana, Abraham Lincoln. Decía Abraham Lincoln: "Se puede engañar a una parte del pueblo todo el tiempo. Se puede engañar a todo el pueblo durante un tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo". Frase brillante de Abraham Lincoln. En otro lenguaje más corto es finalmente la mentira cae. Finalmente la verdad aparece. En esa tónica nos habla Cristo. O sea que Cristo nos invita a entrar en el santuario de nuestra propia conciencia y de nuestro propio corazón.

Cristo nos invita a hacernos las preguntas serias, duras, difíciles. ¿Por qué hago lo que hago?, ¿Qué es lo que realmente quiero en la vida?, ¿En dónde están mis genuinas creencias?, ¿A qué le voy a apostar a fondo? Esas son las preguntas. Cristo nos devuelve al interior del corazón. Cristo nos devuelve a nuestras propias raíces. Y esto significa Cristo nos libera de la tendencia de estar disculpando nuestros errores con los errores de otras personas, por ejemplo, que "todo el mundo lo hace." Cristo nos conduce a un espacio de libertad que hace que yo tampoco dependa de las manipulaciones de otras personas. Si vuelvo a la verdad más profunda de lo que soy ante Dios, también descubro los intereses de los que quieren usurpar el nombre, la autoridad o el lugar de Dios. Por ejemplo, quiere usurpar el lugar de Dios, el que quiere depender, el que quiere disponer de la vida humana, como hizo el Faraón. El faraón dijo. Si nace un niño varón, lo echan al Nilo, dispuso. Él se consideraba dueño, dueño de los niños.

Entonces Cristo nos lleva a la libertad más perfecta, la libertad más perfecta está en el santuario más íntimo de tu conciencia, de tu verdad, de tu corazón ante Dios. Esta es la importancia de ciertos ejercicios espirituales como el silencio, como el recogimiento, como el examen de conciencia o como una buena conversación o dirección espiritual. Es escrutar, es palpar ¿Qué es lo que yo realmente quiero? Yo, yo, yo, yo. ¿Qué es lo que yo realmente quiero? Y en ese escrutar seguramente van a aparecer cosas feas, repugnantes.

Al destaparse mis motivaciones, seguramente voy a descubrir que soy mucho más egoísta de lo que yo creía. Soy mucho más cobarde de lo que yo estaba dispuesto a admitir. Soy mucho menos generoso de lo que quiero aparentar. Y así van apareciendo mis defectos y cada defecto que va apareciendo en lo más profundo de mi ser, es como si Cristo con un bisturí fuera abriendo ampollas llenas de pus que hiede Y eso avergüenza. Y eso duele. Pero a través de ese conocimiento profundo de quien soy yo, no de cara a las apariencias y la fachada, sino de cara a Dios. Ahí llego a descubrir en dónde está realmente mi corazón. Pero lo que es todavía más importante, ahí llego a descubrir quién es el que genuinamente me ama, quién es el que genuinamente se ha pronunciado a favor mío. Y ese no es otro, sino Dios.

Y cuando llego a esa verdad, entonces descubro que mi vida entera, aunque tenga que rendirle cuentas a un gobierno, a una autoridad, a un jefe, mi vida la vivo delante de Dios y es delante de Dios, delante del reflector purísimo de su verdad que ha alcanzado el centro de mi alma. Es ahí, delante de Dios mismo donde llego a ser genuinamente libre. Es ahí donde aprendo a obrar, no para que me aplaudan. No soy esclavo de los aplausos, no soy tampoco esclavo de los miedos.

Un gran santo de nuestra Iglesia, San Juan de la Cruz, en tono de poesía, expresaba muy bien esta verdad, diciendo: "No me van a detener ni las flores ni las fieras". Las flores son las muchas manipulaciones del mundo. Las fieras son las muchas amenazas del mundo. Pero ni las flores ni las fieras me van a detener, porque tengo a quien agradarle y tengo a quien temerle. Tengo a quien agradarle. Y se llama Dios y tengo a quien temer con santo temor. Y se llama Dios. Y cuando uno llega a esa intimidad profunda y a esa verdad genuina de lo que uno es ante Dios, ya no teme ni las flores ni las fieras. Ya no seremos esclavos de la aprobación de la sociedad. Ya no seremos esclavos de la moda. Ya no seremos esclavos del marketing. Ya no seremos esclavos de las manipulaciones afectivas de los amigos, las amigas, los novios, las novias, los esposos, las esposas. Ya no seremos esclavos.

Cristo nos lleva a la más perfecta libertad, que es exactamente la misma libertad que Él vivió. Si quieres ver en todo su esplendor la libertad de Cristo, acércate a la Pasión de Cristo, especialmente según San Juan, que se proclama todos los años el Viernes Santo. Mira la libertad con la que Cristo le habla a todos, a todos. A Caifás, que era el jefe del Sanedrín. A Pilatos, que era el procurador romano. ¡Qué libertad la de Cristo! Incluso frente a sus captores en Getsemaní! ¡Qué libertad la de Cristo! Solo quiero recordar el momento frente a Pilatos. Pilatos quiere asustar y quiere manipular a Jesús, y le suelta esta palabra, así como para que Jesús tiemble -y yo seguramente hubiera temblado-, le dice Pilatos: "¿Y es que no sabes que tengo poder para condenarte, o poder para soltarte? Seguramente Pilatos, acostumbrado a manipular con el cargo que tenía, como suele suceder en esas historias, el que recibe un cargo fácilmente se vuelve manipulador. Y entonces Pilatos estaba esperando que Jesús pusiera ojos suplicantes y le dijera: "Por favor, procurador, ayúdame. Ayúdame porque toda esta gente me está amenazando. Solo tú puedes ayudarme. Oh, grandioso, procurador".

Ese era el nombre que tenía ese cargo. Pilatos le dice a Cristo: "¿No sabes que tengo poder para salvarte o poder para condenarte?" Y Cristo, que todo lo que hablaba lo hablaba delante del Padre, y que todo lo que hablaba lo hablaba para la Gloria del Padre, y que todo lo que hablaba lo hablaba en la luz del Padre. Cristo le responde esto a Pilatos: "Tú no tendrías ningún poder si no te lo hubieran dado. Por eso el que me entregó a tí tiene un pecado peor que el que tú tienes, Pilatos". Así habla Cristo, condenado a muerte, en las últimas horas de su vida es libre. Y precisamente porque es libre cuando lo están crucificando, Él ve más allá de sus verdugos la estrategia del demonio y le quita gente al demonio, le quita incluso sus verdugos al demonio orando por éllos. "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".

Resumen: Tema de hoy. La libertad. Definición mala de la libertad. Hacer lo que se me dé la gana ¿Por qué es mala definición?; porque el que dice eso se pone en manos de quien le maneje las ganas. ¿Cómo puedo ser más libre? Creciendo el espacio de la verdad en mi vida. ¿Cómo crece la verdad en mi vida? Hay cuatro sugerencias tomadas de las tres lecturas de hoy. Primero, piensa más en las consecuencias de tus actos. Segundo, escucha. No te cierres a tus opiniones, escucha y aprende de otros. Tercero, suplica al Señor el don de la sabiduría, sobre todo antes de los pasos más serios y de mayores consecuencias. Cuarto, entra en ti mismo hasta descubrir tus grandes miserias y las grandes misericordias del Señor. Y cuando ya hayas llegado allá, aprende a vivir en la luz preciosa del Altísimo, queriendo agradarle solamente a Él y temiendo solamente a Él. Entonces y solamente entonces, serás libre, como es libre Cristo, como son libres los mártires, como han sabido ser libres los santos.

A eso, a eso estamos llamados mis hermanos. Amén.

Amén.

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