Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo pone el acento en las intenciones y decisiones del corazón, más que en las apariencias u obras externas por sí mismas. De este modo nos revela el espacio interior donde se decide lo fundamental de la vida.

Homilía ao06005a, predicada en 20110213, con 18 min. y 20 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. El tesoro más grande que tenía el pueblo de Dios era su Alianza. Una Alianza sellada en los términos en que lo dejó Moisés. La Alianza es como el lazo, esa relación particular que une al pueblo de Israel con Dios, el Dios que los había sacado de Egipto. Podemos decir que la Alianza y el templo son como los dos polos, son como las dos, los dos fundamentos de la fé que tienen los israelitas, y por eso tuvo que causar mucho impacto esta manera de hablar de Jesucristo. Que Cristo hablara de la ley, que Cristo hablara de esta palabra tan sagrada para ellos y que se atreviera a poner su propia palabra al lado de la palabra de Moisés. Y eso es lo que vemos que hace Jesucristo aquí.

Jesucristo recuerda algunos de los mandatos de la ley de Moisés, pero luego añade su propia palabra, una palabra que no viene a negar lo que dijo Moisés, sino que viene a llevarlo a una perfección, y vamos a verlo con los ejemplos que el mismo Cristo nos da. Son tres ejemplos los que aparecen en el evangelio de hoy. El primero, el de no matar. El segundo, el de no cometer adulterio y el tercero el de no romper los juramentos. Estos tres mandatos estaban en la ley de Moisés: No matarás, no cometerás adulterio, no jurarás en vano. Pero ahora Cristo lleva esos mandamientos a un nuevo nivel.

Podemos decir, no solamente es no matar, es no enojarse con el hermano. No solamente es no cometer adulterio, sino no tolerar pensamientos impuros en el corazón. No solamente es no romper el juramento, sino ni siquiera jurar. Es decir, Cristo está radicalizando, está llevando, podríamos decir, hasta el fondo, lo que pedía la ley de Moisés. Todavía lo podemos traducir de esta manera. En el caso del primer ejemplo, No matarás. Jesucristo quiere que nosotros pasemos de las obras a las intenciones. En el caso de no cometer adulterio, pasar nuevamente de las obras a las intenciones y en el caso del juramento, el pasar de las palabras a la verdad del corazón, es decir lo que Cristo está haciendo, es invitándonos y en cierto sentido, obligándonos a entrar en la realidad de nuestro corazón, de nuestras intenciones, de nuestro mundo interior. Cristo se mete con nuestro mundo interior.

Cristo quiere que nosotros seamos buenos desde la raíz. Cristo quiere que nosotros seamos de Dios desde el centro de nuestra vida. Y aquí está el cambio, aquí está el aporte transformante de la Palabra de Cristo. No se trata de hacer buenas a las personas de afuera hacia adentro, sino de hacerlas buenas de dentro hacia afuera. Y por eso Cristo quiere que nuestras palabras, nuestros sentimientos, nuestros propósitos, nuestra manera de expresarnos, parta, tenga origen en un corazón que es limpio y agradable a Dios. Una manera de expresar esto es decir que Cristo viene a pasar de una religión de las obras a una religión del corazón.

Pero teniendo en cuenta que la palabra corazón en la Biblia tiene una densidad muy grande, porque el corazón, y así aparece en otros textos del Sermón de la Montaña, es aquello que es más tuyo, allí donde tú eres tú, allí donde no dependes ni de la palabra, ni de la opinión, ni de la mirada, ni de las decisiones de otro. Allí donde tú tomas las riendas de tu vida, allí donde aceptas o rechazas los afectos más profundos. Esto es algo admirable, porque en el mundo antiguo la religión era siempre una cosa externa. La religión, por ejemplo, para los griegos o para los romanos, consistía simplemente en realizar algunas obras, hacer algunas cosas. Esas cosas podrían ser, por ejemplo, sacrificios que había que ofrecer en honor de tal o cual dios o diosa.

En cambio, Cristo quiere que nosotros, más allá de eso que aparece, seamos verdaderos, seamos buenos, seamos limpios, seamos santos adentro, allí donde nadie nos ve. Allí donde nadie nos conoce. Allí donde nadie interfiere con nosotros. Es un verdadero salto hacia adentro. Es una revelación del otro mundo, del mundo interior. Y por eso, para acoger la religión de Cristo y por lo tanto, para ser cristianos, lo primero que nosotros necesitamos es descubrir ese espacio nuestro, ese ?Espacio Interior". ¿Lo has descubierto, tú?, ¿Lo has descubierto?. ¿Has descubierto que más allá de las opiniones de las personas, más allá de la educación que has recibido, de la cultura del medio en el que te encuentras, de lo que digan los periódicos, de lo que sugieran tus amigos, de lo que opinen los que quieran opinar; tú, tú, tú tienes un espacio interior?

Es verdad que todos estamos condicionados por muchas cosas, nadie lo está negando. Nuestro país de origen, la familia en la que nacimos, el barrio en el que crecimos, las cosas que hemos leído, los profesores que hemos tenido, los compañeros de clase, todo influye en nosotros, pero; pero, ¿Somos simplemente el resultado de todas esas influencias?, ¿Yo soy solamente la suma de mi cultura, la educación, la familia, el colegio, la escuela, los libros, la propaganda?, ¿Yo soy solo el resultado, soy solo la sumatoria de todo eso? Hoy Cristo nos invita a descubrir que nó somos, nó somos solamente la suma de todo eso. Tú no eres simplemente el resultado de la propaganda, más la educación, más tus padres, más tu país, hay un espacio de libertad.

Ese espacio de libertad lo recuerda también la primera lectura del día de hoy. Precisamente empieza diciendo: "si tú lo quieres... " Hay unos mandamientos, hay unas reglas, pero hay un espacio que es tuyo. Y eso significa que Cristo nos está quitando nuestra disculpa preferida y nuestra disculpa preferida es que siempre la culpa está afuera -Es que por el país donde yo vengo, es porque yo soy hombre, es porque yo soy joven, es porque yo soy mujer-. Somos expertos en encontrar disculpas y es verdad que hay una montaña de cosas que influyen en nosotros. No es lo mismo ser hombre que ser mujer. No es lo mismo nacer en Canadá que nacer en Chile que nacer en Birmania que nacer en el Congo. No es lo mismo tener muchas oportunidades o pocas oportunidades de educación.

¿Pero es que tú eres solamente el resultado de eso?, ¿Es que tu país, tu sexo, tu educación, tus padres, determinan todo, de todo, de todo en tí? Hoy Cristo nos está declarando un espacio, nos está obligando a mirar ese espacio, ese espacio donde tú puedes decidir, ese espacio donde se juega tu eternidad, ese espacio donde tú finalmente le puedes decir "sí" o le puedes decir "nó" a Dios. Y ese espacio es el que la Biblia llama el corazón. Ahora que está tan cerca la fiesta de San Valentín. Hay corazoncitos y corazonzotes por todas partes. Y el afecto y el corazón. Pero para nosotros el corazón es solamente un asunto de sentimientos y de afectos y en la fiesta de San Valentín, por lo menos se reduce a sentimientos de pareja.

Para la Biblia el corazón no es un asunto solo de sentimientos, ni mucho menos solo de sentimientos de pareja. El corazón es esta realidad profunda. Es el espacio donde tú finalmente puedes decidir algo sobre ti. Y esa decisión tiene un nombre. Esa decisión es tu reacción, lo que tú vas a hacer. Tu vida no es lo que el mundo hizo contigo. Tu vida es lo que tú hiciste con lo que el mundo te dió. Esa es tu vida. Y es en ese espacio que a veces parece muy estrecho. Pero si uno lo mira bien, es inmenso. Es en ese espacio donde tú le das un sentido a tu existencia. Es en ese espacio donde tú aceptas o rechazas el amor de Dios. Es en ese espacio donde tú te conviertes en la persona que eres. Así que lo primero para ser cristiano es reconocer ese espacio interior, ese espacio donde tú eres más que tus circunstancias. Piénsalo un poco, por favor, y descubrirás la tremenda carga de liberación que tiene la Palabra de Cristo.

Cuando tú descubres ese espacio, tú descubres que realmente puedes retomar el timón de tu existencia. Por ejemplo, tomemos la historia de dos personas. Incluso podrían ser dos hermanos, dos hermanos que han crecido en la misma familia, han vivido en el mismo barrio, han ido al mismo colegio. Dos hermanos que han pasado por muchas cosas, tuvieron la dificultad de aprender otro idioma, fueron marginados, fueron humillados, hubo insultos, hubo problemas, fueron pobres, sintieron que el futuro se les cerraba. Los papás les dieron una educación, pero los papás también tenían limitaciones. Pero de estos dos hermanos quizás alguno toma un camino y quizás el otro toma otro camino. Hay personas que cuando reciben algo difícil, cuando reciben algo duro, lo único que hacen es transmitir la patada al siguiente. Perdón, que utilice ese lenguaje. Como mi papá me maltrató, yo maltrato a mi hijo. Como el mundo me maltrató, entonces yo maltrataré a los que me encuentre. Como a mí me han humillado, ahora llegó mi turno de humillar. Como se han burlado de mí, ahora yo me burlaré de otros. Esa es una manera de reaccionar.

Pero hay personas que reaccionan de otro modo. Hay papás que dicen Mi papá no me dio afecto. Ahora que yo tengo hijos, yo voy a hacer otra historia. Yo voy a ser alguien distinto, yo voy a darle amor a mis hijos. Esa es una decisión. Yo sé lo que se siente esperar un abrazo que nunca llega. Por eso yo voy a abrazar a mis hijos. Fíjate, tú puedes tomar un camino o el otro lo dice el libro Eclesiástico tienes fuego y tienes agua, Escoge. Entonces tú puedes decir mi papá fue un alcohólico perdido, yo voy a ser otro alcohólico más perdido. O tú puedes decir Yo sé cómo el alcohol destruye una familia. Yo no voy a repetir eso. Tú puedes tomar esa decisión.

Quizás tu madre, tu mamá ha vivido la experiencia de ser madre soltera. Quizás eso ha sido duro para ti. Quizás tú eres una mujer joven que ha visto todo lo que tu madre ha tenido que pasar. Y ahora tú puedes decidir. ¿Quiero ser yo la quinta, sexta, décima o vigésima edición de "Madresolterismo"?, o ¿Quiero yo prepararme desde ya para tener un hogar diferente? Agradeciéndole a mi madre todo lo que mi madre hizo. Eso es lo que Cristo nos está diciendo hoy, que hay ese espacio y ese es tu espacio de libertad. Hay muchos lugares en el mundo, de hecho, casi en cualquier lugar del mundo podemos aplicar esta enseñanza de Cristo.

Pero a mí se me ocurre que los Estados Unidos de América han sido construidos especialmente por personas que decidieron no continuar el pasado. Personas que decidieron que las cosas podrían ser distintas, personas que descubrieron ese espacio de libertad y dijeron: "De acuerdo la vida fue esto, pero no tiene que seguir siendo esto". Por algo este país ha sido considerado un país de oportunidades y por algo se habla del "Sueño Americano", pues el sueño americano, mis hermanos, es simplemente el descubrimiento de ese espacio de libertad, ese espacio que hace que tú digas: "Yo no tengo que ser la fotocopia ni la repetición de nada, yo no tengo por qué continuar una cadena, yo no tengo por qué ser un eslabón más de una cadena triste".

Lamentablemente las cosas no siempre van a salir bien, porque hay personas que también toman decisiones desastrosas. Por ejemplo, tienen papás trabajadores, pero después de que han recibido una hermosa y maravillosa herencia, pues simplemente desprestigian el apellido que recibieron y son indignos de el legado que les ha llegado. No hay necesidad, y no sería caritativo decir aquí nombres propios. Pero ustedes pueden recordar el nombre de grandes celebridades que tienen apellidos muy sonoros y que sin embargo no han hecho más sino ensuciar y degradar sus apellidos porque su familia les dejó algo maravilloso. Y estas personas tomaron decisiones que son, por decir lo menos, deprimentes, humillantes.

Así que hay una lección maravillosa aquí; hoy Cristo, ilumina tu corazón, ilumina tu vida hoy Cristo te ayuda a descubrir que tienes un espacio de decisión, pero Él quiere estar en ese espacio. Él quiere vivir en ese espacio, porque es ahí en eso que llamamos el corazón, es ahí donde tú empiezas a ser cristiano, es ahí donde tú le dices sí a Cristo, es ahí donde tú aceptas el mensaje de salvación o lo rechazas. Y si tú rechazas ese mensaje de salvación, entonces es tu decisión lo que vas a hacer de tu vida.

Pero aquí se vale lo que decía el libro del Deuteronomio en otro contexto le dice Dios a su pueblo: ?Pongo delante de tí muerte y vida, escoge la vida?. Dios es al mismo tiempo el que nos pone a escoger y el que quiere ser escogido. Yo también te invito. Número uno, descubre que tú no eres únicamente la resultante de la suma de circunstancias. Tú puedes decidir, Tú puedes tomar caminos, tú puedes tomar el timón. Pero número dos, cuando vayas a tomar el camino, no te olvides de aquel que dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida," se llama Jesucristo. Y como Él, no tienes otro.

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