Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo habla con autoridad divina cuando presenta sus palabras al mismo nivel, o aun superior, que los mandatos transmitidos por Moisés. Y el plan divino apunta a una perfección de intención que nos obliga a ser verdaderos y luego arrepentidos, humildes y salvos.

Homilía ao06003a, predicada en 20110213, con 24 min. y 13 seg.

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Transcripción:

Querido Padre Antonio. Queridos amigos de esta comunidad parroquial de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Nos reúne la Palabra de Dios. Nos reúne el sacramento del amor de Cristo. Este es el día del Señor. Y nosotros, agradecidos y convencidos del mensaje de salvación, nos reunimos. Somos los amigos de Jesús, somos los amados del Señor. Somos el pueblo que Él se adquirió a precio de su propia sangre. Cada domingo renovamos nuestros motivos para creer en Él, para aceptarle, para admirarle y para seguirle.

La Iglesia es la que nos ha permitido recibir fresco y luminoso el testimonio sobre Jesucristo. Este Evangelio que hemos escuchado ha llegado a nosotros porque ha habido una sucesión ininterrumpida de creyentes desde el siglo primero de nuestra era hasta este siglo veintiuno. Una sucesión de testigos ha pasado esta palabra, esa sucesión, cuyos nombres en particular desconocemos, es la que hace posible también que nosotros creamos. Por eso vivimos agradecidos no solo como miembros de Cristo, sino como miembros de su cuerpo, que es la Iglesia. La Iglesia nos entrega en cada Eucaristía un banquete bien preparado, banquete de la palabra.

La larga experiencia de nuestra Madre la Iglesia le ha llevado a distribuir este pan delicioso, este pan del cielo, distribuirlo a lo largo de las semanas, a lo largo de los años, para que nosotros nos alimentemos lo mejor posible. Durante este año 2011 estamos siguiendo lo que se llama el ciclo A de las lecturas. Son tres ciclos A, B y C. Este año estamos con el ciclo A y la gran mayoría de las lecturas están tomadas de San Mateo. En el ciclo B la mayor parte van a ser de San Marcos y en el ciclo C de San Lucas. El otro evangelista San Juan, lo escuchamos todos los años, especialmente en el tiempo pascual. Y así la Iglesia quiere que quienes asistimos a la Misa los domingos vayamos recorriendo los misterios de la vida de Cristo. Vayamos escuchando con atención sus palabras, de manera que impregnen nuestro ser y transformen también nuestro obrar.

El domingo pasado escuchábamos el texto de las Bienaventuranzas. Es el comienzo del discurso más extenso de Cristo, como aparece en la Escritura. Ese discurso se llama el Sermón de la Montaña o el Sermón del Monte. Ocupa tres capítulos del Evangelio según San Mateo, y es un conjunto de palabras, de enseñanzas, de comparaciones de Cristo que nos dejan un retrato muy fiel sobre quién es Él mismo y también cuál es su enseñanza, podríamos decir cuál es su propuesta. No olvidemos lo que aprendimos la semana pasada sobre las bienaventuranzas, sino tengamos presente ese carácter paradójico, bello, novedoso, para que nos sirva también de criterio de lectura del texto que hemos escuchado hoy y de algún otro porque este sermón de la Montaña lo seguiremos oyendo todavía un poco más.

En el Sermón de la Montaña. Jesucristo es como un nuevo Moisés. Es evidente en Mateo esa intención de presentarnos al Señor como aquel que muestra el camino, el verdadero camino, el querer, la voluntad de Dios. Es impresionante en el texto de hoy, si lo pensamos bien, que Cristo utilice esta expresión, dice Él: "Han oído que se dijo a los antiguos?. pero yo les digo.... " Y resulta que el que había dicho eso a los antiguos era Moisés, o mejor, Dios por boca de Moisés. Entonces, lo primero que tenemos que aprender de este Evangelio es que Jesús se está arrogando la autoridad de Dios. Porque es bien sabido que lo que un legislador ha dispuesto no puede ser cambiado sino por otro del mismo rango o superior.

Así, por ejemplo, una decisión federal no puede ser cambiada por la corte de un estado aquí en Estados Unidos, el que manda más; el que puede lo más puede lo menos, pero no lo contrario. Entonces un municipio no puede cambiar lo que dice el Estado y el Estado no puede cambiar lo que se ha dispuesto a nivel federal. Bueno, saber esto, porque resulta que aquí Cristo está utilizando un lenguaje que no da lugar a equívocos. Hay todavía algunos estudiosos, pero estudiosos extraviados de la Biblia, que dicen que la divinidad de Cristo no está clara en la Escritura, pues ¿Qué más claridad quieres que esto?

Es Jesús el que está tomando el mandato de Dios y junto al mandato de Dios, agrega su propia palabra diciendo: "Pero yo os digo.... " No cabe duda de que Jesús está presentando con la misma autoridad de Dios. No digo superior, porque no cabe autoridad superior a la de Dios. Jesucristo se está presentando con autoridad divina aquí. Y si esa autoridad de Cristo es puro invento de su mente, pues estamos ante un loco o un tonto, o si nó estamos ante Dios, y este es Cristo, y su Palabra tiene ese carácter y tiene ese peso. Se trata de Dios mismo hablándonos, porque Cristo no dice: -Habéis oído esto, pero ahora el Señor dice esto otro...- Ese no es el lenguaje que utiliza Cristo. El lenguaje de Cristo es: "Habéis oído? pero yo os digo... " No parece que hable en nombre de otro. Habla en nombre propio. Habla desde sí por sí y ante sí; es Él mismo el que está tomando esa autoridad.

Este argumento se nota especialmente en la controversia sobre el día sábado, que era una de las instituciones más sagradas del judaísmo. Quienes tengan o deseen adquirir el primer tomo del estudio sobre Jesucristo que hace el Papa Benedicto, no dejen de leer esta parte, la parte sobre el sábado. Ese primer tomo lleva por nombre Jesús de Nazaret. Salió hace unos años. Nuestro Papa es un teólogo, un verdadero teólogo y maestro de lo que significa la teología en la Iglesia. Y el Papa Benedicto hace un estudio maravilloso sobre la controversia sobre el sábado y muestra que solo hay dos posibilidades o Cristo es un impostor, un tonto y un loco, o Cristo es Dios. No hay más. Así que no tengamos temor de afirmar que Cristo, nuestro Divino Salvador, es eso, es el hombre Dios. Es lo primero que aprendemos hoy.

Segundo punto ¿Qué hace Cristo? ¿Está contradiciendo la ley?; ¿Está aboliendo la ley? Él mismo lo dice abiertamente: "Yo no he venido a abolir la ley ni los profetas". Entonces, ¿Qué viene a hacer Cristo?, ¿Viene a presentarnos los mandamientos número once, doce, trece, catorce y quince?; ¿Después de que Moisés nos dejó los mandamientos del uno al diez? Tampoco. Entonces, ¿Qué viene a hacer Cristo?, ¿Viene a reemplazar, a abolir, a completar? Nada de eso. La expresión que utiliza el mismo Cristo es que -Él ha venido a llevar a su plenitud la ley y los profetas-. Y entonces estas palabras de hoy tenemos que interpretarlas en esa clave que Cristo está llevando a su plenitud, llevando a su perfección, haciendo que alcance su finalidad, la antigua ley de Moisés, porque la ley de Moisés se quedaba corta, la ley de Moisés apuntaba rectamente, pero no llegaba hasta la meta. ¿Qué le faltaba a la ley de Moisés?

Eso es lo que Cristo nos empieza a contar en este pasaje del Evangelio. Pero lo cuenta no en abstracto, ni en teoría, sino en lo concreto: "¿Habéis oído?; ¿Han oído ustedes?, -Dice esta traducción que- se dijo a los antiguos No matarás; pero yo les digo todo el que se enoje con su hermano será llevado ante el tribunal". Entonces, ¿Qué está haciendo Cristo aquí? Cristo está radicalizando lo que pedía la ley. "También han oído ustedes que se dijo nó cometerás adulterio, pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer ya cometió adulterio". Es más radical todavía. "Han oído que se dijo No jurarás en falso, le cumplirás al Señor tus juramentos, Yó les digo no juren de ninguna manera". Entonces lo primero que nos impacta es que Cristo está llevando su ley a un límite. -Le da como otra vuelta a la tuerca-. Esto es todavía más serio.

Cosa que también es bueno recordar, porque hay gente que cree que el Nuevo Testamento es suave, es ?light?, mientras que el Antiguo Testamento era pesado, difícil. Hay gente que cree que en el Antiguo Testamento todo era difícil, complicado porque Dios era un Dios estricto y justiciero, mientras que el Dios del Nuevo Testamento es un Dios suave, un Dios relajado, un Dios amigo, chévere, misericordioso. Y es verdad que es un Dios misericordioso, y es verdad que es un Dios amigo y tal vez hasta la antigua palabra "chévere" quepa. Pero, ese Dios amigo y misericordioso no es un Dios relajado: Esto no es relajar la ley. Cristo no viene aquí a decir "Ahora las cosas van a ser más fáciles, -como diciendo antes eran muy difíciles, pero ya que nadie pudo con eso-, pues ahora lo vamos a rebajar".

Nuestro Dios. Mis hermanos, no es un Dios de rebajas como hacen los almacenes. ¿Has visto?; que los almacenes sacan una colección de moda y si no se vende y no se vende, entonces ¿Qué hacen? Pues se inventan una ganga, una rebaja "sale for sale". Y entonces te inventan una rebaja. Y entonces dicen -bueno, ahora toda esa ropa que no pudimos vender, ahora casi te la regalamos. Pero llévatela, llévatela te la dejamos barata. Lleva.

Hay gente que cree que Cristo es una versión rebajada de las exigencias de la ley antigua. Y hay gente que cree que con una serie de sentimientos más o menos light, es decir, que todo consiste como en una cierta cortesía y en ser buenas personas, palmadita en la espalda. Y quedó resuelto todo. Ni la radicalidad de la enseñanza de Cristo, ni la radicalidad de su sacrificio en la cruz, ni la radicalidad de su muerte y su sangre derramada se compadecen con esa manera de hablar. Si Cristo tuvo que llegar hasta el extremo de derramar su sangre, no fue por tonterías. Si es necesario que Cristo sea atravesado por los clavos y las espinas, tuvieron que clavarse en su cabeza. Si su sangre tuvo que bañar el madero de la cruz y tuvo que bañar tu corazón, no fue por nada, ¿No?

Entonces la segunda enseñanza de hoy es: Cristo nó es una rebaja, una ganga en comparación con el Antiguo Testamento. El mensaje de Cristo no es una ?rebaja? del nivel de exigencia del Antiguo Testamento. Sí es algo, es todavía una exigencia mayor. Y para que no quede duda, fíjate cómo empieza el texto que hemos oído. "¿Si la justicia de ustedes no es mayor que la de los escribas y fariseos, ustedes no entrarán en el Reino de los cielos". Y ya tú sabes cómo eran los escribas y los fariseos. Estos eran los que querían el cumplimiento de la ley hasta el último detalle. Eso sí que eran estrictos. Y Jesús viene a decirle a la multitud en el Sermón de la Montaña: "Si la justicia de ustedes no es mejor y mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos". Definitivamente Cristo no sabía nada de popularidad. Este no es un lenguaje popular. Cristo no está en rebajas.

Cristo no está presentando un evangelio disuelto, aguado, como quien dice: "Como no se vendió lo otro vamos a ver si esto si lo acepta la gente". Y de aquí me permito sugerirles hermanos, desconfíen ustedes de todo predicador y todo sacerdote y todo confesor que les presente un evangelio aguado. Desconfíen de eso, de un Evangelio que rebaje las exigencias, de un evangelio que diga: -¡baah!, no es para taaanto, no es para tanto. Pues sí, el matrimonio, pero ¡Ah! tampoooco es tanto el matrimonio....- Desconfíen de eso, desconfíen de un lenguaje que quiere decir las cosas remitiéndolo todo a la cultura, la antropología, la sociología. "Pues sí es que en otro tiempo en esa cultura era eso; pero es que esa gente era atrasada, no sabían nada de ciencia, no sabían nada de psicología y además eran muy machistas". "En cambio, ahora pues somos una nueva cultura, somos modernos, tenemos ciencia, tenemos tecnología, hemos avanzado mucho, somos muy psicólogos". Cuando un predicador te venga con esas historias, tú ya sabes, por ahí no es, por ahí no es, por ahí, no es.

Yo quiero que se te enciendan las alarmas cada vez que alguien te empiece a hablar de esa manera. "Por ahí no es", porque hay más de uno que está perdido con eso. El Evangelio es bastante claro. Bueno, ese es el segundo punto. Y vamos con el tercer y último punto. ¿Y entonces qué está haciendo Cristo? Si Cristo está diciendo que ahora es más estricto, y si ya se vio que la ley de Moisés nadie la podía cumplir, porque de hecho el Antiguo Testamento acaba más bien en un tono de fracaso, entonces, ¿Qué sentido tiene esto? La ley de Moisés nadie la pudo cumplir. Basta que leas el libro de Baruc. Basta que mires el capítulo sesenta y tres o sesenta y seis del profeta Isaías. Basta que mires el capítulo tres de la profecía de Daniel y te encuentras una serie de confesiones nacionales de pecados.

Señor, somos unos, somos unos incumplidos, somos infieles, somos pecadores. No pudimos. El Antiguo Testamento termina en ese tono, termina en un tono prácticamente de derrota. ?Señor, nos quedó grande la Alianza. Nó pudimos?. Así termina el Antiguo Testamento en esa conclusión. No pudimos. Nos quedó grande. Y después de que no se puede cumplir la ley de Moisés, viene Cristo a darle otra vuelta a la tuerca, como me gusta decir, y ahora es más estricto. Y ahora no solo es que no hagas cosas malas, sino que ni siquiera las vas a imaginar. Ni siquiera las vas a desear en el secreto de tu corazón. Ni siquiera eso.

¿Qué sentido tiene lo de Cristo? Esa es la pregunta que nos hacemos. ¿Qué sentido tiene este Evangelio?, que se supone que Cristo viene a proponer La Buena Noticia; y la buena noticia es que ¿Se acuerdan que ustedes no pudieron cumplir lo de Moisés? Claro que nos acordamos, Señor. Bueno, ahora es peor. ¿Qué buena noticia es esa? ¿Dónde está la buena noticia en este Evangelio? Pues la buena noticia está en que Cristo nos manda al único lugar donde podemos renovar nuestra Alianza con el Señor.

Y ese único lugar se llama el corazón. La palabra corazón aparece una sola vez en el breve texto que hemos oído hoy, pero aparece muchas veces y en distintos tonos en el Sermón de la Montaña. ¿Tú te acuerdas que en el Sermón de la Montaña se habla también de aquello de cómo tú tienes que orar en tu interior? El Sermón de la Montaña es donde Cristo nos dice que no oremos para que nos vea la gente, sino que entremos en nuestro cuarto y que allá en lo escondido Dios nos ve. Y el sermón de la Montaña es donde Cristo nos dice Bienaventurados los pobres de espíritu.

En el Espíritu, los que son interiormente pobres, los que son pobres de verdad, y los que tienen hambre y sed de justicia, que es una cosa adentro. Y aquí nos dice: -Cuidado con ese deseo impuro allá en tu corazón, cuidado con eso-. Entonces, ¿Qué es lo que está haciendo El Sermón del Monte? El Sermón del Monte nos está mandando al corazón. El Sermón del Monte nos está remitiendo al único lugar donde se puede sellar alianza con Dios. Por supuesto que esto radicaliza las exigencias de la ley hasta volverla prácticamente imposible. Pero es que Jesús no le tiene miedo a la palabra imposible. Acuérdate lo que sucede cuando en diálogo con los discípulos dice Cristo más fácil es que entre un rico. -Que entre un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos-. Y para los discípulos la riqueza era sinónimo de bendición. Y Cristo les dice que los ricos no entran en el reino de los cielos. Y los discípulos abren tamaños, ojos y le dicen ¿Pero entonces quién puede salvarse? Eso es imposible. Y Jesús dice: ?Sí es que es imposible -para los hombres-, para Dios todo es posible?.

Entre paréntesis, eso no significa que las personas que tengan mucho dinero se vayan a condenar, ¿No? No necesariamente. Pero no se salvan por ricos. Se salvan por pobres porque tienen otras pobrezas. Es por otras pobrezas. Y esas otras pobrezas son muchas. Pero ese es otro tema. En todo caso, lo que hace Cristo en este Sermón de la Montaña es que radicaliza las exigencias de la ley de Moisés hasta un punto que nosotros caemos en cuenta de lo que al fin teníamos que aprender, que para el hombre es imposible salvarse. Y eso es muy importante que nosotros nos demos cuenta que uno no puede salvarse a sí mismo. Es tan caro el rescate de la vida que nunca les bastará para vivir perpetuamente sin bajar a la fosa. Ya lo decía el salmo. Nadie puede salvarse por sí mismo. Nadie tiene mérito ante Dios por sí mismo. Nadie. Nadie.

Entonces, ¿Qué esperanza nos queda? Nos queda la esperanza. Si no nos podemos salvar a nosotros mismos, nos queda la esperanza de ser salvados. Y esa es la buena noticia. La buena noticia es que yo ciertamente no me puedo salvar a mí mismo. Ni yo, ni tú, ni nadie. Pero la buena noticia es que ese Dios que ha venido a visitarme, ese Dios que se presenta con autoridad soberana en la persona de Cristo, es el mismo Dios que dice: ?Yo no he venido a condenar al mundo, sino a salvarlo?. Entonces el sermón de la montaña me pone en el terreno en el que yo ya no puedo confiar en mis fuerzas, en el terreno en el que lo único que puedo hacer es arrojarme a los pies del Señor y decirle: -Tú serás mi Salvador. Tú eres el único, Tú eres el que puede rescatarme-. Y además, el Sermón de la Montaña me lleva a ese terreno, a esa área de mi vida que se llama el corazón. Y allá en el corazón, la religión por fin se vuelve verdadera que era lo que no alcanzaban los fariseos ni los escribas. Por fin, allá en el corazón, yo descubro que no basta con parecer bueno ni con creerse uno buena persona, ni con guardar una apariencia delante de la familia, delante de los vecinos o delante de quien sea.

Por fin el Sermón de la Montaña me devuelve al terreno de la verdad y en el terreno de la verdad descubro dos cosas: Que yo no puedo, eso es lo primero; y que Dios sí puede y si quiere. Y eso es lo segundo. Resumimos. Cristo, el Señor en el Sermón de la Montaña, se muestra con autoridad divina. Y esto no dejen ustedes que nadie se lo niegue. Segundo, Cristo no está en rebajas. Su Evangelio tiene toda la seriedad de un amor hasta el extremo. Y tercero, este evangelio es buena noticia porque nos lleva al terreno de la verdad. Y el terreno de la verdad es: "Yo no puedo salvarme a mí mismo, pero hay un Dios que me ama hasta el extremo y que ha venido para salvarme". A Él la gloria por los siglos.

Amén.

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